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Maribor 1 – Sevilla FC 1. Clasificados, pero habrá que mejorar mucho para tener opciones de pasar a cuartos

Mal partido del Sevilla ayer en Eslovenia. Se logró el empate, que era lo mínimo exigible, pero, a decir verdad, yo esperaba una victoria, porque considero que el Sevilla es, o debería ser, inmensamente superior al Maribor, por muchos internacionales que tenga. Tampoco es que sean “unos mataos”, pero el Liverpool les metió siete en Inglaterra, y nosotros tres en el Ramón Sánchez Pizjuán. De ahí mi decepción con el partido de ayer, donde, dicho sea de paso, tiramos por la borda casi un millón de euros, que es la diferencia entre empatar y ganar en la Champions League.

La primera parte no hubo donde cogerla. Lo mejor fue que sólo nos marcaron un gol, pero pudieron ser más. Como suele ser habitual, el equipo rival no debe hacer gran cosa para crearnos peligro, y en el primer contragolpe nos marcaron. Fue una buena jugada por la banda derecha, con un centro perfecto, con una velocidad y altura que hizo que fuera imposible de atajar por Sergio Rico. Pero lo que no se puede permitir es que el único delantero del equipo esloveno rematara completamente solo en el segundo palo. Esos fallos de marcaje no se pueden cometer en un equipo de primer nivel.

El Sevilla, durante toda esa primera mitad, hizo un fútbol muy simplón, horizontal y lentísimo, con lo que el Maribor, que se encerró descaradamente, con la única intención de sorprender al contragolpe, no pasó ningún apuro para mantener su portería a cero.

En la segunda parte cambiaron algo las tornas, sobre todo a raíz de la entrada de Ganso, que es uno de los pocos jugadores que tenemos en la plantilla capacitado para desenmarañar la red que había trenzado el Maribor, con las líneas muy juntas y con constante presión. Y además de su extraordinaria visión de juego, el brasileño también tiene gol. Ve puerta con facilidad, y ayer no fue una excepción, aunque mucha parte de culpa la tuvo el veterano guardameta Handanovic, que se tragó el balón.

Partido con mucha posesión de balón, pero que no sirve para nada, porque, a veces, se pierde en posiciones peligrosas ,y además se abusa del juego horizontal, con lo que se crean muy pocas ocasiones de gol.

Lo que sí tengo muy claro es que el Sevilla deberá reforzarse bien en enero si quiere tener opciones de pasar a cuartos de final, sobre todo en defensa. En mi opinión, es fundamental fichar un central de calidad, con buena salida de balón y que tenga velocidad, ya que jugamos con la defensa muy adelantada y un equipo de calidad media-alta nos fulmina al contragolpe, como ya han demostrado el Spartak de Moscú, el Liverpool y ayer el Maribor. Si no reforzamos la línea defensiva, será casi imposible superar a los posibles rivales que nos pueden tocar en el sorteo del lunes. Mi orden de preferencia sería el siguiente: Besiktas, Roma, Tottenham, Manchester United, Paris Saint Germain y Manchester City.

Pero vamos, que está claro que nos va a tocar la Roma de Monchi, Perotti y Fazio (o Facsio, como diría el maestro Araujo).

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Sevilla FC 3 – Liverpool 3. Partidazo para la historia

Lástima que el partido de hoy lo hayamos tenido que afrontar con una defensa de circunstancias, con un solo central sano, porque si no, podríamos haber visto un partido muy diferente. La mala planificación en defensa ha tenido sus consecuencias. Un partido vital, donde nos jugamos muchísimo, y con la defensa cogida con alfileres. En fin, ojalá se haya aprendido la lección y no se repitan estos errores en el futuro.

No pudo empezar peor el encuentro, porque, como nos está pasando habitualmente esta temporada, los rivales tienen que hacer muy poquito para hacernos daño.Llegó el primer córner y con él el primer gol. Muy buen sacado, nos ganan por arriba, y el segundo palo desierto. Un regalo que aprovechó Firmino para hacer el 1-0.

