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Todo sigue igual

Llevo seis días sin Internet –para mí, una eternidad–, por culpa de los ineptos de Vodafone, pero en mi primer post tras mi apagón internauta, tengo que lamentarme de que el cambio de año no haya servido para mejorar, sino más bien al contrario. Vamos empeorando, de tal manera que ya no sé si hemos tocado fondo. En cualquier caso, si no lo hemos hecho, nos queda poco, muy poco.

Ayer por la mañana me sentaba delante del televisor, esperanzado en ver un cambio, ya con Reyes de titular, y a mi equipo ganar tres puntos que se me antojaban fundamentales. La esperanza se me esfumó al transcurrir los pocos segundos que tarde en leer la alineación. Para mi desesperación, Marcelino volvía a contar con Fazio en el centro del campo y con Escudé de central, dejando a Medel y Cáceres en el banquillo. Precisamente, los dos primeros fueron los protagonistas de los dos goles del Rayo.

Fazio fue para mí el principal culpable del primer gol –a no ser que Varas no anunciara su salida–, ya que, ante un balón que era claramente para el guardameta, el argentino salta, tal y como lo haría un delantero rival para entorpecer la salida del portero. La diferencia es que este salto, al ser un defensa propio, coge de sorpresa a Varas, que no es capaz de hacerse con el balón ni de reaccionar a última hora, despejando de puños.

Y el segundo gol, ya lo he visto muchas veces. Incomprensiblemente, Escudé se despista y queda aislado, muy lejos del resto de defensas, y además pierde de vista a Tamudo, que está a su espalda y separado de él varios metros. Demasiadas facilidades para el ex-españolista, que es perro viejo y aprovechó el regalo. Es habitual que el francés descuide lo que ocurre a su espalda, cuando un buen defensa tiene que tener ojos en la nuca.

No sé qué tiene que pasar para que Marcelino se dé cuenta, de una vez por todas, de que en plantilla tiene mejores jugadores que Fazio y Escudé y que estos sólo deben jugar en caso de emergencia. Me da la impresión de que Marcelino y, por consiguiente, el equipo,  están perdidos, desorientados. Las últimas actuaciones no hay por donde cogerlas, y, en mi opinión, se hacen evidentes tres defectos graves, o más bien gravísimos del equipo:

En defensa no hay ni orden, ni contundencia, ni, por lo que parece, concentración. Llevamos encajados tres goles de chiste, tan ridículos que parecen más propios de jugadores aficionados que de profesionales. Uno ve los goles que nos hacen en el Levante-Sevilla, Valencia-Sevilla y Rayo-Sevilla y se le cae el alma al suelo.

En el centro del campo, siguen los problemas tremendos de creación de juego, ayer agravados por la baja de Navas y por la inoperancia en la distribución de juego de Fazio. Influye también mucho la baja forma de Rakitic y Trochowski. El único que se salvó ayer fue Reyes, que para mí fue el mejor del partido.

Y arriba seguimos gafados y sin gol. Dependemos demasiado de Negredo, quien lleva una racha verdaderamente calamitosa. Aparece poco, y, cuando lo hace, es para fallar ocasiones de gol. Kanouté ya no es el mismo, aunque sigue sacando las castañas del fuego de vez en cuando.

 Cometiendo errores importantes en las tres líneas y desde el banquillo, difícil veo que nos clasifiquemos para Europa. Tenemos que cambiar mucho para que la temporada no acabe en desastre, porque, si no somos capaces de ganar a equipos tan inferiores como Levante y Rayo Vallecano, lo tenemos crudo.

Contra el Español de nuevo sólo vale la victoria. Una derrota nos podría meter de lleno, y merecidamente, en tierra de nadie. A estas alturas me parece increíble que sólo llevemos 24 puntos de 54 posibles, y más increíble aún que, a pesar de eso, sólo estemos a un punto de la zona europea. Esto sólo se puede interpretar como un claro síntoma de la mediocridad del Sevilla y, sobre todo, de la Liga española.

Guadalajara 4 – Sevilla AT. 1

El Guadalajara ha dejado casi sentenciada la eliminatoria. Y digo «casi»,  porque los sevillistas sabemos lo bien que puede jugar nuestro filial. Sin embargo, el partido de hoy ha sido desastroso, de principio a fin, pero especialmente la segunda parte.

No pudo empezar peor, porque Samuel cometió un penalty clarísimo, que tendría que haber supuesto su expulsión. Afortunadamente, no fue así. Sin embargo, Samuel se fue al vestuario antes de tiempo en la recta final del partido, y posiblemente, si algún recurso no lo evita, no podrá jugar la vuelta.

Un magnífico disparo de Jairo Caballero acortó distancias, minutos después de que Samuel lanzara al larguero un sensacional disparo.

Lo peor vino en la segunda parte, donde el Guadalajara se imponía con facilidad, creando clarísimas ocasiones de gol ante Dani Jiménez, que fue el mejor de nuestro equipo y nos salvó de que el marcador fuera aún más abultado.  Sin embargo, no pudo evitar encajar tres goles en poco más de un cuarto de hora. El último de ellos, a mi juicio, vino a raíz de una falta inexistente.

Partido para olvidar, donde el rival no superó en todo, jugando con más intensidad y velocidad, presionando en cada balón. Nos han machacado a balón parado, donde hemos estado mal posicionados y blanditos.

No entiendo el porqué de la suplencia de Salva. Supongo que habrá una explicación, porque Salva es titular indiscutible y el partido era de los importantes. Quizás estuviera algo tocado, porque otro motivo no se me ocurre.

Habrá que darle la vuelta al marcador, pero está harto difícil. No sólo porque tenemos que ganar con tres goles de ventaja (o cuatro, pero lo normal es que sean tres), sino porque tenemos que hacerlos ante un buen equipo. El Guadalajara tiene una serie de jugadores muy rápidos, buenos pasadores y con calidad. Para superarles, tendremos que jugar muy bien. Tendremos que hacer todo lo que no hemos hecho hoy.

Pero está claro que, sea cual sea el resultado de ese partido de vuelta, los chavales han cumplido. Nadie esperaba que dieran el nivel que han dado, y sólo debemos de tener hacia ellos agradecimiento. Agradecimiento por habernos ofrecido tantos partidos de enorme nivel, con jugadas de tiralíneas y goles espectaculares. Y, desde luego, no hay que olvidar que el filial está para nutrir de jugadores al primer equipo, y no para subir a Segunda División. Por mucha ilusión que haga a la afición y a los jugadores, ése no es el objetivo principal.