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El Sevilla FC, mi club, me discrimina

Hace unos días me llevé una gran alegría cuando me llamaron desde el club para, por fin, hacer la foto que se hace todas las temporadas con los sevillistas nacidos el año anterior, es decir, en 2015. Me hacía especial ilusión poder llevar a mi hija para que se hiciera la foto en el estadio y con el Presidente. Llamé al teléfono que me indicaron para recibir más información y ahí es cuando me confirmaron lo que ya temía: la foto la tiene que hacer el bebé con su madre. Mis sospechas venían porque había visto la foto del año anterior y en ella sólo aparecían mujeres. Me pareció demasiada casualidad, pero también pensé que sería absurdo e ilógico no dejar que se la pudieran hacer con sus padres.

El problema es que su madre no podrá llevarla, por estar trabajando, ya que la foto está prevista para el día 27 de octubre, jueves, a las 16:15 horas.

Los protagonistas del acto son los bebés. Así que, verdaderamente, no encuentro motivos para que no se pueda hacer la foto con su padre, tío o abuelo. Como ya digo, a mí me hacía muchisima ilusión. Yo no pude hacerme socio hasta que tuve 16 años, pero mi hija ha tenido más suerte: con sólo 16 meses de vida, ya va por su segundo carnet, y esa foto habría sido un bonito recuerdo sevillista para toda la vida.

Podría haber sido peor, ya que la señorita que me atendió me dijo que «podría quedarme en la grada». Menos mal que, por lo menos, me dejan entrar en el estadio.

Entiendo que, por norma general, el club tiene buenos detalles con sus abonados, pero esta discriminación por razón de sexo creo que está fuera de lugar. Llevo casi treinta años de abonado y la decepción que me he llevado ha sido enorme. Ha superado incluso a la de aquel día que me tuve que quedar en tierra, aun teniendo billete, por una mala organización del club, cuando se flotaron autobuses para ver el partido de vuelta de Copa del Rey, Español-Sevilla, que tuvo que repetirse por un chivatazo de nuestros vecinos béticos, por alineación indebida.

En fin, qué se le va a hacer. Tendré que aguantarme. Pero que esto ocurra en pleno siglo XXI…