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Llega Lopetegui. Ojalá sea Monchi el que acierte y no la afición

La primera vez que leí en prensa que el Sevilla estaba interesado en Lopetegui, creí que era una mala broma. Pero pocos días después no sólo insistían con esa noticia, sino que además lo situaban como claro favorito para ocupar el banquillo. Ayer se hizo oficial, así que no queda otra que esperar a que la apuesta de Monchi sea acertada.

Creo que la mayoría de los sevillistas piensan como yo, es decir, que Lopetegui no ha hecho méritos suficientes como para entrenar al Sevilla FC. Mi aversión hacia Lopetegui no proviene de su desdén a la Selección, cuando negoció con el Madrid, a pocos días del inicio del Mundial, sino de su corta y desastrosa experiencia como técnico. En la Selección es donde, más o menos, ha tenido unos números aceptables, pero en los clubes los números son contundentes:

En el Rayo Vallecano, de 12 partidos sólo ganó 2. Fue cesado.

En el Castilla, de 38 partidos ganó 18. No consiguió el ascenso, que era el objetivo.

Con ese currículum, me extrañó muchísimo que fuera fichado por el Oporto, que es un equipo importante de Portugal y que, lógicamente, suele jugar en Champions y aspirar a ser campeón de la liga, donde únicamente tiene como serio rival al Benfica. Quedó segundo, a tres puntos del Benfica. Eso sí, llegó a cuartos de final de la Champions. En su segunda temporada, fue cesado cuando iba tercero y había sido eliminado de la fase de grupos de la Champions. En el Oporto, de 104 partidos, ganó 68.

Si ya me sorprendió su fichaje por el Oporto, donde fracasó, me quedé boquiabierto cuando fichó por el Madrid. Esperaba que iba a durar dos telediarios, pero me equivoqué. Llegó a jugar catorce partidos, de los cuáles sólo logró la victoria en seis de ellos, a pesar de tener en plantilla muchos jugadores de primer nivel.

Y ahora llega al Sevilla, para preocupación de muchos. Espero que Monchi sea capaz de poner a su disposición un buen ramillete de jugadores, porque, al fin y al cabo, los entrenadores dependen en gran parte de ellos. Pero confianza en él, como técnico, a día de hoy, no tengo ninguna. En el lado opuesto está Monchi, que confía en él plenamente. No se puede explicar de otra forma que se le haya firmado por tres temporadas y con un sueldo de varios millones –he leído cinco brutos–, aunque parece ser que hay cláusulas de rescisión por ambas partes.

En fin, espero que Monchi acierte y, finalmentel, Lopetegui sea un caso parecido al de Juande Ramos, que no era del agrado de la afición pero que acabó siendo uno de los entrenadores que mejor juego y resultados consiguió.

 

 

La temporada del Sevilla FC, ¿un éxito o un fracaso?

Parece que hay algo de discrepancia entre la afición sevillista a la hora de valorar esta temporada, que aún no ha terminado pero que la victoria esta mañana del Getafe ante el débil Gerona deja, prácticamente, vista para sentencia. Salvo milagro, no alcanzaremos el cuarto puesto.

Es evidente que, en líneas generales, debe calificarse como fracaso. Desde mi punto de vista, no puede valorarse de otra forma, sobre todo teniendo en cuenta que a finales de diciembre, casi finalizada la primera vuelta, el Sevilla estaba asentado firmemente en la tercera o cuarta posición, sacando una ventaja considerable, de unos diez puntos, a sus más directos rivales. Es decir, por el rendimiento del equipo hasta entonces, tenía que ocurrir algo verdaderamente desastroso para que el Sevilla perdiera esos puestos de privilegio que dan derecho a jugar la máxima competición continental. Lo que no esperaba nadie es que ese desastre llegara. Fue cambiar el año y el Sevilla parecía otro. Lo que antes era solvencia y contundencia se había convertido en nulidad defensiva e incapacidad para ganar partidos. Los rivales, muchos de ellos, nos ganaban, prácticamente, sin hacer nada, sin apenas tener ocasiones, pero nuestro nivel de juego y nuestro lamentable sistema defensivo provocaba que los equipos de abajo, por muy poco que hicieran, se llevaran los tres puntos. Valga como muestra el partido que perdimos en Vigo, donde únicamente se limitaron a aprovechar un triple fallo defensivo al saque de un córner. Pues partidos como este hemos tenido a montones, hasta el punto de que al Sevilla se le calificaba como “el resucitador”.

Por tanto, nadie se debe escandalizar ni sorprender porque al final no vayamos a la Champions. Aún se puede, pero tenemos que ganar los dos partidos que nos quedan y esperar a que el Getafe la pifie. Pero siendo realistas, sería una sorpresa, una agradable sorpresa, que esto sucediera.

También hay quien critica o ve mal que ahora mismo el principal favorito para la cuarta plaza sea el Getafe. Según ellos, no es un equipo con calidad o poderío para ese premio tan grande. Pues señores, para mí el Getafe es un equipo que defiende muy bien –fundamental para lograr objetivos–, que se harta de correr desde el minuto uno hasta el noventa y tantos, y que tiene una delantera con gol. No son superestrellas, no han costado 60 millones de euros, pero hacen goles, que es lo único que cuenta.

Creo que la planificación no ha sido acertada, principalmente porque una vez más no se ha logrado formar una defensa fuerte –menos mal que Carriço, nuestro mejor central, ha jugado muchos partidos–. Tampoco hemos tenido suerte con las lesiones, ya que hemos tenido muchísimas lesiones óseas, de larga duración. Y ha sido una temporada larguísima, donde hemos tenido que jugar tres eliminatorias previas para jugar la Europa League. Eso si fue un éxito, ya que hubo equipos de primer nivel que cayeron en las previas y no pasaron a la fase de grupos.

En esta Europa League, por supuesto, también hay que hablar de fracaso. No nos puede eliminar un equipo tan inferior como el Slavia de Praga. Aunque también es cierto que, de no haber tenido que sufrir graves errores arbitrales –lástima que no haya VAR en la Europa League–, tanto en el partido de ida como en el de vuelta, que afectaron al marcador, nos habríamos clasificado sin problemas. Pero aún así, a conjuntos como el Slavia, sencillamente, hay que pasarles por encima. Por cierto, en Liga también tengo la impresión, como todos los años, de que hemos sido maltratados por los árbitros. Pero este año, al implantarse el VAR, ya me da que pensar que esto no tiene remedio. Y es que el VAR jamás cambiará a un mal árbitro en uno bueno. Es una buena herramienta que en España se utiliza para beneficiar a los de siempre y, por lo que se ve, también para perjudicar al Sevilla en caso de duda.

Y en la Copa del Rey, el fracaso estuvo en no saber competir en el Camp Nou. Hasta entonces, se había hecho un buen campeonato, ganando 2-0 al Barcelona en la ida, pero el Sevilla dio la sensación de no saltar mentalizado ante los azulgrana. Volvió a influir el arbitraje, porque el Barcelona abrió el marcador con un penalti que en realidad fue una patada al suelo de Messi. Pero fue más decisivo aún las claras ocasiones de gol que falló el Sevilla, penalti de Banega incluido. Y el Barcelona fue a lo suyo. Tienen tanta calidad que es fácil que goleen, sobre todo si juega el que es, sin duda, el mejor jugador del mundo. El todopoderoso Liverpool se llevó un 3-0 hace unos días, y eso que los reds  hicieron un buen partido.

En resumen, sí, ha sido un fracaso, en las tres competiciones, pero mal haríamos si fuéramos incapaces de valorar el que el Sevilla FC, una temporada más, se haya clasificado para jugar en Europa la próxima temporada. Porque, a decir verdad, dado el nivel tan paupérrimo que hemos ofrecido en muchos partidos, en demasiados partidos, he llegado a considerar como una seria posibilidad el quedarse fuera de los puestos europeos. Y eso sí que habría sido un FRACASO. Con mayúsculas.

 

El Sevilla se juega la temporada en una miniliga de trece jornadas contra seis equipos

A finales de diciembre de 2018, dada la ventaja que tenía el Sevilla sobre sus más inmediatos perseguidores, todos pensábamos que muy mal se tenían que hacer las cosas para no estar en Champions la próxima temporada. Y efectivamente, así ha sido. Todo ha salido verdaderamente mal, con lo que el Sevilla tendrá que mejorar mucho en lo que le queda de este desastroso 2019. El nivel mostrado por el Sevilla ha sido tan ínfimo que se ha dejado arrebatar la plaza Champions por el Getafe. Y no sólo eso, sino que, de seguir así, será complicado que no se escapen también las plazas de Europa League.

