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En pocas horas, comienza otra liga de mierda

Está a punto de comenzar una nueva edición de la liga de mierda, ésa que dicen, supongo que jocosamente, que es la mejor del mundo. Como siempre, se la disputarán Madrid y Barcelona. No creo que vuelva a repetirse el sospechoso final de la pasada temporada, donde el Atlético de Madrid fallaba en las últimas jornadas, y también lo hacían el Madrid y Barcelona; donde el Atlético volvía a fallar, y, curiosamente, Madrid y Barcelona también, cuando es raro que lo hagan.

Después está el grupo que luchará por Europa: Atlético de Madrid, Athletic de Bilbao, Valencia (o Valimcia, como se le conoce ahora), Sevilla, y puede que Real Sociedad y Villarreal. Precisamente, este es el grupo que se puede considerar que son los principales culpables de que haya una liga de mierda, puesto que si estos equipos se plantan, se acabó el chollo del Madrid y Barcelona.

Y por último, el resto de equipos, que pintan muy poco, por su vergonzosa falta de ambición y que lucharán, como todos los años, por no descender.

El Sevilla, hoy por hoy, es toda una incógnita, puesto que, por diversos motivos, se le han ido varios de los mejores jugadores, y está por ver el rendimiento de los nuevos fichajes. Segunda plantilla casi nueva, en dos años. Un riesgo enorme, pero, a pesar de todo, espero que acabemos en posiciones europeas.

Está claro que la mejor liga del mundo es la Premier League, que es el ejemplo a seguir, pero que, hoy por hoy, parece un objetivo inalcanzable. Por desgracia, una liga justa sigue siendo una quimera.

Derechos de TV: Real Madrid y Barcelona pretenden seguir robando

El Real Madrid ha sacado a concurso su nuevo contrato televisivo y rechaza, como es lógico y era de esperar, el reparto centralizado de los derechos de televisión.

Entiendo perfectamente la postura de Madrid y Barcelona, puesto que no quieren perder sus privilegios económicos. Es normal que quieran seguir cobrando 140 millones de euros sólo en concepto de derechos de televisión. También es normal que únicamente tengan en cuenta sus propios intereses y quieran hacerlo a costa de los demás equipos, los cuáles, en el peor de los casos, tienen que hacer encajes de bolillos para poder subsistir, y, en el mejor de los casos, vender a sus mejores jugadores para cuadrar presupuestos.

Es normal que a los dos pudientes les dé lo mismo que tal o cual equipo desaparezca o pierda la categoría. Lo que no veo normal, en absoluto, es que los 18 equipos restantes no se planten en serio y amenacen con no jugar la liga hasta que haya un reparto de derechos televisivos justo. Es evidente que Madrid y Barcelona deben cobrar más que el resto, pero no tantísimo.

No me cabe en la cabeza que los Presidentes de esos 18 equipos no reclamen lo que es suyo. Si lo hicieran, y siempre que supieran gestionar los nuevos ingresos, podrían aspirar a grandes logros. Posiblemente, cualquier equipo de mitad de la tabla, con un poco de ambición y acierto, podría ponerse como objetivo entrar en Europa. Tal y como están las cosas actualmente, eso es imposible. Sólo pueden aspirar  a mantener la categoría y a tener la menor pérdida económica posible… hasta que bajen  a Segunda.

Mientras tanto, esos Presidentes contemplan, atónitos y timoratos, cómo Madrid y Barcelona se gastan todos los años 70,  80  o más de 90 millones de euros en sólo un jugador. Y lo peor es que parece que les da igual, puesto que no son capaces de mover un solo dedo para cambiar la situación establecida. ¿No se dan cuenta de que gran parte de ese dinero que se llevan por la cara Madrid y Barcelona, les corresponde?

De no cambiarse la situación, seguiremos estando condenados a la ya conocida Liga de mierda, donde Madrid o Barcelona pelean por superar los 100 puntos, mientras diez equipos pelean por mantener la categoría y sólo unos cuantos por las restantes plazas europeas. Esta temporada pasada ha habido una excepción, pero considero que ha sido totalmente casual. El Atlético ha ganado la liga porque se han empeñado en meter a un tercero en discordia, a base de favores arbitrales, y, sobre todo, porque tanto el Madrid como el Barcelona se han desinflado en las últimas jornadas, haciendo un final de liga verdaderamente lamentable. Obviamente, el Atlético tiene un gran equipo, pero no lo suficiente como para ganar la liga. Sólo un cúmulo de circunstancias, que será complicado que vuelvan a darse,  lo ha hecho posible.

