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Las diez razones por las que Berizzo debe ser cesado inmediatamente

Admito que yo era uno de los que me alegré cuando se contrató a Berizzo. Consideraba un entrenador válido para el Sevilla, porque veía su trabajo en el Celta, donde jugaba con dos delanteros –estoy harto de que el Sevilla sólo juegue con uno– y mostraba ambición, saliendo a ganar en estadios como el Bernabéu y Old Trafford. Lo único que no me convencía de su estilo es que el Celta recibía muchos goles.

Por eso creo que Berizzo merecía un tiempo prudencial para conocer a la plantilla e imponer su estilo de juego y sus ideas, dándome la impresión de que las críticas feroces que prácticamente recibía desde el principio, eran exageradas. Pero después del desastre de ayer, pienso que ese tiempo prudencial ya ha pasado. Es necesario un golpe de timón ya. Pero cuando digo “ya”, es ya. Hoy mismo, si es posible. Y, en mi opinión, es necesario destituir a Berizzo por muchas razones:

1.- El equipo no juega a nada.

No se atisba un patrón de juego. Incluso Berizzo parece que ha perdido los papeles y no tiene las ideas claras. Igual alinea a jugadores de banda que renuncia a ellas y acumula jugadores por el centro, como hizo ayer. Las ruedas de prensa son sorprendentes, dando la sensación de que Berizzo ve otro partido distinto al que ve el resto de los mortales.

2.- El equipo no está trabajado.

Parece como si estuviéramos en pretemporada, haciendo probaturas, como la alternancia de los guardametas o el situar a Geis de central, antes que recurrir a Mercado.

También se ve que no está trabajado en los saques de banda –cuando sacamos nosotros, perdemos el balón inmediatamente; cuando lo saca el rival, se lo lleva siempre–, en los fueras de juego –rarísimo que el rival caiga en uno, cayendo nosotros continuamente en ellos–, en la presión –se hace muy mal, si es que se hace–, en la transición en el centro del campo –las combinaciones se hacen con una lentitud exasperante y los repliegues tarde–… En fin, se aprecia en infinidad de detalles.

3.- El equipo defiende mal, rematadamente mal.

Los rivales nos crean muchas ocasiones de gol, a veces, sin apenas esfuerzo. Si nos enfrentamos a un equipo débil o normalito, nos pueden marcar dos o tres goles, y si tenemos suerte, como contra el Celta o el Levante en casa, donde fallaron varias ocasiones clamorosas de gol, que sólo nos hagan uno, o mantener la puerta a cero. Pero si nos enfrentamos a un rival potente, nos cae la del tigre, como pasó en el bochorno del Bernabéu, en Moscú o en Valencia, donde nos desangramos especialmente con los contragolpes, los cuáles nos cuestan un mundo neutralizar.

4.- También atacamos mal.

Sólo tenemos un delantero centro nato en la plantilla, que es Ben Yedder, y que tiene buenas cifras anotadoras. Después está Muriel, el fichaje más caro de la historia del Sevilla, pero que es más un extremo. En cualquier caso, rara vez juegan los dos juntos. Pero lo cierto es que nos cuesta muchísimo crear ocasiones de gol. En muchos partidos hemos visto que podemos llevarnos más de media hora sin tirar entre los tres palos, y eso es algo impensable para un equipo con aspiraciones Champions. El juego ofensivo es desesperantemente lento, con abuso del juego horizontal, y los jugadores se lo piensan mil veces antes de centrar al área o tirar a puerta.

5.- Sin alma y falta de ambición.

Los jugadores no se esfuerzan, no sudan la camiseta. Salen derrotados de antemano en estadios como el Bernabéu, Nou Camp o el Wanda Metropolitano. No salen a ganar desde el minuto uno. En ocasiones necesitan encajar un gol o escuchar el aliento de la grada para reaccionar. Quizás falte un líder, o varios.

6.- Mala preparación física.

He visto partidos, bastantes partidos, donde los rivales parecían que iban en moto. No me parece normal.

7.-  Jugadores muy por debajo de su nivel.

Muchos están decepcionando, como Navas, Kjaer, Nolito o Muriel, pero otros están ofreciendo un nivel bastante más bajo que en la temporada pasada, como Pablo Sarabia o Sergio Escudero. Berizzo no parece capaz de sacar el máximo rendimiento de ellos.

8.- Decisiones erróneas con la plantilla.

No me parecen acertadas algunas decisiones que ha tomado con los jugadores, como frenar la racha goleadora de Ben Yedder para dar una oportunidad a Muriel. O alternar a los guardametas, lo que perjudica muchísimo a Sergio Rico, quien esperaba ir al Mundial, lo cual será bastante complicado si no dispone de continuidad.

En el tema de Nzonzi no me meto, porque desconozco los detalles, pero lo cierto es que el Sevilla ha perdido a uno de los jugadores más determinantes de la plantilla, sea culpa de Berizzo, de Nzonzi, o de ambos.

9.- La afición está muy desencantada.

