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El reciente pentacampeón de Europa no puedo conseguir el ansiado doblete

El Sevilla tuvo en la mano el conseguir traer a su ciudad su sexta Copa del Rey, pero fallos sobre el césped y en el banquillo lo impidieron.

El Rey del Sur, como rezaba el tifo exhibido en el Vicente Calderón, fue superior al Barcelona en los primeros minutos y, contrariamente a lo que la lógica dictaba, no pasó apuros. Había pocas ocasiones de gol por ambos lados, hasta que Gameiro consiguió quedarse solo, aprovechando la adelantada defensa blaugrana, y Mascherano se vio obligado a derribar al francés. Jugada de penalti y expulsión. Jugada que suele ser decisiva, a no ser que tengas enfrente a un señor equipo como el Barcelona, que tiene en sus filas a varios de los mejores jugadores del mundo.

En realidad, no puede considerarse que el Sevilla quedara en superioridad con esa expulsión, sino más bien en igualdad. De la misma manera que en Basilea puede decirse que los aficionados sevillistas estábamos en igualdad con los del Liverpool, porque cada uno de nosotros hacía por cuatro de ellos, también puede pensarse que Messi vale por dos –como mínimo–. Teníamos superioridad numérica, pero no técnica. Había que andar con siete ojos porque Messi o Neymar, con su velocidad y desborde, eran capaces de montar un contragolpe o colarla en alguna falta directa.

No obstante, es evidente que el partido se puso muy de cara con esa expulsión y con la lesión de Suárez –lástima que no fuera Messi–. Pero había que marcar un gol, y el Sevilla apenas creó ocasiones de gol. Tuvo dos muy claras, ambas de Banega, que se despidió ayer del sevillismo: un disparo fue espectacularmente interceptado por Ter Stegen y otro fue repelido por el poste. Aparte de eso, algún que otro balón suelto en el área y algún disparo lejano sin consecuencias.

A toro pasado, da la impresión de que el Sevilla debió arriesgar más, aprovechando la superioridad numérica. Quizás, metiendo un segundo delantero, como Llorente, que rivalizara con Piqué, quien se las llevaba todas por alto. Pero también es verdad que Llorente no está para nada, y lo demostró en los pocos minutos que jugó.

Pasaban los minutos y el panorama era el mismo: un Sevilla que no podía hincar el diente y un Barcelona que amenazaba con finiquitar la final con un contragolpe o una falta.

Y entonces llegó el que, a la vista de los resultados, parecía el error más importante, y llegó desde el banquillo. Emery decidió quitar a Mariano para dar entrada a Konoplyanka. Es decir, quitó al jugador que le puso los grilletes a Neymar, con el agravante de que Konoplyanka apenas aportó nada.

Pocos minutos tardó Neymar en quedarse solo ante Rico, con la mala suerte de que fue Banega, nuestro jugador más importante, el que lo derribara, siendo también expulsado. El panorama no podía ser más desalentador: sin nuestro mejor jugador y en una prórroga, con la pesadez en las piernas de haber jugado otra final cuatro días antes.

En la prórroga Messi hizo de las suyas con dos pases de gol que decidieron la eliminatoria. Muchos jugadores tocados físicamente, por la batalla de Basilea y por los 90 minutos de partido, hicieron lo que pudieron, entregándose al máximo, pero fueron presa fácil para Iniesta, Messi y Neymar. Incomprensiblemente, Emery dejó sin efectuar el tercer cambio, a pesar de estar el equipo bajo mínimos. El resultado no fue más abultado porque Sergio Rico estuvo inconmensurable en un par de acciones que llevaron marchamo de gol.

Para colmo, el árbitro se unió a la fiesta blaugrana y empezó a señalar faltas inexistentes, algunas de ellas con tarjeta incluida, que sólo sirvieron para desquiciar a los jugadores blancos y para desequilibrar aún más la balanza. Rami pudo ver la segunda amarilla por protestar una de esas faltas de manera airada y Carriço vio dos amarillas en una misma jugada, y eso que llegó a tocar balón.

