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Llega Lopetegui. Ojalá sea Monchi el que acierte y no la afición

La primera vez que leí en prensa que el Sevilla estaba interesado en Lopetegui, creí que era una mala broma. Pero pocos días después no sólo insistían con esa noticia, sino que además lo situaban como claro favorito para ocupar el banquillo. Ayer se hizo oficial, así que no queda otra que esperar a que la apuesta de Monchi sea acertada.

Creo que la mayoría de los sevillistas piensan como yo, es decir, que Lopetegui no ha hecho méritos suficientes como para entrenar al Sevilla FC. Mi aversión hacia Lopetegui no proviene de su desdén a la Selección, cuando negoció con el Madrid, a pocos días del inicio del Mundial, sino de su corta y desastrosa experiencia como técnico. En la Selección es donde, más o menos, ha tenido unos números aceptables, pero en los clubes los números son contundentes:

En el Rayo Vallecano, de 12 partidos sólo ganó 2. Fue cesado.

En el Castilla, de 38 partidos ganó 18. No consiguió el ascenso, que era el objetivo.

Con ese currículum, me extrañó muchísimo que fuera fichado por el Oporto, que es un equipo importante de Portugal y que, lógicamente, suele jugar en Champions y aspirar a ser campeón de la liga, donde únicamente tiene como serio rival al Benfica. Quedó segundo, a tres puntos del Benfica. Eso sí, llegó a cuartos de final de la Champions. En su segunda temporada, fue cesado cuando iba tercero y había sido eliminado de la fase de grupos de la Champions. En el Oporto, de 104 partidos, ganó 68.

Si ya me sorprendió su fichaje por el Oporto, donde fracasó, me quedé boquiabierto cuando fichó por el Madrid. Esperaba que iba a durar dos telediarios, pero me equivoqué. Llegó a jugar catorce partidos, de los cuáles sólo logró la victoria en seis de ellos, a pesar de tener en plantilla muchos jugadores de primer nivel.

Y ahora llega al Sevilla, para preocupación de muchos. Espero que Monchi sea capaz de poner a su disposición un buen ramillete de jugadores, porque, al fin y al cabo, los entrenadores dependen en gran parte de ellos. Pero confianza en él, como técnico, a día de hoy, no tengo ninguna. En el lado opuesto está Monchi, que confía en él plenamente. No se puede explicar de otra forma que se le haya firmado por tres temporadas y con un sueldo de varios millones –he leído cinco brutos–, aunque parece ser que hay cláusulas de rescisión por ambas partes.

En fin, espero que Monchi acierte y, finalmentel, Lopetegui sea un caso parecido al de Juande Ramos, que no era del agrado de la afición pero que acabó siendo uno de los entrenadores que mejor juego y resultados consiguió.

 

 

La temporada del Sevilla FC, ¿un éxito o un fracaso?

Parece que hay algo de discrepancia entre la afición sevillista a la hora de valorar esta temporada, que aún no ha terminado pero que la victoria esta mañana del Getafe ante el débil Gerona deja, prácticamente, vista para sentencia. Salvo milagro, no alcanzaremos el cuarto puesto.

Es evidente que, en líneas generales, debe calificarse como fracaso. Desde mi punto de vista, no puede valorarse de otra forma, sobre todo teniendo en cuenta que a finales de diciembre, casi finalizada la primera vuelta, el Sevilla estaba asentado firmemente en la tercera o cuarta posición, sacando una ventaja considerable, de unos diez puntos, a sus más directos rivales. Es decir, por el rendimiento del equipo hasta entonces, tenía que ocurrir algo verdaderamente desastroso para que el Sevilla perdiera esos puestos de privilegio que dan derecho a jugar la máxima competición continental. Lo que no esperaba nadie es que ese desastre llegara. Fue cambiar el año y el Sevilla parecía otro. Lo que antes era solvencia y contundencia se había convertido en nulidad defensiva e incapacidad para ganar partidos. Los rivales, muchos de ellos, nos ganaban, prácticamente, sin hacer nada, sin apenas tener ocasiones, pero nuestro nivel de juego y nuestro lamentable sistema defensivo provocaba que los equipos de abajo, por muy poco que hicieran, se llevaran los tres puntos. Valga como muestra el partido que perdimos en Vigo, donde únicamente se limitaron a aprovechar un triple fallo defensivo al saque de un córner. Pues partidos como este hemos tenido a montones, hasta el punto de que al Sevilla se le calificaba como “el resucitador”.

