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Para defenderlo, le dio una afición

Hoy, a las 13 horas, está convocada una rueda de prensa donde José Castro tratará el tema del posible cierre parcial del Ramón Sánchez Pizjuán. En mi opinión, el sevillismo espera palabras de contundencia de nuestro presidente contra la injusta propuesta del Comité de Competición. Yo al menos, me sentiría muy defraudado si no fuera así.

El sevillismo está hastiado, más que harto de los constantes agravios comparativos que estamos sufriendo durante los últimos años, pero que se han acrecentado desde que a Tebas, a raíz del asesinato del aficionado del Depor Jimmy a manos del Frente Atlético, colocara en su punto de mira a los Biris. Ilógico, pero cierto. En lugar de ir a por el grupo ultra del Atlético, con antecedentes de asesinatos, va a por el del Sevilla, que tampoco es que sean unos angelitos, pero, desde luego no llegan a su nivel. No sé cuantos componen los Biris, pero estoy seguro de que, si son 800 miembros, por decir una cifra, no llegarán a 30 el número de cafres que son capaces de liarla.

Tebas decidió entonces crear una supuesta red de informadores o chivatos que informarían, con pelos y señales, de todas las atrocidades que se cometieran en los estadios, hasta el punto de denunciar hasta los insultos. Digo “supuesta”, porque parece que no formó tal red, sino que sólo enviaba uno al Ramón Sánchez Pizjuán. En los demás estadios se oyen toda clase de insultos, pero sólo se recogen y denuncian los que se producen aquí. En Madrid –Bernabéu y Calderón–, Valencia, Málaga, Pamplona, o nuestros amables vecinos verdiblancos, no dicen “Puta Sevilla”, ni “sevillanos, yonkis y gitanos”, ni el vomitivo “Ea, ea, ea, Puerta se Marea”, ni otras lindezas por el estilo. Tampoco se han cerrado estadios por lanzar botellas de whiskey, cabezas de cochinillos o plátanos a jugadores negros. Y quieren cerrar el nuestro por insultar.

Pero el camino ya está marcado. En Gijón ya han recibido otra injusta propuesta porque parte de la afición insultó a Williams, el jugador negro –sí, es negro, sin lamentables eufemismos como “de color” o “moreno”– del Athlétic. Y en Gijón tienen clarísimo que no cerrarán el estadio y que irán a los juzgados si hiciera falta. Por lo pronto, ya han conseguido la suspensión del cierre, como era de esperar. Y supongo que acabarán dándole la razón y dejando sin efecto la sanción.

A nadie se le escapa que esta propuesta de cierre tiene su origen en el affaire Sergio Ramos. Desde los Madriles se ve tremendamente escandaloso que al capitán del Madrid y de la Selección española –un jugador ejemplar, según ellos– se le llame “hijo de puta”. Este jugador ejemplar es uno de los más violentos sobre el terreno de juego y, por tanto, de los más expulsados, y eso que le protege su camiseta. Hace unos días, en el Madrid-Celta, el jugador ejemplar tuvo unas palabras para la madre de Iago Aspas, al que también escupió. Es decir, Sergio Ramos se lamenta y se muestra afectado en los medios porque insultan a su madre, y un par de partidos depués, él hace exactamente lo mismo con Iago Aspas. Muy coherente el muchacho.

Por cierto, en Madrid se olvidan, casualmente, de que Sergio Ramos provocó a la grada del Ramón Sánchez Pizjuán, y que eso es sancionable, ya que infringe el artículo 93 del Código Disciplinario de la RFEF. Le podrían haber caído de cuatro a doce partidos de sanción. Si hubiera sido un jugador de un equipo terrenal, claro está. Como Sergio Ramos es ejemplar, habrán considerado que una sanción así mancharía su impoluto historial.

La cuestión es que en Madrid ya no les basta con multas absurdas –120.000 € por una pancarta que rezaba “Se armó la gozadera”, por ejemplo–, si no que, aprovechando el escándalo Ramos, ahora quieren el cierre parcial. Y por ahí sí que no se pasa. José Castro tiene que dejar bien clarito que el estadio no se cierra, ni un solo asiento.

