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Osasuna 3 – Sevilla FC 4. Victoria con signos de campeón

Hoy el Sevilla ha vuelto a dar una buena muestra de tener mentalidad ganadora, de tener mentalidad de campeón. Ha ganado en El Sadar, un estadio dificilísimo, porque el Osasuna, a pesar de ser el colista, es un equipo que se esfuerza al máximo. No para de presionar, agobiando al rival, y es especialista en el juego directo. Su estilo es rudimentario, con poca técnica y abusando de voleones –un jugador incluso levantó un balón que le llegaba raso, para dar un voleón– pero a la menor oportunidad cuelga el balón en el área, y tiene jugadores, como Oriol Riera, que ha sido un auténtico incordio. Este jugador va bien por alto y es rápido y corpulento, siendo un buen quebradero de cabeza para nuestros centrales, y, además, tiene facilidad para marcar ante el Sevilla.

El Sevilla también fue capaz de remontar hasta en dos ocasiones un marcador adverso. La primera de ellas llegó bien pronto, al cuarto de hora de partido, en una jugada donde el mal estado del césped fue decisivo, ya que Mercado no pudo perseguir a su par, debido a un inoportuno resbalón. A continuación llegaron momentos difíciles, donde el Sevilla pudo encajar el segundo. Afortunadamente, Sergio Rico hizo un partidazo y nos salvó de un marcador que habría sido muy complicado de superar. Hasta tres intervenciones de mérito realizó nuestro canterano durante el partido.

Al filo del descanso llegó el empate, obra de Iborra, a pase de Jovetic. Nos íbamos a vestuarios con la importancia de hacer un gol sicológico que nos daba la oportunidad de empezar de cero y borrar la mala imagen de la primera parte.

Pero estaba claro que no era nuestro día. A falta de poco menos de media hora de partido, Iborra no despeja bien, golpeando el balón con la pantorrilla, con la mala suerte de que la coló en su propia portería.

De nuevo, el Sevilla volvió a hacer gala de su capacidad de reacción, pues sólo habían transcurridos dos minutos de juego, cuando Iborra se quitó la espina y logró marcar el gol del empate.

Y entonces es cuando llegamos al momento crucial del partido: Sampaoli huele sangre y hace un cambio muy ofensivo, retirando a Mercado y dando entrada a Pablo Sarabia. Este cambio no pudo ser más acertado, pues Sarabia asistió a Vázquez en el tercer gol y marcó el cuarto, que sentenciaba el partido, de un disparo fuerte, raso y ajustado.

El tercer gol fue polémico y muy protestado por los jugadores de Osasuna. En directo no vi nada, ya que es una jugada difícil de ver. Pero en la repetición se aprecia claramente que Vázquez empuja a Oriol Riera levemente. ¿Suficiente como para señalar falta? Pues es difícil de calibrar, hasta el punto de que no sé si el árbitro no lo vio, o, simplemente, le pareció que no fue falta. Desde luego, lo que sí tengo clarísimo es que, si hubiera sido al revés, ningún árbitro habría señalado penalti.

Me parecen exageradas las protestas de Osasuna. Sacar un comunicado anunciando una queja formal, sólo por esa jugada y un fuera de juego, es desproporcionado. Me pregunto qué habrían hecho si hubieran sufrido el arbitraje de Mateu Lahoz en el Bernabéu o el de Mark Clattenburg en el Ramón Sánchez Pizjuán ante la Juventus.

Sí es verdad que Estrada Fernández estuvo muy permisivo con las protestas de los jugadores rojillos. Normalmente, cuando las protestas son tan desaforadas y visibles, con gestos y gritos, los árbitros son implacables y muestran amarilla. Estrada podría haber expulsado a más de uno si hubiera querido.

Por cierto, no sé si que yo no soy objetivo, pero me sigue pareciendo que a los jugadores del Sevilla le sacan amarilla con mucha facilidad y los jugadores contrarios pueden cortar contragolpes con agarrones o patadas y no les pasa absolutamente nada. Aunque igual son cosas mías.

Lo que menos me gustó fue la falta de concentración tras el 2-4, que provocó que en la última jugada del partido se le permitiera a Osasuna central al área para que Kodro lograra el 3-4 definitivo a placer. Y es que no es lo mismo ganar por uno que por dos goles. Hay que cuidar el goal-average, porque podría ser decisivo a final de temporada.