Por tanto, nadie se debe escandalizar ni sorprender porque al final no vayamos a la Champions. Aún se puede, pero tenemos que ganar los dos partidos que nos quedan y esperar a que el Getafe la pifie. Pero siendo realistas, sería una sorpresa, una agradable sorpresa, que esto sucediera.

También hay quien critica o ve mal que ahora mismo el principal favorito para la cuarta plaza sea el Getafe. Según ellos, no es un equipo con calidad o poderío para ese premio tan grande. Pues señores, para mí el Getafe es un equipo que defiende muy bien –fundamental para lograr objetivos–, que se harta de correr desde el minuto uno hasta el noventa y tantos, y que tiene una delantera con gol. No son superestrellas, no han costado 60 millones de euros, pero hacen goles, que es lo único que cuenta.

Creo que la planificación no ha sido acertada, principalmente porque una vez más no se ha logrado formar una defensa fuerte –menos mal que Carriço, nuestro mejor central, ha jugado muchos partidos–. Tampoco hemos tenido suerte con las lesiones, ya que hemos tenido muchísimas lesiones óseas, de larga duración. Y ha sido una temporada larguísima, donde hemos tenido que jugar tres eliminatorias previas para jugar la Europa League. Eso si fue un éxito, ya que hubo equipos de primer nivel que cayeron en las previas y no pasaron a la fase de grupos.

En esta Europa League, por supuesto, también hay que hablar de fracaso. No nos puede eliminar un equipo tan inferior como el Slavia de Praga. Aunque también es cierto que, de no haber tenido que sufrir graves errores arbitrales –lástima que no haya VAR en la Europa League–, tanto en el partido de ida como en el de vuelta, que afectaron al marcador, nos habríamos clasificado sin problemas. Pero aún así, a conjuntos como el Slavia, sencillamente, hay que pasarles por encima. Por cierto, en Liga también tengo la impresión, como todos los años, de que hemos sido maltratados por los árbitros. Pero este año, al implantarse el VAR, ya me da que pensar que esto no tiene remedio. Y es que el VAR jamás cambiará a un mal árbitro en uno bueno. Es una buena herramienta que en España se utiliza para beneficiar a los de siempre y, por lo que se ve, también para perjudicar al Sevilla en caso de duda.

Y en la Copa del Rey, el fracaso estuvo en no saber competir en el Camp Nou. Hasta entonces, se había hecho un buen campeonato, ganando 2-0 al Barcelona en la ida, pero el Sevilla dio la sensación de no saltar mentalizado ante los azulgrana. Volvió a influir el arbitraje, porque el Barcelona abrió el marcador con un penalti que en realidad fue una patada al suelo de Messi. Pero fue más decisivo aún las claras ocasiones de gol que falló el Sevilla, penalti de Banega incluido. Y el Barcelona fue a lo suyo. Tienen tanta calidad que es fácil que goleen, sobre todo si juega el que es, sin duda, el mejor jugador del mundo. El todopoderoso Liverpool se llevó un 3-0 hace unos días, y eso que los reds  hicieron un buen partido.

En resumen, sí, ha sido un fracaso, en las tres competiciones, pero mal haríamos si fuéramos incapaces de valorar el que el Sevilla FC, una temporada más, se haya clasificado para jugar en Europa la próxima temporada. Porque, a decir verdad, dado el nivel tan paupérrimo que hemos ofrecido en muchos partidos, en demasiados partidos, he llegado a considerar como una seria posibilidad el quedarse fuera de los puestos europeos. Y eso sí que habría sido un FRACASO. Con mayúsculas.

