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Fin a una temporada notable, pero que debió ser de sobresaliente

Se acabó la temporada 2016-2017, una temporada de la que todo el mundo usa el término “agridulce” para referirse a ella. Parece un término apropiado, pues pienso que la gran mayoría de los sevillistas están contentos con el cuarto puesto obtenido, pero, al mismo tiempo, hay plena conciencia de que, de haber hecho las cosas medio bien en determinados momentos de las tres competiciones disputadas, habría podido ser una temporada histórica. Bueno, en realidad, lo ha sido, porque, desgraciadamente, no es muy habitual que quedemos clasificados en cuarta posición.

Y lo peor de todo, es que no ha sido de sobresaliente, más que nada, por torpeza, cuando el equipo iba disparado como un cohete.  La temporada de la torpeza, podría llamarse.

En la Copa del Rey se hizo un buen papel, hasta que tuvimos la mala suerte de enfrentarnos con el Real Madrid. A pesar de que Mateu Lahoz, con uno de sus desastrosos y malintencionados arbitrajes, dejó prácticamente sentenciada la eliminatoria en el Bernabéu, el equipo lo intentó siempre. Pero, como reza el dicho,  “lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible”. En esta competición, por tanto, nada que objetar.

En la Champions, también se cumplió, ya que se logró el objetivo marcado al principio de temporada, que no era otro que pasar la fase de grupos. Una vez logrado, nos tocó el Leicester City, un equipo fuerte, pero asequible. A mi modo de ver, el Sevilla fue bastante superior, pudiendo dejar la eliminatoria sentenciada en la idea. Caímos eliminados por torpes. Fallamos dos penaltis –uno en cada estadio–, estrellamos varios balones en los postes y convertimos a su portero –buen portero–, Schmeichel, en héroe nacional. En esta competición cometimos tres errores graves:

Primero: Subestimar al rival. Había excesiva confianza en que el Sevilla pasaría, pero el Leicester es un buen equipo, con tres o cuatro jugadores muy buenos, y si ganaron la Premier League fue por algo. El estuvieran tan mal clasificados, posiblemente ayudó a que no se le tuviera tanto respeto a este buen equipo.

Segundo: No ir a por el partido, desde el inicio, en el partido de vuelta. A la Champions hay que ir a por todas, desde el minuto uno hasta el final, y, sobre todo, está fuera de lugar el saltar al campo a verlas venir y con un planteamiento cobarde. El más torpe de los torpes fue Nasry, que cayó en la provocación de Vardy como un colegial y fue expulsado.

Y tercero y último: marcar la Champions como prioridad absoluta, dejando de lado la Liga. Hubo partidos donde se abusó demasiado de las rotaciones. El Atlético de Madrid no cometió el mismo error y aprovechó para recortar bastantes puntos que luego serían decisivos para perder la tercera plaza.

Y en Liga, pues se ha dejado pasar una gran oportunidad para conseguir plaza directa a la fase de grupos de la Champions. Se han dado un conjunto de factores para que perdiéramos la ventaja de nueve puntos que llegamos a tener con respecto al Atlético de Madrid. Resumiendo, dejando aparte la ya referida distracción con la Champions:

1.- Perder el partido en el Vicente Calderón. Incluso un empate nos habría venido muy bien, pero el equipo salió derrotado de inicio, sin ambición y con otro planteamiento cobarde de Sampaoli. Parecía que era el Atlético el que estaba por delante en la clasificación, cuando le llevábamos cinco puntos de ventaja. Además, perdimos el goal-average.

2.- Los arbitrajes. No se me olvida que, de nuevo, a la hora de la verdad, el Sevilla fue perjudicado en determinados momentos. Parece que los árbitros siguen sin tenernos respeto. Cuando ya teníamos al Atlético pisándonos los talones, en casa nos fueron anulados un par de goles que fueron legales. Cuatro puntos que volaron.

3.- La guerra Consejo Administración-Biris. Aquí no pudo haber más torpeza, por ambos lados. En primer lugar, por parte del Consejo al seguirle el juego a Tebas y Antiviolencia, yendo en contra de los suyos, de los Biris, con una injusta y absurda decisión de prohibir la entrada de banderas o pancartas con la palabra “Biris”. Y en segundo lugar, torpeza también por parte de los Biris, que no encontraron mejor forma de protesta que la de no animar. Si bien es cierto que no están obligados a animar, también lo es que, de no hacerlo, se pierde el ambiente que nos ha hecho casi imbatibles en nuestro estadio, y, por tanto, se perjudica al equipo. De nada sirvió el llamamiento de los propios jugadores.

