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Krychowiak, una mala venta, entre comillas

Buena parte de los aficionados sevillistas están molestos con el traspaso de Krychowiak al Paris Saint Germain, y es perfectamente entendible, por varios motivos:

-Aún está bastante fresco el recuerdo del desprecio que tuvo el PSG durante el fichaje de Gameiro. Monchi y Del Nido dijeron en su día que el fichaje había sido el más complicado que habían hecho y que el PSG cambió las condiciones, una vez alcanzado el acuerdo, exigiendo el pago al contado, ya que no se confiaba en que el Sevilla tuviera liquidez para afrontar los pagos.

– El PSG se ha llevado hace unos días a Emery, rompiendo en mil pedazos la base de la planificación del Sevilla 16/17, teniéndose que empezar desde cero. Por cierto, no sé cómo hay aficionados que agradecen a Emery los servicios prestados, cuando ha cobrado muy bien por ellos. Para mí, Emery es un buen entrenador, aunque no de los mejores, y que no se ha portado precisamente bien con el Sevilla, a quien debe principalmente su actual y elevado caché. Emery no sólo ha incumplido su palabra –dijo que seguiría y que no estaba en el mercado–, sino que negoció a espaldas del Sevilla con contrato en vigor, y después se valió de sus conocimientos de la planificación del Sevilla para frustrar a última hora el fichaje de Ben Arfa. Lógicamente, no es de extrañar que no quisiera despedirse del club que le ha encumbrado en rueda de prensa. Ya habría sido el colmo de la desfachatez.

– Y la más importante de todas: José Castro dijo en su día que el Sevilla quería mantener la columna vertebral y que sólo se irían los jugadores importantes previo pago de la cláusula. Y claro, si esto se incumple y se hace además ante uno de los clubes más ricos del mundo, y que además ha maltratado al Sevilla, es normal que el aficionado se sienta engañado e indignado. Y para más inri, se vende por una cantidad bastante inferior a la cláusula cuando el Sevilla está pasando por una época de bonanza económica.

Desde mi punto de vista, el Consejo de Administración del Sevilla ha estado muy torpe, torpísimo, en este tema, pues lo tenía todo a favor para haber exprimido al jeque Nasser Al Khelaifi, un tipo que está acostumbrado a conseguir lo que quiere  y que, sin ir más lejos, está pensando pagar la cláusula de Griezmann, que asciende a 100 millones de euros. Sabiendo de la prepotencia del jeque, que Krychowiak era una petición expresa de Emery, y que el propio jugador quería dejar zanjado el asunto antes de empezar sus vacaciones, pienso que era una simple cuestión de dejar pasar el tiempo hasta que las cifras del traspaso subieran hasta, al menos, acercarse a la cláusula. Convertir el fichaje en un culebrón sólo habría beneficiado al Sevilla.

Ahora bien, también es cierto que los aficionados no conocemos –ni conoceremos– todos los detalles de la operación. Es muy fácil hablar desde fuera, sin saber los detalles del contrato, pero no sería de estrañar que haya cosas que se nos escapen.

Para empezar, no se sabe con exactitud las cifras del traspaso. Según los medios, varían desde los 26, hasta los 28 más bonus, o hasta los 33,6 millones. Algunos medios también hacen hincapié en que buen parte del traspaso –18 ó 22 millones– sería al contado. Quizás esto también se haya tenido muy en cuenta por el Consejo. Vendrá muy bien tener liquidez a la hora de fichar, pues ese dinero podría acelerar otros fichajes o abaratarlos, pues los clubes, como es lógico, prefieren tener el dinero cuanto antes, y no dentro de uno o dos años.

Muy posiblemente, también el jugador haya presionado para irse al PSG. Leí en la prensa francesa que quería seguir con Emery. También ganará mucho más que en el Sevilla. Además, se va a una ciudad que le gusta y que frecuenta.  Si además hubiera dejado claro que sólo habría aceptado salir traspasado al PSG, el Sevilla habría tenido menos libertad de movimientos.

En cualquier caso, si tiramos por lo bajo y aceptamos que se ha pagado la cantidad mínima que ha salido publicada — 26 millones–, fríamente, hay que admitir que es una buena cantidad para un centrocampista defensivo que, además, no ha estado muy brillante en esta pasada temporada, aunque también es cierto que ha hecho una gran Eurocopa. Es cierto que los 26 millones saben a poco, porque quedan muy lejos de los 45 que marcan la cláusula de rescisión y porque aún está en la memoria de los aficionados los 40 millones que ha pagado el Manchester United por el central del Villarreal, Eric Bailly. Pero, en mi opinión, eso es un caso aparte. Simplemente, hay que tener suerte para que un club esté lo suficiemente loco como para soltar tantos millones por un jugador que, claramente, no los vale.

Desde mi punto de vista, Krychowiak tampoco vale esos 26 millones –ni Bailly, por supuesto–. Esa cantidad multiplica por cinco lo que el Sevilla pagó en su día por él, y desde luego, con ese dinero seguro que se podrá encontrar un sustituto que lo iguale o mejore, y reforzar algún puesto más de la plantilla.

El Sevilla ha estado torpe con la venta de Krychowiak, pero, fríamente, no se puede decir que haya sido un mal negocio.

Emery se va por la puerta de atrás. Llega Sampaoli

Ayer se hizo oficial lo que todo el mundo esperaba: Emery se va al Paris Saint Germain y llega el argentino Jorge Sampaoli, cada uno con su numeroso cuerpo técnico.

Desde mi punto de vista, Emery se va por la puerta de atrás. No es la mejor forma, para un técnico que ha ganado títulos y dado gloria al Sevilla FC durante tres años, irse negociando a espaldas de su club y despidiéndose con una escueta carta publicada en su página web. Pero es la vía que él ha escogido.

Por tanto, Emery es ya pasado. El presente se llama Jorge Sampaoli, y llega con la vitola de practicar un juego ofensivo y de tener una mentalidad ganadora. Dice nuestro Presidente que a él le ilusiona la llegada del nuevo entrenador. Yo ni siquiera puedo opinar, porque tengo que admitir que ni siquiera había oído hablar de él. Así que tendré que esperar a ver cómo se desenvuelve el nuevo Sevilla 2016-2017 para pronunciarme. En cualquier caso, Sampaoli, como ocurre con todos los entrenadores, dependerá de los resultados. El juego y las decisiones de Emery podrían gustar más o menos, pero conseguía resultados. Incluso cuando hizo una mala temporada, quedando el Sevilla clasificado en novena posición, logró plaza para disputar competición europea, gracias a la mala gestión económica del Málaga. Y no sólo se clasificó el Sevilla de manera milagrosa, sino que Emery hizo que el Sevilla fuera el campeón de la Europa League en Turín.

