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Valencia 3 – Sevilla FC 1. El Sevilla cae al encajar tres goles perfectamente evitables

El Sevilla pierde la cuarta plaza ante un rival directo –aunque no debería serlo, pues su dueño ha gastado más de cien millones de euros en fichajes–, el Valencia, que no tuvo que hacer gran cosa para ganar el partido. Simplemente, se limitó a aprovechar tres regalos en defensa:

El primer gol llegó tras un penalti que no debió señalarse. Es cierto que Diogo le da una patada a Negredo, pero es en respuesta a un claro empujón de éste. No hay carga legal, puesto que el empujón es con el antebrazo y no con el hombro. Pero es evidente que esa patada sobraba, ya que con ella se dan motivos para que un mal árbitro, como el de ayer, tire por el camino fácil: señalar penalti para el equipo local.

El segundo gol no tiene por dónde cogerse, pues además es una jugada donde el Sevilla es reincidente. Ya la he visto en demasiadas ocasiones durante esta temporada, y supongo que seguiremos cometiendo ese mismo fallo en próximos partidos. Me refiero a la jugada donde en un córner o falta a favor, van al remate demasiados jugadores, arriesgándonos a que nos hagan un contragolpe fatal. Para colmo, además de que se quedan muy pocos jugadores a un posible rechace, no lo hacen los más rápidos. Eso nos pasó ayer en el segundo gol. Si hubiera sido la última jugada del partido, lo habría entendido, pero fue en el primer tiempo.

Y el tercer gol es sorprendente. Beto tiene varios jugadores a los que pasar el balón, pero decide pasarlo a una zona cercana del centro del campo donde sólo hay jugadores del Valencia. Como nuestros laterales son bastante endeblitos, Rodrigo no encontró mucha resistencia para centrar a la frontal del área, donde Javi Fuego remató a placer.

Demasiadas facilidades para un Valencia que es un buen equipo, por mucho que ayer se mostrara vulgar y marrullero. Y si ante un buen equipo, además de no estar contundentes atrás, fallas también un penalti, y apenas se crean ocasiones de gol, pues está clarísimo que llevarse los tres puntos es poco menos que misión imposible.

El árbitro, Jaime Latre, merece mención aparte. En la primera parte estuvo, más o menos, bien, pero en la segunda, como suele decirse, se cagó. Le tembló el pulso a la hora de expulsar a algún jugador valencianista, como Enzo Pérez, al que perdonó la segunda amarilla o a Gayá, que debió ser expulsado con roja directa por brutal entrada a Krychowiak. Ya hay que ser malnacido –por no utilizar otra palabra malsonante– para hacer una entrada así con el partido decidido, y ya hay que ser malnacido para no sancionarla, ni siquiera, con tarjeta amarilla. Esa jugada, por sí sola, descalifica totalmente al árbitro.

Esperemos que lo de Krychowiak se quede sólo en un susto, pero las primeras impresiones son de que la lesion no es ninguna tontería, pues podría estar afectado el ligamento externo.

Espero equivocarme, pero creo que será imposible mantener el ritmo de Atlético de Madrid, Valencia y Villarreal en la lucha por conseguir plaza Champions. Ya tenemos demasiadas bajas importantes, y de larga duración: Trémoulinas, Reyes, M’Bia, Cristóforo, y ahora, muy posiblemente, Krychowiak. Además, Pareja tiene molestias musculares un día sí y otro también, aunque, por fortuna, parece que no se rompio ayer y sólo tiene una sobrecarga.

Lo único que me gustó del partido es que el Sevilla no bajó nunca los brazos y que fue a por el partido desde el inicio. Pero eso, ante buenos equipos no es suficiente.

Por cierto, prácticamente jugamos con un jugador menos, puesto que Banega no aportó absolutamente nada. Si acaso, ralentizar el ataque.

Y ahora, a pensar en el Español. De nada sirve recordar los tres puntos –más el goalaverage– que se fueron en Mestalla.

 

Valencia 3 – Sevilla FC 1. A Turín, por gentileza de M’Bia

El Sevilla, tal y como predijo nuestro Presidente, José Castro, lo pasó mal, pero finalmente acabó clasificándose, aunque hubo que esperar hasta el minuto 94 del partido para ver el gol de M’Bia, que será por lo único por lo que será recordado este lamentable partido, tanto por parte del Sevilla como del Valencia (en los últimos 15 o 20 minutos).

Emery está siendo muy criticado por el partido de ayer, aunque yo, en este caso, no le considero el principal culpable del partido del Sevilla. Vi el partido por televisión, por lo que no puede ver bien cómo se desarrollaba el partido tácticamente, pero me dio la impresión de que si hay que achacar a alguien el pésimo rendimiento del equipo, hay que apuntar directamente a los jugadores. Y es que ninguno de ellos estuvo mínimamente acertado. Jugadores como Rakitic, M’Bia, Carriço –no me gusta verle en el centro del campo. Prefiero a Iborra–, Bacca, Reyes… estuvieron prácticamente desaparecidos, incapaces de mantener la posesión del esférico, y con una falta de intensidad alarmante. Intensidad que sí ponía el Valencia en cada acción. Así pues, me parecía más un problema de implicación y mentalidad de los jugadores que un mal planteamiento del partido.