Si queremos tener una liga de primer nivel, al estilo de la Premier inglesa, donde cada partido es un espectáculo, sólo hay una opción: que los 18 equipos restantes, o una gran mayoría de ellos, se planten y amenacen con no empezar la competición hasta que haya un reparto de los derechos televisivos justo.  Está más que demostrado que contra los dos grandes –grandes ladrones, diría yo–las buenas maneras no sirven. Sólo una posición de fuerza y contundencia los puede “convencer” de que la máxima competición nacional no puede seguir siendo una pantomima.

¿Hasta cuándo vamos a seguir así? Porque el cambiar la situación, aunque pueda parecer lo contrario, no depende de los dos equipos más laureados de la liga, sino de los otros 18 restantes.

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Otro episodio más de esta liga de mierda

Todavía tenemos los sevillistas reciente el robo clamoroso que sufrimos en el Nou Camp, a manos de Muñíz Fernández. No han pasado ni quince días, y el mismo elemento, el tal Muñíz Fernández, esta vez se ha cebado con el Elche.

El Elche puso contra las cuerdas al Madrid, hasta que intervino el árbitro. Para empezar, perdonó la expulsión a Sergio Ramos en el minuto 36 de partido. Y para rematar la faena, no se le ocurrió otra cosa que inventarse un penalti en el minuto 96 de partido, cuando había anunciado sólo tres minutos de añadido. Cómo habrá sido el robo que hasta incluso el diario AS, medio de comunicación madridista, titula la crónica del partido como “Chaladura de Muñíz en Elche

La liga española va de mal en peor: los mejores jugadores son traspasados a otras ligas, y ya se sabe de antemano que la competición se la disputarán Madrid o Barcelona, ya que la liga está diseñada para ello. No puede ser de otra manera, pues los dos equipos se llevan la mayor parte de los ingresos televisivos, tienen los mejores horarios y, si tienen algún problema para ganar un partido, ahí está el árbitro para echarles una mano, o dos, o las que hagan falta.

A mí esto me parece un escándalo, una vergüenza, se mire por donde se mire, y, por tanto, no sé a qué están esperando los restantes 18 clubes para poner fin a esta alteración de la competición. Porque antes le tocó al Sevilla, ayer al Elche, pero todos los equipos, tarde o temprano, pasarán por la piedra. Si hay que parar la competición, pues que se haga, pero no tiene sentido seguir con esta pantomima de liga. Una liga tan corrupta puede llevar a alejar a los aficionados de los estadios o incluso a acabar con la afición al fútbol.

Algo hay que hacer, y algo contundente, que tenga repercusión en toda Europa. Pero seguro que no pasará nada. Después de todo, esto no es nuevo, sino que lleva pasando desde siempre. Quizás ahora incluso con más descaro aún, porque hay más y mejores medios para evitar los desmanes arbitrales.

No sé qué gracia tiene el que Madrid o Barcelona tengan que ganar siempre, lo merezcan o no. Luego llegan a Europa, donde no tienen privilegios de ningún tipo, y le pintan la cara. Y yo que me alegro.

¿Y cuándo será el próximo episodio de esta liga de mierda? Pues pronto, en cuanto a algún equipo le dé por disputarle los tres puntos a cualquiera de estos mastodontes.

Garantizada otra liga de mierda para la temporada que viene

El inepto de Tebas, Presidente de la LFP, ha dicho que la próxima temporada seguirán los partidos televisados los viernes y los lunes, con lo cual, aficionados y clubes volverán a ser perjudicados. Pero, por supuesto, no todos los clubes se verán afectados, porque los dos de siempre seguirán con sus privilegios, y jugarían los lunes como algo excepcional; es decir, cuando le convengan a ellos.

