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Como no nos tomemos en serio al Eibar, lo pagaremos caro

Mañana llega el Eibar. El equipo vasco no es lo que era. Antes se conformaban con mantenerse en Primera División, pero ahora están situados en la séptima plaza, la cuál, probablemente, dará derecho a jugar en Europa la próxima temporada.

Estamos ya en la segunda vuelta, y el Eibar avanza con paso firme. Su última derrota fue ante el Barcelona, por 0-4, pero después se ha entretenido en ganar 3-1 al Depor, 0-4 al Valencia –aprovechando una superioridad numérica cuando iba 0-1–, o goleando en su último partido al Granada, por 4-0.  Estos resultados le han puesto a sólo un punto del Villarreal y por delante de equipos como el Athletic Club o Celta de Vigo, teóricamente con mejores plantillas.

Y digo teóricamente, porque, en realidad, el Eibar tiene una buena plantilla, con jugadores de mucha calidad. Entre ellos, destaca su mejor delantero, Sergi Enrich, que lleva ya anotados nueve goles, los mismos que consiguió en toda la temporada pasada. Enrich lleva tres partidos consecutivos anotando –cuatro goles en tres partidos– y es el principal artífice de la buena marcha de su equipo. Su buen nivel ha llevado al Eibar a tener que mejorarle el contrato, ya que el Fulham ha estado muy interesado en ficharle en este mercado invernal.

Pero el Eibar, como es lógico, no es sólo Enrich. También tiene otros jugadores capaces de dar pases precisos, ya sean cortos o largos, como el japonés Inui, Arbilla, Dani García –que no jugará por sanción–, Pedro León –un verdadero peligro a balón parado y que ya nos marcó en la primera vuelta– , el argentino Escalante o el lateral Capa, en la órbita del Barcelona para sustituir al lesionado Aleix Vidal, pero que no saldrá, a no ser que haya cláusula de rescisión por medio.

No obstante, lo más importante del Eibar no son las individualidades, sino el conjunto. Es un equipo con todas las letras. Se conocen a la perfección, ya que la plantilla no ha variado mucho. Todos atacan y defienden a la vez. Todos presionan continuamente, y tienen una cualidad que a mí me encanta: si tienen la más mínima oportunidad, no se lo piensan a la hora de ponerla en el área o tirar a puerta. Y es que a mí me desespera cuando los jugadores del Sevilla tienen una posición franca para centrar o tirar a puerta, y no lo hacen.

Están dirigidos por Mendilibar, un entrenador que ha tenido una trayectoria con altibajos pero que lo está haciendo bastante bien en el Eibar.

Por si fuera poco, en la mentalidad del aficionado y de los profesionales está el próximo partido de Champions League, y Sampaoli puede caer en la tentación –esperemos que no– de hacer rotaciones. Para mí sería un error, porque, desde mi punto de vista, este es el rival más difícil de los tres que nos quedan en este mes de febrero.

Por supuesto, no son invencibles, pero si no nos tomamos en serio a este equipo, lo vamos a pasar muy mal y podrían volar los puntos.

El árbitro será Álvarez Izquierdo. Que pase desapercibido, y si no, que sea porque nos benefició.

R. Sociedad 0 – Sevilla FC 4. Exhibición de Ben Yedder en particular y del Sevilla en general

Partidazo el que se marcó el Sevilla ayer en Anoeta, de principio a fin. Muy serio en todos los aspectos, y si en algo se le puede criticar, es en los numerosos goles cantados que falló, porque el 0-3 tardó muchísimo en llegar y el resultado final se antoja bastante corto para lo que se vio sobre el tapete del conjunto blanquiazul. A nadie le hubiera extrañado que el cuatro hubiera sido un seis, por ejemplo.

El Sevilla en su conjunto estuvo perfecto: presionando a cada balón, aun cuando el partido estaba más que sentenciado. En el centro del campo apenas se perdían balones, excepto uno de N’Zonzi que pudo costar un gol. Pero el dominio de la zona ancha era total, hasta el punto de que la Real Sociedad, un grandísimo equipo, aunque ayer pareciera lo contrario, apenas tuvo ocasiones de gol.

Pero si hay un jugador que destacar, evidentemente, ése es Ben Yedder. El franco-tunecino marcó tres goles y asistió a Sarabia en el 0-3. Ben Yedder ya ha demostrado lo que puede hacer en el Sevilla, que es exactamente lo que hizo en el Toulouse: marcar muchos goles, pero con una gran diferencia, y es que su anterior equipo luchaba por no descender, y en el Sevilla las miras son mucho más altas y está rodeado de muy buenos jugadores. Con lo cual, está por ver cuál es el techo de Ben Yedder. Desde luego, como siga en este plan, nos va a durar lo mismo que N’Zonzi.