Por buscar algo positivo, y siendo muy optimistas, lo bueno es que nos quedaban 89 minutos para darle la vuelta. Lo malo, que el Sevilla tenía que arriesgar más y el Liverpool iba a disponer de más espacios para deleite de sus velocistas, como Firmino, Salah o Mane.

El Sevilla reaccionó bien, con raza, yéndose arriba, y pudiendo hacer, hasta en dos ocasiones, el empate. Pero Nolito se encontró con el palo y Ben Yedder falló lo que no se puede fallar nunca. Solo ante el guardameta la tiró fuera. Por muy poco, pero fuera. También está siendo habitual esta temporada que necesitemos muchas ocasiones para marcar, y solemos acabar pagando nuestra falta de acierto.

Y así fue. El segundo mazazo llegó pronto, a raíz de un contragolpe y previo paradón de Sergio Rico, que desvío a córner. Fue calcado al primer gol. Parecía la repetición de la jugada, pero con diferente goleador, que en esta ocasión fue Mané. Segundo córner, segundo gol.

Se ponía muy cuesta arriba el partido, sobre todo porque Berizzo no daba señales de vida. Con 0-2 y no se atrevió a meter un segundo delantero. Ni siquiera lo hizo cuando llegó el 0-3. En mi opinión, en este tercer gol no estuvo acertado Sergio Rico, que debió salir y no recular. Esto fue aprovechado por los tontos de turno, esos que se creen que silbando a los jugadores se arregla todo.

En la segunda parte por fin, ya hizo el primer cambio Berizzo. Vázquez sustituyó a un desaparecido Nzonzi (yo me habría decantado por Pizarro-Muriel, aunque, a la postre, el colombiano no aportó nada). Y, verdaderamente, se notó la entrada del argentino, porque vimos al Vázquez que costó 15 millones de euros y no al que se arrastra con indolencia y lo falla todo. El Sevilla empezó a llegar más, hasta que Ben Yedder cabeceó a la red un balón tras saque de falta lateral de Banega.

Este gol daba algo de esperanzas, pero aún se veía lejos la remontada. Y entonces llegó el penalti. Había que marcarlo. Ben Yedder, especialista en estas artes, no dudó, ni aunque tuviera que repetir el lanzamiento por la gracieta arbitral. No debió repetirse el lanzamiento, ya que entraron ocho jugadores en zona prohibida –área y semicírculo– antes de que lanzara Ben Yedder. De esos ocho jugadores, cinco eran del Liverpool.

Ahora sí se podía creer en la remontada. Porque el Sevilla triangulaba bien, hacía una presión asfixiante y tenía verticalidad. Apareció también el mejor Escudero, Banega se vistió de Capitán General –decepcionante su primera parte– y Vázquez y Sarabia daban muchos problemas a la zaga inglesa, por visión de juego y profundidad.

El delirio y el justo premio llegó en el descuento, al saque de un córner, convirtiéndose Pizarro en el héroe del partido. Minutos antes pudo haber marcado el cuarto el conjunto inglés, tras veloz galopada de Salah.

Partido para recordar. Por el ambiente y porque no todos lo días se remonta un 0-3 ante un equipazo como es el Liverpool.

 

Spartak de Moscú 5 – Sevilla FC 1. Desastre total en las dos áreas y en algún que otro sitio más

El partido de ayer ya lo ha repetido el Sevilla muchas veces en lo que llevamos de temporada. Sin ir más lejos, en San Mamés, con la diferencia de que el Spartak es mucho mejor equipo –no es sólo Promes, como he leído– y, lo más importante, porque es lo que decide todos los partidos, es que tuvo una altísima efectividad de cara a gol. Porque aunque parezca increíble para alguien que no viera el partido y sólo se quedara con el resultado, el Sevilla creó más ocasiones de gol y tiró más a puerta que su rival.

Quiere esto decir que no todo se hizo mal, aunque es evidente que, si encajas cinco goles, tampoco es que hayas hecho las cosas muy bien.