Una verdadera lástima que no se trajeran la sexta Copa del Rey, pero el fútbol no tiene piedad con los que cometen tantos errores, y más si el rival que se tiene enfrente es el mejor del mundo. Eso sí, en la grada se ganó por goleada, como era de esperar.

Hoy toca celebrar sólo un título, pero, por fortuna, es el más importante de los dos a los que aspirábamos, ya que nos da más dinero, la clasificación directa para la fase de grupo de Champions y, por tanto, nos libramos de las dos fases previas de la Europa League –la competición a la que abríamos accedido por Liga–, las cuáles habrían condicionado la pretemporada y temporada del que seguro que será un ilusionante Sevilla 2016-2017.

 

Celta 2 – Sevilla FC 2. Dos nuevas finales para el Sevilla FC

Otra final más de la década prodigiosa, la número trece, y la catorce podría ser la Supercopa de España, pues casi con toda seguridad el Barcelona será el campeón de Liga. Aunque yo espero que antes juguemos la final de la Europa League. Por ser positivos, que no quede.

El Sevilla comenzó muy serio, con orden, tocando el balón y sin precipitarse. En la primera parte, llegó a tener tres ocasiones claras de gol, siendo la más clara el cabezazo al poste de Carriço. A los 35 minutos llegó primer gol celtiña, obra de Iago Aspas y que daba un halo de esperanza a nuestro rival.

No obstante, la eliminatoria estuvo controlada en todo momento, aunque con el 2-0 llegó algo de intranquilidad, porque un tercer gol podría ponernos en apuros. Pero Banega sentenció, o resentenció, la eliminatoria sólo dos minutos después, definiendo con mucha clase. El argentino se marcó un partidazo, aunque en ocasiones llega a desesperar por su individualismo.

Inmediatamente después el Celta dispuso de un penalti que yo creo que no fue. Es más, creía que el mal árbitro que es Martínez Munuera iba a enseñar tarjeta amarilla a Guidetti por el piscinazo, pero, para mi sorpresa y la de Sergio Rico, señaló el punto de penalti. De hecho, Guidetti también creyó que le iban a enseñar amarilla y se levantó como un rayo para seguir la jugada y evitar la sanción. Además, físicamente es imposible que una entrada a ras de suelo, como era la de Sergio Rico, provoque que el delantero salga disparado hacia arriba.

Por fortuna, esta jugada no tuvo consecuencias, puesto que Sergio Rico sólo vio amarilla y Guidetti estrelló el balón en el poste. Peor aún fue el otro error grave del árbitro: la tarjeta amarilla que le mostró a N’zonzi, en el minuto 88 y que le impedirá jugar la final. Desde mi punto de vista, no fue ni falta, pero, si lo era, en ningún caso merecería tarjeta. No contento con eso, Martínez Munuera, una vez finalizado el partido, le enseñó la segunda amarilla y lo expulsó, supuestamente, por protestar. Por un lado, ya hay que ser miserable para expulsar a un jugador por eso, pero por otro lado, N’Zonzi ya se debería de haber dado cuenta de que los árbitros españoles no tienen absolutamente nada que ver con los ingleses. Aquí son más chulos que un ocho y no suelen tener respeto por los jugadores. Bueno, más bien, con algunos jugadores, con los que no pertenecen a los considerados por la prensa como “grandes”.

Los otros apercibidos, Rami y Kolo, no vieron ninguna amarilla y podrán disputar la final. Pienso que, dada la ventaja que llevaba el Sevilla, fue una temeridad hacerlos jugar, porque, sobre todo, la baja de Rami habría sido muy importante.

En la recta final, Vitolo hizo un jugadón para asistir a Konoplyanka, que machacó a placer, logrando el empate a dos definitivo. Tuvo mérito la jugada, porque a esas alturas el terreno de juego era una piscina y costaba mucho hacer rodar el balón.