Una vez esfumada la ventaja, es como si empezáramos el próximo sábado una nueva competición, una pequeña liga donde partimos con el pequeño privilegio de tener algún punto, o algunos puntos de ventaja, según el caso, sobre la mayoría de los rivales. Y también deberíamos beneficiarnos del hecho de que siete partidos tendrán lugar en nuestro feudo y seis fuera.

Los teóricos rivales directos, que disminuirán según vayan pasando las jornadas, serán los siguientes:

Getafe, Alavés, Betis, R. Sociedad, Valencia y Athletic Club.

El Ramón Sánchez Pizjuán decidirá gran parte de nuestro destino, pues aún nos queda por enfrentarnos a estos seis rivales, y cinco de ellos lo harán en nuestra bombonera. El único “rival directo” al que visitaremos será el Getafe, en la jornada 33.

Es importante destacar que en la penúltima jornada visitaremos al Atlético de Madrid. Aunque, muy probablemente, ya a esas alturas no tendrá ninguna opción a conseguir el título de Liga, los madrileños siempre son un rival complicado. El Atlético está a siete puntos del Barcelona, que se dejarán muy poquitos puntos en el camino, y además los colchoneros aún tienen que visitar el Nou Camp.

Por otro lado, el Sevilla exceptuando esta penúltima jornada, contra el Atlético de Madrid, ya ha jugado todos los partidos contra los tres primeros rivales de la Liga. Lo cual es un alivio.

La miniliga empieza este sábado, en El Alcoraz, ante el farolillo rojo. Una nueva derrota creo que incluso pondría en juego la continuidad de Machín. Ningún entrenador –si exceptuamos a Tevenet la pasada temporada con el Sevilla Atlético—es capaz de sobrevivir a los malos resultados. Y si no somos capaces de ganar al último clasificado, ¿a quién vamos a ganar? Una nueva derrota significaría que Machín es incapaz de encontrar soluciones a estos dos meses en caída libre. Porque es evidente que la plantilla, aunque haya tenido muchos lesionados y un calendario muy cargado de partidos, no debe, bajo ningún concepto, dar los bochornosos espectáculos de Balaídos o el Estadio de la Cerámica, por poner algunos ejemplos.

El tiempo se acaba. Hay que reaccionar ya. Y aunque, por ahora, quede en la recámara la opción de ganar la Europa League para clasificarnos para la Champions, mejor hacerlo por la vía teóricamente más fácil: la Liga.

Junta General de Accionistas 2018. La Junta de la decepción

La Junta General de Accionistas, que era ordinaria, resultó ser extraordinaria. Pero extraordinaria en cuanto a la tremenda decepción que nos llevamos los ilusos sevillistas que creíamos que el Sevilla no estaba vendido o no iba a venderse. Nada más lejos de la realidad. Ayer los máximos accionistas dejaron claro que dan la espalda al sevillismo de base, al no blindar el estadio Ramón Sánchez Pizjuán y la ciudad deportiva José Ramón Cisneros Palacios.

Sin embargo, esto se veía venir. No se entendería entonces, que viéndose el alarmismo entre los pequeños accionistas y su lucha por sindicar el 5% de las acciones necesarias para incluir nuevos puntos en el orden del día, los máximos accionistas no sólo no se pronunciaran, sino que no solicitaran esta modificación de motu proprio. Evidentemente, no estaban por la labor. Pero siempre quedaba la esperanza de que, a última hora, sucumbieran ante la presión de los accionistas minoritarios y cambiaran de opinión.

Parece obvio que, si no han vendido ya sus acciones a un inversor extranjero, lo van a hacer próximamente, pues cabe deducir que tienen ya más que acordados los términos de la venta y sólo deben quedar detalles. En este sentido, resultó reveladora la lamentable intervención de Carolina Alés, que se destapó, admitiendo que ellos “venden sus acciones, no venden al Sevilla”. Pues no, Carolina. Si yo vendo mis dos acciones, sería así. Pero si tú, que eres una de las principales accionistas, las vendes, también vendes al Sevilla FC. Poco después intentó retractarse, quedando incluso peor.

Pero no quedó ahí la cosa. Carolina Alés también se lució con su desprecio a los pequeños accionistas, cuando preguntó por qué ellos no habían comprado acciones. Haciendo un alarde de soberbia, poco menos que se rió de aquellos que no podían permitirse comprar acciones, o sólo unas pocas, como es el caso de la gran mayoría de los aficionados. Sin duda, Carolina, quien probablemente habrá nadado en la abundancia desde que nació, no tiene la capacidad de entender que mucha gente no puede permitirse comprar acciones, o si lo hace, es con gran esfuerzo.

Como contrapunto a Carolina Alés, destacar la impresionante y conmovedora intervención de Alejandro Cadenas. Faltó poco para que lo sacaran a hombros, pero, lamentablemente, pese al gran esfuerzo de los pequeños accionistas, mucho me temo que se ha llegado tarde. Ya está todo el pescado vendido.

Ahora hay que apretarse los machos, pues se entra en una situación muy complicada, donde hay un patente enfrentamiento entre los accionistas mayoritarios y el aficionado de base. Será harto complicado que eso no afecte al rendimiento del equipo. Esto se verá muy pronto, en el importantísimo partido del jueves, ante el Krasnodar. Yo espero un gran abucheo al palco, pues es lo mínimo que merecen.

Empieza una época de incertidumbre, donde el Sevilla dejará de pertenecer a los sevillistas y estaremos en manos de un grupo inversor que podrá disponer, a su antojo, de nuestro estadio y ciudad deportiva. Desde luego, si con el tiempo acabamos trasladándonos a la Cartuja, sería mi fin como abonado. Llevo treinta y dos años siéndolo, pero me niego a ver al Sevilla en la Cartuja si no es algo temporal, mientras se amplía el Ramón Sánchez Pizjuán. El estadio olímpico es para ver atletismo, no fútbol. Si lo veo mejor por televisión, me quedaré en casa y no soportaré las inclemencias del tiempo, ni tendré que desplazarme.

La Junta de ayer me ha dejado tocado, o más bien hundido. Hasta el punto de que el partido contra el Krasnodar ha pasado de parecerme muy importante a ser totalmente secundario. No me explico cómo los máximos accionistas pueden tirar por los suelos los sentimientos de tantas generaciones de sevillistas. Y todo por el dinero, por el vil metal. ¡Qué triste!

La aparente ineptitud de la Dirección Deportiva del Sevilla

Entre el aficionado sevillista hay máxima expectación por los posibles fichajes del Sevilla. Eso es igual todos los años, pero en esta ocasión, además, hay preocupación, pues el primer partido oficial está a seis días vista y la plantilla está prácticamente cogida con alfileres en la defensa y en la delantera.

No ha podido el Sevilla “escoger” peor temporada para quedar séptimo clasificado. El Mundial ha hecho estragos en la planificación, pues no podemos contar aún con los jugadores que han participado en él, dejándonos sólo con Pareja y Carriço como centrales disponibles y a Ben Yedder como único delantero. Tampoco ha ayudado que el Barcelona nos haya birlado a Lenglet, quien además de ser nuestro único central confiable –Carriço y Pareja están casi siempre lesionados–, era nuestro mejor jugador en esa zona tan importante.

Se da también la circunstancia de que Machín utiliza tres centrales en su sistema, el cual parece ser innegociable, con lo que la carencia es aún mayor.

No paran de salir nombres en la prensa. Como suele ser habitual, quizás muchos de ellos hayan sido inventados, pero no hay dudas de que otros son ciertos, como es el caso de Caleta-Car. El jugador croata es un desconocido por estos lares, pero los que le han visto jugar hablan maravillas de él. Parecía un fichaje hecho –siempre según la prensa–, pero lo cierto es que el Marsella ha estado más listo, consiguiendo un precontrato con el jugador durante el Mundial y llegando a un acuerdo con el Salzburgo. Un teórico –luego habrá que ver su rendimiento– buen jugador que se escapa por un par de millones de euros.

