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Decepcionante Supercopa de Europa

Soy realista, y sé que era prácticamente imposible ganar la Supercopa de Europa. El Real Madrid, como no puede ser de otra manera es muy superior. Baste el dato de que el costo de uno de sus fichajes multimillonarios, de esos que repiten cada año gracias al dinero robado a los otros clubes de la Liga, supera el presupuesto del Sevilla. Así pues, para ganar la Supercopa era necesario hacer un gran partido, lleno de concentración y acierto.

Pero no fue eso, no mucho menos, lo que presencié. Lo que vi fue un Sevilla timorato, demasiado consciente de su inferioridad, e incluso con falta de garra. Y sobre todo, un Sevilla falto de calidad, sobre todo en la zona ancha y en los laterales . Sus mejores jugadores fueron Denis Suárez, Fazio y Beto, a pesar de que éste último debió atajar el segundo gol.

Denis Suárez parece un buen jugador –habrá que verlo más–, pero no puede ser, en ningún caso, el que tire del carro. Es un chaval muy jóven y falto de experiencia. Tiene una gran visión de juego, pero físicamente no es muy fuerte, lo que le hace perder la gran mayoría de balones divididos.

Desde luego, esperaba mucho más del Sevilla en el día de ayer. Esperaba que salieran a morder y se lo pusieran mucho más difícil al Madrid. Quizás el equipo de la capital viera allanado el camino por el planteamiento de Emery, demasiado defensivo.

Por otro lado, no acabo de ver a Carriço en el centro del campo. Creo que ahí no es donde mejor rinde el portugués. Encima, Bacca estuvo desaparecido, lento y, posiblemente, bajo de forma.

También esperaba que para la Supercopa estuviera el sustituto de Rakitic. A diez días del primer partido de liga, aún no ha llegado. Aún hay tiempo, pero ya muy poquito. Monchi no puede dormirse en los laureles, y menos ahora, que hay dinero fresco, al volar otro canterano rumbo a la Premier League, la mejor liga del mundo.

Tiene mucho trabajo Monchi, porque ayer se vieron muchas carencias, sobre todo en la creación de juego.

Mucho que mejorar y, además, en poco tiempo. Pero Monchi ya ha demostrado de lo que es capaz, y estoy seguro de que volverá a acertar.

Mis sensaciones de cara a la Supercopa de Europa

Se aproxima una de las citas más importantes del año, la Supercopa de Europa, y mis sensaciones son muy parecidas a las que tuve cuando jugamos la Supercopa contra el Barcelona. Aquel Barcelona era impresionante, y reinaba en Europa con una facilidad pasmosa. Lo normal era que goleara a sus rivales. Yo viajaba a Mónaco convencido de que era casi imposible traernos la copa, a no ser que hiciéramos un gran partido, de principio a fin. Y se hizo. Vaya si se hizo. Y porque el Barcelona tuvo suerte. Recuerdo especialmente el jugadón de Antonio Puerta. Si llega a entrar… se cae el estadio.  La zona de los sevillistas, claro, porque la de los culés parecía un funeral.

Para el partido del día 12, contra el Real Madrid, tengo la misma sensación. Este Madrid no es tan buen equipo como aquel Barcelona, pero igualmente está a años luz de nuestra plantilla. Con lo cual, lo normal y lo lógico es que salgamos derrotados de Cardiff. Mi esperanza es que en el fútbol no siempre la lógica se impone.

Me encanta que no aparezcamos en las noticias absolutamente para nada. Creo que nos vendrá muy bien pasar desapercibidos, como si fuéramos totalmente inofensivos y no contáramos para nada. Ojalá sea así hasta el día del partido. Por tanto, no me ha gustado nada que salga Emery advirtiendo a quien quiera oírle: “Este equipo es capaz de ganar al Real Madrid”. Pues claro que es capaz de ganar al Madrid, y a cualquiera, siempre que se hagan las cosas bien.