Por lo que se ve, todo seguirá igual: los comités disciplinarios seguirán con sus absurdas sanciones –dos partidos por protestar–, y haciendo la vista gorda o entrando de oficio cuando les venga en gana, dependiendo del jugador a sancionar; los árbitros continuarán tomando decisiones incomprensibles, con fallos tan graves que son difíciles de explicar y que, por consiguiente, llevan a pensar que la competición no es limpia; y, cómo no, seguirá la enorme diferencia en ingresos de televisión, que está provocando que unos naden en la abundancia y otros tengan que hacer lo imposible por subsistir.

Es evidente que si el tercero y el cuarto clasificado están más cerca del farolillo rojo que del campeón de liga, es que algo no se está haciendo bien. Esto no parece preocuparle a nadie, pero lo cierto es que parece que estamos condenados a tener un campeonato de liga de lo más vulgar. De nuevo, la próxima temporada se decidirá en cuanto el Madrid y el Barcelona cobren una ventaja de siete puntos entre ellos. Ya que estos dos mastodontes económicos ganan con claridad casi todos los partidos, prácticamente, la liga queda sentenciada  tras haberse disputado los dos partidos entre ellos. De hecho, ya se sabía quién iba a ser el campeón de la liga de la temporada que aún está en juego desde hace muchos meses, y todo parece indicar que esto se volverá a repetir en los próximos campeonatos. El aficionado que busque emoción en la liga, tendrá que encontrarla en la lucha por no descender o para clasificarse para Europa.

Y cuando nuestros equipos vayan a Europa –donde a buen seguro no tendrán privilegios de ningún tipo–, tanto en la Europa League como en la Champions, lo más probable es que sean barridos por equipos de ligas más competitivas.

Y después se sorprenderán de que el aficionado no vaya al estadio. Si a la liga le quitas emoción, igualdad de trato –económico, arbitrajes y órganos disciplinarios– y le añades unos horarios demenciales, entonces, ¿qué es lo que queda? Pues, aunque sea malsonante, lo que nos queda es una liga de mierda. Así de claro.

El Comité de Incompetentes

El sevillismo está a la espera de la decisión del Comité de Competición en relación al caso Medel-Fábregas.

Las imágenes son contundentes y dejan bien claro que no hubo agresión por parte de Medel, que Fábregas fingió –para más inri, en el día del juego limpio– y que, por tanto, el chileno no debió ser expulsado. Si no fuera porque este Comité de Competición ha demostrado ya, en múltiples ocasiones, que está compuesto por juristas de total incompetencia y nulo sentido de la justicia, sería de esperar que a Medel le quitasen la tarjeta roja que le mostró Mateu Lahoz. Pero, lamentablemente, ya sabemos cómo funcionan las cosas en el fútbol español, con lo cual es lógico que haya expectación por saber la resolución de este caso.

El mal ya está hecho, porque los puntos volaron para Barcelona y ya no volverán, pero está en manos de estos elementos el corregir mínimamente el despropósito del árbitro valenciano o, por contra, rematar la faena. Como se decidan por esta última opción, sería una nueva tropelía de este Comité que supuestamente se dedica a impartir justicia. Y lo peor es que no le caería sólo un partido de sanción, sino varios, por ser Medel reincidente.

Lo que está claro que a Cesc no le va a pasar absolutamente nada, ni por provocar a un contrario ni por fingir agresión. Normal, si se juega en una liga de mierda y juzga un Comité de Incompetentes.

 

Por si no estuviera ya adulterada nuestra liga… Lo que faltaba.

La liga española es la peor de Europa, con diferencia, porque está adulterada desde el inicio. En mi opinión, nuestra liga es una competición de nivel bajo, pues no reciben igual trato todos los equipos que la disputan, algo que considero que es básico en todo torneo medio decente. La liga está claramente dirigida para que la ganen Madrid o Barcelona. Ellos son las estrellas, los que generan más dinero para la Federación y las televisiones, y, por tanto, reciben claros privilegios en ingresos por televisión, horario de los partidos, comités sancionadores, árbitros, y ahora ya, lo último, el calendario a la carta.

Y todo viene porque Mourinho puso el grito en el cielo la pasada temporada cuando se le acumuló la semifinal de Champions con el Bayern de Munich y el encuentro contra su archirival, el FC Barcelona. Encuentro éste que, como todo el mundo sabe, es el partido del milenio y consigue paralizar, durante 90 minutos, cualquier actividad en todas las galaxias del universo conocido y por conocer.