Leo en las Redes Sociales que el Sevilla está pagando la novatada de Caparrós como Director Deportivo. Y puede que sea cierto, pues no hay que olvidar que él mismo reconoció que no estaba preparado para ese puesto. También leo que José María Cruz es un serio obstáculo para cerrar algunas incorporaciones, pues es reacio a soltar grandes cantidades de dinero. No sé qué habrá de cierto en todo esto, pero lo que sí parece claro es que no se están haciendo bien las cosas. Si no, no tiene explicación que a estas alturas estemos casi con lo puesto, cuando en otras ocasiones se ha tenido el grueso de la plantilla disponible para el stage de pretemporada (en este caso en Benidorm), e incluso se ha hecho algún fichaje antes de finalizar la anterior temporada.

En mi opinión, también se ha estado torpe, verdaderamente torpe, al no fichar los centrales antes de que el Barcelona depositara la cláusula por Lenglet. Era algo que se conocía de antemano por todos, apareciendo diariamente en prensa. Evidentemente, los demás clubes, sabedores de que el Sevilla cuenta con dinero contante y sonante, se descuelgan pidiendo cantidades desorbitadas.

Particularmente, no entiendo que el Sevilla esté racaneando a la hora de fichar. Las arcas del Sevilla deben de estar llenas. Los ingresos por TV son los mayores de la historia, la temporada pasada se hizo un buen papel en Champions, ingresándose más de lo previsto; tenemos los 35 millones de Lenglet y, muy posiblemente, tendremos otros 35 por Nzonzi, además de las ventas que ya hemos realizado. Es cierto que ahora, casi por cualquier jugador, te piden 10-15 millones. Y por un buen jugador, lo mínimo son 20 millones. Pero eso es algo a lo que hay que adaptarse. Lo que sí pienso que está fuera de nuestro alcance son los fichajes de a partir de  unos 30 millones de euros. Como mínimo, serían muy arriesgados.

Tampoco entiendo ese miedo a fallar del que habla la prensa, cuando la mayoría de los nombres que están saliendo son jugadores contrastados, muchos de ellos ya incluso conocen la liga española.

El panorama no es muy alentador. Sólo aparecen malas noticias: el show de la Supercopa, donde todo parece indicar que nuestro Presidente mintió a la afición; la posible venta del club a un inversor extranjero, y la mala planificación deportiva, a día de hoy. Los únicos que están respondiendo son los aficionados, con una masiva renovación de abonos.

Aún queda tiempo para hacer las cosas bien. Ahí está el ejemplo del Valencia. Recuerdo que, viendo un amistoso del Valencia, estando ya a punto de empezar la temporada pasada, pensé que no tendríamos ningún problema para superarlos en la tabla. A los pocos días, el Valencia fichó a Kondogbia y a Guedes. Dos grandísimos jugadores cuyo rendimiento cambió al Valencia por completo. Es decir, queda aún mucho tiempo para fichar, y hay muy buenos jugadores en el mercado, pero no nos podemos dormir en los laureles.

En cualquier caso, me da algo de tranquilidad la endeblez del rival de la primera eliminatoria: el Ujpest húngaro. No parece un rival que deba preocupar, a no ser que haya un exceso de confianza y no se le respete. Sería un error imperdonable.

Traspasar a Ben Yedder, un riesgo innecesario

Leo en la prensa estos días, con algo de preocupación, que el Sevilla, si llegara una buena oferta, estaría dispuesto a traspasar a Ben Yedder. Es algo que no quiero creer que sea verdad, porque, hoy por hoy, es el único delantero que garantiza gol de la plantilla.

También es cierto que es muy probable que, aunque no queramos venderlo, pueda acabar saliendo, ya que su cláusula de rescisión es de sólo 30 millones de euros y, según parece, hay equipos que compiten habitualmente en Champions que se han fijado en él. Y no es de extrañar, porque, además de sus buenas actuaciones en la competición europea más importante, Ben Yedder ha sido llamado por su Selección –aunque previsiblemente no estará en el Mundial, al formar parte de la lista B–. Y, sobre todo, lo que más llama la atención de él son sus estadísticas, las cuáles, en mi opinión, son impresionantes:

En su primera temporada, Ben Yedder marcó 18 goles, dando seis asistencias, en 42 partidos, disputando sólo 2.268 minutos de juego. Y en su segunda temporada ha mantenido unas cifras similares o incluso mejoradas, pues ha jugado algo más –2.741 minutos—y ha hecho 22 goles, dando cinco asistencias. Bueno, en realidad ha hecho alguno más, como el que le anularon en Málaga, por un error arbitral. Pero las estadísticas oficiales son ésas.

También hay que tener muy en cuenta que Ben Yedder no ha contado en ningún momento con la confianza de los entrenadores que ha tenido, excepto con Joaquín Caparrós. Pero ni Sampaoli, ni Berizzo y ni mucho menos Montella le daban apenas oportunidades. Es decir, que esas cifras –marcando un gol, de media, cada dos partidos—las ha conseguido sin tener continuidad y jugando solo en punta, sin la ayuda de un segundo delantero. Por lógica, si jugara con otro delantero que le complemente, y siendo titular, sus cifras, tanto de goles como de asistencias, deberían ser muy superiores.

Otros delanteros que han triunfado en el Sevilla no hay tenido, ni por asomo, las estadísticas de Ben Yedder. Por tanto, estamos hablando de un jugador de primer nivel y, además, de un excelente profesional. En ningún momento se ha quejado de su incómoda situación –increíble que Muriel le quite el puesto—y, siempre que ha jugado, ha dado lo máximo, corriendo y presionando durante los 90 minutos.

Ben Yedder es un delantero al que quizás le falta algo de velocidad y altura, pero después es muy inteligente, estando siempre en boca de gol. Sabe hacer daño y siempre está bien situado. Y algo muy importante: si tiene la ocasión de tirar, no se lo piensa.

No sé qué rendimiento ofrecerán los delanteros que lleguen –espero que sean dos, pues Muriel quizás sería mejor que jugara en banda o fuera traspasado–, pero me parece una temeridad desprenderse del único goleador que tenemos, y por 30 millones de euros, o incluso menos. Más bien, deberíamos renovarlo y subirle esa ridícula cláusula de rescisión antes de que nos lo quiten de las manos.

Las notas finales de la temporada del Sevilla FC. Del deficiente al notable

Aún queda una jornada, pero la séptima posición es inamovible. Por fin, se acabó esta temporada que se me ha hecho eterna.

Ha sido una temporada atípica, a la cual temía desde pretemporada, pues era la primera que afrontábamos sin Monchi. También tuvimos un mes de julio bastante convulso, con el numerito de Vitolo y el Atlético de Madrid, y con Las Palmas como cooperador necesario. Aún cuesta creer lo bajo que cayó Vitolo, que fue capaz de engañar a un club que se portó maravillosamente con él en los malos momentos, e incluso a su amigo Nico Pareja,  y todo por el vil metal. Mucho vil metal, eso sí.

También nos hemos encontrado muchos inconvenientes, algunos de ellos fruto de una pésima planificación deportiva, como ha sido, por ejemplo, el poco rendimiento del fichaje estrella (Muriel), lo que ha llevado a una cifra de goles a favor realmente bajo; los fichajes de dos entrenadores que no han sido capaces de sacar un mínimo rendimiento a la plantilla (Berizzo y Montella) y las lesiones de dos de los centrales (Carriço y Pareja), aunque esto, visto los antecedentes, era más que previsible. Tampoco ha ayudado la poca profesionalidad de Nzonzi, uno de nuestros mejores jugadores, que ha sacado los pies del tiesto en varias ocasiones. En resumen, ha sido una temporada realmente complicada, que bien podría haber acabado en un auténtico desastre, tanto económico como deportivo.

Si analizamos las tres competiciones por separado, las notas difieren bastante:

En la Copa del Rey, yo pondría un bien. Habría sido de notable de no haber sido por el pobre partido de la final. No obstante, considero casi como único culpable a Montella, quien, a mi modo de ver, hizo un planteamiento de locos. A nadie, en su sano juicio, se le ocurre jugar contra el que probablemente sea el equipo más técnico del mundo, con Messi incluido, con la defensa en el centro del campo. Fue dejar el partido en bandeja al Barcelona. Verdaderamente, así había poco que hacer, y, quizá, pocos goles nos cayeron. Sin embargo, fue bastante meritorio ganarle los dos partidos al Atlético de Madrid, equipo que encaja poquísimos goles.