Veremos a ver qué equipo ponemos en liza en Cardiff. Seguro que será lo suficientemente competitivo como para, al menos, dar un quebradero de cabeza al actual Campeón de Europa. Parece que el equipo está fuerte en defensa y funciona como conjunto. El juego en equipo debe imponerse ante las individualidades del Madrid. Aunque aún tenemos bastante que mejorar, nuestro rival tiene el mismo problema.

Me habría gustado que ya estuviera en el plantel el centrocampista ofensivo, pero parece que habrá que esperar aún bastante para verle enfundado con nuestra camiseta.

Estuve en las dos anteriores Supercopas, pero, lamentablemente, no podré estar en esta. No tendré más remedio que verlo por la televisión, donde se sufre más. Probablemente le quitaré el sonido, para no tener que escuchar tonterías y comentarios parciales.

El día 12 tenemos un partido para saborear. Hay que ir a por ellos desde el principio, pero con nuestras armas: trabajo, concentración y un mínimo de acierto. Será un gran éxito conseguir un nuevo título, pero si no fuera así, no debería considerarse un fracaso. Jugar una Supercopa está al alcance de muy poquitos equipos.

Suerte a los que vayáis, y que disfrutéis del partido, del ambiente, de Cardiff, y, cómo no, de nuestro Sevilla.

Derechos de TV: Real Madrid y Barcelona pretenden seguir robando

El Real Madrid ha sacado a concurso su nuevo contrato televisivo y rechaza, como es lógico y era de esperar, el reparto centralizado de los derechos de televisión.

Entiendo perfectamente la postura de Madrid y Barcelona, puesto que no quieren perder sus privilegios económicos. Es normal que quieran seguir cobrando 140 millones de euros sólo en concepto de derechos de televisión. También es normal que únicamente tengan en cuenta sus propios intereses y quieran hacerlo a costa de los demás equipos, los cuáles, en el peor de los casos, tienen que hacer encajes de bolillos para poder subsistir, y, en el mejor de los casos, vender a sus mejores jugadores para cuadrar presupuestos.

Es normal que a los dos pudientes les dé lo mismo que tal o cual equipo desaparezca o pierda la categoría. Lo que no veo normal, en absoluto, es que los 18 equipos restantes no se planten en serio y amenacen con no jugar la liga hasta que haya un reparto de derechos televisivos justo. Es evidente que Madrid y Barcelona deben cobrar más que el resto, pero no tantísimo.

No me cabe en la cabeza que los Presidentes de esos 18 equipos no reclamen lo que es suyo. Si lo hicieran, y siempre que supieran gestionar los nuevos ingresos, podrían aspirar a grandes logros. Posiblemente, cualquier equipo de mitad de la tabla, con un poco de ambición y acierto, podría ponerse como objetivo entrar en Europa. Tal y como están las cosas actualmente, eso es imposible. Sólo pueden aspirar  a mantener la categoría y a tener la menor pérdida económica posible… hasta que bajen  a Segunda.

Mientras tanto, esos Presidentes contemplan, atónitos y timoratos, cómo Madrid y Barcelona se gastan todos los años 70,  80  o más de 90 millones de euros en sólo un jugador. Y lo peor es que parece que les da igual, puesto que no son capaces de mover un solo dedo para cambiar la situación establecida. ¿No se dan cuenta de que gran parte de ese dinero que se llevan por la cara Madrid y Barcelona, les corresponde?

De no cambiarse la situación, seguiremos estando condenados a la ya conocida Liga de mierda, donde Madrid o Barcelona pelean por superar los 100 puntos, mientras diez equipos pelean por mantener la categoría y sólo unos cuantos por las restantes plazas europeas. Esta temporada pasada ha habido una excepción, pero considero que ha sido totalmente casual. El Atlético ha ganado la liga porque se han empeñado en meter a un tercero en discordia, a base de favores arbitrales, y, sobre todo, porque tanto el Madrid como el Barcelona se han desinflado en las últimas jornadas, haciendo un final de liga verdaderamente lamentable. Obviamente, el Atlético tiene un gran equipo, pero no lo suficiente como para ganar la liga. Sólo un cúmulo de circunstancias, que será complicado que vuelvan a darse,  lo ha hecho posible.