El Sevilla finaliza la primera vuelta como segundo clasificado, y eso tiene muchísimo mérito. Ya hasta ganamos en Pamplona, un estadio complicadísimo por el ambiente y el estilo de juego del rival, y lo hacemos en un patatal y remontando hasta en dos ocasiones el marcador. Y lo que es más importante: buscando la victoria en todo momento.

Ahora hay que seguir la racha en Barcelona, con el objetivo de seguir acumulando puntos para la complicada segunda vuelta, donde tendremos que visitar estadios tan difíciles como el Bernabéu, Nou Camp, Calderón o Mestalla. Esto hará casi imposible que volvamos a repetir los 42 puntazos que tenemos en esta segunda vuelta. Pero, por intentarlo, que no quede.

Lo que sí está claro es que conseguir la Liga es imposible. El Madrid volvió a ganar gracias a un gol en fuera de juego, en esta ocasión de sólo tres jugadores. Y así, evidentemente, no hay nada que hacer.

 

Sevilla FC 1 – Betis 0. Sin buen juego, pero arriba en la tabla

Derbi de los antiguos, de los de mucha tensión y poquísimo juego. Fue la clase de derbi que ya casi tenía olvidado. El de ayer no fue dominado de principio a fin por el Sevilla, ni ejerció una superioridad brutal como para avasallar al rival. Sí fue superior, pero es que el Betis no tiene nada. Me dio la impresión de que el Sevilla le tuvo mucho respeto, demasiado, y ese respeto me pareció injustificado, porque el equipo verdiblanco apenas creó peligro y mostró un fútbol vulgar desde el pitido inicial, con violencia, marrullería y perdiendo todo el tiempo posible. Para ellos, un empate era como una victoria.

No pude evitar acordarme de los que se fueron. Pensé que con Banega, Reyes, Krychowiak y Gameiro, el rival no habría durado ni quince minutos. Hasta ahora, parece que sus sustitutos ni se le acercan en calidad, pero está claro que esto no ha hecho más que empezar y que tendremos que seguir armándonos de paciencia, a la espera de que el equipo se conjunte, de que los jugadores sigan cogiendo su mejor forma y que los llamados a marcar diferencias –Nasri, Ben Yedder, Ganso, Vázquez…– den un paso al frente.

Al menos, mientras esto llega, vamos llenando el zurrón de puntos, que no es poco. Más preocupante sería que no llegara ni el buen juego, ni los puntos. Cinco jornadas y ahí estamos, arriba en la tabla, logrando once puntos de quince posibles.

El partido fue muy malo, por parte de los dos equipos. El Betis salió a hacer su juego, consciente de sus limitaciones, con muchas faltas y perdiendo tiempo a destajo. En el primer tiempo hubo muy pocas ocasiones, disparando sólo el Sevilla entre los tres palos, y sólo una vez. El Betis intentó sorprender al contragolpe y a balón parado, pero sin éxito.

En la segunda parte, el Sevilla puso un pelín de más intensidad y pronto, a los cinco minutos, a raíz de una falta, llegó el único gol del partido. La falta, aparentemente, no tenía peligro, porque era demasiado frontal, pero la defensa bética estuvo muy poco contundente y el balón acabó dentro, a pesar de que Mercado apenas rozó el balón.

El Sevilla siguió insistiendo y pudo conseguir el 2-0 en varias ocasiones, pero los defensas verdiblancos acabaron abortando las ocasiones in extremis. Adán tuvo poco trabajo, pero Sergio Rico se aburrió de lo lindo. Sólo tuvo que hacer una intervención, a disparo de Castro desde lejos.

Parece ser que en todos los partidos tenemos que regalar ocasiones, de forma absurda, en la salida del balón. De haber estado otro equipo enfrente, las pérdidas de Nasri o N’Zonzi podrían haber costado muy caras. Por cierto, Nasri casi la lía. Este chaval no está bien de la cabeza. Se buscó una tarjeta tonta y casi lo expulsa el árbitro por encararse y pegarse frente con frente con un rival. Si el jugador llega a hacer como el impresentable de Cesc Fábregas y le hubiera echado teatro, seguramente nos habríamos quedado en inferioridad.