En la Champions League sí que le pongo el notable, ya que se pasó una difícil previa ante el Istanbul Basaksehir, que nos puso en apuros, ya que se trataba de un buen equipo, con jugadores de nivel. De hecho, está luchando por el título de Liga con los dos grandes de Turquía. Después se consiguió la clasificación como segundos de grupo, en pugna con el Spartak de Moscú. Y, finalmente se logró la hazaña de eliminar al siempre potente Manchester United. Nos eliminó el Bayern de Munich, en una eliminatoria donde ofrecimos guerra al gigante alemán y donde no nos sonrió la fortuna, con dos goles en propia meta en la ida y un tiro al larguero en la vuelta. Pero no hay que olvidar que hacía más de sesenta años que no se llegaba a Cuartos de Final de la máxima competición europea.

Es en la Liga donde no hemos dado la talla. Hemos estado dando tumbos, otorgando una clara prioridad a la Champions League y a la Copa del Rey. Hemos recibido goleadas escandalosas, y aunque algunas de ellas pueden considerarse anecdóticas, porque fueron partidos donde se tuvieron más ocasiones que el rival, como contra el Spartak de Moscú y Betis –pero si tú tienes nula efectividad y el rival las cuela todas…–, otras fueron realmente bochornosas, como las que se tuvieron contra el Real Madrid, Celta de Vigo o Eibar. Por haber conseguido la séptima plaza a última hora es por lo que mi nota es la de “Deficiente”. Habría sido de “Muy Deficiente” de habernos quedado fuera de Europa, lo cual habría sido un desastre a todos los niveles.

Haciendo una nota media, daría un aprobado raspón, por los pelos.

Menos mal que ya toca despedirse de la temporada en el próximo partido, contra el Alavés, pero hubo momentos donde miré las posiciones de descenso, sobre todo cuando veía al equipo de Berizzo totalmente perdido, dando la impresión de que era poco menos que imposible ganar un partido. Y eso es algo que también ha ocurrido con Montella, aunque ya teníamos puntos suficientes como para no mirar para abajo, excepto a última hora, cuando se puso en serio peligro la clasificación europea.

Hay muchísimo que corregir para la próxima temporada y muchísimo que hacer. Lo más prioritario es fichar al Director Deportivo y empezar a confeccionar la nueva plantilla inmediatamente. Porque empezamos a competir ya mismo, y no hay tiempo que perder.

Sevilla 1-Gerona 0. Sergio Rico nos mantiene en zona europea

Tal y como se esperaba, el Gerona dio mucha guerra en la mañana de ayer. El equipo catalán arriesgó con una defensa bastante adelantada, pero le dio resultado, en parte porque nuestros jugadores de banda, tanto Correa como Sarabia no estuvieron muy acertados. Sin embargo, al inicio de la segunda parte, ambos fueron decisivos, en la jugada del gol que decidió el partido. Aunque parece que el gol es de Correa, seguramente, si no llega a ser por Sarabia, no lo habrían concedido, pues en el acta aparece Sarabia como el autor del gol.

El protagonista del partido fue Sergio Rico, ya que tuvo dos o tres intervenciones de mucho mérito, salvando los muebles. Por ejemplo, parando un penalti en la primera parte y sacando un cabezazo a placer de un rival, en la recta final del partido.

En la segunda parte el Sevilla pudo sentenciar, y no lo hizo, lo que me recordó muchísimo al partido contra el Getafe, pero en esta ocasión sí hubo final feliz.

Aparte de Sergio Rico, hay que resaltar el gran nivel que está mostrando Jesús Navas en el lateral derecho. Esta vez frenó al veloz Mojica. De seguir así, va a costar trabajo que le quiten el puesto tanto Corchia como Layún.

El Mudo Vázquez estuvo desaparecido, al menos ofensivamente. Se obsesiona en hacer cañitos y, a veces, provoca pérdidas peligrosas. Un cañito no está mal, pero intentarlo casi siempre, creo que es pasarse. Es como cuando Negredo se quedaba solo delante del portero, que siempre pensaba en hacerle una vaselina, aunque pareciera la opción más complicada.

Los centrales estuvieron magníficos durante todo el partido. Mercado siempre le ganó por alto al keniata Olunga, a pesar de que éste le superaba en altura. También Lenglet estuvo soberbio durante todo el partido. También asistió a Correa en el gol, con un pase largo medido. Es una pena que estos centrales no tengan recambio, porque le dan al equipo un gran nivel defensivo y no tienen recambio. Esperaba, iluso de mí, que hubiera llegado un central en el mercado de invierno. No fue así, y creo que, con el tiempo, lo pagaremos caro. Tanto Kjaer, como Pareja y Carriço están muy lejos de llegar al nivel que muestran la pareja Mercado-Lenglet.

El árbitraje no me gustó nada, ni el de Jaime Latre, ni el de sus asistentes, con fallos incomprensibles. Quizás el más grave fue cuando perdonó la expulsión a Borja García, por una entrada por detrás, que le hubiera supuesto la amarilla, y después, a continuación, por discutir con Pizarro. Pero el árbitro, no quiso expulsarle y sólo se la mostró al argentino.

Tampoco me gustó, en absoluto, la tardanza de Montella en hacer los cambios. No es la primera vez que lo hace, y creo que se equivoca. Pizarro no fue expulsado de milagro. Tener un centrocampista de cierre con amarilla durante tantos minutos es jugar a la ruleta rusa, y más cuando tienes a Roque Mesa en el banquillo. Pizarro hizo una buena primera parte, pero en la segunda cometió errores que pudieron costarnos el gol.

También me parece un grave error mantener a jugadores sobre el césped que estaban visiblemente fatigados, como era el caso de Correa y Franco Vázquez.

Victoria muy trabajada, ante un equipo que tiene jugadores de nivel –menos mal que Portu ayer no tuvo su día y que el máximo goleador del equipo, Stuani, estaba tocado y no jugó–, y que nos mantiene en zona europea. Estos tres puntos nos permiten acortar distancias con el Villarreal, pero, lamentablemente, no con el Valencia, que ayer ganó gracias a la inestimable ayuda del árbitro de turno (Medié Jiménez), que tuvo una actuación desastrosa y totalmente decisiva, ya que anuló un gol totalmente legal de Coke (hubiera supuesto el 1-2), por un empujón de un jugador del Valencia a otro del Valencia, no habiendo ningún jugador del Levante cerca. Es decir, que el árbitro se inventó la falta, pues era imposible que hubiera visto un jugador del Levante.

Lo peor es que en la jugada que hubo inmediatamente después, marcó el Valencia. Se pasó de un 1-2 a un 2-1 en cuestión de segundos, con el mazazo sicológico que supone eso. Pero no quedó ahí la cosa. Medié Jiménez quiso rematar su faena inventándose un penalti sobre Zaza cuando finalizaba el partido. Realmente, fue Zaza quien arrolló al central del Levante, que se le adelantó y tocó balón.

No creo que el Sevilla recupere la cuarta plaza, pero está claro que si el Valencia, además de ser un gran equipo y sólo disputar una competición, recibe ayudas de este tipo… entonces será imposible.

A 15 de enero, y el Sevilla sigue sin encontrar solución a unos problemas más que localizados

Es desagradable esa sensación que tiene el sevillista de ver a un equipo que parece no estar capacitado para ganar a ningún rival, por muy endeble que éste sea. Esto ocurre porque el equipo falla en todas sus líneas, por lo que se hace necesario, si no se quiere correr el riesgo de no jugar competición europea la próxima temporada, fichar en el mercado invernal. Todos sabemos que este mercado es difícil, porque los clubes no quieren desprenderse de sus mejores jugadores en plena competición, pero aún así deberían venir entre uno y tres jugadores, con el fin de corregir los tres graves defectos que están convirtiendo al Sevilla en un equipo de lo más vulgar:

1º.- El equipo defiende muy mal.