Pienso que, hasta ahora, Castro ha permitido cosas que no debería haber permitido. Si es cierto lo que se comenta en las redes sociales, no es de recibo que, en nuestro propio estadio, no se dejen entrar banderas que se han vendido en la tienda oficial del club. O que no se permita la entrada de bombos para animación, cuando sí se dejan en otros estadios; o  la retirada de pancartas donde no se insulta a nadie.

“Para defenderlo, le dio una afición”. Es lo que dice la letra del himno de El Arrebato. La afición lo tiene claro. Las peñas se están uniendo para contrarrestar las disversas campañas de desprestigio de la afición del Sevilla, que ya llegan en oleadas desde más allá de Despeñaperros –la última, la bandera de “Gordo” en Pamplona–. Así que a Castro no le queda otra que liderar a la afición, como es su deber y obligación, y lo debe hacer con contundencia y firmeza. Él siempre ha dicho que el Sevilla tiene que estar unido. En este tema no son suficientes las palabras, sino los hechos.

La indignación es máxima. Habrá que llegar hasta donde haga falta, hasta el último tribunal, pero el Ramón Sánchez Pizjuán no se cierra.

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Decepcionante rueda de prensa. Castro no ha hecho más que insistir en lo evidente, pero también en lo que es imposible de evitar: que insultar no nos lleva a ningún sitio. Ya sabemos que insultar está mal, pero, en mi opinión, no hay forma de evitar que insulte parte del público. La única forma es demostrar que alguien ha insultado, identificarle y sancionarle, pero nunca la solución es que paguen justos por pecadores. No soy jurista, pero creo que demostrar que alguien ha insultado es bastante complicado, y más aún si se amparan en la masa.

La cuestión más importante, en mi opinión, es el agravio comparativo con otras aficiones, y ahí el presidente no ha querido entrar. Aunque la ha reconocido, como no podía ser de otra forma, sólo ha tocado el tema de soslayo y ha evitado un tema que, según él, hay que tratar en otros foros. Seguramente, se referirá a ese tipo de foros donde tanto nos ningunéan.

También dice que no debemos sentirnos perseguidos. Será una impresión equivocada del aficionado sevillista.

Contundencia cero, decepción máxima.

 

 

 

 

Mal hace el Sevilla en respetar a quien no respeta

Todavía no nos hemos recuperado de la sanción anterior, de cierre de cuatro partidos de la grada de gol norte, con la indignación rebosando en cada sevillista, y yo diría que de cualquier aficionado al que le guste el fútbol, nos llega otra propuesta de sanción-disparate, que en esta ocasión es de cierre parcial de ocho partidos o de cierre total de cuatro partidos. Esta nueva tropelía puede calificarse de muchas maneras: pitorreo, cachondeo, de poca vergüenza… pero, sobre todo, es una falta de respeto enorme, hacia el club y hacia sus aficionados.

Lo primero que hice cuando me enteré de la propuesta de sanción fue entrar en la página web del club para ver la reacción de nuestros dirigentes, y, la verdad, no pudo ser más decepcionante, puesto que se limitaron a publicar este breve comunicado. Sin embargo, el comunicado que publicó la Federación de Peñas Sevillistas, a raíz de la primera sanción, y al que se remite su Presidente, Ramón Somalo, al conocer la nueva propuesta de sanción, fue mucho más contundente y directo que la del propio club.

En mi opinión, ha llegado el momento de poner pie en pared, de oponerse clara y rotundamente a esta nueva afrenta de ayer. Sé que el club va a seguir en su línea de no alzar la voz, de mandar inútiles cartas que acaban en la papelera, de llamaditas de teléfonos que entran por un oído y salen por el otro, pero lo que pide el cuerpo es, directamente, sin más dilación, poner el asunto en manos de un buen abogado, a quien, seguramente, se le haría la boca agua ante una sentencia que lo reúne todo para no tomársela en serio: desproporcionalidad, injusticia… incluso prevaricación, puesto que yo creo que los mismos miembros del Comité de Competición serán conscientes de que la sanción no es justa, sobre todo teniendo en cuenta que se sanciona un hecho que ocurre en todos los estadios.