 

El Sevilla se juega la temporada en una miniliga de trece jornadas contra seis equipos

A finales de diciembre de 2018, dada la ventaja que tenía el Sevilla sobre sus más inmediatos perseguidores, todos pensábamos que muy mal se tenían que hacer las cosas para no estar en Champions la próxima temporada. Y efectivamente, así ha sido. Todo ha salido verdaderamente mal, con lo que el Sevilla tendrá que mejorar mucho en lo que le queda de este desastroso 2019. El nivel mostrado por el Sevilla ha sido tan ínfimo que se ha dejado arrebatar la plaza Champions por el Getafe. Y no sólo eso, sino que, de seguir así, será complicado que no se escapen también las plazas de Europa League.

Una vez esfumada la ventaja, es como si empezáramos el próximo sábado una nueva competición, una pequeña liga donde partimos con el pequeño privilegio de tener algún punto, o algunos puntos de ventaja, según el caso, sobre la mayoría de los rivales. Y también deberíamos beneficiarnos del hecho de que siete partidos tendrán lugar en nuestro feudo y seis fuera.

Los teóricos rivales directos, que disminuirán según vayan pasando las jornadas, serán los siguientes:

Getafe, Alavés, Betis, R. Sociedad, Valencia y Athletic Club.

El Ramón Sánchez Pizjuán decidirá gran parte de nuestro destino, pues aún nos queda por enfrentarnos a estos seis rivales, y cinco de ellos lo harán en nuestra bombonera. El único “rival directo” al que visitaremos será el Getafe, en la jornada 33.

Es importante destacar que en la penúltima jornada visitaremos al Atlético de Madrid. Aunque, muy probablemente, ya a esas alturas no tendrá ninguna opción a conseguir el título de Liga, los madrileños siempre son un rival complicado. El Atlético está a siete puntos del Barcelona, que se dejarán muy poquitos puntos en el camino, y además los colchoneros aún tienen que visitar el Nou Camp.

Por otro lado, el Sevilla exceptuando esta penúltima jornada, contra el Atlético de Madrid, ya ha jugado todos los partidos contra los tres primeros rivales de la Liga. Lo cual es un alivio.

La miniliga empieza este sábado, en El Alcoraz, ante el farolillo rojo. Una nueva derrota creo que incluso pondría en juego la continuidad de Machín. Ningún entrenador –si exceptuamos a Tevenet la pasada temporada con el Sevilla Atlético—es capaz de sobrevivir a los malos resultados. Y si no somos capaces de ganar al último clasificado, ¿a quién vamos a ganar? Una nueva derrota significaría que Machín es incapaz de encontrar soluciones a estos dos meses en caída libre. Porque es evidente que la plantilla, aunque haya tenido muchos lesionados y un calendario muy cargado de partidos, no debe, bajo ningún concepto, dar los bochornosos espectáculos de Balaídos o el Estadio de la Cerámica, por poner algunos ejemplos.

El tiempo se acaba. Hay que reaccionar ya. Y aunque, por ahora, quede en la recámara la opción de ganar la Europa League para clasificarnos para la Champions, mejor hacerlo por la vía teóricamente más fácil: la Liga.

Junta General de Accionistas 2018. La Junta de la decepción

La Junta General de Accionistas, que era ordinaria, resultó ser extraordinaria. Pero extraordinaria en cuanto a la tremenda decepción que nos llevamos los ilusos sevillistas que creíamos que el Sevilla no estaba vendido o no iba a venderse. Nada más lejos de la realidad. Ayer los máximos accionistas dejaron claro que dan la espalda al sevillismo de base, al no blindar el estadio Ramón Sánchez Pizjuán y la ciudad deportiva José Ramón Cisneros Palacios.