4.- La salida de Monchi. Decía Monchi, y con toda la razón del mundo, que nunca había un buen momento para irse. Pero yo creo que sí hay momentos mejores y otros peores. Y con el equipo jugándose el objetivo en Liga, no parecía el momento ideal. Por ejemplo, ahora habría sido un buen momento. Pienso que tampoco benefició al equipo que se hablara continuamente, día sí y día también,  de la salida de nuestro Director Deportivo.

5.- El affaire Sampaoli-AFA. Sin duda, tampoco ha venido bien el hecho de que el entrenador no esté cien por cien concentrado en el equipo y tenga la cabeza en su próximo proyecto, que, por lo visto, era su sueño de toda la vida. No me parece serio que, con contrato en vigor, se haya estado dedicando a hacer la lista y a reclutar el personal de confianza que tendrá con su Selección.

Alguno de estos factores habrán influido más que otros, pero todo ha sumado.

En definitiva, me parece normal que haya sevillistas que estén algo defraudados con ese cuarto puesto que, a decir verdad, tiene muchísimo mérito, y más aún si tenemos en cuenta todos los obstáculos a los que nos hemos tenido que enfrentar. Pero, obviamente, no es lo mismo estar toda la temporada quinto y después, a última hora, conseguir el cuarto puesto, que estando tercero y, en la recta final, quedar cuarto. Se consigue la misma meta, pero las sensaciones son distintas.

A ver cómo se da la próxima temporada, la 17-18, donde espero que se corrijan todos los errores que se han cometido en esta, que han sido muchos, pero que no han evitado que haya sido, una vez más, exitosa.

 

Al final, todo se sabe

Me llama la atención que en plena era digital y de las comunicaciones, haya aún personas que se abonan al doble discurso. Los últimos casos, los de Monchi y Sampaoli.

Nuestro actual técnico parece que incluso toma por tonto a los aficionados y dirigentes del Sevilla, llegando incluso a adelantar una rueda de prensa para fingir indignación y para negar lo que todo el mundo dice que es un hecho: que ya ha llegado a un acuerdo con la Federación Argentina para ser el nuevo seleccionador.

En Argentina, los periodistas deportivos parece que no hablan de otra cosa. Son constantes las noticias de Sampaoli que llegan por las redes sociales. Cuando no hablan de su desvinculación del Sevilla, hablan de los reclutamientos que está haciendo, como el de Sebastián Beccacece, para el cuerpo técnico que tendrá con la Selección.

Incluso predijeron una reunión del presidente de la AFA, Claudio Tapia, con Sampaoli, previo al partido Valencia-Sevilla. Por supuesto, el que no escucha y sigue lo desmintió. El que los medios pillaran al abogado de Sampaoli entrando y reuniéndose con Tapia en un hotel de Barcelona, no fue impedimento para que Sampaoli lo volviera a negar todo. Incluso dijo que el que se reunió no era su abogado. Igual Tapia lo que quería era que un abogado fuera el seleccionador de su país.

Además, para colmo, José Castro sabe de buena mano, gracias a Angelici, Presidente de Boca Juniors, que es totalmente cierto el interés de la AFA en Sampaoli.

Con Monchi, más de lo mismo. Empecé a creer que Monchi se iba a la Roma cuando el periodista italiano Di Marzio daba detalles de cómo sería el acuerdo, afirmando que sería en Londres. Di Marzio es uno de esos periodistas que tiene la sana costumbre de contrastar las noticias y, yo al menos, no le recuerdo ninguna noticia errónea. Eso sí, se equivocó en los años de contrato, porque, al final creo que ha firmado por cuatro y un quinto opcional, cuando Di Marzio dijo que serían tres.

Pero Monchi negó la reunión en Londres. Primero dijo que no tenía nada firmado –lo cual sería probablemente cierto–, después que tenía varias ofertas pero que aún no se había decidido, que entre ellas estaba la de la Roma, que le gustaba mucho la de la Roma, que era un buen proyecto el de la Roma, y… ¡vaya! ¡Qué casualidad que acaba firmando con la Roma!, como habían dicho desde Italia.

¿No es más fácil ir con la verdad por delante y no engañar a la gente? Si al final todo se sabe, y más en estos días donde la información vuela más rápido que nunca. A veces, me sorprendo de que hasta yo, un simple aficionado, me entere de algunas noticias relativas al Sevilla antes que los periodistas, aunque, a decir verdad, eso ocurre en pocas ocasiones.

En fin, como ocurre siempre, el tiempo pondrá a cada uno en su lugar. Y todo parece indicar que tanto el Sevilla como la AFA tendrán nuevo entrenador.