Lógico que el aficionado esté harto de ver a su equipo hincar la rodilla ante equipos de medio pelo y hacer el ridículo ante equipos potentes. El esperpento del 5-0, en el primer tiempo ante el Madrid, fue la gota que colmó el vaso. El parcial de los tres últimos partidos, donde sólo hemos sacado un punto, de nueve posibles, ha sido mortal. Pienso que la destitución de Berizzo es ya un clamor.

10.- El tiempo se acaba.

El objetivo marcado por el club es la Champions. El equipo, como dicen los jugadores, sigue sin arrancar, y los de arriba no esperan a nadie. Estamos en la jornada 17 y se podrían poner a siete u ocho puntos de ventaja, lo que parece casi inalcanzable.

Evidentemente, todo no es culpa de Berizzo. También hay que mirar hacia el Director Deportivo y los jugadores, pero ningún entrenador puede sobrevivir a los malos resultados, y Berizzo no va a ser una excepción, con el añadido de que tampoco consigue que el Sevilla realice un juego medio decente. Además, ahora es el momento ideal para su cese, ya que su sustituto tendría algo de tiempo para trabajar con la plantilla, conocer el club y estudiar los posibles fichajes. No tendría ningún sentido esperar a que el Cádiz nos pinte la cara el día 3 de enero y, ni mucho menos, que el Betis nos amargue el día de Reyes. Porque estamos tan mal, que creo que estos dos equipos nos podrían ganar perfectamente.

 

 

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Real Sociedad 3 – Sevilla FC 1. Otro desastre total. ¿Borrón y cuenta nueva?

Pintaba mal el partido de San Sebastián, puesto que el Sevilla de Berizzo sigue transmitiendo muy malas sensaciones y, además, nos presentábamos con la importante baja de Lenglet, uno de los dos centrales que nos quedan sanos.

Berizzo sorprendió con una alineación sin jugadores de banda, esperando tener la posesión del balón y dominar el centro del campo, pero le salió el tiro por la culata, por las mismas razones de siempre: falta de intensidad, presión mal realizada, pérdidas constantes de balón…

La Real en los primeros minutos de partido se movió como pez en el agua. El Sevilla presionaba muy arriba, pero lo hacía mal, con lo que los jugadores de la Real no tenían el más mínimo problema para superar esta primera línea de presión y llegar a las inmediaciones del área. Y cuando los donostiarras llegaban a esa zona, comprobamos, una vez más, que somos una madres defendiendo. No se puede defender peor. Los realistas se desdoblaban por las bandas, donde tenían superioridad numérica, y bombardearon nuestro área sin cesar, hasta que lograron abrir el marcador. Era una simple cuestión de tiempo.

Pero por el centro también dábamos facilidades, permitiendo que los jugadores blanquiazules tiraran desde la frontal con total libertad. No llegó el 2-0 de esa forma porque David Soria hizo un paradón.

El Sevilla no se imponía, dando la sensación de que podría llegar otro mazazo que pusiera el panorama más negro de lo que ya estaba. No ayudaba, en absoluto, el que el Sevilla jugara con la defensa muy atrasada, con las líneas muy separadas y ejerciendo una nula o mínima presión, con lo que los jugadores rivales se sentían muy cómodos.

El Sevilla apenas llegaba con peligro, pero en una de esas ocasiones, en una magnífica jugada individual de Ben Yedder –el único delantero nato de la plantilla– consiguió empatar en el minuto 44, dando algo de esperanzas de conseguir algo positivo.

Pero la segunda parte fue decepcionante. El Sevilla hizo lo mismo que otras muchas veces: tocar y tocar, con lentitud, hasta aburrir a las ovejas. Mucha posesión pero ninguna profundidad. El Sevilla controlaba el partido, pero no iba a la yugular. Los de Berizzo no fueron de verdad a por los tres puntos –que era lo único que nos servía para no descolgarnos de los puestos Champions–. El partido transcurría con un juego simplón hasta que se llegó a ese momento donde recibir un gol tiene difícil solución. Y a falta de sólo quince minutos para el final llegó el segundo gol, de manera ridícula y totalmente evitable. Sergio Escudero, incomprensiblemente, abandona su posición de lateral para ayudar a los centrales en una internada por el centro –no se fiaría de ellos–, dejando totalmente solo a Zubeldia, que entró en el área como Pedro por su casa y batió a David Soria. Cuando Escudero quiso reaccionar ya fue tarde. Tarde y fatal, porque su actuación sólo sirvió para desviar un balón que probablemente habría parado David Soria.

Escuché la narración de Sevilla FC Radio y dijeron que en el gol había habido mala suerte. ¿Mala suerte? Si dejas a un jugador que entre solo en el área y que dispare a placer, lo más normal es que sea gol. No hay que escudarse en que el defensa desvía ligeramente el balón.

Ya sólo quedó el tiempo suficiente para que el Sevilla diera otro ejemplo de impotencia y para que Carlos Vela –muy buen delantero– se despidiera con honores, marcando el tercero de la tarde en el minuto 89. Vela se coló entre los centrales sin ningún problema y remató tranquilamente para batir a Soria.

El equipo está roto, no juega a nada, la imagen que damos es penosa, los resultados no acompañan… Parece que esto sólo tiene un camino: borrón y cuenta nueva.