En mi opinión, se debería empezar por reforzar la defensa. En el caso de que no hubiera mucho dinero o no se quisiera descuadrar el presupuesto, pienso que muchos problemas se solucionarían con un central con experiencia y, a ser posible, que tenga entre sus cualidades la velocidad, ya que el Sevilla suele jugar con la defensa muy adelantada. Kjaer volvió a demostrar ayer que no tiene nivel para jugar en el Sevilla, y yo incluso diría que para jugar en la Primera División española. Si a eso le unimos que Corchia y Carole –otro que aporta bien poco– no destacan por su nivel defensivo y que Escudero parece otro jugador totalmente distinto al de la temporada pasada, no es de extrañar la gran cantidad de goles que estamos recibiendo.

Yo esperaba, iluso de mí, que, teniendo en cuenta las lesiones de larga duración de Carriço y Pareja, que el día 1 de enero ya estaría aquí un nuevo central. Pero sigo esperando, a ver si ocurre un milagro y llega. Porque están sonando nombres de fichajes, pero no de centrales.

Muy preocupante también es el nivel que está mostrando Sergio Rico, que ha pasado de ser un jugador que salvaba partidos, con grandes actuaciones que le llevaron a la Selección, a un jugador que se muestra muy inseguro y que no está parando casi nada. Últimamente, si le tiran entre los tres palos, prácticamente es gol. Ayer, en el gol del Alavés, ni se tiró. El problema es que su posible sustituto, David Soria, no lo mejora, y ya hay buena parte de la afición que le ha sentenciado, señalándolo como el culpable de muchos de los males defensivos.

2º.- Un centro del campo que ni contiene en defensa, ni tiene fluidez en ataque.

La temporada pasada el centro del campo se sostenía defensivamente, principalmente, por el gran nivel que mostró Nzonzi. Pero se quedó a disgusto esta temporada, y está demostrando que el Sevilla le importa un bledo. Su falta de implicación es palpable y ha tenido enfrentamientos con compañeros y Berizzo. Ayer no fue titular, y ha corrido el rumor de que tuvo un nuevo enfrentamiento con otro compañero.

Es decir, tenemos a Nzonzi, que es como si no lo tuviéramos, y a Pizarro, que a lo mejor en la liga mejicana destacaba, pero aquí es un jugador de lo más normalito. Tan normalito, que, por lo visto hasta ahora, tampoco creo que tenga nivel para jugar en el Sevilla.

El único que está dando el callo en la zona media es Ever Banega, y tampoco es que esté sobresaliendo. Con lo cual, tenemos un centro del campo que apenas defiende, con lo que, a veces, nos llegan en defensa en superioridad, e incluso en oleadas, y que no tiene calidad ni para retener el balón cuando es necesario, ni para moverlo con rapidez y fluidez para surtir a los delanteros. Bueno, más bien el único delantero que tenemos: Ben Yedder. A Muriel, por ahora, me niego a catalogarlo de delantero.

Hacemos agua en defensa y también en el centro del campo, que es la zona donde se define quién controla el partido. Podría solucionarse buena parte de los males si se fichara a un centrocampista defensivo, con fortaleza física y con calidad para distribuir el balón. Si se pudiera hacer un segundo fichaje, yo iría a por este tipo de jugador, del estilo de Kondogbia, M’Bia, Roque Mesa…

Tampoco estaría mal que jugadores que están demostrando una baja forma alarmante, como Nolito y Navas, incapaces de desbordar, se vieran más habitualmente en el banquillo, y jugaran más asiduamente, con más continuidad, Correa y Sarabia, que tienen más velocidad, desborde y gol.

Y 3º.- El equipo adolece de gol.

Menos mal que tenemos a Ben Yedder, que lleva dieciséis goles entre todas las competiciones. Recemos pues para que no se lesione, porque, además, es el único delantero de la plantilla.

Ben Yedder es muy buen delantero, y además siempre da lo máximo sobre el terreno de juego. Y hay un detalle a tener muy en cuenta, y es que siempre juega solo, como único delantero, con lo que sus dieciséis goles tienen muchísimo mérito.

Ben Yedder, por su estilo de juego y presencia física, debería jugar junto con  otro delantero como referencia. Me refiero a un tipo de delantero que puda imponerse en el área, de buena estatura y que vaya bien por arriba –tipo Dzeko–. Ben Yedder cae mucho a banda, con el problema de que, al ser el único delantero, en muchas ocasiones no suele haber nadie para rematar los posibles centros al área.

Así es que, si quedara algo de dinero, yo traería un segundo delantero.

Pero estamos a 15 de enero, que se dice pronto, y el equipo sigue sin reforzarse, dando sobre el terreno de juego una imagen paupérrima, impropia de un club de primer nivel. Y lo peor es que, de seguir así, pronto dejaremos de estar en plaza europea.

Y no entro a valorar en profundidad lo del esperpento del cambio de entrenador, donde considero que se ha fallado al elegirse a Montella, un entrenador que no conoce ni la Liga, ni al club, ni a su plantilla, como está demostrando con las alineaciones y con los cambios.

A pesar de todo, aún estamos a tiempo de salvar esta temporada –clasificándonos para la Europa League. Hay que ser realistas–, pero hay que actuar ya, sin más demora. Hay que acabar con esa sensación de que es casi imposible el ganar un partido, porque el equipo es tan débil que, por poco que haga el rival, acaba llevándose el gato al agua.

Defensa muy frágil, centro del campo que no funciona y poco gol son síntomas de equipos que luchan por no descender. Si a eso le unimos la negativa actitud de muchos jugadores, la situación es para echarse a temblar. Incluso reconozco que ayer miré a cuántos puntos estábamos del descenso.

Hay que intentar solventar esta temporada como se pueda y, por lo que se está viendo, se antoja muy necesario hacer una buena limpia la próxima. Y espero que para entonces ya se haya aprendido de los muchos errores cometidos en la presente.

Caso Vitolo. En juego, prestigio, dinero y respeto

Por fin, el Sevilla FC se pronunció oficialmente sobre el caso Vitolo. Como era de esperar, dadas las pruebas contundentes que, según Castro, tiene en su poder, el Consejo de Administración del Sevilla acordó en el día de ayer denunciar el caso ante los tribunales de justicia. Entiendo que el acuerdo se refiere a los tribunales de justicia ordinaria, aunque tampoco vendría mal denunciar ante la UEFA, pues el Atlético y Las Palmas están intentando burlar una sanción deportiva. En mi opinión, el Sevilla en este caso debería ir a la yugular, es decir, a muerte, a sacar el máximo beneficio económico posible, e intentar que Atlético, Las Palmas, Vitolo y Bahía salgan bien escarmentados de todo este asunto.

Sin duda, será un camino largo, pero el Sevilla debe mantenerse firme hasta el final, pues supongo que tardará en emitirse una resolución, sobre todo si es a través de la justicia ordinaria, y también habrá numerosos recursos hasta que haya una resolución firme, como ya ocurrió con el tema de Antena 3.

Me parece fundamental que el Sevilla acuda a los tribunales, porque en el caso Vitolo no sólo está en juego prestigio y dinero –al menos diez millones de euros de diferencia con el antiguo contrato, sin contar la plusvalía que se podría, o no, pagar a Las Palmas–, sino que también es una cuestión de respeto, el cual, tanto en el mundo del fútbol como en la vida, es muy importante. Una de las frases que se le atribuyen a Rousseau es: “Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas”. Ganarse el respeto, y mantenerlo, es esencial en la selva en que se ha convertido el fútbol moderno. Si el Sevilla FC permite la falta de respeto que han tenido todas las partes, especialmente el propio Vitolo, mal haría.

En mi opinión, la decisión que tenía el Consejo ayer era bien fácil. Debía elegir entre ir contra Atlético, Las Palmas, Vitolo y Bahía, o ir contra su propia afición. Pues pienso que ningún aficionado habría perdonado, ni a Castro ni al Consejo, quedarse de brazos cruzados y dejar pasar el tiempo sin hacer nada. De ser así, el Sevilla FC habría quedado en el más absoluto de los ridículos.

 

Para mantener a nuestros mejores jugadores hay que crecer. Y no es tan fácil, lleva tiempo

Recuerdo que hace algunos años, cuando festejábamos las clasificaciones para la Copa de la UEFA, José María Cruz decía que, para crecer, era necesario conseguir la clasificación europea todos los años, y no sólo uno. Por aquel entonces, parecía una quimera, algo imposible, pero hoy es una bonita realidad. Realmente, muy mal lo tiene que hacer el Sevilla para no estar en Europa.