¿La presión? Las razones del bajón en el Sevilla FC son otras

Últimamente, oigo que el Sevilla ha podido notar la presión que supone el verse forzado a seguir el ritmo que marcan el Barcelona y el Madrid. Yo me pregunto: ¿qué presión? ¿Se siente presión cuando un club como el Sevilla está tercero, con el cuarto a siete puntos? En caso de sentir presión, ahora hay más motivos para sentirla, cuando el cuarto está a sólo dos puntos y con el goal-average en contra. En cualquier caso, no creo que nuestros jugadores, bastantes experimentados, sientan presión por ganar la Liga. En primer lugar, porque no era el objetivo marcado, y, en segundo lugar, porque es de ilusos creer que se puede competir con Madrid y Barcelona, y más aún en una competición como la nuestra, tan manipulada en todos los sentidos –horarios, árbitros, ingresos televisivos…–, con el único fin de favorecer a los dos de siempre.

En mi opinión, la única presión que deben notar los jugadores es por mantener la tercera plaza, y sólo porque llevamos ya muchas jornadas en esa posición y sería un pena perderla en la recta final del campeonato. Pero, en realidad, también podría considerarse una hazaña lograr ese tercer puesto, porque, por potencial económico y deportivo, tampoco nos correspondería.

Por tanto, las razones del bajón hay que buscarlas en otros aspectos. Y desde mi punto de vista, por orden de importancia, son estas tres:

1º.- El bajo rendimiento de varios jugadores del centro del campo. A nadie se le escapa que Vázquez, Nasri y N’Zonzi no son ni la sombra de lo que han sido durante buena parte de la temporada. Vázquez sólo deslumbró en los primeros partidos; Nasri, hasta Navidad; y N’Zonzi hasta que renovó. Y se nota una barbaridad que estas tres piezas están de capa caída. En el centro del campo es donde se decide el dominador del partido y, si no lo controlamos, tendremos muchos problemas para crear ocasiones de gol y, por lógica, el rival nos llegará con facilidad. Es lo que nos ha pasado, por ejemplo, con los planteamientos timoratos en Leicester y en Madrid, donde parecía que nos enfrentábamos a equipos muy superiores, cuando, en realidad, el equipo inglés estaba en mitad de la tabla en su competición, y el Atlético estaba cinco puntos por debajo. En ambos partidos regalamos el centro del campo, con la defensa muy atrasada y las líneas demasiado juntas, y eso es dar muchas facilidades al rival, sobre todo cuando éste está sobrado de calidad.

2º.- La falta de intensidad es otro de los factores decisivos. Hoy día, en Liga o en Champions, donde hasta el más tonto hace relojes –dicho que le gustaba a Luis Aragonés–, como no corras tanto como el rival, llevas todas las de perder. Y los jugadores de Alavés, Leganés, Leicester y Atlético corrieron y se esforzaron más que los del Sevilla, y con bastante diferencia. Especialmente preocupante fue el partido contra el Leganés, donde Sampaoli despreció al rival alineando un once, prácticamente, compuesto por suplentes, pensando más en la Champions que en el partido más inmediato. A un rival que no puntuó en el Nou Camp por un penalti injusto en el descuento, no se le debería haber tratado con tanta suficiencia. Si no nos ganó, fue de milagro.

3º.- El Ramón Sánchez Pizjuán ha dejado de ser un fortín. Y es que se nota una barbaridad que los Biris no animan. Este tema es preocupante, porque afecta tanto a los jugadores locales –que no entienden la falta de apoyo– como a los rivales, que se crecen en un campo que parece un cementerio, como a los árbitros, que le echan más poca vergüenza, aún si cabe, de lo habitual.

En este asunto me llama la atención la torpeza con la que han actuado tanto el Consejo de Administración, siguiéndole el juego a Tebas y al Comité Antiviolencia, como los Biris. El Consejo nunca debería haber permitido que se meta en el mismo saco a Biris Norte y a Biris, ya que Biri es un exjugador emblemático y Biris Norte es un grupo ultra, supuestamente peligroso. El Comité Antiviolencia, por lo visto, se escuda en la resolución de un juez para no dejar entrar pancartas con el nombre “Biris”, pero ahí es donde debe entrar el Consejo de Administración y dejar las cosas bien claras. Al juez se le debe exigir que sepa de leyes, pero no de fútbol. Que supiera distinguir entre Biris y Biris Norte habría sido ya demasiado.

Y, por supuesto, la actitud de Biris Norte no puede ser más torpe, ya que el único perjudicado con su forma de protesta es el equipo. Ya sé que nadie tiene obligación de animar, pero la actitud que han tomado me recuerda a la de una pataleta de un niño chico. Ninguna de las dos partes está dispuesta a rectificar, en lo que parece una lucha de egos, con lo que parece que el problema no tiene solución.

Ahora mismo estamos atravesando una mala racha, pero la mejor y única manera de salir de ella es a base de victorias. Por eso, el partido contra el Sporting será fundamental y uno de los más importantes de la temporada. Hay que mantener la tercera plaza a toda costa y no se pueden dejar escapar más puntos ante equipos de la parte baja de la tabla. Quizás, si respetáramos más a esta clase de equipos, estaríamos más holgados en la tabla y no tendríamos que estar mirando por el retrovisor al cuarto clasificado.

