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Que nos arbitre un chimpancé

Ahora está de moda el hablar de los errores arbitrales, o mejor dicho, a los medios nacionales les han dado por sacar a relucir el tema arbitral. El que se hable ahora no es casual, por supuesto, sino que es debido a que tanto el Madrid como el Barcelona se quejan porque se ven perjudicados. Esto me parece realmente gracioso, porque, si ellos se quejan de los árbitros, ¿qué tendrían que hacer los demás? Es evidente que ellos tienen un trato privilegiado, tanto dentro del terreno de juego como fuera de él. A la hora de enseñarles tarjetas a los jugadores de estos equipos, los árbitros de turno se lo piensan muchísimo, y, a veces, da la impresión de que casi piden perdón. En caso de duda, casualmente tienen una extraña tendencia a favorecer al poderoso. Y si hablamos de las actuaciones de los diversos comités, que se supone deberían impartir justicia, los agravios comparativos son más que evidentes.

Pero la cuestión es: ¿pueden equivocarse los árbitros? Lógicamente, pueden, y lo hacen continuamente. Pero yo pienso que no deberían. Hay un mundo entre el fútbol profesional y el amateur. En un partido amistoso sí puede permitirse un fallo arbitral, pues no tiene mayor importancia. Pero el fútbol de élite está, cada día que pasa, más  profesionalizado. Hay muchísimos intereses, demasido dinero en juego. Y los árbitros tienen un poder inmenso. Tienen tanto poder que, de un simple soplido, pueden echar por la borda el trabajo de una semana o de toda una temporada. Ellos pueden otorgar títulos o hacer perder la categoría a quien no lo merece. Y las consecuencias de un descenso son gravísimas, pudiendo incluso abocar a un club a su desaparición.

Los errores arbitrales pueden afectar incluso a países, como ocurrió en el pasado mundial. Se cometieron tantos errores y tan graves que la FIFA está planteándose incluso el usar tecnología para luchar contra los llamados goles fantasmas.

Sería de justicia que se hiciera. Si no fuera así, ¿a qué viene tanta campaña de Fair Play? El juego limpio no es sólo darle la mano al rival para que se levante cuando ha recibido una falta. El verdadero juego limpio debe ser que se aplique el reglamento con justicia y con ecuanimidad a todos los participantes en una competición. En definitiva, debería garantizarse, por todos los medios –incluso tecnológicos– que la consecución de un título, o cualquier otro logro deportivo, será totalmente merecida, desterrando la idea de cualquier posible apaño y minimizando los errores arbitrales. Porque, hay que tener claro que, incluso si se aplicara el uso del vídeo para asistir a los árbitros, las imágenes seguirían estando sujetas a la interpretación de estos, con lo cual seguiría habiendo polémica, pero con la enorme diferencia de que ya se trataría de casos puntuales.

El uso de la tecnología en el fútbol tiene sus partidarios y detractores, pero yo considero que sólo es cuestión de tiempo el que llegue a utilizarse en los campos de fútbol, de modo similar a como utiliza, con indudable éxito, en otros deportes, como el tenis o atletismo.

El fútbol ha cambiado mucho. La mayoría de las entidades han dejado de ser clubes,  para convertirse en Sociedades Anónimas, para convertirse en empresas. Y mueven muchísimo dinero. Demasiado como para que un error humano cause estragos en sus contabilidades. Ciertamente, los clubes no tienen por qué pagar los errores de otros.

El Presidente del Comité Técnico de Árbitros, Sánchez Arminio, ante el revuelo que está montando la prensa, ha pedido respeto –aunque ellos no respeten a los jugadores, clubes, ni a las aficiones–, ya que «son humanos, como todos los demás y pueden cometer sus errores, como el resto de personas». Siempre se escudan tras el error humano. Incluso han llegado a decir que, si se usara tecnología en el fútbol, se perdería la esencia de este deporte. Nada más lejos de la realidad, porque la esencia del fútbol es el gol, es el espectáculo, y no el ver a un árbitro inventándose un penalti.

Mientras llega esa tecnología, podríamos optar por la propuesta que dejó inmortalizada Francisco Ibáñez en una de sus viñetas de Mortadelo y Filemón: «pues entonces que nos arbitre un chimpancé, que, como no es humano, no puede equivocarse».

Y nosotros tenemos que seguir soportándole

Tengo que reconocer que no he visto ninguno de los dos partidos que han jugado el Madrid y el Barcelona en la Copa del Rey, pero por lo visto, Teixeira no estuvo nada acertado, y no gustó a ninguno de los dos equipos. O sea, se dio el caso más lógico: que un mal colegiado arbitre mal. O muy mal, como suele ser en su caso.

Lo hizo tan mal que el Comité Técnico de Árbitros, presidido por Sánchez Arminio –otro que fue un mal árbitro–  ha decidido ponerlo en «la nevera», que es como se conoce coloquialmente a sancionarlo sin arbitrar.

Me parece muy bien que se castigue a los árbitros cuando lo hacen mal. El problema es que sólo se considera que lo hacen mal cuando perjudican a Madrid y Barcelona. Se vuelve a demostrar que estos dos clubes juegan con reglas distintas o cuentan con privilegios de los que los demás carecen.

Seguramente, Teixeira no será aún consciente del error tan grave que ha cometido. ¿A quién se le ocurre perjudicar al Madrid? Ya se dice que no volverá a pitar al Madrid en esta temporada y de que se puede ir olvidando de llegar a ser árbitro internacional, que es algo que, aunque parezca verdaderamente increíble por el bajo nivel de este árbitro, esperaba conseguir.

El resto de equipos, sin embargo, tendremos que seguir soportando las absurdas decisiones de Texeira, o de su hermano, que es tan malo o más que él. Claro que el nivel de los demás… tampoco es para tirar cohetes.

Y no hablemos ya de los insultos de Mourinho al árbitro, que seguramente quedarán impunes, ya que no crearán alarma social. Como todo el mundo sabe, «alarma social» sólo se crea cuando se escandalizan en Madrid por algún motivo. Y, por tanto, si hace algo Mou o Pepe, o cualquier otro madridista, nadie se alarmará.

La mejor liga del mundo. Eso dicen. Y a mí me sigue entrando la risa floja cuando lo oigo.