Sampaoli tendrá mucho más fácil conseguir éxitos si Monchi le configura una buena plantilla. Hoy día el nuevo Sevilla es una incógnita. Se habla de salidas importantes, como las de Krychowiak –todo lo que sea por debajo de 40 millones, ante un pretendiente tan poderoso como el PSG, será una mala venta– o la de Gameiro. El Sevilla quiere renovar al francés, pero el Barcelona es una seria amenaza siempre. También se ha ido un número uno mundial, como es Ever Banega, al que será difícil de sustituir.

En cuanto a las altas, se oyen muchos nombres, pero pocos acaban por concretarse (sólo Sabaria y Kiyotake), posiblemente esperando a que llegue el mes de julio, fecha estratégica en materia presupuestaria. Habrá que acelerar en este sentido, porque las dos próximas finales están a la vuelta de la esquina y, la verdad, no da mucha confianza afrontarlas con un nuevo entrenador y una muy remodelada plantilla. Prácticamente, no habrá tiempo para que los nuevos jugadores absorban unas ideas tácticas que a buen seguro diferirán mucho con las de Emery.

Sampaoli y el Sevilla 2016-2017 empiezan desde cero. Ojalá que tenga mucha suerte, porque, como se suele decir, y con toda la razón del mundo, su suerte será también la nuestra.

 

 

Segunda plaga que azota los centrales. ¿Solución en la cantera?

Esta temporada no estamos teniendo nada de suerte con las lesiones. Si ya en vísperas de la Supercopa de Europa una salmonelosis se encargó de dejar fuera de combate a varios jugadores –la mayoría centrales–, ahora la lesión de Rami nos vuelve a dejar con lo justo en defensa. Y precisamente, cuando empieza la retahíla de partidos a los que nos obliga el disputar competición europea.

El problema no es sólo que tengamos tres centrales lesionados, sino que son nuestros mejores centrales y, además, son lesionados de larga duración, puesto que Rami es el que menos tiempo estará fuera de combate, y estará seis semanas de baja.

Por tanto, urge buscar soluciones, y esas soluciones pasan, a mi modo de ver, por dar una oportunidad a jugadores de nuestra cantera. Parto de la base de que Emery no ha sido capaz, hasta ahora, de encontrar soluciones en la primera plantilla, pues ni Coke ni Krychowiak han demostrado que puedan ocupar el puesto de central con solvencia. Y desde luego, no me extraña, porque esa demarcación es muy importante y específica. En ella recae gran parte de la fortaleza defensiva y no puede ser ocupada por cualquier jugador. Un buen central tiene que ser rápido, lo suficientemente fuerte como para salir airoso del cuerpo a cuerpo,  dominar el fuera de juego e ir bien por alto. Si además tiene experiencia y sabe sacar el balón controlado, mejor que mejor. En definitiva, no es fácil encontrar buenos centrales, pero tenemos que hacerlo, y pronto.

Lo que sí me resulta evidente es que Krychowiak, por mucho que se empeñe Emery, no es la solución. Ya ha quedado más que probado. No hay más que recordar el último partido, contra el Atlético de Madrid. Fue un partido igualado, hasta que se lesionó Carriço y Krychowiak ocupó su lugar. Entonces empezó a llegar el Atlético de Madrid con suma facilidad. Consiguieron dos goles y pudieron ser más. Krychowiak de central es crear dos problemas en lugar de uno, ya que el centro del campo pierde mucha fuerza defensiva y el rival nos llega al área con poca oposición.

En el mejor de los casos –no hay que olvidar la famosa Ley de Murphy: “cualquier situación, por mala que sea, siempre es susceptible de empeorarse”–, estaremos con dos centrales durante seis semanas, jugando partidos cada 3-4 días. Uno de esos centrales es un recién llegado, con pocos partidos oficiales a sus espaldas en los últimos años, y otro es un lateral izquierdo reconvertido, que alterna buenos y malos partidos. Y menos mal que tuvimos la “suerte” de que Carriço se lesionara cuando el plazo para fichar estaba abierto, que si le da por lesionarse un par de días más tarde, tendríamos sólo un central sano.

La triste realidad es que, si no acertamos con los centrales, en esas seis semanas podemos poner en peligro la liga y la Champions. Emery tiene un gran problema y tendrá que seguir buscando soluciones. No sé si Iborra puede ser una alternativa, o los chavales de la cantera, pero algo hay que hacer. Y no tenemos mucho tiempo.

Si sigue Emery, bien. Si no, también

Estoy bastante decepcionado con Emery, como supongo que lo estará la gran mayoría de los aficionados sevillistas. El año pasado, cuando se alzó la Tercera Copa de la Europa League, decía que su ilusión era jugar la Champions con el Sevilla. Nada más conseguir la Cuarta, y con ella el acceso directo a la Champions League, todo hace indicar que a Emery se le ha subido el éxito a la cabeza. No puede explicarse de otra forma que, aún quedándole un año de contrato, se dedique a negociar con otros clubes: ingleses, italianos… Parece que ahora todo el mundo quiere ficharle y que Emery se lo está pensando mejor.

El Presidente, José Castro, dice que ha hablado con Emery y que cree que seguirá. Me recuerda al caso de Rakitic del año pasado: muchas palabras y pocos hechos. Pues si quisiera seguir, ya habría firmado la renovación. O puede que todo sea una estrategia para apretar las tuercas al Consejo de Administración, con el objetivo de conseguir una alta ficha. Dicen los medios de comunicación que el Nápoles le ofrece 3’5 millones de euros. Si es verdad, pienso que el Sevilla no debería llegar a esas cantidades. Emery es un buen entrenador, pero seguro que hay otros buenos entrenadores por ahí que estarían deseando fichar por el Sevilla.

En cualquier caso, no me parece de recibo este frenesí negociador que le ha entrado a Emery. Estando con contrato en vigor, debería ser más serio y tener más respeto con el Sevilla y con su afición, que no le han podido tratar mejor. Emery debería hablar claro, porque la planificación del Sevilla está pendiente de su decisión. Es lógico que se paralicen tanto las entradas como las salidas hasta que no se sepa cuál será el máximo responsable técnico. Sería un grave error no hacerlo así.

Emery es un entrenador al que le he visto aspectos positivos y negativos. En el positivo, me ha gustado cómo estudia al rival, el rendimiento que saca a la mayoría de los jugadores y el aprovechamiento de la estrategia a balón parado. En lo negativo, su manía de cambiar lo que funciona, los cobardes planteamientos y malos resultados ante equipos de la parte alta de la tabla, el contar poco con la cantera y el trato hacia algunos jugadores, como Iago Aspas o Deulofeu. Puede que la actitud de Emery hacia estos jugadores esté justificada por motivos que se me escapan, pero, desde fuera, da la impresión de que podrían haber disfrutado de más minutos de juego, sobre todo cuando había una carga importante de partidos.