Ahora queda lo más difícil: derrotar en la final al que probablemente sea el mejor equipo del mundo. Dificilísimo, pero a un solo partido tenemos más posibilidades. Ojalá sea el 22 de mayo, domingo. Significará que habremos jugado la final de la Europa League.

 

 

Celta-Sevilla. El Sevilla no debe dejarles creer en la remontada

Cuatro goles de ventaja deben ser más que suficientes para asegurarse estar en la final de la Copa del Rey. La remontada es posible, sí, pero harto improbable. Sólo circunstancias extraordinarias podrían hacer saltar la sorpresa, como una expulsión tempranera, que el Sevilla haga un partido desastroso, de principio a fin, o que al Celta le dé por colar cada ocasión de gol que tenga. Sin ir más lejos, hay que recordar que el Sevilla, antes de marcar el primer gol en el partido de ida –es decir, aún en el primer tiempo– tuvo cinco ocasiones claras de gol, penalti incluido, que fueron desaprovechadas.

Teniendo eso en cuenta, claro que es posible la remontada. De igual modo que también es perfectamente posible que el Sevilla marque algún gol. Y ese pequeño detalle parece no tenerlo en consideración ni Berizzo, ni sus jugadores, que hablan de hacer cuatro o cinco goles pero en ningún momento parecen preocupados de no recibir ningún gol en contra.

Además, el Sevilla tendrá en la noche de hoy un aliado de lujo: el cronómetro. El Celta basa su estrategia en, lógicamente, lograr un gol en los primeros minutos. Si no lo consigue, poco a poco, irán convenciéndose –si es que no lo están ya– de la complicada hazaña que tienen que conseguir. Basta con que lleguemos al descanso con la puerta a cero para que se convenzan del todo. O que, por supuesto, marquemos un gol, lo que convertiría en un trámite el resto del partido.

A medida que pase el tiempo, la ansiedad debe notarse en las acciones de nuestro rival, y eso debe llevar a la precipitación y al error. Y hoy el Celta no puede permitirse ninguno.

Por otro lado, me preocupan las declaraciones de Emery, cuando afirma que “jugarán los mejores”. Desde mi punto de vista, eso implica alinear a Rami y, teniendo en cuenta sus últimas actuaciones, a N’Zonzi. Espero que nuestro entrenador no sea tan irresponsable como para poner en riesgo la participación de estos jugadores en una hipotética final, ya que están apercibidos. Entiendo que los convoque, por si llegarámos a una situación preocupante, pero no que formen parte del once inicial, llevando cuatro goles de ventaja.

Esta noche saldremos de dudas, pero todo apunta a que la final debe ser entre el Barcelona y el Sevilla, como no puede debe ser de otra manera.

Sevilla FC 4 – Celta 0. Eliminatoria casi sentenciada

Magnífico partido y sensacional resultado el de la noche de ayer. Un contundente 4-0 que nos deja a las puertas de una nueva final. Pero como bien dicen Emery y Castro, hay que ser prudentes, pues aún quedan 90 minutos. Eso sí, sería una hecatombe que el Sevilla no llegara a la final, pero seguro que el Celta intentará la remontada, y siempre pueden darse circunstancias que faciliten lo que sería una hazaña: expulsiones, un mal partido, fallos arbitrales… Mejor esperar a que se juegue la otra mitad de la eliminatoria antes de hacer celebraciones. Si nosotros hemos logrado ganar 4-0, también lo pueden hacer ellos, porque tienen jugadores de mucha calidad.

En cuanto al partido que hizo el Sevilla, fue muy completo, con mucha intensidad y concentración, como requería el rival. No se empezó bien, porque se fallaron hasta cinco ocasiones claras de gol, la más clamorosa el penalti fallado por el héroe del partido, un Gameiro que estuvo inmenso, como titula L’Equipe.