Si queremos tener una liga de primer nivel, al estilo de la Premier inglesa, donde cada partido es un espectáculo, sólo hay una opción: que los 18 equipos restantes, o una gran mayoría de ellos, se planten y amenacen con no empezar la competición hasta que haya un reparto de los derechos televisivos justo.  Está más que demostrado que contra los dos grandes –grandes ladrones, diría yo–las buenas maneras no sirven. Sólo una posición de fuerza y contundencia los puede “convencer” de que la máxima competición nacional no puede seguir siendo una pantomima.

¿Hasta cuándo vamos a seguir así? Porque el cambiar la situación, aunque pueda parecer lo contrario, no depende de los dos equipos más laureados de la liga, sino de los otros 18 restantes.

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El Sevilla FC se alza con la primera Copa del Rey de Felipe VI

Nuevo título conseguido por los juveniles, División de Honor, del Sevilla FC. En el día de ayer consiguió su sexta Copa del Rey.

Dio igual que el partido no fuera en terreno neutral, dio igual las numerosísimas e importantes bajas con las que el Sevilla afrontaba el encuentro, dio igual la excesiva juventud de nuestros jugadores, muchos de ellos aún en primer año, aunque parecieran veteranos sobre el terreno de juego… Al final, los chavales se trajeron un nuevo título para Sevilla.

No fue un buen partido. Desde mi punto de vista el Madrid fue mejor y llevó el peso del partido, aunque tampoco dispuso de muchas más ocasiones que el Sevilla. Claro, que esto fue mérito del buen planteamiento táctico del partido y del gran esfuerzo físico de nuestros jugadores. No era nada fácil maniatar a los jugadores madridistas, de gran calidad técnica muchos de ellos.

El gol sevillista fue conseguido, ¡cómo no!, por Juan Muñoz, el Goleador Mayor del Reino, al rematar una falta lateral perfectamente botada por Antonio Romero.

Ya en la segunda parte, el Madrid logró empatar, con gol de Aleix, prácticamente a la jugada siguiente de haber podido casi sentenciar la final el Sevilla, puesto que Matos estrelló el balón en el guardameta madridista, tras sensacional slalom por la banda.

Con los dos equipos rotos físicamente, se llegó a la tanda de penaltis, donde el héroe fue de Benacazón, y no de Soria, como dice su apellido. Nuestro portero Soriano hizo dos paradones que, unido al acierto de nuestros lanzadores, fueron suficientes para traernos la Copa.

Leí que en el once titular del Madrid había tres andaluces y tres jugadores madrileños. Por contra, en el once inicial del Sevilla todos eran andaluces, y ocho jugadores de la provincia de Sevilla. Sin duda, otro triunfo rotundo de nuestra cantera.

El árbitro no estuvo mal. En mi opinión, barrió, cuando pudo, para el Madrid, pero, más que nada, en faltas en el centro del campo que, felizmente, no fueron determinantes. Al menos, no fue como en la semifinal, donde el Sevilla tuvo que superar a un buen Barcelona y a un mal árbitro.

Lo único lamentable, y mucho, de la final fue la actitud de la Federación Española y de Mediapro.

Por parte de la Federación Española, por obligar o proponer que el partido se disputara en Las Rozas, no ofreciendo un terreno de juego neutral. Y por parte de Mediapro, por su actitud en la retransmisión del partido. La retransmisión de la señal no fue gratuita. Tanto el Madrid como el Sevilla tuvieron que pagar a Mediapro para que las aficiones pudieran ver el partido, pero parecía que allí sólo estaba el Madrid. Continuamente sacaban a Florentino y Butragueño en el palco,  y sólo al final, en la entrega de medallas –y supongo que porque no habría más remedio–, ya enfocaron a José Castro, Monchi y Emery.