Ahora seguimos creciendo, con el objetivo marcado de conseguir todos los años la clasificación… no ya para la Europa League, sino para la Champions League. Este objetivo es bastante complicado, ya que Madrid y Barcelona tienen aseguradas las dos primeras plazas, y el Atlético tiene recursos y potencial para tener, prácticamente, asegurada la tercera.  Con lo cual, para entrar en Champions debemos hacer una gran temporada y superar a equipos importantes, como Valencia, Villarreal o Athletic de Bilbao, junto con la típica sorpresa que salta todas temporadas, que en esta última fue la Real Sociedad.

Tener plaza Champions asegurada, año tras año, nos dará un gran potencial, tanto económico como deportivo, pero, no obstante, hay que ser conscientes de que siempre habrá equipos por encima nuestra, a todos los niveles. Por tanto, los sevillistas no deberíamos sentirnos frustrados porque tal o cual jugador no quiera seguir en el Sevilla, o no le podamos pagar la ficha. Me refiero, concretamente, a los recientes casos de Vitolo, N’Zonzi o Jovetic.

Hay que recordar que el Sevilla tiene que cumplir con un tope salarial. A nadie debería sorprender que el Sevilla no pueda pagar una ficha de 3,5 millones de euros, libres de impuestos, que tiene Jovetic. Es más, muy pocos clubes pueden pagarla. Aunque, si bien es cierto que ahora no podemos pagarla, hay que aspirar a poderlo hacer, a corto o medio plazo. Hay que crecer, y eso no sólo pasa por la clasificación anual para la Champions, que es fundamental, sino que también es importantísimo aumentar todos los ingresos, principalmente por derechos de televisión, marketing, abonos y taquillas.

En todos estos conceptos estamos muy… pero que muy por detrás de muchos clubes. Por ejemplo, el Sevilla no tiene patrocinador principal en las camisetas, y ése es un lujo que no puede permitirse. El Manchester United cobra más de 70 millones de euros al año por llevar de patrocinador a Chevrolet. El Chelsea, 55 millones; Arsenal, 40; Barcelona, 35… Nosotros nunca podremos llegar a esas cifras, pero, desde luego, no debe ser de cero euros.

Para crecer, también deberíamos ampliar el Ramón Sánchez Pizjuán. La reforma que ha hecho Castro no está mal, pero llevamos varias temporadas donde el número de abonados está a tope. No se hacen más porque sólo quedan libres los abonos más caros y que no todo el mundo puede permitirse. Las zonas más asequibles están llenas. También, durante la temporada, se llena el estadio en los partidos más importantes. Es decir, llevamos varios años perdiendo dinero. Es cierto que una ampliación del estadio cuesta un dineral, pero pienso que es posible si se hace poco a poco o con un patrocinador. Pero, claro, supongo que si no somos capaces de encontrar un patrocinador para la camiseta, para el estadio ya ni hablamos. Eso sí, la reforma del estadio tendría que hacerse sin riesgos económicos y de manera que el potencial del primer equipo no se viera afectado. Sería imperdonable repetir errores del pasado.

Mientras crecemos, debemos aceptar que haya jugadores, como Vitolo o N’Zonzi, que quieran emigrar a equipos que están por delante de nosotros, y que, por tanto, le pagarán mucho más y donde tendrán más posibilidades de ganar títulos. Lo que sí sería de lamentar es que se fueran por menos de lo que marcan sus cláusulas de rescisión.

Pero no podemos olvidar que, por mucho que crezcamos, siempre habrá clubes que nos superen en masa social, ingresos por TV, marketing, patrocinadores, y en todo tipo de ingresos. Hay que intentar que esos clubes sean cada vez menos, pero eso lleva mucho tiempo. Mientras tanto, bien haríamos en disfrutar del enorme mérito que supone ser el octavo equipo con mejor coeficiente UEFA. Mantener o mejorar ese octavo puesto sólo lo podremos hacer siguiendo el método que tan buen resultado nos está dando: vendiendo por más de lo que compramos, es decir, generando plusvalías. Hay que ser conscientes de que muchos de nuestros competidores nos superan en todo, y sería absurdo no valorar, en su justa medida, lo mucho que se está consiguiendo.

Fin a una temporada notable, pero que debió ser de sobresaliente

Se acabó la temporada 2016-2017, una temporada de la que todo el mundo usa el término “agridulce” para referirse a ella. Parece un término apropiado, pues pienso que la gran mayoría de los sevillistas están contentos con el cuarto puesto obtenido, pero, al mismo tiempo, hay plena conciencia de que, de haber hecho las cosas medio bien en determinados momentos de las tres competiciones disputadas, habría podido ser una temporada histórica. Bueno, en realidad, lo ha sido, porque, desgraciadamente, no es muy habitual que quedemos clasificados en cuarta posición.

Y lo peor de todo, es que no ha sido de sobresaliente, más que nada, por torpeza, cuando el equipo iba disparado como un cohete.  La temporada de la torpeza, podría llamarse.

En la Copa del Rey se hizo un buen papel, hasta que tuvimos la mala suerte de enfrentarnos con el Real Madrid. A pesar de que Mateu Lahoz, con uno de sus desastrosos y malintencionados arbitrajes, dejó prácticamente sentenciada la eliminatoria en el Bernabéu, el equipo lo intentó siempre. Pero, como reza el dicho,  “lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible”. En esta competición, por tanto, nada que objetar.

En la Champions, también se cumplió, ya que se logró el objetivo marcado al principio de temporada, que no era otro que pasar la fase de grupos. Una vez logrado, nos tocó el Leicester City, un equipo fuerte, pero asequible. A mi modo de ver, el Sevilla fue bastante superior, pudiendo dejar la eliminatoria sentenciada en la idea. Caímos eliminados por torpes. Fallamos dos penaltis –uno en cada estadio–, estrellamos varios balones en los postes y convertimos a su portero –buen portero–, Schmeichel, en héroe nacional. En esta competición cometimos tres errores graves:

Primero: Subestimar al rival. Había excesiva confianza en que el Sevilla pasaría, pero el Leicester es un buen equipo, con tres o cuatro jugadores muy buenos, y si ganaron la Premier League fue por algo. El estuvieran tan mal clasificados, posiblemente ayudó a que no se le tuviera tanto respeto a este buen equipo.

Segundo: No ir a por el partido, desde el inicio, en el partido de vuelta. A la Champions hay que ir a por todas, desde el minuto uno hasta el final, y, sobre todo, está fuera de lugar el saltar al campo a verlas venir y con un planteamiento cobarde. El más torpe de los torpes fue Nasry, que cayó en la provocación de Vardy como un colegial y fue expulsado.

Y tercero y último: marcar la Champions como prioridad absoluta, dejando de lado la Liga. Hubo partidos donde se abusó demasiado de las rotaciones. El Atlético de Madrid no cometió el mismo error y aprovechó para recortar bastantes puntos que luego serían decisivos para perder la tercera plaza.

Y en Liga, pues se ha dejado pasar una gran oportunidad para conseguir plaza directa a la fase de grupos de la Champions. Se han dado un conjunto de factores para que perdiéramos la ventaja de nueve puntos que llegamos a tener con respecto al Atlético de Madrid. Resumiendo, dejando aparte la ya referida distracción con la Champions:

1.- Perder el partido en el Vicente Calderón. Incluso un empate nos habría venido muy bien, pero el equipo salió derrotado de inicio, sin ambición y con otro planteamiento cobarde de Sampaoli. Parecía que era el Atlético el que estaba por delante en la clasificación, cuando le llevábamos cinco puntos de ventaja. Además, perdimos el goal-average.

2.- Los arbitrajes. No se me olvida que, de nuevo, a la hora de la verdad, el Sevilla fue perjudicado en determinados momentos. Parece que los árbitros siguen sin tenernos respeto. Cuando ya teníamos al Atlético pisándonos los talones, en casa nos fueron anulados un par de goles que fueron legales. Cuatro puntos que volaron.