Demasiados partidos importantes en poco tiempo, aunque se tenga una plantilla plagada de super-mega-estrellas del balón. Y eso es algo que hay que solucionar. ¿Y cómo se soluciona? Pues fácil: con el calendario a la carta. Bueno, mejor dicho, con el calendario exclusivo o personalizado. Porque el calendario ya estaba manipulado de antemano. Hasta ahora se escogían unas fechas para los encuentros Madrid-Barcelona, buscando que no fueran demasiado pronto ni demasiado tarde, no fuera  a ser que la liga ya estuviera decidida. Lo que se persigue es conseguir la mayor audiencia posible.  Se entiende que el segundo partido entre estos dos equipos es el más decisivo para el título de Liga –lógicamente, con tantas ventajas, se da por hecho que la liga es para uno de ellos– y, por lo tanto, será el partido que más audiencia registrará de todo el campeonato, con lo cual se cuidará muy mucho que caiga en buena fecha. Así, este segundo partido no puede caer en las tres últimas jornadas, no fuera a ser que la Liga ya estuviese decidida, y, por supuesto, no se puede permitir que un Madrid-Barcelona careciera del más mínimo interés. También se intenta que su primer enfrentamiento no tenga lugar antes de las siete primeras jornadas, porque entonces sería demasiado pronto y no tendría gran incidencia en el devenir del campeonato. Y por si fuera poco, se intenta que no coincida con Navidad, ni en Semana Santa y, a ser posible, tampoco en el puente de mayo.

La verdad es que ya hasta me extraña que no intenten evitar que coincida el duelo con la conjunción de Venus y Júpiter. O igual también lo tienen previsto. Cualquiera sabe.

Y en la Copa del Rey, más de lo mismo. Lo que vende es una final entre los dos grandes, de manera que se intentará que no se crucen hasta la final. Y ya de paso, se asegura también una Supercopa de España entre ellos, que se juega a doble partido. Y si se tiene que llevar la Supercopa a China, para ganar más dinero, pues se lleva. Total, lo importante es la audiencia y el dinero, y no el aficionado, que cada día que pasa queda más claro que es lo de menos.

En fin, es lo que hay: el Madrid y el Barcelona reciben toda clase de mimos, y a los demás que les parta un rayo.

Estoy tan harto de esta liga de mierda –no tiene ya otro nombre– que, si no fuera porque soy un adicto al Sevilla, habría dejado de ver fútbol hace tiempo. Fútbol español, claro está, porque menos mal que, a los que nos gusta este deporte, aún nos queda la Premier League.

Otro episodio lamentable de esta liga tan putrefacta

Y es que el horario del Sevilla-Levante ha pasado de las 22 horas a las 22.30 horas. Como si no fuera ya bastante tarde, pues media horita más. Yo llegaré a mi casa a la una de la madrugada, pero no me quiero ni imaginar los aficionados que viajen de fuera de Sevilla.

¿Y a qué se debe esta falta de respeto al aficionado al fútbol? Pues a lo de siempre: la televisión, que es la que manda en todo este tinglado, quiere hacer un post partido del Barcelona-Madrid. Todo para oír las chorradas que tendrá que decir Mourinho, o su correveidile Karanka, o Guardiola, o quien sea. Y a los que no les guste ni el Barcelona ni el Madrid, que se aguanten.

De verdad que no entiendo cómo los demás clubes no se revelan y ponen fin a esta pantomima en que se ha convertido la liga española. ¿Llegará algún día a ser nuestra liga una competición seria, como es ahora mismo, por ejemplo, la Premier League? Por supuesto, es una pregunta retórica.

Excusarse en los árbitros

Dicen que quejarse de los árbitros es querer buscar excusas y que es de perdedores. Pues yo debo de ser un perdedor. Y también los dirigentes y entrenadores del Madrid, y del Barcelona. Estos, aunque parezca mentira, también se quejan. La diferencia es que estos equipos se quejan sin razón, pues son los grandes beneficiados y, por contra, el resto casi siempre salen perjudicados.