Pero hablar sólo de efectividad sería hacer un análisis demasiado simple del partido. Ayer el Sevilla salió goleado porque muchos jugadores no estuvieron a su nivel habitual y porque, a diferencia de su rival, no le salió bien absolutamente nada. Como muestra, el primer gol, que llegó en la primera ocasión que tuvieron los rusos, previo rebote en Escudero.

Un partido de fútbol se decide en momentos clave, y el Sevilla recibió un durísimo golpe en la segunda parte, al que ya no pudo sobreponerse: el segundo gol. El gol de Melgarejo llegó cuando mejor lo estaba haciendo el Sevilla y poco después de que Ben Yedder fallara la ocasión más clara de gol, sin portero, y que sacó un defensa bajo palos. Se trataba de la segunda llegada clara del Spartak, y fue el segundo gol. Demoledor, sobre todo cuando el Sevilla había tenido varias ocasiones más, muy claras, de marcar, convirtiendo al guardameta rival –desgraciadamente, esto suele ser habitual en el Sevilla–, Selikhov, en héroe del partido.

A partir de este momento clave, de este auténtico mazazo, el Sevilla perdió el orden. Esto, unido a que el Sevilla cometió graves errores en la contención, tanto en la zona media como en defensa, y al hecho de que el Spartak seguía colando todo lo que le llegaba, fue lo que provocó la goleada.

Por tanto, no estoy de acuerdo con las crónicas que hablan de falta de actitud del equipo, quizás dejándose llevar por la contundencia del 5-1, aunque sí reconozco que el Spartak tuvo más intensidad, algo lógico, ya que jugaba en casa. Pero pienso que el Sevilla no bajó nunca los brazos y siguió buscando siempre la puerta contraria, incluso cuando llegó el tercer y cuarto gol, este último tras fallo garrafal de Kjaer.

Pero si se pierde el orden, ya no tienes nada que hacer, especialmente cuando enfrente tienes un equipo con jugadores de calidad que saben aprovechar los espacios. Y pienso que el motivo fue el ansia por empatar y acortar distancias, lo que llevaba, en ocasiones, a la precipitación.

Ayer no fue el día de muchos jugadores. Sergio Escudero parecía otro, desubicado, cargándose pronto con una amarilla innecesaria, y nulo en ataque. Tampoco estuvo muy acertado Sergio Rico, quien pudo hacer algo más en varios goles. Ben Yedder, Nolito, Banega, Vázquez, Sarabia… ninguno estuvo a su nivel habitual.

No me gustó nada la falta de reacción de Berizzo. No entiendo por qué hay que llegar al 3-1 para hacer los cambios. Faltando veintidós minutos para la finalización entró Franco Vázquez –yo esperaba a Muriel–, y más tarde aún entraron Jesús Navas –a falta de catorce– y Muriel –a falta de ocho y con 4-1 en el marcador–. Creo que el primer cambio debió hacerse al inicio del segundo período, buscando más efectividad de cara a gol. Por eso me dio la impresión de que Berizzo no reaccionaba y actuó tarde.

Está claro que hay que cambiar muchas cosas para que no se repita lo de ayer. Quizás no deberían hacerse tantas rotaciones y puede que jugando con dos delanteros nos iría mejor.

Por cierto, tampoco me gusta la explicación de Berizzo sobre las rotaciones. El Sevilla no se cayó en la segunda vuelta de la pasada temporada por cuestiones físicas. Se cayó porque bajaron su nivel, de forma alarmante, dos jugadores que eran fundamentales en el centro del campo: Nasri y N’Zonzi. Y probablemente, porque ya Sampaoli estaba tonteando con la selección Argentina y tenía la cabeza en otro sitio. Otros equipos, como el Barcelona o el Atlético, no rotan, siempre ponen a los mejores, y también juegan tres competiciones, y con éxito. Me parecen bien las rotaciones si son mínimas, pero nunca seis o siete por partido.