Y en cuanto a los cambios, lo único que me pareció discutible fue el de Bacca por Gameiro, aunque, particularmente, creo que no fue un mal cambio. El Valencia estaba dominando por completo el centro del campo, por la gran calidad de sus jugadores –impresionante el partido de Parejo– y por esa intensidad de la que hablaba antes. En ese plan, quitar un jugador del centro del campo para ponerlo arriba me parecía muy arriesgado, pues probablemente, tendríamos grandes dificultades para hacerles llegar a los delanteros balones en buenas condiciones. Además, no hay que olvidar que ayer no fue precisamente el día de Bacca, quien estuvo muy desacertado.

Quien sí creo que falló, y de manera estrepitosa, fue Pizzi. Con un partido totalmente dominado, donde parecía más probable que llegara el 4-0 antes que el 3-1, se le ocurre quitar al mejor jugador del partido: Daniel Parejo. No sé cómo agradecerle a Pizzi ese cambio, porque a partir de ahí, el Valencia perdió la posesión, su chispa, su peligro, y se dedicó en cuerpo a alma al “otro futbol”: el marrullero, el antideportivo, ése que nunca debe verse en fútbol de alto nivel. Vaya espectáculo el que dieron, en toda una semifinal europea, Pizzi y Jonas, con sus descaradas pérdidas de tiempo. Querían llegar a la final costara lo que costara. Si había que tirar dos o tres balones al terreno de juego para perder tiempo, pues se tiraba. Desde luego, bien que se merecieron perder la eliminatoria en el tiempo de descuento, de la manera más cruel que puede haber.

Ese cambio de Parejo también fue como decirle al Sevilla: “Ahora os toca atacar y a nosotros defender por todos los medios”. Y eso nos vino de perlas, puesto que el Sevilla estaba obligado a atacar, y a contrarreloj. Y si para ello nos ceden el centro del campo, pues miel sobre hojuelas. Fue un gran regalo que había que aprovechar. Y lo hizo M’Bia, sobre la bocina, tras cesión de Fazio. Y llegó el éxtasis, una alegría inmensa que es difícil de explicar. Nos íbamos a Turín, a pesar del penoso partido que realizamos.

Para llegar a Turín, hemos tenido que eliminar a otro gran equipo, como fue el Oporto. Porque el Valencia ha demostrado ser un gran equipo, y, ciertamente, no me explico cómo está tan mal clasificado en Liga. En mi opinión, el Valencia de ayer es bastante mejor que el que nos visitó hace una semana, puesto que Jonas y Alves son mejores que Guaita y Alcácer. Pero, afortunadamente, su entrenador, Pizzi, no estuvo a la altura de las circunstancias y se equivocó en el momento crucial de la eliminatoria.

Ayer no salió nada bien. Incluso la suerte nos dio la espalda: en el primer gol, desvía Coke el balón, el segundo llega tras dar en el larguero y Beto, y el tercero lo remató a placer Mathieu, al encontrarse un balón rechazado en el área pequeña. Todo lo tuvimos en contra, pero estamos en la final, que es lo único importante.

 Gracias, Pizzi. Gracias, M’Bia. Road to Turín.

Valencia 3 – Sevilla FC 1. Emery se luce en Mestalla

1-1 en el marcador, minuto 63 en el cronómetro y Emery decide quitar a Gameiro. El francés hace gestos de no entender nada –yo menos aún– y entra Cristóforo en su lugar. No parece muy sensato, con el partido por decidir, quitar a nuestro mejor goleador y único delantero centro nato. Pero Emery lo hizo, y lo pagamos caro.

Si la intención de Emery era reforzar el centro del campo e intentar sentenciar a la contra, podría haber quitado a Jairo o a Marin, que hicieron un partido nefasto. Tengo curiosidad por ver en rueda de prensa cómo explica el cambio.

El Valencia respiró aliviado por este giro de los acontecimientos y se dedició a ir al ataque, liberado ya de la velocidad y movilidad de Gameiro. En una de las llegadas del rival, a nuestra genial defensa no se le ocurre otra cosa que dejar que uno de los mejores jugadores del Valencia, Jonás, tirara a puerta, tranquilamente, sin oposición, desde la frontal del área. Y, por supuesto, Jonas no perdonó. 2-1 y sin delantero centro sobre el terreno de juego.

A partir de aquí, Emery intentó corregir el desaguisado con la entrada de Bacca, pero, además de que Bacca no es Gameiro, ya era tarde.

Antes del cambio, el equipo no me gustó nada. Andamos muy fallones arriba y permitimos unas contras que, sencillamente, no se pueden permitir en Primera División. Nuestra defensa es muy poco contundente y da unas facilidades tremendas, que casi todos los equipos aprovecharán. Muestra de ello fue el primer gol del Valencia, donde Jonas remató completamente solo en el punto de penalti.

Con la defensa tan frágil que tenemos, al igual que la temporada pasada, nos va a costar un mundo mantener nuestra puerta a cero, aunque tengo la esperanza de que cuando recuperemos a los centrales, se solucione nuestra bisoñez atrás. Si no es así, mal vamos.

Resultado final de 3-1, con muy malas sensaciones, con poca actitud –íbamos perdiendo 1-0 y jugábamos con una parsimonia tremenda–, falta de agresividad…  Y lo peor no es eso. Lo peor es que seguimos sin ganar fuera –vamos a hacer un año ya– y somos el farolillo rojo, con sólo dos puntos de quince posibles en nuestro casillero.