3.- La guerra Consejo Administración-Biris. Aquí no pudo haber más torpeza, por ambos lados. En primer lugar, por parte del Consejo al seguirle el juego a Tebas y Antiviolencia, yendo en contra de los suyos, de los Biris, con una injusta y absurda decisión de prohibir la entrada de banderas o pancartas con la palabra “Biris”. Y en segundo lugar, torpeza también por parte de los Biris, que no encontraron mejor forma de protesta que la de no animar. Si bien es cierto que no están obligados a animar, también lo es que, de no hacerlo, se pierde el ambiente que nos ha hecho casi imbatibles en nuestro estadio, y, por tanto, se perjudica al equipo. De nada sirvió el llamamiento de los propios jugadores.

4.- La salida de Monchi. Decía Monchi, y con toda la razón del mundo, que nunca había un buen momento para irse. Pero yo creo que sí hay momentos mejores y otros peores. Y con el equipo jugándose el objetivo en Liga, no parecía el momento ideal. Por ejemplo, ahora habría sido un buen momento. Pienso que tampoco benefició al equipo que se hablara continuamente, día sí y día también,  de la salida de nuestro Director Deportivo.

5.- El affaire Sampaoli-AFA. Sin duda, tampoco ha venido bien el hecho de que el entrenador no esté cien por cien concentrado en el equipo y tenga la cabeza en su próximo proyecto, que, por lo visto, era su sueño de toda la vida. No me parece serio que, con contrato en vigor, se haya estado dedicando a hacer la lista y a reclutar el personal de confianza que tendrá con su Selección.

Alguno de estos factores habrán influido más que otros, pero todo ha sumado.

En definitiva, me parece normal que haya sevillistas que estén algo defraudados con ese cuarto puesto que, a decir verdad, tiene muchísimo mérito, y más aún si tenemos en cuenta todos los obstáculos a los que nos hemos tenido que enfrentar. Pero, obviamente, no es lo mismo estar toda la temporada quinto y después, a última hora, conseguir el cuarto puesto, que estando tercero y, en la recta final, quedar cuarto. Se consigue la misma meta, pero las sensaciones son distintas.

A ver cómo se da la próxima temporada, la 17-18, donde espero que se corrijan todos los errores que se han cometido en esta, que han sido muchos, pero que no han evitado que haya sido, una vez más, exitosa.

 

Al final, todo se sabe

Me llama la atención que en plena era digital y de las comunicaciones, haya aún personas que se abonan al doble discurso. Los últimos casos, los de Monchi y Sampaoli.

Nuestro actual técnico parece que incluso toma por tonto a los aficionados y dirigentes del Sevilla, llegando incluso a adelantar una rueda de prensa para fingir indignación y para negar lo que todo el mundo dice que es un hecho: que ya ha llegado a un acuerdo con la Federación Argentina para ser el nuevo seleccionador.

En Argentina, los periodistas deportivos parece que no hablan de otra cosa. Son constantes las noticias de Sampaoli que llegan por las redes sociales. Cuando no hablan de su desvinculación del Sevilla, hablan de los reclutamientos que está haciendo, como el de Sebastián Beccacece, para el cuerpo técnico que tendrá con la Selección.

Incluso predijeron una reunión del presidente de la AFA, Claudio Tapia, con Sampaoli, previo al partido Valencia-Sevilla. Por supuesto, el que no escucha y sigue lo desmintió. El que los medios pillaran al abogado de Sampaoli entrando y reuniéndose con Tapia en un hotel de Barcelona, no fue impedimento para que Sampaoli lo volviera a negar todo. Incluso dijo que el que se reunió no era su abogado. Igual Tapia lo que quería era que un abogado fuera el seleccionador de su país.

Además, para colmo, José Castro sabe de buena mano, gracias a Angelici, Presidente de Boca Juniors, que es totalmente cierto el interés de la AFA en Sampaoli.

Con Monchi, más de lo mismo. Empecé a creer que Monchi se iba a la Roma cuando el periodista italiano Di Marzio daba detalles de cómo sería el acuerdo, afirmando que sería en Londres. Di Marzio es uno de esos periodistas que tiene la sana costumbre de contrastar las noticias y, yo al menos, no le recuerdo ninguna noticia errónea. Eso sí, se equivocó en los años de contrato, porque, al final creo que ha firmado por cuatro y un quinto opcional, cuando Di Marzio dijo que serían tres.

Pero Monchi negó la reunión en Londres. Primero dijo que no tenía nada firmado –lo cual sería probablemente cierto–, después que tenía varias ofertas pero que aún no se había decidido, que entre ellas estaba la de la Roma, que le gustaba mucho la de la Roma, que era un buen proyecto el de la Roma, y… ¡vaya! ¡Qué casualidad que acaba firmando con la Roma!, como habían dicho desde Italia.

¿No es más fácil ir con la verdad por delante y no engañar a la gente? Si al final todo se sabe, y más en estos días donde la información vuela más rápido que nunca. A veces, me sorprendo de que hasta yo, un simple aficionado, me entere de algunas noticias relativas al Sevilla antes que los periodistas, aunque, a decir verdad, eso ocurre en pocas ocasiones.

En fin, como ocurre siempre, el tiempo pondrá a cada uno en su lugar. Y todo parece indicar que tanto el Sevilla como la AFA tendrán nuevo entrenador.

¿La presión? Las razones del bajón en el Sevilla FC son otras

Últimamente, oigo que el Sevilla ha podido notar la presión que supone el verse forzado a seguir el ritmo que marcan el Barcelona y el Madrid. Yo me pregunto: ¿qué presión? ¿Se siente presión cuando un club como el Sevilla está tercero, con el cuarto a siete puntos? En caso de sentir presión, ahora hay más motivos para sentirla, cuando el cuarto está a sólo dos puntos y con el goal-average en contra. En cualquier caso, no creo que nuestros jugadores, bastantes experimentados, sientan presión por ganar la Liga. En primer lugar, porque no era el objetivo marcado, y, en segundo lugar, porque es de ilusos creer que se puede competir con Madrid y Barcelona, y más aún en una competición como la nuestra, tan manipulada en todos los sentidos –horarios, árbitros, ingresos televisivos…–, con el único fin de favorecer a los dos de siempre.

En mi opinión, la única presión que deben notar los jugadores es por mantener la tercera plaza, y sólo porque llevamos ya muchas jornadas en esa posición y sería un pena perderla en la recta final del campeonato. Pero, en realidad, también podría considerarse una hazaña lograr ese tercer puesto, porque, por potencial económico y deportivo, tampoco nos correspondería.

Por tanto, las razones del bajón hay que buscarlas en otros aspectos. Y desde mi punto de vista, por orden de importancia, son estas tres:

1º.- El bajo rendimiento de varios jugadores del centro del campo. A nadie se le escapa que Vázquez, Nasri y N’Zonzi no son ni la sombra de lo que han sido durante buena parte de la temporada. Vázquez sólo deslumbró en los primeros partidos; Nasri, hasta Navidad; y N’Zonzi hasta que renovó. Y se nota una barbaridad que estas tres piezas están de capa caída. En el centro del campo es donde se decide el dominador del partido y, si no lo controlamos, tendremos muchos problemas para crear ocasiones de gol y, por lógica, el rival nos llegará con facilidad. Es lo que nos ha pasado, por ejemplo, con los planteamientos timoratos en Leicester y en Madrid, donde parecía que nos enfrentábamos a equipos muy superiores, cuando, en realidad, el equipo inglés estaba en mitad de la tabla en su competición, y el Atlético estaba cinco puntos por debajo. En ambos partidos regalamos el centro del campo, con la defensa muy atrasada y las líneas demasiado juntas, y eso es dar muchas facilidades al rival, sobre todo cuando éste está sobrado de calidad.

2º.- La falta de intensidad es otro de los factores decisivos. Hoy día, en Liga o en Champions, donde hasta el más tonto hace relojes –dicho que le gustaba a Luis Aragonés–, como no corras tanto como el rival, llevas todas las de perder. Y los jugadores de Alavés, Leganés, Leicester y Atlético corrieron y se esforzaron más que los del Sevilla, y con bastante diferencia. Especialmente preocupante fue el partido contra el Leganés, donde Sampaoli despreció al rival alineando un once, prácticamente, compuesto por suplentes, pensando más en la Champions que en el partido más inmediato. A un rival que no puntuó en el Nou Camp por un penalti injusto en el descuento, no se le debería haber tratado con tanta suficiencia. Si no nos ganó, fue de milagro.