El árbitro no contentó a nadie. Por el lado bético porque le anuló un gol. Bien anulado, por cierto. Porque,  ¿dónde se ha visto que el Betis le haga un gol al Sevilla? Ya en serio, tienen razón en quejarse, porque el gol era perfectamente legal. Para una vez que nos hacen un gol, van y se lo anulan. Mala suerte.

Por el lado sevillista las quejas llegaron por pitar alguna que otra falta inexistente, por cortar el balón involuntariamente –hasta en dos ocasiones. Curioso que Estrada Fernández no sepa que debe seguir la jugada por detrás del balón–, por perdonar varias tarjetas amarillas y por un penalti no señalado a Iborra.

Derbi para olvidar. Lo mejor es que se consiguieron tres puntos y se mantuvo, una vez más, la puerta a cero, dando sensación de fortaleza defensiva. Lo peor es que el Sevilla sigue sin encontrar su juego, crea muy pocas ocasiones de gol, y sigue perdiendo balones en zonas muy peligrosas del centro del campo.

La próxima visita es en San Mamés, ante un rival que se presupone directo. Está claro que tendremos que mejorar muchísimo si queremos puntuar allí.

 

 

R. Madrid 4 – Sevilla FC 0. Todo sigue igual lejos de casa

Nada cambia. Fuera del Ramón Sánchez Pizjuán volvimos a ver a un Sevilla sin intensidad y sin creer en la victoria. Sólo cinco minutos buenos, que fueron un espejismo, porque al sexto abrió el Madrid el marcador, en la primera ocasión que tuvo. Y no se pudieron dar más facilidades, tanto en el centro al área –pasividad total de Trémoulinas–, como en el remate de Benzema, que no encontró oposición para fusilar a Sergio Rico desde el punto de penalti, a pesar de estar rodeado de jugadores sevillistas.

Con el 1-0 acabó la primera parte, pero pudo ser peor, porque el asistente de Estrada Fernández anuló un gol legal al Madrid. Esa jugada fue la única en que se vio beneficiado el Sevilla, todo lo demás fue en contra: no se repitió el penalti que falló Gameiro –un jugador madridista entró antes de tiempo en el área y se adelantó Navas–, un penalti inexistente que convirtió en ensayo Cristiano Ronaldo, el tercer gol del Madrid debió ser anulado por fuera de juego de Benzema–muy difícil de ver por el linier, porque era por centímetros, pero fuera de juego al fin y al cabo–, y un gol anulado a Gameiro por fuera de juego, que era totalmente legal.

Pero hubiera dado lo mismo. Sin la «lógica» ayuda arbitral que ocurre en todos los partidos donde juegan el Madrid y el Barcelona –vaya tela también el árbitro del Villarreal-Barcelona–, también nos habrían ganado, aunque con un marcador más ajustado. Y es que no se puede jugar un partido con tan poca intensidad defensiva. Cayeron cuatro, pero perfectamente podrían haber sido ocho, si no hubiese sido por Sergio Rico, los postes, y porque el Madrid está jugando a un pésimo nivel.

El Sevilla estuvo catastrófico en labores defensivas, tanto en el centro del campo como en defensa, donde Kolo volvió a demostrar que aún le queda mucho para ser un buen central. Para colmo, tampoco Rami hizo un buen partido. Los centrales no estuvieron bien, pero tampoco recibían ayuda de los centrocampistas. Se vio claramente que a Krychowiak aún no está en condiciones de jugar al máximo nivel, y otros jugadores es que ni siquiera están para jugar contra un equipo tan exigente como el Madrid, y yo diría que contra ningún rival. Así, los jugadores madridistas no tenían que hacer apenas esfuerzo para robar el balón y para llegar al área.

Por cierto, menos mal que el cuarto gol no fue un gol decisivo, porque, si no, habría sido para darse cabezazos contra la pared.

Era evidente que el Bernabéu no es el mejor estadio para ganar el primer partido fuera, sobre todo si nos presentamos allí con ocho bajas. Por eso no entiendo que fuera titular Gameiro y que, además, jugara los noventa minutos. Gameiro lo está jugando todo y es un jugador fundamental. Desde mi punto de vista, era la ocasión perfecta para dar una oportunidad a Llorente o a Muñoz. Por suerte, Gameiro no se lesionó, pero se corrió un riesgo innecesario, teniendo en cuenta que nos quedan varios partidos importantísimos, tanto en Liga como en la Europa League.