Particularmente, preferiría que siguiera Emery, porque lo está haciendo bien y, sobre todo, porque está consiguiendo resultados, que es lo único que importa en fútbol. Pero si no continúa, tampoco debe acabarse el mundo. Lo que sí tengo claro es que el Sevilla no debe esperar mucho más. La planificación deportiva debe continuar, pues los primeros partidos oficiales, aunque parezca mentira, llegarán en un santiamén. No podemos dormirnos en los laureles, y mucho menos en esta temporada 2015-2016 tan ilusionante para todos. Para todos, menos para Emery, claro está.

R. Sociedad 4 – Sevilla FC 3. Una defensa de chiste nos condena en Anoeta

El Sevilla volvió a repetir lo mismo que hizo en Getafe. No se puede pretender ganar un partido regalando goles a tu rival. Y no es una exageración, es que la Real Sociedad sólo tuvo que aprovechar cuatro de los regalos que les hicimos para llevarse los tres puntos en juego.

Sí hay una diferencia fundamental con el partido de Getafe, y es que en esta ocasión el Sevilla sí fue muy superior a la Real Sociedad. Con una defensa en condiciones, el partido de hoy habría sido un paseo.

Si hay que buscar un culpable, el más señalado es, sin duda, Arribas, y después Emery, por preferir alinear a Arribas antes que a Carriço como central. El técnico vasco sigue empeñado en no dar oportunidades a los chavales del filial para cubrir las importantes bajas de Krychowiak y M’Bia. Por lo que se ve, Emery prefiere poner el parche en la zona media con un Carriço que ya ha demostrado, por activa y por pasiva, que no es donde mejor se desenvuelve. Y lo peor es que sí se echa de menos al portugués en el centro de la defensa.

El partidito de Arribas es para que lo analicen bien los técnicos, pues ha intervenido en los tres primeros goles encajados. En el primero, incomprensiblemente, pierde el balón de vista –regla básica–, en su empeño por agarrar al delantero de la Real. En el segundo, despeja a córner de forma innecesaria –que luego daría lugar al estúpido penalti de Trémoulinas–. Y en el tercero, marca en propia puerta.

No se puede pasar por alto que, una vez más, se volvió a repetir un absurdo contragolpe que nos pudo costar el 2-0. En una jugada, en principio, peligrosa a nuestro favor, como es un córner o una falta, van demasiados efectivos al remate, no dejando suficientes jugadores para un posible rechaze. En esta ocasión, Canales la pifió, porque se quedó solo ante Sergio Rico.

En general, el Sevilla hizo un buen partido, pero todo el esfuerzo, todo el trabajo y todas las ilusiones se fueron al traste porque falló estripitosamente lo que es la base de cualquier éxito: una buena defensa.

Por mucho que diga Emery, el árbitro, Fernando Teixeira, nos perjudicó gravemente. Primero, por dejar impune el pisninazo de De la Bella, que habría supuesto su segunda amarilla y expulsión. Y en segundo lugar, por no querer pitar el clarísimo penalti que hizo el guardameta realista sobre Diogo, y que también habría conllevado tarjeta, amarilla o roja.

Para colmo, tampoco nos acompañó la suerte. Lástima de aquel trallazo de Carriço al poste.

Ganaba el Sevilla 2-3 a falta de quince minutos para el final, y me preguntaba si sería suficiente para, al menos, empatar. Y es que con una defensa firme, ese tiempo no es nada, pero con una defensa como un flan, insegura, sin calidad e inexperta, es una eternidad.

De nuevo Emery volvió a reincidir en su error de priorizar el marcar cuando ya se va ganando.  ¿A qué vino ese cambio de Denis por Iborra? En fin…

Sólo espero que esta derrota haya servido para que tanto Emery como Monchi hayan tomado nota y tengan en cuenta que, para el próximo mercado de fichajes, habrá que invertir, y mucho, en defensa. A mi modo de ver, es la línea más floja del equipo, con diferencia. Carriço y Pareja suelen estar sobresalientes, y Kolo, para ser su primera temporada como central, no lo está haciendo mal. Pero un equipo que aspire a todo no puede tener sólo dos centrales de nivel, tiene que tener cuatro.  Y lo mismo digo de los laterales. Porque si no, se irán muchos puntos como los de Getafe y como los de hoy.

Ya podría aprender Emery de Simeone

El Celta de Vigo ganó ayer al Atlético de Madrid por dos goles a cero, en una derrota que ha sorprendido a muchos. Yo esperaba que ganara el Atlético, de manera que fui uno de los sorprendidos, hasta que le encuentré cierta explicación a la derrota cuando me enteré de que en el Atlético no pudieron jugar ni Coke ni Arda Turan, dos jugadores de gran calidad y que deciden partidos. Y por ahí se le fué el partido al Atlético, sencillamente porque el Celta le ganó la partida en el centro del campo. Para empeorar el asunto del control del juego en la zona media, a Simeone le dio por jugar con tres delanteros: Mandzukic, Torres y Griezmann. No le salió bien la jugada, probablemente porque, como el centro del campo no funcionaba –falto de calidad y en inferioridad de efectivos con respecto al Celta–, no le llegaron balones en condiciones, quedando además mucho espacio entre líneas.

Simeone intentó arreglar el desaguisado retirando a un inoperante Torres y dando entrada a Cani, pero ya fue demasiado tarde. A raíz de este cambio, se equilibró el partido y el Atlético pudo empatar, pero perdonó.

En rueda de prensa, Simeone reconoció que se había equivocado: “Perdí 45 minutos. Me equivoqué al elegir al once”. Y eso es precisamente lo que yo echo en falta de Emery, el que reconozca más sus errores, los cuáles, algunas veces, desde mi perspectiva de simple aficionado, me parecen garrafales.

Uno de esos errores o manías incomprensibles que me viene a la cabeza es el empecinamiento de Emery de poner a Coke como  mediocentro, especialmente cuando lo hizo en el partido de ida de la Copa del Rey ante el Español. No se le puede reprochar a Coke nada, porque él hizo lo que pudo, pero pienso que Emery, viendo que el invento no funcionaba, podría haber dado entrada a Krychowiak. Pues no, Emery se dedicó a contemplar cómo el barco se hundía, poco a poco, y el polaco siguió en el banquillo hasta el pitido final.

Entiendo perfectamente que Emery pueda cometer errores, pero lo que no entiendo es que no sea capaz de reconocer el error, muchas veces evidente, e intente corregirlo a tiempo.

Además, ¿qué quedó del famoso “partido a partido” que pregonaba Emery? Si hubiera sido fiel a esa idea, Krychowiak habría jugado de titular ese día. Pero no, Emery prefirió reservarlo para que pudiera jugar en Mestalla. Y peor no pudo salirle la jugada, puesto que caímos derrotados en Cornellá, en Mestalla y además Krychowiak no pudo jugar el decisivo partido de vuelta de la Copa del Rey por la salvaje entrada de Gayá.