Emery, otro que divide al sevillismo

Viendo en las redes sociales los comentarios de los aficionados sevillistas tras la abultadísima derrota del Paris Saint Germain de Emery, puede decirse que el de Hondarribia, al igual que Sergio Ramos, tiene dividido al sevillismo. Bueno, en realidad, el camero ya se ha ocupado él solito de acabar con esa división, con sus actos y declaraciones.

Me llamó la atención el comentario de un periodista, diciendo que no entendía que el sevillismo se alegrara del fracaso de Emery, habiendo conseguido los éxitos que consiguió con el Sevilla. Y es cierto, Emery logró traer títulos y clasificaciones europeas en Liga, pero no es menos cierto que no cumplió su palabra. Dijo que continuaría en el Sevilla, pero a la hora de la verdad, no lo pensó mucho cuando aparecieron los petrodólares del jeque del PSG. Simplemente, dijo que era una oportunidad que no podía dejar pasar. Es evidente que, si quería ganar más dinero y tener más posibilidades de ganar títulos, como una Liga o una Champions, es más fácil de conseguir en el PSG que en el Sevilla.

Hasta ahí, puede entenderse la actitud de Emery. Todo el mundo quiere mejorar, laboral y económicamente. Lo que no puede entenderse es que, como he dicho antes, falte a su palabra, con la planificación ya avanzada, y, para colmo, aprovechándose de esos conocimientos de la planificación, fiche a un objetivo del Sevilla, como Ben Arfa. Tampoco se puede olvidar que se llevó a Krychowiak y que intentó también fichar, cuando ya expiraba el plazo para fichar, a Rami, aunque el francés le dio calabazas. Tampoco tuvo el detalle de despedirse en rueda de prensa, como le ofreció el club y como merecía un entrenador que había traído títulos. Pensaría Emery que ya que se iba por la puerta de atrás, ya de paso la cerraba.

Así que entiendo perfectamente que haya sevillistas que tengan en estima a Emery, por sus éxitos, y también entiendo a los que no lo pueden ni ver. Por mi parte, hay sólo indiferencia. Ya no es entrenador del Sevilla y, la verdad, no le echo de menos. Conseguía resultados pero también me desesperaba, a veces, cuando trataba injustamente a un jugador –Iago Aspas–, hacía un planteamiento de partido cobarde, o retrasaba y retrasaba los cambios, o no los hacía.

Precisamente, ayer vimos una muestra de lo cobardica que puede ser Emery. Para ser honestos, hay que reconocer que nuestro exentrenador no sólo perdió la eliminatoria por un erróneo planteamiento, sino por varios motivos que se concatenaron para que, lo que se presuponía una noche feliz para sus intereses, se convirtiera en una pesadilla que, a  buen seguro, traerá consecuencias para su futuro como entrenador, sobre todo, teniendo en cuenta que ni siquiera es el líder de la Liga francesa, título que sí logró, con muchos puntos de diferencia, su antecesor en el cargo, Laurent Blanc.

A mi modo de ver, estos motivos fueron cuatro, y el mal planteamiento no fue el principal:

1.-  Planteamiento cobarde. No es de recibo que con una ventaja de cuatro goles, y teniendo un verdadero equipazo, saltes al campo con miedo. Sólo así puede explicarse lo excesivamente atrasada que estaba la defensa. Como el PSG estaba tan atrasado y con las líneas tan juntas, cualquier balón que caía rechazado al centro del campo, caía en poder de los jugadores del Barcelona. Y, además, al PSG le costaba un mundo llegar a la portería contraria, porque siempre recuperaban el balón a mucha distancia y casi nunca superaron la fuerte presión del Barcelona. El resultado es que el dominio del Barcelona fue abrumador y las ocasiones se sucedían, porque además, el PSG defendía con poco orden. Prueba de ello es el primer gol, en el minuto 3 –lo peor que te puede pasar en un partido así, que te marquen en los primeros minutos–, donde un defensa rompe la línea defensiva de manera incomprensible.

2.- Mala suerte. La Diosa Fortuna es fundamental en fútbol. Si te da la espalda, lo tienes complicado. Cavani tiró al poste antes de que el mismo jugador marcara el único gol del PSG. Tampoco puede decirse que la suerte acompañara a Emery cuando dos jugadores que pueden considerarse de los mejores del mundo, como Cavani y Di Maria, fallan un mano a mano con el portero, pudiendo lograr un segundo gol que habría sentenciado el partido.

Pero el remate fue el segundo gol del Barcelona, en propia meta de Kurzawa, donde previamente otro defensa se deja robar la cartera. Un gol absurdo, a no poder más.

