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Fin a una temporada notable, pero que debió ser de sobresaliente

Se acabó la temporada 2016-2017, una temporada de la que todo el mundo usa el término “agridulce” para referirse a ella. Parece un término apropiado, pues pienso que la gran mayoría de los sevillistas están contentos con el cuarto puesto obtenido, pero, al mismo tiempo, hay plena conciencia de que, de haber hecho las cosas medio bien en determinados momentos de las tres competiciones disputadas, habría podido ser una temporada histórica. Bueno, en realidad, lo ha sido, porque, desgraciadamente, no es muy habitual que quedemos clasificados en cuarta posición.

Y lo peor de todo, es que no ha sido de sobresaliente, más que nada, por torpeza, cuando el equipo iba disparado como un cohete.  La temporada de la torpeza, podría llamarse.

En la Copa del Rey se hizo un buen papel, hasta que tuvimos la mala suerte de enfrentarnos con el Real Madrid. A pesar de que Mateu Lahoz, con uno de sus desastrosos y malintencionados arbitrajes, dejó prácticamente sentenciada la eliminatoria en el Bernabéu, el equipo lo intentó siempre. Pero, como reza el dicho,  “lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible”. En esta competición, por tanto, nada que objetar.

En la Champions, también se cumplió, ya que se logró el objetivo marcado al principio de temporada, que no era otro que pasar la fase de grupos. Una vez logrado, nos tocó el Leicester City, un equipo fuerte, pero asequible. A mi modo de ver, el Sevilla fue bastante superior, pudiendo dejar la eliminatoria sentenciada en la idea. Caímos eliminados por torpes. Fallamos dos penaltis –uno en cada estadio–, estrellamos varios balones en los postes y convertimos a su portero –buen portero–, Schmeichel, en héroe nacional. En esta competición cometimos tres errores graves:

Primero: Subestimar al rival. Había excesiva confianza en que el Sevilla pasaría, pero el Leicester es un buen equipo, con tres o cuatro jugadores muy buenos, y si ganaron la Premier League fue por algo. El estuvieran tan mal clasificados, posiblemente ayudó a que no se le tuviera tanto respeto a este buen equipo.

Segundo: No ir a por el partido, desde el inicio, en el partido de vuelta. A la Champions hay que ir a por todas, desde el minuto uno hasta el final, y, sobre todo, está fuera de lugar el saltar al campo a verlas venir y con un planteamiento cobarde. El más torpe de los torpes fue Nasry, que cayó en la provocación de Vardy como un colegial y fue expulsado.

Y tercero y último: marcar la Champions como prioridad absoluta, dejando de lado la Liga. Hubo partidos donde se abusó demasiado de las rotaciones. El Atlético de Madrid no cometió el mismo error y aprovechó para recortar bastantes puntos que luego serían decisivos para perder la tercera plaza.

Y en Liga, pues se ha dejado pasar una gran oportunidad para conseguir plaza directa a la fase de grupos de la Champions. Se han dado un conjunto de factores para que perdiéramos la ventaja de nueve puntos que llegamos a tener con respecto al Atlético de Madrid. Resumiendo, dejando aparte la ya referida distracción con la Champions:

1.- Perder el partido en el Vicente Calderón. Incluso un empate nos habría venido muy bien, pero el equipo salió derrotado de inicio, sin ambición y con otro planteamiento cobarde de Sampaoli. Parecía que era el Atlético el que estaba por delante en la clasificación, cuando le llevábamos cinco puntos de ventaja. Además, perdimos el goal-average.

2.- Los arbitrajes. No se me olvida que, de nuevo, a la hora de la verdad, el Sevilla fue perjudicado en determinados momentos. Parece que los árbitros siguen sin tenernos respeto. Cuando ya teníamos al Atlético pisándonos los talones, en casa nos fueron anulados un par de goles que fueron legales. Cuatro puntos que volaron.

3.- La guerra Consejo Administración-Biris. Aquí no pudo haber más torpeza, por ambos lados. En primer lugar, por parte del Consejo al seguirle el juego a Tebas y Antiviolencia, yendo en contra de los suyos, de los Biris, con una injusta y absurda decisión de prohibir la entrada de banderas o pancartas con la palabra “Biris”. Y en segundo lugar, torpeza también por parte de los Biris, que no encontraron mejor forma de protesta que la de no animar. Si bien es cierto que no están obligados a animar, también lo es que, de no hacerlo, se pierde el ambiente que nos ha hecho casi imbatibles en nuestro estadio, y, por tanto, se perjudica al equipo. De nada sirvió el llamamiento de los propios jugadores.

4.- La salida de Monchi. Decía Monchi, y con toda la razón del mundo, que nunca había un buen momento para irse. Pero yo creo que sí hay momentos mejores y otros peores. Y con el equipo jugándose el objetivo en Liga, no parecía el momento ideal. Por ejemplo, ahora habría sido un buen momento. Pienso que tampoco benefició al equipo que se hablara continuamente, día sí y día también,  de la salida de nuestro Director Deportivo.

5.- El affaire Sampaoli-AFA. Sin duda, tampoco ha venido bien el hecho de que el entrenador no esté cien por cien concentrado en el equipo y tenga la cabeza en su próximo proyecto, que, por lo visto, era su sueño de toda la vida. No me parece serio que, con contrato en vigor, se haya estado dedicando a hacer la lista y a reclutar el personal de confianza que tendrá con su Selección.

Alguno de estos factores habrán influido más que otros, pero todo ha sumado.

En definitiva, me parece normal que haya sevillistas que estén algo defraudados con ese cuarto puesto que, a decir verdad, tiene muchísimo mérito, y más aún si tenemos en cuenta todos los obstáculos a los que nos hemos tenido que enfrentar. Pero, obviamente, no es lo mismo estar toda la temporada quinto y después, a última hora, conseguir el cuarto puesto, que estando tercero y, en la recta final, quedar cuarto. Se consigue la misma meta, pero las sensaciones son distintas.

A ver cómo se da la próxima temporada, la 17-18, donde espero que se corrijan todos los errores que se han cometido en esta, que han sido muchos, pero que no han evitado que haya sido, una vez más, exitosa.

 

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