3º.- El Ramón Sánchez Pizjuán ha dejado de ser un fortín. Y es que se nota una barbaridad que los Biris no animan. Este tema es preocupante, porque afecta tanto a los jugadores locales –que no entienden la falta de apoyo– como a los rivales, que se crecen en un campo que parece un cementerio, como a los árbitros, que le echan más poca vergüenza, aún si cabe, de lo habitual.

En este asunto me llama la atención la torpeza con la que han actuado tanto el Consejo de Administración, siguiéndole el juego a Tebas y al Comité Antiviolencia, como los Biris. El Consejo nunca debería haber permitido que se meta en el mismo saco a Biris Norte y a Biris, ya que Biri es un exjugador emblemático y Biris Norte es un grupo ultra, supuestamente peligroso. El Comité Antiviolencia, por lo visto, se escuda en la resolución de un juez para no dejar entrar pancartas con el nombre “Biris”, pero ahí es donde debe entrar el Consejo de Administración y dejar las cosas bien claras. Al juez se le debe exigir que sepa de leyes, pero no de fútbol. Que supiera distinguir entre Biris y Biris Norte habría sido ya demasiado.

Y, por supuesto, la actitud de Biris Norte no puede ser más torpe, ya que el único perjudicado con su forma de protesta es el equipo. Ya sé que nadie tiene obligación de animar, pero la actitud que han tomado me recuerda a la de una pataleta de un niño chico. Ninguna de las dos partes está dispuesta a rectificar, en lo que parece una lucha de egos, con lo que parece que el problema no tiene solución.

Ahora mismo estamos atravesando una mala racha, pero la mejor y única manera de salir de ella es a base de victorias. Por eso, el partido contra el Sporting será fundamental y uno de los más importantes de la temporada. Hay que mantener la tercera plaza a toda costa y no se pueden dejar escapar más puntos ante equipos de la parte baja de la tabla. Quizás, si respetáramos más a esta clase de equipos, estaríamos más holgados en la tabla y no tendríamos que estar mirando por el retrovisor al cuarto clasificado.

Emery, otro que divide al sevillismo

Viendo en las redes sociales los comentarios de los aficionados sevillistas tras la abultadísima derrota del Paris Saint Germain de Emery, puede decirse que el de Hondarribia, al igual que Sergio Ramos, tiene dividido al sevillismo. Bueno, en realidad, el camero ya se ha ocupado él solito de acabar con esa división, con sus actos y declaraciones.

Me llamó la atención el comentario de un periodista, diciendo que no entendía que el sevillismo se alegrara del fracaso de Emery, habiendo conseguido los éxitos que consiguió con el Sevilla. Y es cierto, Emery logró traer títulos y clasificaciones europeas en Liga, pero no es menos cierto que no cumplió su palabra. Dijo que continuaría en el Sevilla, pero a la hora de la verdad, no lo pensó mucho cuando aparecieron los petrodólares del jeque del PSG. Simplemente, dijo que era una oportunidad que no podía dejar pasar. Es evidente que, si quería ganar más dinero y tener más posibilidades de ganar títulos, como una Liga o una Champions, es más fácil de conseguir en el PSG que en el Sevilla.

Hasta ahí, puede entenderse la actitud de Emery. Todo el mundo quiere mejorar, laboral y económicamente. Lo que no puede entenderse es que, como he dicho antes, falte a su palabra, con la planificación ya avanzada, y, para colmo, aprovechándose de esos conocimientos de la planificación, fiche a un objetivo del Sevilla, como Ben Arfa. Tampoco se puede olvidar que se llevó a Krychowiak y que intentó también fichar, cuando ya expiraba el plazo para fichar, a Rami, aunque el francés le dio calabazas. Tampoco tuvo el detalle de despedirse en rueda de prensa, como le ofreció el club y como merecía un entrenador que había traído títulos. Pensaría Emery que ya que se iba por la puerta de atrás, ya de paso la cerraba.

Así que entiendo perfectamente que haya sevillistas que tengan en estima a Emery, por sus éxitos, y también entiendo a los que no lo pueden ni ver. Por mi parte, hay sólo indiferencia. Ya no es entrenador del Sevilla y, la verdad, no le echo de menos. Conseguía resultados pero también me desesperaba, a veces, cuando trataba injustamente a un jugador –Iago Aspas–, hacía un planteamiento de partido cobarde, o retrasaba y retrasaba los cambios, o no los hacía.

Precisamente, ayer vimos una muestra de lo cobardica que puede ser Emery. Para ser honestos, hay que reconocer que nuestro exentrenador no sólo perdió la eliminatoria por un erróneo planteamiento, sino por varios motivos que se concatenaron para que, lo que se presuponía una noche feliz para sus intereses, se convirtiera en una pesadilla que, a  buen seguro, traerá consecuencias para su futuro como entrenador, sobre todo, teniendo en cuenta que ni siquiera es el líder de la Liga francesa, título que sí logró, con muchos puntos de diferencia, su antecesor en el cargo, Laurent Blanc.

A mi modo de ver, estos motivos fueron cuatro, y el mal planteamiento no fue el principal:

1.-  Planteamiento cobarde. No es de recibo que con una ventaja de cuatro goles, y teniendo un verdadero equipazo, saltes al campo con miedo. Sólo así puede explicarse lo excesivamente atrasada que estaba la defensa. Como el PSG estaba tan atrasado y con las líneas tan juntas, cualquier balón que caía rechazado al centro del campo, caía en poder de los jugadores del Barcelona. Y, además, al PSG le costaba un mundo llegar a la portería contraria, porque siempre recuperaban el balón a mucha distancia y casi nunca superaron la fuerte presión del Barcelona. El resultado es que el dominio del Barcelona fue abrumador y las ocasiones se sucedían, porque además, el PSG defendía con poco orden. Prueba de ello es el primer gol, en el minuto 3 –lo peor que te puede pasar en un partido así, que te marquen en los primeros minutos–, donde un defensa rompe la línea defensiva de manera incomprensible.

2.- Mala suerte. La Diosa Fortuna es fundamental en fútbol. Si te da la espalda, lo tienes complicado. Cavani tiró al poste antes de que el mismo jugador marcara el único gol del PSG. Tampoco puede decirse que la suerte acompañara a Emery cuando dos jugadores que pueden considerarse de los mejores del mundo, como Cavani y Di Maria, fallan un mano a mano con el portero, pudiendo lograr un segundo gol que habría sentenciado el partido.

Pero el remate fue el segundo gol del Barcelona, en propia meta de Kurzawa, donde previamente otro defensa se deja robar la cartera. Un gol absurdo, a no poder más.

3.- El nefasto arbitraje del alemán Deniz Aytekin. El arbitraje fue decisivo. Ninguno de los dos penaltis pitados al Barcelona lo fueron. Sin embargo, pudo señalar dos penaltis a Mascherano y no lo hizo. El primero, por unas manos, y el segundo por zancadillear a Di Maria cuando se quedaba solo ante el portero. Incluso Mascherano ha reconocido que fue falta. Podría haber visto incluso la tarjeta roja por esa jugada.

También añadió cinco minutos de descuento. Me pareció desproporcionado ese tiempo añadido.

4.- Exceso de confianza. Este es, a mi juicio, el motivo principal de la derrota. Una vez que Cavani marca el 3-1, se aprecia un exceso de confianza en los jugadores parisinos. Dan por imposible que el Barcelona pueda hacer tres goles, a pesar de la calidad de los azulgrana y de quedar aún media hora de partido –33 con el descuento–, y bajan el pistón. Empiezan a triangular con más confianza, pero arriesgando innecesariamente la posesión en la salida del balón y en zonas cercanas al área. También creo que Trapp puede hacer más en el gol de Neymar de falta. Ni siquiera se tira. Quedaban sólo tres minutos y, probablemente, el guardameta pensaría que era imposible que el Barcelona marcara dos goles más. Pero él no contaba con que no eran tres, sino ocho minutos, con el descuento, y que, además, el árbitro regalaría un segundo penalti poco después.

Al final, se dieron un cúmulo de circunstancias que hicieron posible lo que, a priori, era imposible. Si sólo una de esas cuatro circunstancias no se hubieran producido, estoy seguro de que el PSG se habría clasificado. Fue un buen partido. Fue un partido que todo el mundo recordará, pero, sobre todo, los que no lo olvidarán nunca serán los jugadores del PSG y, por supuesto, Unai Emery.