El 5-1 es una goleada histórica, un varapalo importante, que nos dificulta lograr la segunda plaza de grupo y la clasificación, pero ahora hay que recomponerse y pensar sólo en el Valencia. Huelga decir que el partido es complicadísimo, no sólo porque el Valencia es un gran equipo y está en un muy buen momento de forma, sino porque el Sevilla fuera, como mucho, hace sólo un gol, en el mejor de los casos, o ninguno. Y en ese plan es algo complicadillo ganar o puntuar fuera ante equipos de cierto nivel.

Sevilla FC 3 – Maribor 0. Goleada para afianzar el liderato de grupo

Bonita noche europea la que se vivió anoche en un Ramón Sánchez Pizjuán engalanado para Champions y donde se disfrutó de un magnífico ambiente europeo. Muy buena entrada, a pesar de que el horario, en un día entre semana, dificulta la asistencia, sobre todo para los que vienen de fuera de Sevilla.

En el palco, la presencia del ya mítico Biri-Biri, que pudo disfrutar de un buen partido y de su peña, muy animosa durante todo el encuentro.

El partido fue tranquilo hasta que llegó el primer gol, pero hasta entonces, la verdad es que el Maribor inquietó bastante. De hecho, tuvo alguna ocasión para adelantarse en el marcador. El Sevilla es un equipo muy superior, pero empezó el partido con cierta apatía, probablemente por exceso de confianza, y eso permitía a los jugadores eslovenos entrelazar jugadas y subir al ataque con relativa facilidad.

Sin embargo, era el Sevilla el que dispuso de las ocasiones más claras, hasta que se abrió la lata, casi a la media hora de partido. Llegó tras una sensacional jugada de Joaquín Correa, que se fue de varios jugadores, con una velocidad pasmosa, y dejó el gol en bandeja a Ben Yedder, que sólo tuvo que empujar el balón, casi en línea de gol.

El Maribor se estiró un poco más, buscando el empate, pero sin crear demasiado peligro. La sensación de peligro venía más por el aparente exceso de confianza de los jugadores sevillistas que por la capacidad que mostraban los eslovenos.

Antes del descanso llegó el segundo gol, obra también de Ben Yedder. Franco Vázquez le asistió perfectamente, pase medido, y el franco-tunecino cruzó el balón al segundo poste.

Un 2-0 era ya demasiada ventaja para el Maribor, quedando, además, toda una segunda parte, con lo que se preveía la goleada.

Navas tuvo en sus botas el 3-0, pero lo evitó el larguero. Pero no tardó mucho en llegar, pues Corchia fue arrollado en el área. Ben Yedder lanzó muy bien el penalti, como suele ser habitual.

Me acordé de los problemas que tuvimos la temporada pasada con los penaltis, pero lo cierto es que Sampaoli casi no le daba oportunidades a Ben Yedder, y desde el banquillo poco podía hacer. Incomprensiblemente, prefería antes incluso a Vietto. Puedo entender que prefiera a Jovetic, ¿pero a Vietto?

Aparte de Ben Yedder, que fue el mejor, me gustó mucho el partido que hicieron N’Zonzi y Lenglet. Ambos lo hicieron todo bien. Lenglet, a poco que corrija algunos fallitos que suele tener –falta de concentración y contundencia, principalmente–, puede convertirse en un central de mucha categoría. Y eso que sólo tiene 22 años.

El árbitro estuvo bien. Sólo mostró una tarjeta amarilla, a Sergio Escudero, y fue tan merecida como evitable.

El Sevilla crece en Europa. El histórico hat-trick de Ben Yedder –primer sevillista que logra un triplete en Europa– lo coloca líder en solitario de su Grupo, pues el Liverpool no pasó del empate ante el Spartak de Moscú.

Y ahora, toca cambio de chip, ya que el sábado, a la agradable hora de las cuatro y cuarto de la tarde, con la fresquita, nos espera el Málaga de Míchel. Tres puntos fundamentales para mantener la privilegiada tercera plaza de la que estamos disfrutando.

 

Liverpool 2 – Sevilla FC 2. Faltó creer en la victoria

Buen resultado el conseguido ayer por el Sevilla en un estadio complicado, ante el que es, a priori, nuestro principal adversario para quedar primeros de grupo. Pero pienso que, de haber creído en la victoria, el Sevilla habría ganado el encuentro.