A mí me gustaría no acordarme de, por ejemplo, del gol anulado por un fuera de juego inexistente, en Málaga, ante un rival directo, o ante el Rayo Vallecano, en Vallecas, por el mismo motivo, pero al final me acabo acordando. Porque esos errores que cometen otros los acabamos pagando nosotros, con pérdida de puntos, y quién sabe si al final de liga esos goles birlados serán la diferencia entre conseguir plaza europea o no.

No obstante, el anular un gol por fuera de juego se decide en segundos, en jugadas rápidas, y, siendo bien pensados, podría entenderse que se equivocaran los árbitros; podría entenderse que tuvieran ese error de apreciación, si no fuera porque, curiosamente, tienden a equivocarse beneficiando a los mismos. Pero lo que hemos vivido los sevillistas en los dos últimos partidos es que no tiene nombre. Y si lo tiene, es un nombre muy feo y que no debería oírse en una liga medio decente.

No encuentro explicación de la forma en que nos han tratado los dos últimos árbitros, en los partidos contra el Atlético de Madrid y el Sporting de Gijón. No entiendo ese doble rasero que han tenido a la hora de señalar faltas y mostrar tarjetas. Los jugadores de estos dos equipos han duplicado o incluso triplicado nuestras faltas, algunas de ellas durísimas, merecedoras de tarjeta amarilla, como mínimo, y en algunos casos ni siquiera han señalado falta. Parecía que los jugadores rivales tenían patente de corso para hacer lo que les viniera en gana, hasta tal punto que el jugador que estaba amonestado, no tenía ningún inconveniente en hacer otra dura entrada, como pasó con Castro, Trejo o Gálvez, del Sporting, o Tiago, del Atlético. Y encima, a nosotros nos llueven las amarillas con una facilidad pasmosa. Ni siquiera es necesario que hagamos una entrada dura. Aunque la falta sea normalita y en el centro del campo, amarilla que te crió. O si no, por protestar, o por quejarse de que te patéen una y otra vez. A veces, incluso tengo la sensación de que nos enseñan tarjeta por equilibrar las que les muestras a nuestro rival.

No sé qué habremos hecho para que nos traten así, pero lo cierto es que este tipo de arbitrajes desquician a cualquiera. A ver si tenemos suerte y damos con un árbitro medio en condiciones –si es que lo hay–, que, al menos, sepa impartir justicia y corte el juego violento. Porque los jugadores del Sporting no es que rozaran la violencia, como he leído por ahí; es que fueron violentos, extremadamente violentos. Simplemente se aprovecharon de las facilidades del tal Estrada Fernández –ya no se me olvidarán esos apellidos–, que se dedicó a mirar para otro lado y hacer la vista gorda. El resultado fue que tenemos varios jugadores entre algodones. Y después de todo, hemos tenido hasta suerte, porque podría haber sido peor.

Yo no pido que nos arbitren como al Madrid o al Barcelona, porque, visto lo visto, eso es imposible, pero, al menos, que no nos machaquen. Bastante tenemos ya con aguantar la mala planificación de pretemporada, la venta de un jugador importante en plena temporada, errores incomprensibles de jugadores y entrenadores, como para, encima, tener que soportar los errores arbitrales.

Dicen que el Sevilla FC se queja de los árbitros en las instancias donde tiene que quejarse. Pues más nos vale que lo hagan ya, lo más pronto posible. Porque si no nos respetan ni un poquito, mal vamos.

También es verdad que no debería extrañarme del nivel de los arbitrajes, ya que están a la altura de una liga que es una verdadera porquería. La liga española es una competición manipulada, donde dos equipos pueden hacer prácticamente lo que les dé la gana. Sirva como ejemplo el clarísimo penalti que hizo Sergio Ramos en el último minuto del descuento del Betis-R. Madrid. No hay un penalti más claro que ése, a no ser que se Ramos se tire haciendo una palomita. Pues, casualmente, el árbitro fue el único que no lo vio, como suele ser costumbre. Pero lo que ya roza el esperpento es cómo la maquinaria madridista se ha puesto en marcha para convertir lo blanco en negro, para hacer ver que el clarísimo penalti no lo fue.

Lo que hay que aguantar en esta liga de mierda. Con todas las letras.