Mi temor era el dicho de “quien perdona, pierde”. Pero no fue así. El Celta llegó en dos ocasiones, ambas muy claras, pero que se fueron al poste y fuera, por muy poco.

Y, por fin, en el último minuto de la primera parte, Rami encontró el camino al gol, tras cabecear el córner sacado por Banega.

El 1-0 fue un mazazo para el Celta, que salió en la segunda parte con la firme idea de conseguir un gol que le diera esperanzas para la vuelta. Y lo buscó con tantas ganas que perdió el orden y dejó muchos espacios. Y esa fue su perdición. En tres minutos Gameiro se encargó de aprovechar, con su endiablada velocidad, tanto terreno a su disposición, e hizo dos goles que dejaban muy encarrilada la eliminatoria.

Yo firmaba el 3-0, porque, además, el Celta llegaba, de vez en cuando, con peligro al área. Pero llegó el cuarto, por medio de Krohn-Dehli, a pase de Vitolo, y con él también llegó la fiesta total en el Ramón Sánchez Pizjuán.

El árbitro, Clos Gómez, no me gustó nada. No entiendo esa diferente vara de medir a la hora de mostrar tarjetas y, sobre todo, el que no expulsara a Wass, pues la segunda tarjeta amarilla fue tan clara que la reclamó todo el estadio.

Confianzas para el partido de vuelta, ninguna. Y para evitar problemas, mejor que marquemos un gol pronto. Entonces sí estará la eliminatoria sentenciada.

Esta noche toca partidazo

Gran partido ante un gran rival. El Celta ha llegado a las semifinales porque tiene un muy buen equipo, repleto de jugadores de calidad: Cabral, Wass, Guidetti y, sobre todo, Orellana, Iago Aspas y Pablo Hernández. También se han unido en el mercado de invierno el francés Beauvue y el chileno Marcelo Díaz, otro internacional chileno, procedente del Hamburgo y que podría debutar hoy, aunque no de titular. Por suerte, no será de la partida Nolito, que en liga sacó mucho provecho de uno de nuestros puntos débiles: el lateral derecho.

Además, Berizzo ha conseguido que el Celta juegue casi de memoria y tienen tanta ilusión, o más, como nosotros por llegar a la final. Su potencial se pudo ver en la anterior eliminatoria, donde se deshicieron del Atlético de Madrid, haciéndole, nada más y nada menos, que tres goles en el Vicente Calderón. Dos de ellos fueron goles de cabeza del argentino, pero internacional por Chile, Pablo Hernández. El Atlético de Madrid sólo había encajado ocho goles en veintiuna jornadas de Liga.

Pero es evidente que el Sevilla también tiene buenas armas, a pesar de la destacada baja de Krychowiak, con lo cual será, previsiblemente, un partido de poder a poder, muy igualado, y donde será fundamental, como siempre, el mantener la portería a cero con vistas al partido de vuelta, donde, casi con toda seguridad, se decidirá la eliminatoria.

Espero que a Emery no caiga en la tentación de poner a Carriço en el centro del campo. Necesitamos al portugués en defensa, junto con Rami. Confío en que el buen juego que están mostrando N’Zonzi y Cristóforo le haga desistir de esa idea que seguro que se le ha pasado por la cabeza, pero que está más que demostrado que no funciona.

El Celta será el primer rival importante al que nos enfrentemos, porque hasta ahora hemos tenido bastante suerte en los sorteos. Nos jugamos mucho, nada más y nada menos que jugar la final ante el Barcelona, porque me da la impresión de que el Valencia no será capaz de remontar la eliminatoria.

El estadio debería de estar hasta la bandera, pero supongo que no será así por el horario –ocho y media de la tarde, en día laborable–, el frío y porque será televisado en abierto.

De cualquier manera, seguro que el ambiente estará a la altura de las circunstancias.