3.- El nefasto arbitraje del alemán Deniz Aytekin. El arbitraje fue decisivo. Ninguno de los dos penaltis pitados al Barcelona lo fueron. Sin embargo, pudo señalar dos penaltis a Mascherano y no lo hizo. El primero, por unas manos, y el segundo por zancadillear a Di Maria cuando se quedaba solo ante el portero. Incluso Mascherano ha reconocido que fue falta. Podría haber visto incluso la tarjeta roja por esa jugada.

También añadió cinco minutos de descuento. Me pareció desproporcionado ese tiempo añadido.

4.- Exceso de confianza. Este es, a mi juicio, el motivo principal de la derrota. Una vez que Cavani marca el 3-1, se aprecia un exceso de confianza en los jugadores parisinos. Dan por imposible que el Barcelona pueda hacer tres goles, a pesar de la calidad de los azulgrana y de quedar aún media hora de partido –33 con el descuento–, y bajan el pistón. Empiezan a triangular con más confianza, pero arriesgando innecesariamente la posesión en la salida del balón y en zonas cercanas al área. También creo que Trapp puede hacer más en el gol de Neymar de falta. Ni siquiera se tira. Quedaban sólo tres minutos y, probablemente, el guardameta pensaría que era imposible que el Barcelona marcara dos goles más. Pero él no contaba con que no eran tres, sino ocho minutos, con el descuento, y que, además, el árbitro regalaría un segundo penalti poco después.

Al final, se dieron un cúmulo de circunstancias que hicieron posible lo que, a priori, era imposible. Si sólo una de esas cuatro circunstancias no se hubieran producido, estoy seguro de que el PSG se habría clasificado. Fue un buen partido. Fue un partido que todo el mundo recordará, pero, sobre todo, los que no lo olvidarán nunca serán los jugadores del PSG y, por supuesto, Unai Emery.

 

 

 

Se presenta un mes de enero movidito

Este mes de enero tiene toda la pinta de ser bastante entretenido y apasionante. En primer lugar, porque se abre el mercado de fichajes y, en segundo lugar, porque disputaremos seis partidos, entre Liga y Copa, donde nos jugaremos buena parte de nuestro futuro, sobre todo en el torneo del KO.

Como siempre, estoy receloso ante el mercado de enero. Según parece, si nos atenemos a las palabras de Sampaoli y su larga carta a los Reyes Magos, la plantilla va a sufrir una importante remodelación.  Hasta cinco jugadores podrían salir: Trémoulinas, Kolodziejczak, Kiyotake, Krohn-Dehli y  David Soria o Sirigu. Pero vayamos por partes:

Trémoulinas, sigue en paradero casi desconocido. Continúa sin disputar un solo minuto, siguiendo lo que parece, al menos desde fuera, una estrategia para forzar su salida, la cual intentó en verano, pidiendo la carta de libertad para fichar, supuestamente, por su anterior equipo, el Girondins de Burdeos.

También Kolodziejczak ha mostrado su deseo de salir, y hoy incluso L’Equipe, da un nombre del que podría ser su sustituto: el central del Nancy Clément Lenglet, de 21 años.  Este jugador, según la prensa, ya estuvo en el punto de mira del Sevilla y la Juventus en el año 2015. Me parece que 21 años es muy joven para un central. No le he visto jugar, pero sólo viendo los pretendientes que ha tenido y siendo internacional sub-21, supongo que debe tener calidad.

Es evidente que Kiyotake no cuenta, en absoluto, para Sampaoli. A mí no me ha disgustando en lo poquito que le he visto jugar, pero parece que está más fuera que dentro, pues tiene ofertas de Alemania, donde tiene buen cartel, y de EE.UU.

Por otro lado, dada la grave lesión que tuvo Krohn-Dehli y el largo periodo que ha estado ausente de los terrenos de juego, sería una sorpresa que el buen jugador danés se hiciera con un puesto de titular, o incluso de que jugara algún partido esta temporada. Si hubiera que dejar fichas libres, Krohn-Dehli tiene papeletas.

Y por último, no tiene sentido que en la plantilla haya tres porteros. Esta temporada ha sido la de la consolidación de Sergio Rico, que está haciendo grandes partidos. No tiene sentido que Sirigu o David Soria continúen. Ambos necesitan jugar, y Sergio Rico no les está dando opción. Como David Soria no está inscrito en Champions, lo más probable es que sea el canterano el que tendrá que buscarse las habichuelas en otro lado.

Pero mi temor en el mercado de enero no es que no se acierten con los sustitutos de los que salgan, sino que llegue un equipo pudiente de la Premier y pague, por ejemplo, la cláusula de N’Zonzi. O llegue uno de esos equipos chinos y vuelvan locos a nuestros mej0ores jugadores con ofertas que, como decía El Padrino, “no vas a poder rechazar”.