Lo que hizo el Sevilla ayer, se llama, coloquialmente, «dar un golpe en la mesa». La Real era un rival directo, pues de haber perdido ayer, se habría situado a sólo un punto. La victoria es de mucho mérito, por eso, y porque en Anoeta sólo había ganado el Real Madrid, por 0-3. Además, el Atlético de Madrid había ganado, y era vital mantener la ventaja con el equipo de Simeone.

El árbitro, Martínez Munuera, no me gustó. No se puede enseñar una tarjeta amarilla por desplazar el balón, para perder dos segundos de tiempo, y después dejar impune a un jugador realista que agarra a un rival, cortando un peligroso contragolpe. Ese detalle es de mal árbitro. Por lo demás, no tuvo errores graves, aunque también es verdad que el partido fue de guante blanco.

Me encantó del Sevilla que estuviera presionando hasta el minuto final. Con esa actitud se puede llegar a donde se quiera y se perderán muy poquitos partidos.

Ahora queda pensar en el partido de vuelta de Copa. La eliminatoria está más que sentenciada. En caso de que el Sevilla hiciera la hombrada, volvería a aparecer la figura arbitral para solucionar el entuerto. Así que más nos vale tener claro que el partido importante es el de Liga.

Qué gustazo que mi entrada número 1.000 haya sido para comentar un 0-4

 

 

Sevilla FC 1 – At. de Madrid 0. Merecida y trabajada victoria

Gran partido el que pudimos disfrutar en el día de ayer,  a pesar de la lluvia que no cesó durante casi todo el partido. Estoy seguro de que, con lo que llovió el sábado y el domingo, ningún terreno de juego de España habría tenido el aspecto que presentó el césped del Ramón Sánchez Pizjuán. El espectacular drenaje provocó que no hubiera ni un solo charco, ni siquiera a la finalización del partido. El balón rodó perfectamente en todo momento. Como para sacar a hombros a los mantenedores. Esperemos que no se los lleven los grandes, como hacen con todo el que destaca, desde alevines a la primera plantilla.

Me gustó mucho el partido que hizo el Sevilla, aunque en la primera parte tuvo dos o tres pérdidas de balón en el centro del campo que desaprovecharon los delanteros atléticos. Sergio Rico salvó un mano a mano a Gameiro, quien fue recibido y despedido con pitos. Por mi parte hubo total indiferencia, pero entiendo que haya quien no le perdone que se haya querido ir, y además a un rival como el Atlético de Madrid, con el que chocamos bastante en los últimos años.

Más tarde fue Correa quien falló una de esas ocasiones que no se pueden fallar nunca. Cuando lo más fácil era colarla, el argentino la tiró fuera.

El Sevilla tuvo una posesión altísima, pero llegaba a duras penas al área de Oblak, aunque también dispuso de alguna ocasión para adelantarse en el marcador.

En la segunda parte el panorama cambió. El Sevilla le perdió por completo el respeto a su rival y fue a por el partido, poniendo a prueba a Oblak en varias ocasiones. Las más claras fueron de Nasri, al poste, y de Vitolo, cuya volea se estrelló en el guardameta esloveno.

Creo que Simeone se equivocó con los cambios al sustituir a Carrasco y Gameiro por Tiago y Fernando Torres. Al principio la jugada le salió bien, ya que la entrada de Tiago frenó las acometidas sevillistas y le dio el control del centro del campo durante unos minutos. Sin embargo, perdió mucho poder ofensivo, ya que Fernando Torres no le llega a Gameiro ni a la suela del zapato y Tiago es un jugador de características muy defensivas. La entrada de Tiago me hizo pensar que Simeone daba por bueno el empate.

Sin embargo, una sensacional pared entre Vietto y N’Zonzi sirvió para librarse del muy poblado centro del campo colchonero. Con la defensa muy adelantada, ni Gabi ni Savic consiguieron dar caza al francés, que hizo una exhibición de poderío físico y batió, por fin, a Oblak, para poner el 1-0 definitivo.

Después se pondría el partido muy de cara, con la expulsión, por doble amarilla, de Coke. Aunque, como suele ser habitual, nos empeñamos en dar vida al rival con alguna que otra falta innecesaria, que, por suerte, no hubo que lamentar.