Pero bueno, todo esto lo único que hace es que la alegría sea aún mayor.  Porque ¡vaya caritas que tenían algunos en el palco!

Felicidades, chavales. Felicidades, Sevilla. La fábrica de campeones sigue funcionando a todo ritmo.

La final de la Champions, un castigo divino

El paripé en el que se han convertido la Liga española y, en estos últimos años, la Copa del Rey, me ha llevado a ver muy poquito fútbol, aparte del Sevilla Fútbol Club. Las excepciones son la final de la Liga Europa y los partidos de Champions, en su fase de eliminatorias. Y también la final de la Copa del Rey, siempre que no sea un Madrid-Barça.

Así que este sábado me senté a ver una de las finales de Champions menos atractivas para mí, puesto que se enfrentaban dos de los tres equipos que no soporto de la liga española. El otro es el Barcelona. Se supone que, como soy sevillista, al que no podría ver ni en pintura es al que dicen que es nuestro eterno rival: el Betis. Pues no, mi estómago se revuelve cuando nos tenemos que enfrentar al Madrid, Barcelona o Atlético de Madrid. Por este orden.

O eso, al menos, creía yo. Creía que mi equipo más odiado era el Madrid, quizás porque he visto, desde pequeño, cómo nos robaban partidos, de manera descarada y escandalosa; o quizás porque históricamente nos han quitado a nuestros mejores jugadores, y haciéndolo además con el dinero de la TV que pertenece, o debería pertenecer, a los demás equipos. O puede incluso que sea porque se han propuesto meternos al Madrid hasta en la sopa. Da la impresión de que aparte del bipartidismo político, también parece que se quiere imponer al Barça o al Madrid. La televisión nos bombardea todos los días con muchos minutos de información de estos dos equipos, por muy nímia y ridícula que sea. Menos mal que está el  mando a distancia como aliado para ayudarnos a evitar esta ingente y malintencionada información. Estoy seguro de que en ningún país ocurre lo que en España. No me imagino en Alemania, por ejemplo, que se lleven 10 o 15 minutos del Telediario –o como se llame allí– hablando del Bayern de Munich. En fin, supongo que tenemos lo que nos merecemos, como se suele decir.

El partido en sí, me pareció bastante malo. En ningún momento daba la impresión de que uno de ellos fuera a proclamarse como el mejor equipo de Europa. Se trata de un partido tenso, con muy pocas ocasiones de gol, al que sólo salvaba la emoción por el resultado. Incluso el 0-1 llegó tras una estrepitosa cantada de Casillas, en la que fue, si no recuerdo mal, la única ocasión que tuvo el Atlético de Madrid.

Pero lo que más me llamó la atención es que me vi queriendo que ganara el Madrid el partido. Y eso era verdaderamente impensable para mí. Obviamente, no podían perder los dos, y entre uno y otro, prefería que se llevara la Copa el Madrid. Era la constatación de que, hoy por hoy, es el Atlético de Madrid el equipo que menos soporto.

Lógicamente, ahora tenía que buscar la explicación, el porqué de ese odio. Puede que sea porque el Atlético es un club que históricamente también ha disfrutado de favores arbitrales –como en la liga que nos birlaron– . O puede que sea porque es cómplice necesario de esta pantomima de liga, o liga de mierda, donde se permite que Madrid y Barcelona arramplen con la inmensa mayoría de los derechos televisivos, condenando al resto de los clubes a pasar penurias o hacer encajes de bolillos para salvar su economía. O quizás sea por los cánticos de “sevillanos, yonquis y gitanos”, o el infame  e inhumano “ea, esa, ea Puerta se marea”, que, por supuesto, queda, año tras año, impune, con la venia arbitral, que hace oídos sordos y nunca –qué casualidad– los recogen en las actas de los partidos.