Para las altas suenan infinidad de nombres: Bacca, Calleri, Miguel Borja, Lucas Alario, Vangioni, Lenglet, Martial, Depay… Teniendo en cuenta que Sampaoli considera que tiene, según dijo texutalmente, “un problema gravísimo de centrales”, espero que, como mínimo llegue un central nato y otro jugador polivalente, que pueda ocupar plaza en el lateral y en el centro de la defensa. También confío en que llegue un centrocampista y un delantero.

Todo lo que llegue será bienvenido para la frenética actividad que nos espera en enero, donde tendremos que eliminar al Real Madrid si queremos levantar un título –la Copa del Rey es el título más factible esta temporada– y jugar en liga ante un rival directo, como la Real Sociedad, de nuevo el Real Madrid –único partido de liga del Sevilla como local–, Osasuna y Español, siendo ya el primer partido de la segunda vuelta.

La eliminatoria contra el Madrid, obviamente, será muy complicada. El Madrid siempre tiene grandísimos jugadores y será fundamental estar a un gran nivel en el Bernabéu y llegar con opciones al partido de vuelta. El árbitro será el que, en mi opinión, es el peor de Primera División: Mateu Lahoz.

Ayer soñé que perdíamos el partido de ida 5-1, y en la televisión era entrevistado Morata, quien había participado en todos los goles del Madrid. Lo bueno es que mis sueños nunca han sido premonitorios. Y  espero que siga siendo así.

La increíble falta de respeto del Sevilla FC hacia Ben Yessef

Cuando se empezó a hablar de la remodelación del Ramón Sánchez Pizjuán, me ilusioné, porque era evidente que ya le hacía falta un buen lavado de cara. Pero, sobre todo, me ilusioné porque se hablaba de mucho más. Se hablaba de hacer un estadio “cinco estrellas”. Yo entendía por esto que estaría entre los mejores, en cuanto a comodidad y calidad de las instalaciones. Empezó a escamarme que José Castro no hacía referencia a uno de los aspectos más importantes de un estadio: la cubierta. Todos los estadios nuevos, o previstos de construcción, tienen ya todos los asientos cubiertos.

Y mis sospechas se confirmaron por medio del arquitecto encargado de hacer las obras, Santiago Balbontín, que a la pregunta de si podría estar el estadio totalmente cubierto, contestó en un medio de comunicación: “Sí, es más, está previsto estudiarlo, pero ahora no se puede hacer por la situación económica en la que estamos. Colocar una cubierta en el estadio es como ponerle a un coche viejo las gomas de un Ferrari, no tiene sentido. La misma cubierta que está en Preferencia no se podría poner en el resto del estadio. En esa zona del campo hay un soportal, en el que está apoyada la cubierta, cosa que no hay en las demás zonas. Hoy en día han bajado mucho de precio las cubiertas, hasta más de la mitad. Es algo que todo el mundo reclama, a la gente le da igual que todo esté viejo, pero quiere una cubierta”.

Efectivamente, Balbontín tiene razón. La gente puede aguantar unos servicios y unos bares viejos, pero el aficionado lo que de verdad quiere es que haya una cubierta que le proteja del fuerte calor, frío, viento o lluvia. Habría sido todo un detalle, sobre todo para los aficionados más mayores y los más jóvenes, que son especialmente sensibles y vulnerables a las inclemencias del tiempo.

Pero bueno, como mal menor, se está estudiando la posibilidad de construir en el futuro la cubierta y un tercer anillo que se antoja ya totalmente necesario, si queremos mantenernos entre los mejores clubes de Europa. La pasada temporada se produjeron varios llenos y los abonados prácticamente no pueden aumentar porque únicamente quedan algunos abonos libres en Preferencia, donde no todo el mundo puede permitirse ir. Las zonas más baratas, Fondo y Goles, están ocupadas por abonados.

Pero lo que no me esperaba, de ninguna de las maneras, es que el mosaico de Gol Sur o Mosaico del Centenario no se tuviera en cuenta en el proyecto de remodelación. Al principio, daba por hecho que lo trasladarían a la Ciudad Deportiva, ya que el autor lo construyó de forma que fuera posible su traslado e instalación en otro lugar. Pero hace poco me enteré de que ni mucho menos será así. No se destruirá, pero casi. Será tapado por un nuevo escudo. De hecho, ayer mismo empezaron a hacerlo.

Entiendo perfectamente el enfado de Ben Yessef, no ya por tapar su obra, la cual hizo gratuitamente y le llevó dos años de trabajo –el club sólo pagó los materiales–, sino por ni siquiera comunicársele qué se iba a hacer con ella. La obra podrá gustar más o menos, pero tapar una obra de arte me parece una falta de respeto tremenda, indigna de un club como el Sevilla. Además, sinceramente, dudo que el escudo que aparece en el proyecto mejore al mosaico de Ben Yessef.