Sin embargo, esto se veía venir. No se entendería entonces, que viéndose el alarmismo entre los pequeños accionistas y su lucha por sindicar el 5% de las acciones necesarias para incluir nuevos puntos en el orden del día, los máximos accionistas no sólo no se pronunciaran, sino que no solicitaran esta modificación de motu proprio. Evidentemente, no estaban por la labor. Pero siempre quedaba la esperanza de que, a última hora, sucumbieran ante la presión de los accionistas minoritarios y cambiaran de opinión.

Parece obvio que, si no han vendido ya sus acciones a un inversor extranjero, lo van a hacer próximamente, pues cabe deducir que tienen ya más que acordados los términos de la venta y sólo deben quedar detalles. En este sentido, resultó reveladora la lamentable intervención de Carolina Alés, que se destapó, admitiendo que ellos “venden sus acciones, no venden al Sevilla”. Pues no, Carolina. Si yo vendo mis dos acciones, sería así. Pero si tú, que eres una de las principales accionistas, las vendes, también vendes al Sevilla FC. Poco después intentó retractarse, quedando incluso peor.

Pero no quedó ahí la cosa. Carolina Alés también se lució con su desprecio a los pequeños accionistas, cuando preguntó por qué ellos no habían comprado acciones. Haciendo un alarde de soberbia, poco menos que se rió de aquellos que no podían permitirse comprar acciones, o sólo unas pocas, como es el caso de la gran mayoría de los aficionados. Sin duda, Carolina, quien probablemente habrá nadado en la abundancia desde que nació, no tiene la capacidad de entender que mucha gente no puede permitirse comprar acciones, o si lo hace, es con gran esfuerzo.

Como contrapunto a Carolina Alés, destacar la impresionante y conmovedora intervención de Alejandro Cadenas. Faltó poco para que lo sacaran a hombros, pero, lamentablemente, pese al gran esfuerzo de los pequeños accionistas, mucho me temo que se ha llegado tarde. Ya está todo el pescado vendido.

Ahora hay que apretarse los machos, pues se entra en una situación muy complicada, donde hay un patente enfrentamiento entre los accionistas mayoritarios y el aficionado de base. Será harto complicado que eso no afecte al rendimiento del equipo. Esto se verá muy pronto, en el importantísimo partido del jueves, ante el Krasnodar. Yo espero un gran abucheo al palco, pues es lo mínimo que merecen.

Empieza una época de incertidumbre, donde el Sevilla dejará de pertenecer a los sevillistas y estaremos en manos de un grupo inversor que podrá disponer, a su antojo, de nuestro estadio y ciudad deportiva. Desde luego, si con el tiempo acabamos trasladándonos a la Cartuja, sería mi fin como abonado. Llevo treinta y dos años siéndolo, pero me niego a ver al Sevilla en la Cartuja si no es algo temporal, mientras se amplía el Ramón Sánchez Pizjuán. El estadio olímpico es para ver atletismo, no fútbol. Si lo veo mejor por televisión, me quedaré en casa y no soportaré las inclemencias del tiempo, ni tendré que desplazarme.

La Junta de ayer me ha dejado tocado, o más bien hundido. Hasta el punto de que el partido contra el Krasnodar ha pasado de parecerme muy importante a ser totalmente secundario. No me explico cómo los máximos accionistas pueden tirar por los suelos los sentimientos de tantas generaciones de sevillistas. Y todo por el dinero, por el vil metal. ¡Qué triste!

La aparente ineptitud de la Dirección Deportiva del Sevilla

Entre el aficionado sevillista hay máxima expectación por los posibles fichajes del Sevilla. Eso es igual todos los años, pero en esta ocasión, además, hay preocupación, pues el primer partido oficial está a seis días vista y la plantilla está prácticamente cogida con alfileres en la defensa y en la delantera.

No ha podido el Sevilla “escoger” peor temporada para quedar séptimo clasificado. El Mundial ha hecho estragos en la planificación, pues no podemos contar aún con los jugadores que han participado en él, dejándonos sólo con Pareja y Carriço como centrales disponibles y a Ben Yedder como único delantero. Tampoco ha ayudado que el Barcelona nos haya birlado a Lenglet, quien además de ser nuestro único central confiable –Carriço y Pareja están casi siempre lesionados–, era nuestro mejor jugador en esa zona tan importante.