En todo caso, pienso que antes de poner a Coke en una posición que le es desconocida, debería mirarse a la cantera. ¿De verdad que no hay en nuestros filiales ningún jugador que mejore el rendimiento de Coke en la zona media? Me cuesta trabajo creerlo.

Se le atribuye a Jonathan Swift, el escritor irlandés autor de Los viajes de Gulliver, la frase: “Un hombre nunca debe avergonzarse por reconocer que se equivocó, que es tanto como decir que hoy es más sabio de lo que fue ayer”. Así que, por favor, Emery, hágale caso al señor Swift o mírese en el espejo de Simeone, y tenga en cuenta, de una vez, que el equivocarse no es tan terrible, sobre todo cuando se está a tiempo de enmendar el error.

Sevilla FC 1 – Levante 1. Emery no reaccionó y volaron dos puntos

El Levante es uno de esos equipos de los que considero que son peligrosos, no por su potencial, sino porque parece que se da por sentado que los tres puntos acabarán en casa, antes incluso de que ruede el balón.

Posiblemente, eso también lo pensaron los jugadores, porque el equipo estuvo en todo momento falso de intensidad e incluso de concentración en muchas fases del juego.

A pesar de que enlazábamos poco fútbol, logramos adelantarnos en el marcador. El Levante había dado ya algunos avisos, disfrutando de algunas ocasiones claras de gol, como la del primer minuto de partido, pero eso no evitó que siguieran los excesos de confianza.

Hubo varias cosas que no alcanzo a entender, como por ejemplo, que Beto siguiera sobre el césped después de haberse dado un fuerte golpe. Después se dio otro, y siguió jugando. Puede que en el error grave que tuvo no influyeran esos dos golpes, pero Beto ya es un guardameta que no me da excesiva confianza, y descentrado a base de golpes, aún menos. Es más, yo era partidario de que en verano se fichara a un guardameta de más calidad, para dejar a Beto en el banquillo. Lo que no me esperaba, claro está, era la llegada de Barbosa, quien, desde mi punto de vista, no tiene nivel para el Sevilla.

Pero donde falló Emery de verdad, sin lugar a dudas, fue al permitir que el centro del campo quedara bajo el total control del Levante. Así, se sucedían las ocasiones del Levante –no demasiado claras, también es verdad– y apenas poníamos en apuros al guardameta rival. En mi opinión, el partido pedía a gritos la inclusión de Cristóforo, para intentar dominar el partido y tener más posesión. Pero no, Emery dio entrada a un delantero, Gameiro, cuando ya íbamos ganando. Y yo me pregunto: ¿para qué queremos dos delanteros, si vamos ganando, y ni siquiera olemos el balón en el centro del campo? Y menos aún es comprensible esa decisión cuando Carlos Bacca volvió a dar el nivel al que nos tiene acostumbrados últimamente. El colombiano está en un estado de forma tan lamentable que prácticamente se puede decir que jugamos con uno menos. Y aún así, sigue jugando. Pienso que le vendría bien un descanso y dar alguna oportunidad a Iago Aspas.

En fin, con ese panorama pasó lo que se veía que podía pasar: en uno de tantos balones que sobrelaron el área, llegó el gol, tras fallo enorme de Beto.

A partir de ahí, se puso la situación incluso más fea, porque la lesión de Arribas nos dejó en inferioridad numérica hasta la finalización del partido. Afortunadamente, el Levante ni siquiera se planteó ir a por el partido y se conformó con el empate. Con un equipo de más calidad y más ambición enfrente, quizás habrían volado los tres puntos.

Siendo positivos, el Valencia también falló en casa, en este caso ante el Athletic.

Ahora, a pensar en recuperar a los muchos lesionados, y, por favor, que vuelva M’Bia, al que he echado muchísimo de menos –maldita sanción–. Uno se da cuenta de lo importante que es el camerunés cuando está sobre el césped, pero más aún se nota cuando no está.

 

Sevilla FC 4 – Deportivo 1. Fueron cuatro, pero pudieron ser ocho

Partido plácido el del día de ayer. Fue tan cómodo que la goleada pudo ser de escándalo, de no ser porque estuvimos bastante fallones de cara a puerta. Perdonamos, hasta en cuatro ocasiones, esos goles que no se pueden fallar en la vida, puesto que fueron ocasiones donde nuestros jugadores se plantaron solos ante el guardameta rival. Nada más empezar el partido, fue Denis Suárez quien, incomprensiblemente, disparó fuera cuando tenía toda la portería para él. Ya en la segunda parte, Vitolo, en dos ocasiones, también erró cuando lo más fácil era colarla. Y Carlos Bacca falló un penalti.

El Deportivo demostró que, junto con el Córdoba, es firme candidato para volver a Segunda División. Con una defensa que hace aguas por todos sitios –lleva encajados 19 goles en 7 partidos–, apenas inquietó en ataque, de manera que Beto fue un espectador más. Es más, Beto fue un espectador de lujo hasta en el magnífico gol de Medunjanin, porque se movió menos que un muñeco de escayola.

Todos los jugadores hicieron un buen partido, como Trémoulinas –que disparó al larguero–, Carriço, Pareja, Banega… pero destacaron dos: M’Bia y Deulofeu. El primero, como goleador, y el segundo como asistente.

El partido del camerunés fue soberbio, lleno de fuerza e intensidad, y, para colmo, hizo dos goles. Y eso que, debido a una jugarreta del mal árbitro que es Gil Manzano, que le enseñó una tarjeta inmerecidamente a los pocos minutos de juego –no era entrada violenta, ni agarrón, ni cortaba ocasión de peligro–, no pudo emplearse a fondo en tareas defensivas.

En cuanto a Deulofeu, es una pena que este jugador no se implique más a la hora de defender, porque, por lo demás, lo tiene todo: velocidad, calidad, desborde y gol. Demasiado individualista para mi gusto, aunque eso no impidió que diera tres asistencias de gol.

Por otro lado, Emery volvió a demostrar que le gusta jugar con fuego. Yo esperaba que, dado que M’Bia tenía una tarjeta amarilla, en cuanto se pusiera el partido de cara, le sustituiría. Pues no, ni llevando tres goles de ventaja le sustituyó, llegando a jugar el partido completo. Si hubiera sido expulsado y hubiéramos jugado en inferioridad mucho tiempo, con el fuerte calor que hacía, igual hubiera volado algún punto.

En cuanto logramos el 3-1 también me pareció el momento ideal para cambiar a Bacca y darle minutos a Iago Aspas. Pues tampoco. Emery tuvo que esperar a que al colombiano le diera un calambre para sustituírle, ya con el 4-1 en el marcador y después de haber fallado un penalti.

Lo único negativo fue la lesión de Pareja, que tuvo que ser sustituído por un fuerte golpe en el tobillo en un giro. Esperemos que se quede en nada y no haya esguince o distensión, porque de centrales estamos cortitos.