La próxima oportunidad para ganar fuera es en Valencia, un equipo que está muerto. ¿Lo resucitaremos nosotros? Apuesto a que sí.

 

Granada 1 – Sevilla FC 1. Un Sevilla poco efectivo se trae un punto que sabe a poco

Empate a uno que no sirvió a ninguno de los dos equipos, pues es poco premio para el Sevilla, en su lucha por la Champions, y también lo es para el Granada, que pelea por mantener la categoría.

El Sevilla dominó, prácticamente, todo el partido, pero tuvo que jugar a contrarreloj, ya que el Granada marcó en la primera ocasión que tuvo, en el minuto 16, tras un claro fallo de marcaje de Krychowiak. El polaco perdió de vista el balón y a la marca, dejando rematar libremente a Mainz, que cabeceó a la escuadra.

A partir de aquí, el Sevilla puso cerco al área granadina, pero el equipo local inquietaba muchísimo con contragolpes. En uno de ellos, Sergio Rico tuvo que intervenir para evitar el que pudo ser el 2-0.  También Diogo, en un desastroso despeje, estuvo a punto de marcar en propia meta, pero el poste lo evitó. Nuestro guardameta no necesitó emplearse a fondo en el resto del partido, siendo un espectador más.

Por contra, el Sevilla llevaba el peso del partido, logrando crear varias ocasiones de gol, todas falladas, hasta que, de nuevo Mainz, aunque esta vez en propia puerta, logró el empate, tras un buen centro de Aleix Vidal.

El Sevilla mejoró mucho con la entrada de Banega. Quedaba tiempo para lograr la victoria, pero el Granada seguía siendo peligroso al contragolpe y el Sevilla continuó fallando ocasiones. La más clara, un disparo desde fuera del área de Denis Suárez que atajó muy bien el guardameta granadino, Roberto.

En mi opinión, Emery tendría que haber hecho los cambios al empezar la segunda parte, y no cuando sólo quedaban treinta minutos para remontar.

El árbitro, Estrada Fernández, no me gustó nada. Fue un partido sencillo de árbitrar, pero, inexplicablemente, perdonó tres o cuatro tarjetas amarillas clarísimas al Granada que nos podrían haber venido muy bien.

Por momentos, el partido me recordó al de San Sebastián, donde, por intentar conseguir la victoria, nos encontramos con un gol en el descuento. Por fortuna, en esta ocasión no ocurrió lo mismo y nos llevamos un exiguo punto del que desconoceremos su importancia hasta que no finalice la temporada. Por ahora, sólo sirve para recortar un puntito al Valencia, nuestro rival más directo, pero si tenemos en cuenta la pobre efectividad que tuvimos de cara a gol, y que no hicimos un gran partido, ese punto puede no ser tan malo como parece.

Sevilla FC 0 – Eibar 0. Mucho esfuerzo, poco premio

Buen partido el que hizo ayer el Sevilla. Aunque parezca lo contrario, no es fácil dominar el partido por completo ante un equipo como el Eibar y, lo que es más importante, que apenas te haga ocasiones de gol.

Al Eibar lo conocemos todos. Es más, hace la única clase de juego que puede permitirse un club con un presupuesto de quince millones de euros. Es decir: encerrarse atrás, encomendarse a la Diosa Fortuna e intentar sorprender a balón parado o al contragolpe. Y le salió casi a la perfección, llevándose un punto que premió su gran trabajo defensivo. Y es que el Eibar fue un equipo que luchó cada balón, presionando durante los 90 minutos, siempre preparado para pegar un zarpazo mortal a la contra.

Ese zarpazo pudo llegar, en la única ocasión que tuvieron los norteños, pero lo evitó Beto en una gran intervención. No era nada fácil parar, con un terreno rápido por las lluvias, un disparo fuerte, ajustado y raso.

Por lo demás, las ocasiones se sucedieron constantemente a favor del Sevilla, pero sin acierto para colarla entre los tres palos. Y cuando se consiguió, ahí estaba Bacca, que vive demasiado en fuera de juego, para echar a perder el gol de M’Bia.

Una vez más, no alcanzo a comprender el empecinamiento de Emery con poner de titular a Banega y a un lateral derecho en el lateral izquierdo, a pierna cambiada.