Se da también la circunstancia de que Machín utiliza tres centrales en su sistema, el cual parece ser innegociable, con lo que la carencia es aún mayor.

No paran de salir nombres en la prensa. Como suele ser habitual, quizás muchos de ellos hayan sido inventados, pero no hay dudas de que otros son ciertos, como es el caso de Caleta-Car. El jugador croata es un desconocido por estos lares, pero los que le han visto jugar hablan maravillas de él. Parecía un fichaje hecho –siempre según la prensa–, pero lo cierto es que el Marsella ha estado más listo, consiguiendo un precontrato con el jugador durante el Mundial y llegando a un acuerdo con el Salzburgo. Un teórico –luego habrá que ver su rendimiento– buen jugador que se escapa por un par de millones de euros.

Leo en las Redes Sociales que el Sevilla está pagando la novatada de Caparrós como Director Deportivo. Y puede que sea cierto, pues no hay que olvidar que él mismo reconoció que no estaba preparado para ese puesto. También leo que José María Cruz es un serio obstáculo para cerrar algunas incorporaciones, pues es reacio a soltar grandes cantidades de dinero. No sé qué habrá de cierto en todo esto, pero lo que sí parece claro es que no se están haciendo bien las cosas. Si no, no tiene explicación que a estas alturas estemos casi con lo puesto, cuando en otras ocasiones se ha tenido el grueso de la plantilla disponible para el stage de pretemporada (en este caso en Benidorm), e incluso se ha hecho algún fichaje antes de finalizar la anterior temporada.

En mi opinión, también se ha estado torpe, verdaderamente torpe, al no fichar los centrales antes de que el Barcelona depositara la cláusula por Lenglet. Era algo que se conocía de antemano por todos, apareciendo diariamente en prensa. Evidentemente, los demás clubes, sabedores de que el Sevilla cuenta con dinero contante y sonante, se descuelgan pidiendo cantidades desorbitadas.

Particularmente, no entiendo que el Sevilla esté racaneando a la hora de fichar. Las arcas del Sevilla deben de estar llenas. Los ingresos por TV son los mayores de la historia, la temporada pasada se hizo un buen papel en Champions, ingresándose más de lo previsto; tenemos los 35 millones de Lenglet y, muy posiblemente, tendremos otros 35 por Nzonzi, además de las ventas que ya hemos realizado. Es cierto que ahora, casi por cualquier jugador, te piden 10-15 millones. Y por un buen jugador, lo mínimo son 20 millones. Pero eso es algo a lo que hay que adaptarse. Lo que sí pienso que está fuera de nuestro alcance son los fichajes de a partir de  unos 30 millones de euros. Como mínimo, serían muy arriesgados.

Tampoco entiendo ese miedo a fallar del que habla la prensa, cuando la mayoría de los nombres que están saliendo son jugadores contrastados, muchos de ellos ya incluso conocen la liga española.

El panorama no es muy alentador. Sólo aparecen malas noticias: el show de la Supercopa, donde todo parece indicar que nuestro Presidente mintió a la afición; la posible venta del club a un inversor extranjero, y la mala planificación deportiva, a día de hoy. Los únicos que están respondiendo son los aficionados, con una masiva renovación de abonos.

Aún queda tiempo para hacer las cosas bien. Ahí está el ejemplo del Valencia. Recuerdo que, viendo un amistoso del Valencia, estando ya a punto de empezar la temporada pasada, pensé que no tendríamos ningún problema para superarlos en la tabla. A los pocos días, el Valencia fichó a Kondogbia y a Guedes. Dos grandísimos jugadores cuyo rendimiento cambió al Valencia por completo. Es decir, queda aún mucho tiempo para fichar, y hay muy buenos jugadores en el mercado, pero no nos podemos dormir en los laureles.