Hay que admitir que el Atlético de Madrid tiene un buen equipo y un buen entrenador. Aunque Simeone cometió un error gravísimo en la final de Champions, al darle la titularidad a Diego Costa –el jugador más antideportivo de la liga, junto con Pepe–, sabiendo que estaba lesionado. Eso llevó realizar el primer cambio a los ocho minutos de juego. Y eso, aunque en ningún sitio se critique, en un partido donde puede haber prórroga y penaltis –como así ocurrió–, es un error imperdonable. Pero Simeone es un buen entrenador. Tampoco es que sea una maravilla. Su mayor virtud es que ha sido capaz de hacer que sus jugadores se esfuercen hasta la extenuación y jueguen como equipo. Si ha ganado la liga es porque Diego Costa y, sobre todo, Courtois –para mí, el mejor portero del mundo– le han sacado las castañas del fuego en muchísimas ocasiones. Y tampoco podemos olvidar que una de las claves de que el Atlético ganara la liga es que alguien se ha empeñado en que esta liga 2013-2014 no fuera cosa de dos. Y ese invitado, ese tercer aspirante al título, ha sido el Atlético, que a base de favores arbitrales fue capaz de llegar con opciones al título de liga.  Claro que con lo que nadie contaba es que, tanto Madrid como Barcelona, hicieran un final de temporada tan desastroso, incapaces de ganar partidos clave, a pesar de tenerlo todo a favor.

El Atlético de Madrid hizo una final de Champions muy digna, se esforzó al máximo, como es habitual en ellos. No hicieron un buen partido, pero eso  no es necesario para ser campeón. Defensivamente estuvieron bien, pero el Madrid, en líneas generales, fue superior.

Merecida o inmerecidamente, lo cierto es que el Atlético de Madrid llegó al minuto 93 por delante en el marcador. Y cuando parecía que ya había un campeón, cuando parecía que esos magníficos centrales y portero, como son Miranda, Godín y Courtois, despejarían cada balón que rondara el área, llegó el gol del Madrid. Y llegó precisamente por obra y gracia de un yonqui y de un gitano, por obra y gracia de un amigo de Puerta.

No me cabe en la cabeza mayor dolor deportivo –ni siquiera un descenso– que estar acariciando con los dedos el título deportivo más importante, la Champions, y perderla en el último suspiro. Es cierto que después quedaba la prórroga, pero estaba claro que, con el mazazo anímico que se había llevado el Atlético y el hecho de que estaban fundidos físicamente, serían presa fácil para el Madrid, que además se había mostrado superior.

Al Atlético se le fue el título más deseado cuando más fácil lo tenía, y por las formas y por el autor del gol que daba vida a uno y mataba al otro, no pude evitar pensar que era un justo castigo. Un castigo divino.

¿Cómo se dice “vete a la mierda” en croata?

Porque eso es lo que yo le diría al hermano de Rakitic, e incluso a Rakitic –al final se hace lo que él diga–, si lo que publica hoy Muchodeporte es cierto.

Es decir, hay acuerdo total con el representante y con el jugador, a falta de firma. Se mete el Madrid por medio, y ahora Dejan Rakitic dice aquello de “Donde dije digo, digo Diego”. Pues no. Mal haría el Sevilla en renegociar lo ya negociado. Si Dejan Rakitic no sabe lo que es la seriedad, el Sevilla debe ser un ejemplo de ello. O se firma lo acordado, o no se firma nada. Se olvida la renovación y se trasapasa a Rakitic en verano, que es algo que todos sabemos que acabará sucediendo, haya renovación o no.

Supongo que no sería un problema encontrar un buen comprador para el croata, dado el sobrasaliente rendimiento que está dando esta temporada. Apuesto la mano derecha de otra persona –jamás lo haría con la mía– que a final de temporada se pelearán varios clubes, de los mejores de Europa, por nuestro jugador. Sé que Rakitic está en su último año de contrato, por lo que, a priori, el Sevilla no cuenta con la mejor posición para negociar una venta. Pero también sé que una subasta entre equipos de alto poder económico alcancaría cifras escandalosas. Y a esta clase de equipos no les gusta esperar ni un mes, así que mucho menos un año. Sólo hay que ver la barbaridad que pagó el equipo de Florentino por Illarramendi: 38’9 millones.