No pudo empezar mejor el partido, ya que nos adelantamos en el marcador en el minuto cinco. Escudero centró por su banda y Ben Yedder aprovechó el grave error de Lovren, que no acertó a despejar un balón raso que, aparentemente, no tenía dificultad. Este central croata, a pesar de ser internacional y jugar en un equipo de primer nivel, suele cometer errores importantes. El de ayer, por suerte para nosotros, fue uno más.

Fue adelantarse en el marcador, y el Sevilla se encerró atrás, perdiendo infinidad de balones en la zona media y siendo la defensa incapaz de frenar las continuas acometidas inglesas. Hasta que llegó el gol del empate, tras varios avisos reds. Les bastó una pared en la frontal del área entre Henderson –buen jugador este– y Alberto Moreno –gran partido el suyo–, para que éste centrara al área pequeña, donde sólo tuvo que empujar el balón Firmino. Fue una buena jugada del Liverpool. Aparentemente simple, pero repleta de velocidad y precisión, y difícil de contrarrestar.

El partido siguió por los mismos derroteros, con el Liverpool poniendo cerco a nuestro área y llegando en rápidos contragolpes. Sin embargo, el segundo gol del Liverpool no pudo ser más afortunado, pues llegó por un disparo del egipcio Salah desde la frontal del área que habría atajado Sergio Rico sin problemas, de no haber sido desviado por Kjaer a la escuadra. En la jugada del gol, Salah hizo falta previa sobre N’Zonzi, al que derriba en carrera, empujándolo con el brazo, pero el árbitro, muy casero durante todo el partido, no pitó nada.

Este segundo gol no sirvió para espolear al Sevilla, que seguía sin crear el más mínimo peligro.

Vi el partido perdido cuando Pareja cometió un absurdo penalti, al filo del descanso, sobre Mané, al que blocó en el área como si estuviera en un partido de rugby. Menos mal que a Firmino le dio por lanzarlo al palo, cuando Sergio Rico estaba ya casi batido.

Sergio Rico me parece un gran portero –y ayer lo volvió a demostrar–, pero bien haría en ensayar mucho, muchísimo, hasta aburrirse, tanto su juego con los pies como los penaltis. Ambos son sus puntos débiles.

En la segunda parte, sí mejoró el Sevilla, aunque siguió sin poder controlar, en ningún momento, a Salah y Mané, dos jugadores de una enorme velocidad y calidad. En realidad, ellos dos se bastaban para crear casi todas las ocasiones de gol del Liverpool.

El culpable de esta mejoría fue Pablo Sarabia. Había entrado sustituyendo al lesionado Pizarro, y a partir de ahí el Sevilla ganó en posesión y en verticalidad. Se empezó a controlar mejor el partido. Nzonzi se impuso en su zona y Kjaer despejaba todo lo que llegaba al área.

Se notó la entrada de Muriel, que sigue estando negado ante el gol, pero que asistió a Correa para lograr el empate. Lástima que no pudiera enganchar bien el balón en esa ocasión de los minutos finales que nos habría dado la victoria. Sigue sin marcar, pero tiene detalles de calidad. Con confianza y partidos puede ser un jugador importante.

Sobre los jugadores, decir que no me gustó Ever Banega, al que veo lento y fuera de forma. No se parece en nada al que deslumbró en su anterior etapa como sevillista. Espero que volvamos a recuperar al mejor Banega, porque es un jugador importantísimo.

Me da la impresión de que, por desgracia, Nico Pareja podría estar ya en su última temporada de fútbol al más alto nivel. Va a cumplir 34 años, tiene continuos problemas físicos y ha perdido bastante velocidad. Su penalti de ayer fue más que evitable. Y lo peor es que ya hizo uno, exactamente igual, en pretemporada, contra el Arsenal.