En cualquier caso, me da algo de tranquilidad la endeblez del rival de la primera eliminatoria: el Ujpest húngaro. No parece un rival que deba preocupar, a no ser que haya un exceso de confianza y no se le respete. Sería un error imperdonable.

Traspasar a Ben Yedder, un riesgo innecesario

Leo en la prensa estos días, con algo de preocupación, que el Sevilla, si llegara una buena oferta, estaría dispuesto a traspasar a Ben Yedder. Es algo que no quiero creer que sea verdad, porque, hoy por hoy, es el único delantero que garantiza gol de la plantilla.

También es cierto que es muy probable que, aunque no queramos venderlo, pueda acabar saliendo, ya que su cláusula de rescisión es de sólo 30 millones de euros y, según parece, hay equipos que compiten habitualmente en Champions que se han fijado en él. Y no es de extrañar, porque, además de sus buenas actuaciones en la competición europea más importante, Ben Yedder ha sido llamado por su Selección –aunque previsiblemente no estará en el Mundial, al formar parte de la lista B–. Y, sobre todo, lo que más llama la atención de él son sus estadísticas, las cuáles, en mi opinión, son impresionantes:

En su primera temporada, Ben Yedder marcó 18 goles, dando seis asistencias, en 42 partidos, disputando sólo 2.268 minutos de juego. Y en su segunda temporada ha mantenido unas cifras similares o incluso mejoradas, pues ha jugado algo más –2.741 minutos—y ha hecho 22 goles, dando cinco asistencias. Bueno, en realidad ha hecho alguno más, como el que le anularon en Málaga, por un error arbitral. Pero las estadísticas oficiales son ésas.

También hay que tener muy en cuenta que Ben Yedder no ha contado en ningún momento con la confianza de los entrenadores que ha tenido, excepto con Joaquín Caparrós. Pero ni Sampaoli, ni Berizzo y ni mucho menos Montella le daban apenas oportunidades. Es decir, que esas cifras –marcando un gol, de media, cada dos partidos—las ha conseguido sin tener continuidad y jugando solo en punta, sin la ayuda de un segundo delantero. Por lógica, si jugara con otro delantero que le complemente, y siendo titular, sus cifras, tanto de goles como de asistencias, deberían ser muy superiores.

Otros delanteros que han triunfado en el Sevilla no hay tenido, ni por asomo, las estadísticas de Ben Yedder. Por tanto, estamos hablando de un jugador de primer nivel y, además, de un excelente profesional. En ningún momento se ha quejado de su incómoda situación –increíble que Muriel le quite el puesto—y, siempre que ha jugado, ha dado lo máximo, corriendo y presionando durante los 90 minutos.

Ben Yedder es un delantero al que quizás le falta algo de velocidad y altura, pero después es muy inteligente, estando siempre en boca de gol. Sabe hacer daño y siempre está bien situado. Y algo muy importante: si tiene la ocasión de tirar, no se lo piensa.

No sé qué rendimiento ofrecerán los delanteros que lleguen –espero que sean dos, pues Muriel quizás sería mejor que jugara en banda o fuera traspasado–, pero me parece una temeridad desprenderse del único goleador que tenemos, y por 30 millones de euros, o incluso menos. Más bien, deberíamos renovarlo y subirle esa ridícula cláusula de rescisión antes de que nos lo quiten de las manos.

Las notas finales de la temporada del Sevilla FC. Del deficiente al notable

Aún queda una jornada, pero la séptima posición es inamovible. Por fin, se acabó esta temporada que se me ha hecho eterna.

Ha sido una temporada atípica, a la cual temía desde pretemporada, pues era la primera que afrontábamos sin Monchi. También tuvimos un mes de julio bastante convulso, con el numerito de Vitolo y el Atlético de Madrid, y con Las Palmas como cooperador necesario. Aún cuesta creer lo bajo que cayó Vitolo, que fue capaz de engañar a un club que se portó maravillosamente con él en los malos momentos, e incluso a su amigo Nico Pareja,  y todo por el vil metal. Mucho vil metal, eso sí.