La pregunta que surge es evidente. Si Illarramendi costó 38’9 millones, ¿cuánto cuesta Rakitic? En mi opinión, si Rakitic va finalmente acaba recalando en el Madrid, si el traspaso no supera esa cantidad, sería una mal venta.

Yo este tema lo veo claro: o se firma lo ya pactado, o no se renueva y se vende a Rakitic en verano, sin tener que atenernos a una cláusula de rescisión absurdamente baja.

Y a Rakitic, y a su representante, que le vayan dando.

 

Final de la Copa del Rey Madrid-Barcelona, tal y como quería la Federación

Últimamente le ha dado a la Real Federación Española de Fútbol por manipular el sorteo de la Copa del Rey, con la finalidad de que ni Madrid ni Barcelona se enfrenten entre ellos, hasta llegar a la final. Dado el poderío deportivo y económico de estos dos clubes, junto con las cada vez más descaradas ayudas arbitrales que reciben un partido sí y otro también, hubiera sido un milagro que la final de la Copa del Rey no fuera un Madrid-Barcelona.

Esta manipulación a mí me indigna sobremanera y es la culpable de que haya perdido la ilusión en un torneo que me ha hecho pasar grandes momentos en las finales de Madrid (contra el Getafe) y Barcelona (contra el Atlético de Madrid). Por ese motivo, tampoco me preocupó en demasía que nos eliminara el Racing, puesto que este Sevilla es muy complicado que fuera capaz de eliminar a Madrid o Barcelona a doble partido, por las circunstancias que todos sabemos.

Lo que es evidente es que a la Federación lo único que le interesa es el dinero. Esto ya quedó meridianamente claro cuando Villar quiso llevar la final de la Supercopa de España a China. Y si esto no se llevó finalmente a cabo, fue únicamente porque ni Madrid ni Barcelona dieron su visto bueno.

Como se puede ver en este artículo del diario Expansión, el principal ganador, a efectos económicos, de una final entre los dos mastodontes del fútbol español es la Federación. Aunque el artículo en cuestión data de 2011 –hace poco más de tres años–, verdaderamente se puede decir que nada ha cambiado desde entonces. Si acaso, en que las cifras a percibir serán mayores.

Por supuesto, no vi el partido de ayer entre Real Sociedad y Barcelona, pero me ha llamado la atención lo que publicó en Twitter Diego Ifrán, el jugador de la Real Sociedad:

“Qué impotencia siento, por la ilusión que había con la afición, con el equipo dando todo, etc, etc, esto es imposible. Hasta que no cambie la mentalidad (?) o no sé cómo llamarlo de los árbitros será imposible, o un equipo lleno de estrellas que no lleven los escudos de Barcelona o Madrid. No entiendo la mentalidad de los árbitros de pitar siempre “ante la duda a favor de los mismos, qué es miedo? Están obligados? Están comprados? Son hinchas? No entiendo, pena siento por eso y por el gran esfuerzo y deportividad que han mostrado mis compañeros plantando cara contra todo eso!! En fin… A seguir luchando contra todo eso… Orgulloso de que dejaron todo jugadores y afición hasta el min.90”.

Pues Diego, yo te diría que, probablemente, la actitud de los árbitros será motivada por todo lo que tú dices: los habrá que estén untados, los que tengan miedo o los que sean hinchas. La cuestión es que siempre salen ganando los mismos, y eso seguirá ocurriendo hasta que el resto de equipos no hagan frente a Madrid, Barcelona y a sus protectores: la Federación de Fútbol y la Liga de Fútbol Profesional. Es decir, que nada va a cambiar, al menos a corto plazo.

Por mi parte, haré lo único que, humildemente, pudo hacer: no veré la final de la Copa del Rey. Desde luego, para mí no es ningún esfuerzo, pues sólo veo las que juega el Sevilla. Y por supuesto, una final entre Madrid y Barcelona no me interesa en absoluto. Una lástima que no puedan perder los dos.