Quedará para la posteridad que Carlos Bacca logró el gol número 3.500 del Sevilla en Primera División, cifra prácticamente inacalzable para muchos clubes.

En definitiva, victoria cómoda y con buenas sensaciones, a pesar de la endeblez del rival. Seguimos con rumbo firme, y de seguir así, es de suponer que estaremos luchando hasta el final por una de las dos plazas de Champions que nos disputaremos con Valencia y Atlético de Madrid. Porque las otras dos, como todos los años, ya tienen dueño.

 

 

Emery y Diogo Figueiras, principales culpables de la primera derrota

De la abultada derrota del sábado hay muchos culpables, pero han quedado especialmente señalados dos de ellos: Unai Emery y Diogo Figueiras.

Como no podía ser otra manera, Unai Emery queda como el máximo responsable del desastre. Desastre que, por otro lado, se venía venir, puesto que nuestro entrenador, por desgracia, ya es reincidente en plantear los partidos de forma timorata ante equipos supuestamente superiores a nosotros: Barcelona, Madrid, Atlético… En el Calderón dimos la impresión de salir derrotados del vestuario. O, al menos, ésa es mi opinión.

No me gustó nada la alineación inicial. Especialmente nefasta me pareció la idea de situar a Carriço en el centro del campo. En primer lugar, porque el portugués ya ha demostrado, en numerosas ocasiones, que su rendimiento baja mucho en la zona ancha –se nota a leguas que no es un centrocampista, pues tiene muchos problemas en la distribución y retención del balón–; y, en segundo lugar, porque se debilitó mucho la línea defensiva al faltar el tándem Pareja-Carriço, que tan buen resultado estaba dando.

Carriço hizo lo que pudo en una posición que no es la suya, pero la situación se vio agravada porque ni Krychowiak ni M’Bia tuvieron su día. Ambos tuvieron muchísimos problemas para sacar el balón, algo lógico si tenemos en cuenta que el equipo se echó demasiado atrás y regalamos el centro del campo al rival. El dominio de la zona ancha era total por parte del Atlético, porque además sus jugadores ponían mucha más intensidad en cada jugada. De esa manera, el gol se venía venir. Era sólo cuestión de tiempo. Y llegó en un mal despeje de M’Bia –hizo varios– y en un golpe de mala suerte, pues Beto no puedo hacer nada ante el balón desviado que se dirigió a la escuadra.

Pero a pesar del gol, Emery no reaccionó. Quizás porque habría sido reconocer un planteamiento erróneo. El equipo siguió igual de negado, en todos los aspectos, y recibimos el segundo gol antes del descanso. Entonces sí hizo cambios Emery, ya en la segunda parte, pero demasiado tarde.

El otro gran culpable de la derrota fue Diogo Figueiras. El portugués dejó meridianamente claro –si es que no lo había dejado ya antes– que no es jugador para un equipo del nivel del Sevilla. Su actuación fue decisiva para la goleada. En ataque no dio una a derechas –sus centros fueron a la grada– y en defensa se le puede achacar hasta tres goles. En el segundo gol, la defensa sale tarde, pero el que va a intentar despejar el balón, en la zona de Diogo, es Pareja. Cerca del argentino están M’Bia, Carriço y Krychowiak. Diogo creo que está casi fuera del área. No tengo ni idea de lo que hacía por allí.

El tercer gol llegó tras un penalti absurdo, donde llega tarde y arrolla al jugador del Atlético. Y en el cuarto, es incapaz de adelantarse o incomodar a su marcador, dejándole cabecear a placer. Vamos, lo que se dice un partido para enmarcar, pero en la galería de los horrores.

La posición de lateral derecho en el Sevilla es digna de estudio. Tenemos tres, pero dejan bastante que desear. Sigue siendo una asignatura pendiente de Monchi.

Yo sólo espero que, al menos, la primera derrota haya servido para que, como dice Monchi, se aprenda algo. Y es que no sirve de nada renunciar a un estilo que está dando éxitos. No sirve de nada salir a encerrarse, sin orden, regalando el centro del campo al rival, desde el minuto uno de partido, esperando que suene la flauta en algún contragolpe, sobre todo ante equipos superiores.

Cambiamos lo que funcionaba y lo perdimos todo. Cuando se pierde por un 4-0 es evidente que todo se hizo mal. Nos faltó seguridad y contundencia, tanto en defensa como en el centro del campo, donde también fuimos incapaces de dar salida al balón; y erramos en las contadísimas ocasiones de gol que tuvimos. Si a eso le añadimos que el rival corrió más que nosotros, pues está claro el resultado.

Por cierto, Bacca sigue estando desaparecido. Que vuelva, porque lo necesitamos.

Ni el mismísimo Mateu Lahoz puede con este Sevilla

El árbitro de ayer era uno de mis temores, puesto que, desgraciadamente, ya sabemos todos de lo que es capaz. Más o menos se contuvo en el primer tiempo, pero en el segundo se destapó y empezó a mostrar tarjetas amarillas, sin ton ni son. A los jugadores del Sevilla, porque los de la Real parece que tenían patente de corso. Impresionante la entrada que recibió Banega –muy cerca de mi posición en el estadio– finalizando el partido, merecedora, como mínimo, de tarjeta amarilla, y no pitó ni falta.

Por suerte, aunque Mateu Lahoz consiguió desquiciar a los jugadores del Sevilla y a la afición, no hubo que lamentar males mayores. Acabamos con once jugadores y con los tres puntos en el zurrón.

Y nos llevamos los tres puntos más por garra que por juego. Tuvimos un buen arranque, donde pudimos haber sacado una buena ventaja en el marcador, pero poco después del gol, llegó una pájara que duró hasta el descanso. La Real no es que creara muchas ocasiones, pero un solo gol de ventaja da mucha intranquilidad, puesto que una jugada desafortunada por nuestra parte, una de calidad del rival, o incluso una jugarreta de Mateu Lahoz, podía mandar todo al garete.

En el segundo tiempo, con Mateu Lahoz desatado, intentamos sentenciar, aunque sin éxito. La Real sólo inquietaba a balón parado. Desde luego, hay que agradecerle a Arrasate que dejara en el banquillo a Carlos Vela, quien es, sin duda, el mejor jugador blanquiazul.

Si contra el Córdoba fue M’bia el que hizo un auténtico partidazo, ayer el que destacó sobremanera fue el polaco Krychowiak. Hizo una exhibición de entrega, fuerza, compromiso y calidad. Incluso cortó una ocasión de gol, llegando como último hombre. Jugadores como Krychowiak, Aleix Vidal o Vitolo, que no paran de correr durante los 90 minutos, son fundamentales para que el equipo no pierda intensidad. Los tres derrochan ganas y esfuerzo que logran contagiar a sus compañeros.