Berizzo pecó de inocente en su expulsión, que fue tan absurda y evitable como el penalti. Tampoco me gustó que no sustituyera a Mercado cuando tenía una amarilla y se estaba viendo que podía ser expulsado. Y al final no acabó expulsado porque el árbitro le perdonó la segunda amarilla. Igualmente debió acabar el partido antes de tiempo Alberto Moreno. Nuestro exjugador pudo ser expulsado hasta en tres ocasiones: la primera, porque tampoco habría extrañado que hubiera visto la roja directa, en lugar de amarilla, por su fuerte entrada a Jesús Navas; y después, por cortar dos contragolpes del Sevilla haciendo falta. Quien sí fue expulsado, por doble amarilla, fue el local Gómez, aunque ya en el tiempo de descuento, por lo que el Sevilla no tuvo oportunidad de sacar provecho de la situación.

No fue un buen partido el del Sevilla en Anfield, pero supo sobreponerse a una mala primera parte, donde pudo quedar sentenciado el partido, para lograr un punto que puede ser importantísimo, tanto como para la clasificación a la fase de eliminatorias como para quedar líderes de grupo.

Tras finalizar el partido me quedé con la sensación de que el Sevilla, de haber tenido fe en la victoria y de haber salido a jugar de tú a tú, podría haberse llevado los tres puntos. Quizás le tuvo demasiado respeto a Anfield.

Ahora a pensar en el Girona, que es casi un filial del Manchester City, ya que tiene cedidos cinco jugadores por el equipo inglés. Ya deberíamos estar sobre aviso, porque el Girona bien pudo ganar al Atlético de Madrid en la primera jornada de Liga, donde llegó a ir 2-0. Así que espero que no haya ningún exceso de confianza porque el rival sea un recién ascendido.

Tocó el Basaksehir turco, un rival de dificultad media que no debería ser obstáculo

El Sevilla ha tenido relativa suerte en el sorteo celebrado en el día de hoy en Nyon. Por un lado, evitamos a los dos equipos más complicados, como eran el Niza y el Hoffenheim, pero, por otro, tampoco nos enfrentaremos a los objetivos más fáciles del bombo: Young Boys y el antiguo Steaua de Bucarest.

Así pues, nos tendremos que ver las caras con un equipo que no será ninguna perita en dulce, ya que ha estado a punto de ser campeón de la liga turca, quedando por delante de equipos consagrados, como Galatasaray y Fenerbahçe. Sin embargo, si se hacen las cosas medianamente bien, el equipo turco no debería evitar que el Sevilla estuviera en la fase de grupos de la Champions League.

Ahora bien, tengo clarísimo que, para que haya final feliz, será imprescindible respetar al rival, en el césped y desde la grada. Aquí somos muy dados a despreciar a los rivales, y ése es el primer paso para darnos un batacazo, volviéndose a repetir la mala experiencia que tuvimos con el Braga hace unos años.

Tropezar con la misma piedra sería un error terrible, sobre todo cuando se está conformando un plantel muy competitivo, a falta de un lateral izquierdo y un tercer delantero.

Según he leído, el Basaksehir es un equipo conformado por jugadores muy veteranos, con una media de edad que ronda los 31 años. Muchos de ellos pertenecieron a equipos de primer nivel, como Adebayor, Clichy, Elia o Inler. También destaca el internacional bosnio Eden Visca, que juega por la derecha y es bastante peligroso. Así que más nos vale que, al menos, tengamos al lateral izquierdo antes de los enfrentamientos con los turcos, porque no tenemos alternativa de garantías ante una posible lesión de Escudero, como ya se vio en el partido ante el Arsenal.

Me ha gustado que el partido de vuelta sea en casa. Si se diera un mal resultado en la ida, es preferible una remontada con el factor campo a favor.

En resumen, el Basaksehir es un rival teóricamente inferior, pero que, como nos confiemos, nos dejará en la cuneta, como hizo no hace mucho el Leicester City. Y eso sería un importante paso atrás para un club como el Sevilla, que busca afianzarse en la máxima competición del fútbol europeo.

Sevilla FC 0 – Sporting de Gijón 0. Ventaja dilapidada

Tampoco llegó ayer esa victoria que cura todos los males y despeja todas las incertidumbres. El Sporting, un equipo que está en puestos de descenso por méritos propios, también rascó un punto, a pesar de que no hizo mucho por merecerlo.