En cuanto a Banega, fue un lastre. El argentino no estuvo bien, con muchas pérdidas de balón y ralentizando en demasía el juego. Una pena, porque Denis Suárez, como demostró durante el tiempo que estuvo sobre el terreno de juego, tiene más desborde y velocidad, cualidades que se echan mucho de menos cuando se tiene enfrente a un rival como el Eibar.

Por otro lado, me imagino que a Fernando Navarro y a Kolo tiene que sentarles como una patada en el estómago el que Diogo sea titular en detrimento de ellos. Ya tiene que tener poco confianza Emery en sus habilidades para que prefiera poner a Diogo, quien, dicho sea de paso, no es nada del otro mundo.

El árbitro, el catalán Estrada Fernández, fue una china más en el camino.  Desastroso. Pudo pitar un par de penaltis a favor del Sevilla, pero, seguramente, ni se le pasó por la cabeza. Se vio su talante cuando en la recta final, en una ocasión peligrosísima, en una falta en la frontal del área, no quiso poner la barrera a la distancia reglamentaria.

Al final, un punto para cada uno. Punto que, aunque sepa a poco, hay que valorar en su justa medida. He visto muchísimos partidos como el de ayer, pero con la diferencia de que el rival acabó marcando en su única ocasión de gol. Y puedo asegurar que se sale del estadio con un cabreo enorme. Es cierto que el punto sabe a muy poco, pero es evidente que, si no se puede sumar de tres en tres, hay que hacerlo de uno en uno. Después de todo, se consiguió el mejor resultado posible cuando se es incapaz de marcar goles.

Athletic 1 – Sevilla FC 0. Prueba no superada.

Se presentaba esta mañana el Sevilla en San Mamés para ponerse a prueba ante un equipo siempre complicado, como es el Athlétic de Bilbao. Y lamentablemente, hay que decir que no superó la prueba, aunque quizás debería haberse venido de vuelta con un premio mínimo, como es el empate.

En la alineación inicial no me gustó la incorporación de Vitolo, por estar recién recuperado de una lesión muscular que le ha tenido bastante tiempo apartado de los terrenos de juego. Por contra, eché en falta la velocidad y desborde de Deulofeu, sobre todo en la segunda parte, cuando ya estábamos por detrás en el marcador y había que ir a por todas. En cualquier caso, el equipo inicial era lo suficientemente competitivo como para haber podido ganar perfectamente en San Mamés.

El Sevilla dominó prácticamente todo el partido, pero fue un dominio estéril, perdiendo muchos balones en el centro del campo por ansiedad o por abusar de balones en largo. Pienso que si hubiéramos intentado imponer nuestro juego –toque en corto y posesión–, más técnico, y no haber caído tanto en el suyo –fútbol más directo–, nos habría ido mucho mejor.

El Athletic puede darse con un canto en los dientes, porque se llevó los tres puntos haciendo muy poquito. Claro que el Sevilla tampoco estuvo nada afortunado. Tuvimos claras ocasiones de gol, pero se perdieron todas en el último pase. Y eso es desesperante, porque al no tirar a puerta o entre los tres palos, parece que no se tienen ocasiones, cuando no es así.

El mejor de los nuestros fue Trémoulinas, que volvió a hacer un gran partido. Y el peor, sin duda, Carlos Bacca, que sigue totalmente desaparecido. No está para nada, y es fundamental el recuperarlo para la causa. Lleva tres o cuatro partidos en los que no ha hecho absolutamente nada, o casi nada, y eso lo está notando una barbaridad el equipo.

Mención aparte merece el arbitraje. A mí me pareció una vergüenza. Es el típico arbitraje sibilino del que mucha gente no se da cuenta, excepto el que lo sufre. Estrada Fernández sacó a relucir las dos varas de medir desde el principio: muy valiente a la hora de amonestar a los jugadores del Sevilla y muy cobarde a la hora de hacerlo con los del Athletic. En definitiva, un cagón de mucho cuidado. Pasó la mano en entradas violentas, pérdidas de tiempo, reiteraciones (24 faltas por parte de los vascos y 11 por la nuestra)… Un arbitraje muy completo, pensaría él. Los linieres también se unieron a la fiesta. En una ocasión sacaron de quicio a Emery, por pitar un saque de banda, en sus propias narices, cuando, ni por asomo había salido el balón. Al menos tuvieron el detalle de no enseñarle amarilla o expulsarlo por protestar.