Por el lado negativo, hay que señalar la falta de efectividad de la que hicimos gala anoche. Afortunadamente, bastó el golazo de Deulofeu, que voleó un sensacional pase, repleto de técnica, de Trémoulinas.

Y cómo no, también hay que lamentar que Carlos Bacca siga en plan figurita. Ayer no aportó nada. Prácticamente, casi se puede decir que jugamos con diez jugadores, si no fuera porque, aunque no haga nada, siempre tendrá un marcador pendiente de él.

Con trece puntos ya en el casillero, el Sevilla está preparado para intentar asaltar el complicadísimo feudo del Manzanares. Auténtica prueba de fuego ante el que puede ser un rival directo por la Champions, siempre que mantengamos el actual nivel de juego.

Mis sensaciones de cara a la Supercopa de Europa

Se aproxima una de las citas más importantes del año, la Supercopa de Europa, y mis sensaciones son muy parecidas a las que tuve cuando jugamos la Supercopa contra el Barcelona. Aquel Barcelona era impresionante, y reinaba en Europa con una facilidad pasmosa. Lo normal era que goleara a sus rivales. Yo viajaba a Mónaco convencido de que era casi imposible traernos la copa, a no ser que hiciéramos un gran partido, de principio a fin. Y se hizo. Vaya si se hizo. Y porque el Barcelona tuvo suerte. Recuerdo especialmente el jugadón de Antonio Puerta. Si llega a entrar… se cae el estadio.  La zona de los sevillistas, claro, porque la de los culés parecía un funeral.

Para el partido del día 12, contra el Real Madrid, tengo la misma sensación. Este Madrid no es tan buen equipo como aquel Barcelona, pero igualmente está a años luz de nuestra plantilla. Con lo cual, lo normal y lo lógico es que salgamos derrotados de Cardiff. Mi esperanza es que en el fútbol no siempre la lógica se impone.

Me encanta que no aparezcamos en las noticias absolutamente para nada. Creo que nos vendrá muy bien pasar desapercibidos, como si fuéramos totalmente inofensivos y no contáramos para nada. Ojalá sea así hasta el día del partido. Por tanto, no me ha gustado nada que salga Emery advirtiendo a quien quiera oírle: “Este equipo es capaz de ganar al Real Madrid”. Pues claro que es capaz de ganar al Madrid, y a cualquiera, siempre que se hagan las cosas bien.

Veremos a ver qué equipo ponemos en liza en Cardiff. Seguro que será lo suficientemente competitivo como para, al menos, dar un quebradero de cabeza al actual Campeón de Europa. Parece que el equipo está fuerte en defensa y funciona como conjunto. El juego en equipo debe imponerse ante las individualidades del Madrid. Aunque aún tenemos bastante que mejorar, nuestro rival tiene el mismo problema.

Me habría gustado que ya estuviera en el plantel el centrocampista ofensivo, pero parece que habrá que esperar aún bastante para verle enfundado con nuestra camiseta.

Estuve en las dos anteriores Supercopas, pero, lamentablemente, no podré estar en esta. No tendré más remedio que verlo por la televisión, donde se sufre más. Probablemente le quitaré el sonido, para no tener que escuchar tonterías y comentarios parciales.

El día 12 tenemos un partido para saborear. Hay que ir a por ellos desde el principio, pero con nuestras armas: trabajo, concentración y un mínimo de acierto. Será un gran éxito conseguir un nuevo título, pero si no fuera así, no debería considerarse un fracaso. Jugar una Supercopa está al alcance de muy poquitos equipos.

Suerte a los que vayáis, y que disfrutéis del partido, del ambiente, de Cardiff, y, cómo no, de nuestro Sevilla.

Emery, un hombre de palabra

Finalmente, no hubo espantada, al estilo Juande, y Emery seguirá con nosotros, en teoría, dos años más.

Hay que agraderle a Emery el que haya mantenido su palabra. Sin duda, no habrá sido fácil rechazar al todopoderoso Milán, que a buen seguro le habría puesto sobre la mesa una mejor oferta económica y, quizás, deportiva. Ahora bien, también es verdad que en Milán es mucho más fácil fracasar, puesto que allí sólo vale quedar campeón de liga.

Supongo que Emery habrá hecho su lista de pros y contras, como habría hecho cualquiera en su lugar, y, finalmente, habrá decidido continuar en el Sevilla. Y yo que me alegro.

Es curioso, pero Emery es un entrenador que no me ha acabado de convencer plenamente. Pero es innegable que, de igual manera que un entrenador es imposible que sobreviva a los malos resultados, tampoco ningún dirigente puede, o debe, cesar o no renovar a un entrenador que consiga buenos resultados. Y Emery ha conseguido muy buenos resultados esta temporada, superándose, con creces, las expectativas que había a inicios de temporada.

Lo que no me ha gustado de Emery son, fundamentalmente, dos cosas: la cabezonería que mostró a principios de temporada y su forma de tratar a algunos jugadores de la plantilla.

En los primeros compases de la temporada, Emery se empecinó, costara lo que costara, en llevar a cabo el sistema que tenía en mente, importándole poco que, a la hora de ponerlo en práctica, el resultado fuera desastroso. Así, recuerdo que era habitual que los rivales, por muy débiles que fueran, nos hicieran contragolpes mortales, llegando en tromba a nuestra portería. No ganábamos, ni jugando bien, ni jugando mal. El sistema de Emery, probablemente debido a las características de los jugadores que alineaba, no se sostenía y tardó un mundo en darse cuenta y en corregirlo. Todos los aficionados sabíamos que el rendimiento del equipo subiría con dos centrocampistas defensivos y con Rakitic más adelantado, y hasta que no se atrevió a hacerlo, no empezamos a salir del pozo. Porque no se puede olvidar que, entre que la plantilla no estaba acoplada por las numerosísimas caras nuevas, el nuevo sistema y el complicado calendario, nos vimos de buenas a primeras, ocupando el farolillo rojo. Salimos de ahí porque la plantilla tiene calidad, pero el susto te lo llevas.

También demostró su testarudez en cuanto a los centrales titulares. Tenía que jugar, por fuerza, Pareja, aun cuando éste estuviera lento y no diera una a derechas. Y, encima, Carriço, que lo estaba haciendo de lujo en esa posición, pasaba al centro del campo. A mi modo de ver, ésa es una forma de desaprovechar a Carriço, que es un muy buen central, pero que en la zona ancha no deja de ser uno más, del montón. Al final de temporada, por suerte, Pareja ha jugado a un gran nivel, pero Carriço sigue sin convencer en el centro del campo. Al menos, a mí. Se nota una barbaridad que el portugués no es un centrocampista nato, sobre todo, en la salida del balón y en la distribución del juego. Pero ahí es donde ha acabado jugando, aunque confío en que para la próxima temporada el Sevilla cubra ese puesto con un jugador de más calidad y específico para ese puesto, como lo era Medel, Kondogbia o M’Bia, que parece que no seguirá.