Lo poco que hizo el Sporting, lo hizo en la primera parte, aprovechando que el Sevilla saltó al campo dormido. Hasta en tres ocasiones llegaron los asturianos hasta la línea de fondo y lograron centrar al punto de penalti. No se adelantaron en el marcador de milagro. Y es que la primera parte del Sevilla fue de pena. Con mucha posesión, eso sí, pero incapaz de superar las dos líneas defensivas del Sporting. Algo que también era lógico, por otra parte, ya que el Sevilla jugaba sin intensidad alguna y movía el balón con una lentitud desesperante, al ritmo cansino de Nasri, quien, a mi modo de ver, sigue sin justificar su titularidad.

Como ya ha ocurrido en otros partidos, el Sevilla desperdició la primera parte. En la segunda, sin embargo,  ya se vio a un Sevilla que se parecía más al que todos queremos ver. Desde el princio, se vio que algo había cambiado. La agresividad aumentó y se buscó el gol de forma constante. Las ocasiones se sucedieron, pero, para nuestra desgracia, la efectividad fue del 0%. N’Zonzi, por ejemplo, falló tres ocasiones claras, pero la mejor de todas fue un tiro fuerte, raso y ajustado de Vitolo. Una de esas jugadas que sólo un paradón puede evitar… y, lamentablemente, ahí estaba Cuéllar para evitarlo.

El partido fue un querer y no poder. No se pudo ni con el Sporting ni con el árbitro. Como ya ocurriera contra el Leganés, donde nos anularon un gol legal, volvimos a tener otro arbitraje perjudicial. Vicandi Garrido volvió a demostrar que es el peor árbitro de Primera, con permiso de Mateu Lahoz. Debe de tener un enchufe de primera categoría, porque, si no, no se explica que esté en Primera División. Sus errores fueron constantes, pero los más graves fueron perdonar, hasta en dos ocasiones, la segunda amarilla al central Amorebieta. Una de esas amarillas habría sido por manos dentro del área. Manos que, por supuesto, no vieron ni el asistente –que esta perfectamente colocado– ni Vicandi.

Vicandi también dejó muestras de su incapacidad al pitar un penalti contra el Sevilla por entender mal la indicación de su asistente –menos mal que rectificó– y al permitir que el guardameta del Sporting, Cuéllar, perdiera tiempo, de forma descarada, retrasando exageradamente los saques de puerta y fingiendo lesiones, durante los noventa y cinco minutos de partido. Ni siquiera le mostró tarjeta amarilla, quedando todo en una simple advertencia.

El Sevilla mereció ganar, pero en fútbol lo único que se valora es el gol, y si fallas todo lo que creas, lo mejor que se puede conseguir es un empate a cero que no nos sirve para luchar por la tercera plaza, aunque sí para mantener la cuarta a buen recaudo, al menos por el momento.

Una vez perdida la tercera plaza, después de dilapidar en un nefasto mes la gran ventaja que se tenía con el Atlético de Madrid, dudo que la volvamos a recuperar, ya que el Atlético lo está ganando todo y tenemos que visitar el Bernabéu y el Nou Camp. Tampoco es que las sensaciones que transmite el equipo sean muy buenas, ya que los jugadores importantes siguen estando lejos de su mejor nivel. Y por supuesto, no se puede olvidar que ya no contamos con el factor campo, y que así es mucho más complicado lograr los objetivos, ya que el Ramón Sánchez Pizjuán ha pasado de ser casi inexpugnable a bastante asequible, pues hasta los equipos que habitan la parte baja de la tabla están logrando puntuar.

Quizás sea el momento de mirar hacia abajo y no hacia arriba, porque mucho tienen que cambiar las cosas para que consigamos recuperar esa tercera plaza que hemos ocupado durante gran parte de la temporada. La cuarta plaza, si se consiguiera –aún quedan muchos puntos en juego–, no sería un fracaso, pero no garantiza ir a la fase de grupos de la Champions y sabe a poco después de la temporada que se estaba haciendo.