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Particularmente, me gusta el mosaico del centenario, aunque, evidentemente, no se puede comparar, en cuanto a belleza, con el de Preferencia. Superar al que realizó Santiago del Campo era casi misión imposible, pero, aunque haya defraudado a parte de la afición y al Consejo, no me parece motivo suficiente para que se desprecie tapándolo.

Por cierto, quien no haya visto el vídeo de Escuela Sevillista sobre el mosaico de Preferencia, ya está tardando. Impresdincible.

En definitiva, aplaudo las reformas del estadio. Me parece acertadísimo que se instalen ascensores, que se renueven bares, marcadores, servicios, suelos… incluso que se posponga la visera y un tercer anillo, si es que supone tan alto coste como para poner a prueba la solidez económica del club. Pero considero que es totalmente innecesario y una falta de respeto, tanto el autor como a su obra, el tapar el mosaico de Gol Sur. Desde mi punto de vista, el Sevilla FC, sencillamente, no ha estado a la altura.

Mi experiencia, deportiva y extradeportiva, de la final de Basilea

Ya somos pentacampeones de Europa, que se dice pronto. En esta ocasión tuvimos que vencer a un gran equipo, como es el Liverpool, que llegó a tenernos contra las cuerdas, en determinados momentos de la primera parte.

El partido empezó bien, controlando el juego y viéndose, con claridad, que el Liverpool nos tenía un gran respeto. Pero con el paso de los minutos, el equipo inglés empezó a llegar a nuestra área con relativa facilidad y tuvo un par de ocasiones claras para adelantarse en el marcador. Además, temí que el árbitro pitara una clara mano de Carriço dentro del área, cosa que, por suerte, no ocurrió. En una de esas llegó el gol –golazo más bien– de Sturridge, con un disparo con el exterior que colocó muy bien junto al poste.

A partir de este momento, hasta el final de la primera parte, lo pasó muy mal el Sevilla. Un gol anulado al Liverpool y una ocasión donde el balón se paseó por el área pequeña de Soria, me hizo rezar para que llegáramos con sólo 1-0 al descanso, con la esperanza de que Emery y los jugadores pudieran resetearlo todo, porque parecía que no estábamos jugando una final, sino un amistoso, hasa el punto de que el 2-0 no llegó de milagro, más que por acierto de los reds, por nuestros propios despropósitos. En varias ocasiones perdimos el balón en zonas peligrosísimas, quizás por un exceso de confianza, pero el desajuste fue total y estuvimos cerca de tirar la final a la basura.

Afortunadamente, el Sevilla de la segunda parte no tuvo nada que ver con el de la primera, y eso se vió desde el saque inicial. Apenas 15 minutos tardó el Sevilla en empatar, gracias a una sensacional jugada de Mariano, que casi se burla de Alberto Moreno, y deja el balón para que Gameiro sólo tenga que empujarla. Mazazo para el Liverpool y chute de adrenalina para el Sevilla.

Si el primer gol fue bonito, el segundo lo fue mucho más, al ser una jugada de todo el equipo, con varias paredes, y con una muy buena finalización de Coke, que fue el auténtico héroe de la noche, ya que poco después conseguiría el tercer gol que, prácticamente, dejó visto para sentencia el partido. Como no podía haber sido de otra manera, Coke fue elegido el hombre del partido, pero dicho honor debería haber recaído en Gameiro, de no haber fallado dos ocasiones donde se quedó solo ante Mignolet.

Curiosamente, la famosa pareja Coke-Mariano fueron jugadores claves para imponerse al Liverpool. El primero, asistiendo en el primer gol, y el segundo marcando por partida doble.

Se pasó mal durante varios minutos, pero, al final, la copa se fue para Sevilla, como debía ser. Pase lo que pase el domingo, la temporada será de sobresaliente: nuevo título y clasificación directa para la Champions League.

En cuanto a otros aspectos de la final, tengo que decir que la organización de la final, en todos los aspectos, ha sido nefasta. He estado en todas las finales europeas, a excepción de Varsovia y las Supercopas que no se disputaron en Mónaco, y la de Basilea ha sido verdaderamente lamentable. Como se suele decir, no ha ocurrido una desgracia porque Dios no ha querido.

Dejando a un lado los malos y escasos medios de transportes para desplazarse desde la Fanzone al estadio o desde el estadio al centro de la ciudad –tiene su importancia pero no deja de ser una simple incomodidad–, lo peor tuvo lugar dentro y fuera del estadio. Dentro del estadio no se tuvo la precaución de separar a los aficionados de ambas aficiones, con lo que, en una final, con la tensión que hay, era jugar con fuego. De ahí que hubiera incidentes en la grada.