También nos hemos encontrado muchos inconvenientes, algunos de ellos fruto de una pésima planificación deportiva, como ha sido, por ejemplo, el poco rendimiento del fichaje estrella (Muriel), lo que ha llevado a una cifra de goles a favor realmente bajo; los fichajes de dos entrenadores que no han sido capaces de sacar un mínimo rendimiento a la plantilla (Berizzo y Montella) y las lesiones de dos de los centrales (Carriço y Pareja), aunque esto, visto los antecedentes, era más que previsible. Tampoco ha ayudado la poca profesionalidad de Nzonzi, uno de nuestros mejores jugadores, que ha sacado los pies del tiesto en varias ocasiones. En resumen, ha sido una temporada realmente complicada, que bien podría haber acabado en un auténtico desastre, tanto económico como deportivo.

Si analizamos las tres competiciones por separado, las notas difieren bastante:

En la Copa del Rey, yo pondría un bien. Habría sido de notable de no haber sido por el pobre partido de la final. No obstante, considero casi como único culpable a Montella, quien, a mi modo de ver, hizo un planteamiento de locos. A nadie, en su sano juicio, se le ocurre jugar contra el que probablemente sea el equipo más técnico del mundo, con Messi incluido, con la defensa en el centro del campo. Fue dejar el partido en bandeja al Barcelona. Verdaderamente, así había poco que hacer, y, quizá, pocos goles nos cayeron. Sin embargo, fue bastante meritorio ganarle los dos partidos al Atlético de Madrid, equipo que encaja poquísimos goles.

En la Champions League sí que le pongo el notable, ya que se pasó una difícil previa ante el Istanbul Basaksehir, que nos puso en apuros, ya que se trataba de un buen equipo, con jugadores de nivel. De hecho, está luchando por el título de Liga con los dos grandes de Turquía. Después se consiguió la clasificación como segundos de grupo, en pugna con el Spartak de Moscú. Y, finalmente se logró la hazaña de eliminar al siempre potente Manchester United. Nos eliminó el Bayern de Munich, en una eliminatoria donde ofrecimos guerra al gigante alemán y donde no nos sonrió la fortuna, con dos goles en propia meta en la ida y un tiro al larguero en la vuelta. Pero no hay que olvidar que hacía más de sesenta años que no se llegaba a Cuartos de Final de la máxima competición europea.

Es en la Liga donde no hemos dado la talla. Hemos estado dando tumbos, otorgando una clara prioridad a la Champions League y a la Copa del Rey. Hemos recibido goleadas escandalosas, y aunque algunas de ellas pueden considerarse anecdóticas, porque fueron partidos donde se tuvieron más ocasiones que el rival, como contra el Spartak de Moscú y Betis –pero si tú tienes nula efectividad y el rival las cuela todas…–, otras fueron realmente bochornosas, como las que se tuvieron contra el Real Madrid, Celta de Vigo o Eibar. Por haber conseguido la séptima plaza a última hora es por lo que mi nota es la de “Deficiente”. Habría sido de “Muy Deficiente” de habernos quedado fuera de Europa, lo cual habría sido un desastre a todos los niveles.

Haciendo una nota media, daría un aprobado raspón, por los pelos.

Menos mal que ya toca despedirse de la temporada en el próximo partido, contra el Alavés, pero hubo momentos donde miré las posiciones de descenso, sobre todo cuando veía al equipo de Berizzo totalmente perdido, dando la impresión de que era poco menos que imposible ganar un partido. Y eso es algo que también ha ocurrido con Montella, aunque ya teníamos puntos suficientes como para no mirar para abajo, excepto a última hora, cuando se puso en serio peligro la clasificación europea.

Hay muchísimo que corregir para la próxima temporada y muchísimo que hacer. Lo más prioritario es fichar al Director Deportivo y empezar a confeccionar la nueva plantilla inmediatamente. Porque empezamos a competir ya mismo, y no hay tiempo que perder.