Y tampoco me ha gustado la forma de tratar a algunos jugadores, como, por ejemplo, han sido los casos de Rusescu o Jairo. Los dos han hecho méritos para jugar mucho más de lo que lo han hecho. Es cierto que Rusescu llegó bajo de forma, pero me dio buena impresión cuando tuvo minutos. Habría venido bien como tercer delantero, aunque hubiera sido para descargar de partidos a Bacca y Gameiro, que lo han tenido que jugar todo. A la final de la Europa League llegamos sólo con un delantero sano, y ese error no se puede volver a repetir.

Y en cuanto a Jairo, también pienso lo mismo. Aún tiene mucho que aprender, porque es muy joven. Pero por eso, precisamente, porque es muy joven, debería de haber disfrutado de más oportunidades. Jairo tiene velocidad, desborde y gol, aunque le falta asentarse y madurar un poquito. Lo hará antes si tiene minutos. Desde el banquillo no progresará.

Tampoco me olvido de que Emery ha fallado, a mi modo de ver, en muchos partidos, en cuanto a planteamientos o cambios, aunque sería injusto no reconocer que en otros, sin embargo, ha acertado. Pero es cierto que me da miedo cuando Emery hace los cambios, los cuáles, por cierto, en muchas ocasiones los ha hecho tarde y mal. Si es que los hace, porque alguna vez se ha quedado sin hacer el tercer cambio.

Pero, a pesar de todo esto, me alegro de que Emery haya renovado con el Sevilla. Como dije antes, no se puede obviar que ha conseguido resultados, y eso es lo único que cuenta en fútbol. En esta ocasión, nada más y nada menos, que hemos conseguido un nuevo título europeo y una clasificación para la Europa League, aunque lo más seguro es que, si no hubiera experimentado tanto durante buena parte de la temporada, nos habríamos clasificado para la Champions.

 Me quedo con Emery, quien, aunque tenga sus defectos, nos ha devuelto a la senda de los triunfos y ha demostrado ser lo suficientemente honrado como para cumplir su palabra. Y eso no es nada fácil de hacer en los tiempos que corren. Más de uno debería aprender de él. ¿Verdad, señor Rakitic?

Pero eso es otra historia.

Betis 0 – Sevilla FC 2. El Sevilla se llevó el derbi invisible en un partido muy polémico

El Sevilla se llevó tres puntos importantísimos al vencer en un derbi que llegó casi sin avisar. El principal problema con el que se enfrentaba el Sevilla era que no había tenido apenas tiempo para preparar el partido, al haber disputado recientemente un intensísimo partido ante el Oporto, en Europa League. Lógicamente, Emery debía presentar un equipo en plenitud de facultades físicas, por lo que, prácticamente, estuvo obligado a renovar la mitad del equipo titular. Por contra, el Betis tuvo todo el tiempo del mundo para preparar a conciencia el partido. Salir vencedor del derbi era la única alegría que podría llevarse la afición bética en esta temporada, pero ni por esas.

El partido del Sevilla no fue bueno. Empezó mal, dominando con claridad el Betis, pero sin crear ocasiones de gol. La primera jugada polémica llegé en una entrada, dentro del área de Iborra a Baptistao. Lo vi por televisión, y a  mí me pareció penalti, aunque en las tomas que mostraron no se veía con claridad si el portugués tocó balón o no. El árbitro estaba bien situado y no pitó nada.

El Sevilla sólo inquietó algo en una contra de Gameiro, que se quedó solo ante el portero, pero se dejó ganar la partida por Amaya.

Pero la jugada que decidió el encuentro fue en un penalti polémico. Bacca se quedó solo ante el portero, tras hacer él mismo una obra de arte e irse de varios contrarios, y es derribado por Juan Carlos. Penalti y expulsión. A mí no me pareció penalti, y tras ver la repetición menos aún. Es cierto que el jugador bético derriba a Bacca, pero toca balón.  Pocos minutos antes había ocurrido una falta similar, a favor del Betis, en la frontal del área sevillista. Era una falta peligrosísima, pero inexistente, puesto que Alberto Moreno también tocó balón. Afortunadamente, se lanzó sin consecuencias.

A partir de aquí, Velasco Carballo demostró ser muy mal árbitro. Las dos jugadas polémicas anteriores, los dos posibles penaltis, eran jugadas de apreciación y difíciles de ver, y donde hay que tomar las decisiones en décimas de segundo. Pero tras el 0-1, logrado al transformar Gameiro el penalti, el árbitro, posiblemente por el remordimiento, intentó compensar en cada jugada, a favor del Betis, convirtiendo el partido en una retahíla de errores arbitrales, a cuál más grave.

El doble rasero del árbitro fue vergonzoso. Si enseña tarjeta amarilla a Trochowski por agarrar a un contrario, debe hacer lo mismo si el que agarra es un jugador bético. Y no lo hizo, no en una sino en dos ocasiones. Además, la amarilla que le enseñó a Vitolo fue de chiste.

También perdonó la segunda amarilla a Rubén Castro, en la jugada en que éste lesiona a Alberto Moreno. Y a N’Daye –o como se llame– también le perdonó la segunda amarilla,  hasta en dos ocasiones.

Por si fuera poco, erró al anular un gol a Carriço por fuera de juego inexistente y convirtió un penalti por manos claras y voluntarias en un fuera de juego, que tampoco existió. Aunque en esta ocasión el culpable fue el linier.

Este evidente afán de Velasco Carballo por compensar puso en peligro el resultado, hasta que Gameiro aprovechó un buen pase de Diogo para hacer el 0-2 y sentenciar el partido.

No fue un buen partido del Sevilla, que debió amarrar el partido mucho antes, pero lo importante es que se ganó, nos afianzamos en puestos de Europa League, y,  de paso, seguimos mirando de reojo los puestos de Champions, por si le da al Athletic por pinchar.

El protagonista del partido fue, sin duda, Velasco Carballo. No se puede errar tantísimo en tan poco tiempo. Y eso que es internacional. Si no recuerdo mal, este mismo árbitro fue el que nos birló tres penaltis contra el Valencia, en nuestro estadio.

Ahora, a seguir la racha en liga, ante el Granada y, después, a pensar en el partidazo de Europa League contra el Valencia. Dos partidos vitales donde no podemos fallar.

Oporto 1 – Sevilla FC 0. Buen resultado, si tenemos en cuenta las circunstancias

Obviamente, perder por 1-0 en Europa es muy mal resultado, puesto que, de recibir un gol en el partido de vuelta, nos pondría la eliminatoria casi imposible. Pero después de ver el partido, y analizándolo fríamente, el resultado no se puede considerar tan malo. Inluso yo diría que es un buen resultado, puesto que el Oporto pudo dejar la eliminatoria sentenciada.

