Del partido de hoy puede deducirse que mucho tendremos que mejorar atrás para poder plantar cara el jueves al Villarreal. En defensa, ya nos dejó las vergüenzas al aire la Real Sociedad y el Getafe, y hoy lo ha hecho el Deportivo. Porque no es que nos haya hecho tres goles –aunque el último ha sido cortesía del árbitro–, sino que también tuvo ocasiones claras de gol, como en el mano a mano de Lucas Pérez con Rico en la primera parte, o el balón al larguero de la segunda. Y es que el Sevilla defendió con poca intensidad y mal. Los dos primeros goles del Deportivo no deben nunca ser un problema para una buena defensa. Tampoco fue el mejor partido de Sergio Rico, que sigue con su manía de despejar hacia dentro, en lugar de córner. No nos costó otro gol por muy poquito. En el segundo gol, pudo hacer mucho más.
Los problemas defensivos también eran agravados porque Krychowiak, Iborra y Banega fueron amonestados a las primeras de cambio, y por faltas inexistentes o leves. Pero es el riesgo que se corre cuando enfrente tienes un árbitro tan pésimo como el cántabro José Antonio Teixeira Vitienes. Para finalizar, se lució en el tiempo añadido. Sólo dio un minuto, pero se jugaron tres, dando lugar a un penalti increíble: piscinazo descarado de Hélder Costa delante de sus narices, y va y se lo traga. Quizás porque ya estaba el partido sentenciado, pero quién sabe si ese gol nos puede fastidiar el goal-average a final de temporada. No me explico cómo Teixeira sigue en Primera División. Clara muestra del nivelito arbitral en España.
Afortunadamente, en ataque estuvimos a un buen nivel. Aprovechamos cuatro de las ocasiones de gol, pero fallamos tres ocasiones de ésas que no se pueden fallar en la vida –dos de Gameiro y una de Diogo–. Perdonamos mucho, pero, a pesar de eso, los tres puntos se fueron para Sevilla.
El hombre del partido, sin lugar a dudas, fue Vitolo. Partidazo el suyo, logrando tres goles –el último en colaboración con el deportivista Sidnei– y siendo objeto de un penalti que transformó Gameiro.
Victoria importante, pero que deja muy claro que tenemos que mejorar muchísimo en la retaguardia, porque equipos de la parte media-baja de la tabla nos están creando muchas ocasiones y goles. Y, evidentemente, siempre no vamos a poder marcar cuatro tantos para solucionar el desaguisado defensivo.