Pero si hubo algo que dejó bien a las claras el talante arbitral, fue el tiempo añadido: Sólo añadieron dos minutos, cuando se habían hecho los seis cambios y había habido pérdidas de tiempo. Basta decir que los árbitros tienen como norma que, cuando se hacen todos los cambios, deben añadirse tres minutos.

Es una pena que se nos hayan ido estos tres puntos, sobre todo por haber sido ante un rival inferior. Pero partidos como el de esta mañana nos vamos a encontrar varios a lo largo de la temporada. Así que tenemos que recuperarnos lo antes posible, no darle más vueltas al resbalón y pensar en el próximo partido. Porque hacer lo contrario, fustigarnos, no sirve absolutamente para nada.

Athletic-Sevilla FC. La intensidad será clave

En la matinal del domingo nos espera una auténtica prueba de fuego para este Sevilla que nos está acostumbrando a las alturas: San Mamés. O mejor dicho, el nuevo San Mamés.

Se trata de un feudo de donde históricamente no se nos da bien y donde, además,  no solemos tener «suerte» con los árbitros. Pienso que la razón de los malos resultados allí es por la falta de intensidad de la que solemos hacer gala. Por contra, ellos sí van sobrados en ese sentido. No puede ser de otra forma, pues el empuje de su afición –que protestará cada falta nuestra, por mínima que sea–y la entrega de sus jugadores es, quizás, la principal característica del Athletic.

No dudo de que será un partido duro, puesto que los tres puntos son fundamentales para los dos equipos. Para el Sevilla lo serán para mantener el coliderato o, quién sabe, ser líder. Y para el Athletic, para alejarse de los puestos de descenso, de los que están separados por tres puntos.

Una de los aspectos que me preocupan de este partido es la actitud que tendrá Emery ante este partido. ¿Saldrá con un planteamiento timorato y ultradefensivo, como ante el Altético de Madrid, o, por contra, saldremos de inicio a «pecho descubierto», con cuatro jugadores muy ofensivos, como ante el Villarreal? En mi opinión, en el término medio está la virtud. Yo optaría por salir con un solo delantero y reforzar el centro del campo. Deberíamos aprovechar la baja de Gurpegi –también tienen una segunda baja: Aketxe–, la velocidad de nuestros jugadores ofensivos y la posible ansiedad de los jugadores del Athletic, para hacernos fuertes en la zona media y jugar a la contra.

En San Mamés hay que ser valientes, y más aún si tenemos en cuenta que este Athletic no es el mismo que el de la temporada pasada. Desde mi punto de vista, esto es debido, fundamentalmente, a que no han sabido sustituir convenientemente a Ander Herrera –algo complicado, porque Herrera tiene una gran calidad– y porque están disputando una competición muy exigente, como es la Champions League. De hecho, el próximo miércoles tienen un partido ante un potente rival –el Oporto–, donde se juegan el seguir en Europa, aunque sea en la Europa League.

Si miramos la clasificación, se puede apreciar, claramente, cuál es uno de los principales defectos del Athletic: su falta de poderío ofensivo. Después de 9 partidos disputados, sólo tienen 6 goles a favor, habiendo encajado 12 goles. Obviamente, con esos guarismos, es imposible estar bien clasificado.

En mi opinión, si saltamos concentrados a San Mamés –con especial atención al juego aéreo–, si somos capaces de controlar a sus jugadores más determinantes –Aduriz, Muniain y las llegadas de De Marcos–, y, sobre todo, si ponemos, al menos, la misma intensidad que ellos, nos llevaremos los tres puntos. Ahora bien, si salimos en el plan que salimos en el Calderón, tengo claro que nos van a dar por todos lados.

El árbitro será Estrada Fernández, del colegio catalán.

Excusarse en los árbitros

Dicen que quejarse de los árbitros es querer buscar excusas y que es de perdedores. Pues yo debo de ser un perdedor. Y también los dirigentes y entrenadores del Madrid, y del Barcelona. Estos, aunque parezca mentira, también se quejan. La diferencia es que estos equipos se quejan sin razón, pues son los grandes beneficiados y, por contra, el resto casi siempre salen perjudicados.