Las circusntancias a las que me refiero en el titular son:

1º.- Desde mi punto de vista, Emery se equivocó tanto en la alineación titular como en el planteamiento. No alcanzo a comprender que, teniendo sólo disponibles a dos centrales –claro error de planificación–, Emery prefiera poner a uno de ellos en el centro del campo, y en el centro de la defensa poner a un lateral. Máxime cuando se preveía, dada la calidad del rival, que la defensa iba a tener mucho trabajo. Además, tampoco es que Carriço destaque precisamente en la zona ancha. En mi opinión, Emery debería haberse decidido por Trochowski o Luismi como acompañante de Iborra, pero nunca por Carriço. Todo es más fácil si los jugadores ocupan las posiciones donde mejor rinden.

Y pienso que también se equivocó en el planteamiento, puesto que los dos pivotes defensivos estaban demasiado atrasados, cediendo el centro del campo al rival. Así que no era de extrañar que apenas creáramos ocasiones de gol y que el partido fuera, prácticamente, un monólogo del Oporto.

2º.- La actitud de los jugadores y de Emery. Hay que ser conscientes de que el Oporto es superior a este Sevilla, pero también de que no se puede saltar al terreno de juego con una actitud tan timorata. Para colmo, en el día de ayer todos los jugadores estuvieron a un nivel pésimo, exceptuando a Beto. Gracias a él, a sus buenas paradas y a un par de postes salvadores, tendremos opciones para la vuelta. Especialmente decepcionante fueron los minutos de Vitolo y, sobre todo, de Gameiro, lo cual hace que me pregunte por qué no juega más Jairo. Increíble lo que falló el francés, con toda la portería para él y a placer. Lamentablemente, ese error lo podemos pagar con la eliminación.

En cuanto a los cambios, no entendí que quitara a Iborra, a no ser que fuera por lesión.

3º.- El árbitro. Me pareció muy casero desde el primer momento, cuando enseñó una tarjeta amarilla a Alberto Moreno por una falta normalita. Sin embargo, perdonó a los jugadores del Oporto varias tarjetas claras. El gol portugués vino precedido de un córner inexistente y me dio la impresión de que –no me fijé bien– dejó sacar la falta en una posición más atrasada de donde se había cometido. También perdonó la segunda amarilla a Jackson Martínez, en una acción en la que Alberto Moreno picó de pardillo. Era una clara entrada por detrás, sin posibilidad de jugar el balón. El colombiano podría haberle hecho mucho daño y no habría estado mal que Alberto Moreno se hubiese quedado doliéndose en el césped, aunque exagerara un poco. Quizás, los teatreros Cesc y Cañas podrían darle unas clases.

En definitiva, teniendo en cuenta el partido tan desastroso que hicimos, a todos los niveles, que, además, se nos apareció la Virgen en un par de ocasiones, y que el Oporto, que fue muy superior, nos perdonó y nos dejó vivos… creo que el 1-0, dentro de lo malo, es de lo menos malo que nos podía haber pasado. Un segundo gol habría sido demoledor, y estuvieron a punto de conseguirlo en varias ocasiones.

Lo único positivo del partido de ayer es que, para el partido de vuelta, recuperaremos a Fazio y M’Bia –perdemos a Alberto Moreno– y el Oporto no podrá alinear a dos de sus mejores jugadores: Jackson Martínez y Fernando.

Por supuesto, la eliminatoria está muy complicada, sobre todo si no somos capaces de mantener la puerta a cero, pero, al menos, tenemos una opción, aunque pequeña, de pasar. Desde mi punto de vista, es más complicado remontar esta eliminatoria que la del Betis, sencillamente porque el Oporto es muy superior.

Lo mejor del partido, sin ninguna duda, fue nuestra afición. Impresionante. Me quedo sin palabras. Lo demás, para olvidarlo.

El Oporto, nuestro primer rival serio en la Europa League

Tengo ganas de ver el verdadero nivel que puede dar el Sevilla en esta Europa League, pues, hasta ahora, sólo nos hemos enfrentado a rivales menores. Aún así, varios de estos equipos nos han puesto en apuros. Incluso casi nos elimina el Betis. Sin ánimo de desmerecer al que dicen que es nuestro eterno rival, yo achaco las dificultades que tuvimos en la pasada eliminatoria a las lesiones que nos mermaron en defensa, en el partido de ida, y en el centro del campo, en el partido de vuelta. De no haber sido así, supongo que no habríamos tenido ninguna dificultad en llegar a Cuartos.

Ahora ya, en Cuartos de Final, nos enfrentaremos a un verdadero equipo, repleto de importantes individualidades y acostumbrado a conseguir grandes éxitos deportivos. En este enlace de El Desmarque hacen un buen análisis del Oporto, y, la verdad, es que se trata de un equipo de primer nivel. Eso tiene la ventaja de que, si nos eliminan, no podría considerarse un fracaso nuestra participación europea, y si conseguimos pasar la eliminatoria, estaremos a un paso de la final, y con la moral a tope.

No obstante, hay que tener en cuenta que la tarea, a priori, va a ser harto complicada. Hay un dato que no se puede obviar: este Oporto se ha clasificado para Cuartos tras eliminar al Nápoles, que es otro grandísimo equipo, con jugadores como Henrique, Jorginho, Behrami, Inler, Hamsik, Callejón, Insigne, Pandev, Higuain… Es decir, por mucho que digan que es el peor Oporto de los últimos años, eso no quiere decir que sea un rival fácil de batir. Ni mucho menos.

Así pues, no sólo estamos ante un gran rival, sino que posiblemente, sea superior a nosotros. Eso quiere decir que, si queremos llegar a semifinales, tendremos que cometer muy poquitos fallos, y por supuesto salir vivos del Estadio do Dragao.

Como en todas las eliminatorias, será importantísimo marcar en campo contrario. Por ello, no conviene ponerse nerviosos si nos hacen gol y recordar que hay un partido de vuelta, que es algo que se le olvidó a Emery en la ida contra el Betis y que nos complicó mucho la remontada. Un 2-0 parece muy mal resultado, pero un 2-1 da bastantes opciones para pasar a semifinales al calor de nuestra afición.

Por último, decir que no me gusta nada que se diga, incluso desde el club, que este Sevilla tiene muchas similitudes con el de 2006. Ni mucho menos lo veo así. Aquel equipo tenía varios jugadores que se podrían considerar de los mejores del mundo en su posición, como podrían ser Palop, Javi Navarro, Dani Alves, Jesús Navas, Luis Fabiano o Kanouté. Desde mi punto de vista, este Sevilla no se puede considerar, ni por asomo, que está al mismo nivel que aquella que nos dio tantos títulos y alegrías. Si así fuera, muy probablemente levantaríamos un nuevo título esta temporada. Y eso son palabras mayores.