Fue un partido de poder a poder, donde todos los jugadores del Sevilla estuvieron a un gran nivel. Quizás sea injusto destacar a alguno de ellos, pero, si tuviera que elegir a uno, me quedaría con N’Zonzi. Estuvo acertadísimo en el pase, en el corte y, además, marcó el gol. Mucho me temo que, como siga así, mejor que nos vayamos concienciando ya de que será traspasado el próximo verano.

También me gustó mucho el partido que hizo Mercado, que, a veces, parecía un perro de presa siguiendo a su marcador, por cómo lo agobiaba; y también el partido que hizo Vietto, que incordió mucho a los centrales con su movilidad, dando, de nuevo, otra asistencia de gol.

El árbitro, Martínez Munuera, no me gustó nada, sobre todo en la primera parte. En la segunda estuvo mejor. Temí que expulsara a alguno de los nuestros, ya que mostró mucha facilidad para tarjetear a N’Zonzi, por una falta normal en el centro del campo, y a Nasri, por protestar.

Segundos en la tabla, por delante de equipos como el Atlético de Madrid o el Barcelona. Queda muchísimo, pues sólo estamos en la jornada 9. Hay que tener los pies en el suelo, pero hay que saborear y disfrutar el momento.

 

 

Celta 2 – Sevilla FC 2. Dos nuevas finales para el Sevilla FC

Otra final más de la década prodigiosa, la número trece, y la catorce podría ser la Supercopa de España, pues casi con toda seguridad el Barcelona será el campeón de Liga. Aunque yo espero que antes juguemos la final de la Europa League. Por ser positivos, que no quede.

El Sevilla comenzó muy serio, con orden, tocando el balón y sin precipitarse. En la primera parte, llegó a tener tres ocasiones claras de gol, siendo la más clara el cabezazo al poste de Carriço. A los 35 minutos llegó primer gol celtiña, obra de Iago Aspas y que daba un halo de esperanza a nuestro rival.

No obstante, la eliminatoria estuvo controlada en todo momento, aunque con el 2-0 llegó algo de intranquilidad, porque un tercer gol podría ponernos en apuros. Pero Banega sentenció, o resentenció, la eliminatoria sólo dos minutos después, definiendo con mucha clase. El argentino se marcó un partidazo, aunque en ocasiones llega a desesperar por su individualismo.

Inmediatamente después el Celta dispuso de un penalti que yo creo que no fue. Es más, creía que el mal árbitro que es Martínez Munuera iba a enseñar tarjeta amarilla a Guidetti por el piscinazo, pero, para mi sorpresa y la de Sergio Rico, señaló el punto de penalti. De hecho, Guidetti también creyó que le iban a enseñar amarilla y se levantó como un rayo para seguir la jugada y evitar la sanción. Además, físicamente es imposible que una entrada a ras de suelo, como era la de Sergio Rico, provoque que el delantero salga disparado hacia arriba.

Por fortuna, esta jugada no tuvo consecuencias, puesto que Sergio Rico sólo vio amarilla y Guidetti estrelló el balón en el poste. Peor aún fue el otro error grave del árbitro: la tarjeta amarilla que le mostró a N’zonzi, en el minuto 88 y que le impedirá jugar la final. Desde mi punto de vista, no fue ni falta, pero, si lo era, en ningún caso merecería tarjeta. No contento con eso, Martínez Munuera, una vez finalizado el partido, le enseñó la segunda amarilla y lo expulsó, supuestamente, por protestar. Por un lado, ya hay que ser miserable para expulsar a un jugador por eso, pero por otro lado, N’Zonzi ya se debería de haber dado cuenta de que los árbitros españoles no tienen absolutamente nada que ver con los ingleses. Aquí son más chulos que un ocho y no suelen tener respeto por los jugadores. Bueno, más bien, con algunos jugadores, con los que no pertenecen a los considerados por la prensa como «grandes».

Los otros apercibidos, Rami y Kolo, no vieron ninguna amarilla y podrán disputar la final. Pienso que, dada la ventaja que llevaba el Sevilla, fue una temeridad hacerlos jugar, porque, sobre todo, la baja de Rami habría sido muy importante.

En la recta final, Vitolo hizo un jugadón para asistir a Konoplyanka, que machacó a placer, logrando el empate a dos definitivo. Tuvo mérito la jugada, porque a esas alturas el terreno de juego era una piscina y costaba mucho hacer rodar el balón.

Ahora queda lo más difícil: derrotar en la final al que probablemente sea el mejor equipo del mundo. Dificilísimo, pero a un solo partido tenemos más posibilidades. Ojalá sea el 22 de mayo, domingo. Significará que habremos jugado la final de la Europa League.