Pero lo que sí fue extremadamente grave, y pudo acabar en tragedia, fue la mala organización en el acceso al estadio. Yo llegué al estadio una hora y cuarto antes del comienzo del partido, y ya había una multitud importante esperando para entrar. Por delante de esa multitud, había muchos policías antidisturbios y unas vallas, quedando sólo un estrecho espacio para que entraran los aficionados. Es de suponer –yo no lo veía desde mi sitio, bastante alejado de la entrada– que la persona que entraba era minuciosamente registrada. El problema es que el flujo de gente que entraba era ridículo, y hacer eso con las tres mil o cuatro mil personas que estábamos esperando, era totalmente inviable. Y claro, pasan quince, veinte, cuarenta minutos… y ves que aquello no se mueve, y el comienzo del partido se acerca.

Quedaban veinte minutos para el inicio y ya a la gente se le acababa la paciencia: gritos, insultos, empujones, se empezó a tirar vasos de cerveza a los antidisturbios… Pero la policía seguía impasible. Allí no se movía nada. Un antidisturbio estuvo grabando en video, continuamente, a la multitud –lo que enfurecía más a la gente–, y, de vez en cuando, asomaba por encima de las vallas un tipo enchaquetado, que supongo que sería el máximo responsable de seguridad, oteaba el horizonte durante unos segundos y desaparecía entre los silbidos y abucheos de la gente, que cada vez estaba más nerviosa.

La tensión y el peligro era tan palpable que algunas personas empezaron a salir de la bulla, principalmente personas mayores y padres que sacaban a sus hijos. Un padre salía con sus dos hijos de unos 13-15 años, y uno de ellos le protestaba porque llevaban allí mucho tiempo esperando, a lo que el padre le respondió con un contundente “la seguridad es lo primero”. La presión de la bulla estaba lejos de ser la que se produce, por ejemplo, cuando pasa una cofradía por la calle Francos y se forman “ríos” de gente, cada uno queriendo ir para una dirección distinta, pero empezaba a ser bastante agobiante. El principal riesgo que se corría era que los antidisturbios cargaran o que se formara una avalancha. Esta última opción parecía la más probable, porque oía por detrás de mí gritos de “avalancha, avalancha”.

Por suerte, no pasó nada, pero no me quiero ni imaginar las consecuencias que habría tenido una carga o una avalancha, sobre todo para los más pequeños.

Al final, a falta de quince minutos para el inicio del partido, se impuso la cordura y se abrió más espacio para que pudiera entrar los aficionados, quienes ya casi ni eran registrados. En mi caso, tardaron unos diez segundos en cachearme y registrar mi pequeña mochila, pero hubo mucha gente que ni la registraron. Un exceso de celo en la seguridad no sirvió para nada, sólo para provocar el caos y la indignación, y, verdaderamente, la mala organización que sufrimos hace plantearte si merece la pena desplazarte a ver una final. Eso sí, efectivos policiales hubo de sobra, en el centro y en el estadio. El aeropuerto estaba prácticamente tomado por el ejército –soldados con fusiles de asalto– y dos helicópteros estuvieron dando vueltas todo el día. Pero fallaron en lo básico, hasta el punto de que me llevé la impresión de que Suiza es un país tercermundista donde todo está muy caro.

En este sentido, me quedé impresionado cuando, ya dentro del estadio, se me ocurrió pedir agua. La muchacha me dio un vaso de agua de plastico, que ya tenía allí preparado, de un tamaño un poco menor de medio litro –por tanto, no sé si era agua mineral o del grifo– y me dijo que “eran siete”. Siete céntimos me parecía muy poco y siete francos –casi ocho euros– me parecía una barbaridad. Efectivamente, eran siete francos. Pero lo más gracioso fue que me dijo que “si entregaba el vaso, me devolvía dinero”. Y cuando lo hice, me devolvió dos francos por entregar un vaso de plástico. Si no llego a estar muerto de sed… No sé qué habrían cobrado por un refresco, pero me lo imagino.

Llegué a mi asiento diez minutos antes del inicio del partido, aún con el susto en el cuerpo y repleto de indignación, pero dispuesto a disfrutar del partido.

Todavía me quedaban más sorpresas, por la mala organización de “Viajes El Corte Inglés” y por el numerito que se montó en el aeropuerto, que volvió a dejar en evidencia que UEFA no escogió la sede adecuada. El aeropuerto de Basilea, simplemente, no tiene la capacidad de dar salida a tantos vuelos ni a acoger a tantas personas. Tuve mucha suerte porque sólo salí con una hora de retraso, pero, sobre todo, porque mi avión no fue el que tenía problemas técnicos y que vio retrasada su salida, sin ni siquiera una hora estimada.

En Basilea viví momentos malos pero que fueron compensados por los buenos: la quinta Europa League del Sevilla FC, ante el Liverpool. Otro momento histórico que tuve el privilegio de disfrutar en vivo y en directo.