Mirandés 0 – Sevilla FC 3. Otro paseo

Bueno, pues nos hemos plantado en semifinales batiendo un récord, puesto que no hemos encajado ningún gol. También es cierto que, hasta ahora, no nos hemos topado con un rival complicado. Ni Logroñés, ni Betis, ni Mirandés deben ser un obstáculo para el Sevilla actual.

A decir verdad, esperaba que el Mirandés fuese a oponer más resistencia. Para empezar, creía que el estadio iba a estar hasta la bandera. Sin embargo, se vio mucha grada vacía.

La eliminatoria se sentenció pronto. A los nueve minutos Iborra transformó un claro penalti cometido sobre Cristóforo, que hizo un partido magnífico. A partir de ahí, el Mirandés lo intentó, pero el Sevilla apenas le dejó crear ocasiones. La más clara la tuvieron al final, en un cabezazo que repelió el poste.

El partido que hizo el Sevilla fue muy serio en todo momento, y  el control del partido fue total. Iborra, N’Zonzi y Cristóforo no tuvieron ningún problema para imponerse y dominar el centro del campo. Y los pocos balones que sobrepasaban esta línea, siempre eran neutralizados por los centrales o por un David Soria que cada día desprende mejores sensaciones.

En general, todos los jugadores estuvieron a buen nivel, excepto Llorente, que sigue estando lento y fuera de forma. Falló también una ocasión muy clara de gol.

Me gustaron especialmente Cristóforo, Nzonzi y Kakuta. Pienso que el ex del Chelsea y Rayo Vallecano tiene calidad de sobra para dar buenos momentos en Nervión. Su centro a Coke, en el último gol, fue magnífico.

También vio puerta Juan Muñoz, que marcó un gol de delantero centro puro. Fue, además, el primero que marca en partido oficial con la primera plantilla.

Y ahora viene lo bueno, y lo difícil. Nos esperan para el sorteo de hoy tres rivales que, en mi opinión, por orden de dificultad, son los siguientes: Barcelona, Celta de Vigo y Valencia. Así que, como dice Emery, hay que alejarse del Barcelona y dar la bienvenida al Valencia, que, aunque tiene también muy buenos jugadores, es el más asequible de los tres.

 

Mirandés-Sevilla. No será fácil pasar a semifinales

Me da la impresión, que ojalá sea equivocada, de que no va a ser nada fácil el pase a semifinales. Y me baso en el partido de ida, donde ya el equipo burgalés nos causó bastantes problemas. Así que allí, en su estadio –un terreno de juego pequeño– y ante su afición, si no damos el cien por cien, pueden darnos un disgusto.

Obviamente, la clave está en marcar primero. Si lo hace el Mirandés, estarán a un paso de igualar la eliminatoria, pero si lo hace el Sevilla, prácticamente quedaría expedito al pase a semifinales, ya que nuestro rival estaría obligado a hacer cuatro goles.

Previsiblemente, Emery alineará un centro del campo superpoblado, con un solo punta. No serán de la partida ni Banega, ni Krohn-Dehli, por molestias físicas. Con lo cual, un posible centro del campo sería el formado por Cristóforo-Iborra-N’zonzi. Es decir, creación habrá poca. La que dé Reyes, si juega.

Espero que los jugadores y, sobre todo Emery, se tomen en serio el partido de esta noche y abunden los titulares en el once inicial. Con un poco de suerte, podemos plantarnos en la final y sería una lástima desaprovechar una oportunidad así. Llevando dos goles de ventaja, sería un gran fracaso quedar apeados de la competición, sobre todo si tenemos en cuenta que el Mirandés es un equipo de inferior categoría.

En caso de llegar a la final, por lo visto ayer, será ante el Barcelona, si es que no nos toca antes en semifinales. Y es que los culés, aparte de tener un equipazo, en ciertos momentos recibieron ayuda arbitral para superar al Athletic de Bilbao. Nada nuevo, por otra parte.