Y si el club no se atreve a ir a la justicia ordinaria, por miedo a sanciones o las más que probables represalias, como las que sufrimos en el pasado, pues siempre queda la opción, que quizás sea la más sensata, de que seamos nosotros, los aficionados, los que nos unamos y denunciemos esta nueva injusticia. Porque al final, los que vamos a pagar la incompetencia del Comité de Competición vamos a ser los aficionados y los abonados, tanto los que estamos ahora como los que están por llegar, ya que la sanción es tan absurda y ridícula que afectará a los nuevos abonados.

Decía Rousseau que “siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas”. Y yo no puedo estar más de acuerdo con él. Que nos tengan respeto, dentro y fuera del terreno de juego, es muy importante, fundamental, para el crecimiento del Sevilla FC.

Hay quien piensa que el respeto es un derecho innato. Sin embargo, otros creen que hay que saber ganárselo. En el caso del Sevilla, está claro que hay que ganárselo, porque las dos sanciones son claros ejemplos que nos han perdido el respeto. Y ya está tardando el club en dar el primer paso para ganar ese respeto perdido. Y ese primer paso tiene que ser con toda la firmeza del mundo y con todo el respaldo de la afición. Pero esto no puede continuar así. De verdad que no.

Nuevo disparate: dos partidos de sanción a Luna

El Comité de Incompetentes –o de Competición– no deja de asombrarme. Por si no fuera ya suficientemente absurdo expulsar a un jugador por decir “Pero pita alguna, pita alguna hombre”, –no es broma, aquí está el acta — ahora va este conjunto de supuestos letrados y, no sólo no le quitan la roja, sino que le echan dos partidos de sanción.

¿Y en qué se basan para los dos partidos? Pues en el artículo 120 del Código Disciplinario de la RFEF, que dice textualmente: “Protestar al árbitro principal, a los asistentes o al cuarto árbitro, siempre que no constituya falta más grave, se sancionará con suspensión de dos a tres partidos o por tiempo de hasta un mes”.

Vamos, que hay que hasta dar las gracias a este puñado de impresentables por no haberle sancionado por tres partidos o un mes.

Por supuesto, seguro que Antonio Luna es el único que protestó durante el partido. Y también estoy seguro de que si Luna, en vez de pertenecer al Sevilla, fuera del Atlético de Madrid, el señor colegiado también le habría expulsado y los lumbreras del Comité de Competición le habrían sancionado con dos partidos igualmente.

Estamos a años luz de la Premier, de la Bundesliga y de cualquier competición europea. ¡Qué pena de liga!

Seguro que multan al Barcelona

Hoy el Nou Camp ha recibido con gritos de “asesino” a Pepe. Como estamos en la mejor liga del mundo, seguro que un hecho tan lamentable no quedará impune y sancionarán al Barcelona. Eso es lo que hicieron en su día con el Sevilla, cuando en las gradas del Ramón Sánchez Pizjuán se cantó “Ujfalusi asesino”. La multa fue de 602 euros. Los dos euros serían para pagar el sobre y el sello.

Claro que yo, entre que soy un malpensado y entre que no considero a nuestra liga como la mejor del mundo –más bien de las peores–, no me extrañaría que al colegiado de turno se le olvide poner el “Pepe asesino” en el acta. O también podría ser que, como en el Camp Nou sólo caben cuatro gatos, pues el hombre ni siquiera lo haya oído.

¿Multarán al Barcelona? Apuesten si quieren, pero si hay alguien que sea lo suficientemente inocente como para esperar que Antiviolencia multe al todopoderoso FC Barcelona, mejor que lo haga sentado.

Nota post post: ¡Qué casualidad! Resulta que el árbitro no escuchó nada. O lo escuchó y se le “olvidó” ponerlo en el acta.