A mí me gustaría no acordarme de, por ejemplo, del gol anulado por un fuera de juego inexistente, en Málaga, ante un rival directo, o ante el Rayo Vallecano, en Vallecas, por el mismo motivo, pero al final me acabo acordando. Porque esos errores que cometen otros los acabamos pagando nosotros, con pérdida de puntos, y quién sabe si al final de liga esos goles birlados serán la diferencia entre conseguir plaza europea o no.

No obstante, el anular un gol por fuera de juego se decide en segundos, en jugadas rápidas, y, siendo bien pensados, podría entenderse que se equivocaran los árbitros; podría entenderse que tuvieran ese error de apreciación, si no fuera porque, curiosamente, tienden a equivocarse beneficiando a los mismos. Pero lo que hemos vivido los sevillistas en los dos últimos partidos es que no tiene nombre. Y si lo tiene, es un nombre muy feo y que no debería oírse en una liga medio decente.

No encuentro explicación de la forma en que nos han tratado los dos últimos árbitros, en los partidos contra el Atlético de Madrid y el Sporting de Gijón. No entiendo ese doble rasero que han tenido a la hora de señalar faltas y mostrar tarjetas. Los jugadores de estos dos equipos han duplicado o incluso triplicado nuestras faltas, algunas de ellas durísimas, merecedoras de tarjeta amarilla, como mínimo, y en algunos casos ni siquiera han señalado falta. Parecía que los jugadores rivales tenían patente de corso para hacer lo que les viniera en gana, hasta tal punto que el jugador que estaba amonestado, no tenía ningún inconveniente en hacer otra dura entrada, como pasó con Castro, Trejo o Gálvez, del Sporting, o Tiago, del Atlético. Y encima, a nosotros nos llueven las amarillas con una facilidad pasmosa. Ni siquiera es necesario que hagamos una entrada dura. Aunque la falta sea normalita y en el centro del campo, amarilla que te crió. O si no, por protestar, o por quejarse de que te patéen una y otra vez. A veces, incluso tengo la sensación de que nos enseñan tarjeta por equilibrar las que les muestras a nuestro rival.

No sé qué habremos hecho para que nos traten así, pero lo cierto es que este tipo de arbitrajes desquician a cualquiera. A ver si tenemos suerte y damos con un árbitro medio en condiciones –si es que lo hay–, que, al menos, sepa impartir justicia y corte el juego violento. Porque los jugadores del Sporting no es que rozaran la violencia, como he leído por ahí; es que fueron violentos, extremadamente violentos. Simplemente se aprovecharon de las facilidades del tal Estrada Fernández –ya no se me olvidarán esos apellidos–, que se dedicó a mirar para otro lado y hacer la vista gorda. El resultado fue que tenemos varios jugadores entre algodones. Y después de todo, hemos tenido hasta suerte, porque podría haber sido peor.

Yo no pido que nos arbitren como al Madrid o al Barcelona, porque, visto lo visto, eso es imposible, pero, al menos, que no nos machaquen. Bastante tenemos ya con aguantar la mala planificación de pretemporada, la venta de un jugador importante en plena temporada, errores incomprensibles de jugadores y entrenadores, como para, encima, tener que soportar los errores arbitrales.

Dicen que el Sevilla FC se queja de los árbitros en las instancias donde tiene que quejarse. Pues más nos vale que lo hagan ya, lo más pronto posible. Porque si no nos respetan ni un poquito, mal vamos.

También es verdad que no debería extrañarme del nivel de los arbitrajes, ya que están a la altura de una liga que es una verdadera porquería. La liga española es una competición manipulada, donde dos equipos pueden hacer prácticamente lo que les dé la gana. Sirva como ejemplo el clarísimo penalti que hizo Sergio Ramos en el último minuto del descuento del Betis-R. Madrid. No hay un penalti más claro que ése, a no ser que se Ramos se tire haciendo una palomita. Pues, casualmente, el árbitro fue el único que no lo vio, como suele ser costumbre. Pero lo que ya roza el esperpento es cómo la maquinaria madridista se ha puesto en marcha para convertir lo blanco en negro, para hacer ver que el clarísimo penalti no lo fue.

Lo que hay que aguantar en esta liga de mierda. Con todas las letras.