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El Benfica fue mejor. ¿Y qué?

sevilla campeon Europa League 2014

Vengo molido de Turín, casi arrastrándome por el suelo tras patearme de cabo a rabo la ciudad italiana y sufrir la mala organización de todo lo que rodeaba a la final, en general, y en el aeropuerto de Turín, en particular. Pero ha merecido la pena. Vivir una final por la televisión es grandioso, pero vivirla en el estadio es muy diferente: hay muchas más sensaciones y emociones que no pueden transmitirse ni por la radio ni por la caja tonta. También es complicadísimo de transmitir la alegría de ver a tu equipo alzar otro título europeo.

Finalmente, la Copa de la Liga Europa 2014 vendrá para Sevilla –de hecho, está viniendo en estos momentos–, a pesar de que enfrente tuvimos a un grandísimo equipo, como es el Benfica de Lisboa, que demostró ser mejor que el Sevilla durante los noventa minutos.

Sí, no pasa nada por reconocerlo. Nos superó en todo: en intensidad, en juego, en ocasiones de gol, como equipo… Estoy de acuerdo con Jorge Jesús, el entrenador del Benfica, que decía «Hemos sido mejores». Pero eso, afortunadamente para el Sevilla, no cuenta para nada en fútbol. No puntuan ni las ocasiones de gol, ni los tiros al poste, ni jugar maravillosamente bien. Lo único que vale son los goles, y el Sevilla logró hacer más que el Benfica en la tanda de penaltis. ¿Si es justo o no? Da igual. Es así, y punto. Como la vida misma.

Yo he podido ver en directo todas las finales del Sevilla, excepto la de la Supercopa de España, donde nos paseamos por el Bernabéu, y la de ayer fue una de las que más alegrías me ha dado conseguir y donde más he sufrido. La razón es porque en esta final era consciente, desde el inicio y más aún a medida que pasaban los minutos, de que el Benfica era mejor equipo. Los portugueses no se han proclamado campeones de liga, ni han eliminado a la Juventus de Turin o Tottenham por casualidad, sino porque tiene jugadores de muchísima calidad. Por eso el partido se me hizo eterno, porque veía que el Sevilla quería y no podía. Es cierto que tuvimos nuestras opciones, sobre todo aquella que tiró fuera Bacca, cuando moría el partido, pero el Benfica falló más que nosotros y tenía más razones para lamentarse. Menos mal que se presentaron en Turín con cuatro bajas muy importantes, porque, si no, creo que no habríamos tenido mucha opción. Aunque eso nunca se sabrá.

En la segunda parte me veía continuamente mirando al cronómetro de los sensacionales marcadores electrónicos dobles –hay pantallas por las dos caras– del Juventus Stadium, deseando que el Sevilla fuera capaz de aguantar hasta la prórroga y después hasta los penaltis. No obstante, no perdía la esperanza de que pudiéramos sorprender en algún contragolpe, a pesar de los rápidos centrales del Benfica. Pero mi sufrimiento aumentaba cuando veía que teníamos el centro del campo tocadísimo, con M’Bia y Carriço lesionados e incluso cojeando, y que, incomprensiblemente, Iborra seguía en el banquillo.

Emery ya me dejó perplejo cuando decidió dar entrada a Gameiro, que estaba lesionado, renunciando a reforzar el centro del campo. Me pareció una decisión suicida y creí que nos llevaría a la derrota. Afortunadamente, no fue así y conseguimos llegar, a duras penas, a decidir la final desde el punto de penalti. Y ahí se impuso Beto, que hizo dos paradones, primero a Cardozo y luego a Rodrigo.

Esa es otra de las cosas que no entendí del partido: por qué eligió la UEFA como mejor jugador a Rakitic y no a Beto. Aunque Beto tuvo un par de errores importantes, creo que fue más decisivo que Rakitic. Incluso Pareja, Fazio o M’Bia, a mi modo de ver, hicieron más méritos que el croata para llevarse ese premio.

De cualquier forma, tengo claro que, si hemos conseguido este título ha sido por el gran nivel que mostró nuestra defensa ayer. Buenísimo partido de Pareja, Fazio y M’Bia. Quizás al único que le vino grande la final fue a Alberto Moreno, que cometió errores imperdonables, y más en una final. Pero la Diosa Fortuna ayer demostró estar con nosotros, y no sólo ayer, sino también en anteriores eliminatorias. Eso, y la casta y el coraje que derrocharon nuestros jugadores, hicieron posible que llegáramos a la prórroga y a los penaltis.

Estaba claro que esta Copa de la Liga Europa 2014 era para el Sevilla FC, el equipo más grande que ha visto Andalucía.

Y ahora a pensar en Cardiff, en agosto. Y es que esto no para. El fútbol no da tregua. Ni nosotros la queremos.

Me voy a Turín

Juventus Stadium

En unas horas me largo a Turín. Seré uno de los privilegiados que podrán contemplar, en vivo y en directo, el histórico partido que disputará el Sevilla Fútbol Club con el Benfica de Lisboa.

A priori, los portugueses son un poderosísimo rival. Muy bien tendremos que hacer las cosas para traernos la tercera copa de la UEFA, puesto que nuestros rivales se han entretenido en eliminar a equipos muy potentes, como el Tottenham o la Juventus, que era el principal favorito para alzarse con el título y que se ha proclamado campeón de la liga italiana hace unos días.

También es cierto que nosotros nos hemos quitado de enmedio a rivales que no eran moco de pavo, como el Oporto o el Valencia, pero hemos pasado muchos apuros ante el Betis, al que superamos en la tanda de penaltis, y, sobre todo, con el mismo Valencia, al que eliminamos en el último minuto.

Confío en que la bisoñez de buena parte de nuestra plantilla no nos pase factura en la final de pasado mañana. La experiencia cuenta muchísimo en partidos de alto nivel, y pienso que al equipo le faltó carácter en partidos como los disputados en Oporto y Valencia, donde el rendimiento estuvo muy por debajo de lo esperado. El Benfica está mucho más curtido en este aspecto, aunque las importantes bajas que presentarán los lisboetas podrían equilibrar la balanza.

Me gustaría que mi equipo saltara al terreno de juego con Carriço en el centro de la defensa, acompañando a Fazio, y con Iborra en el centro del campo, formando dupla con M’Bia. Pero mucho me temo que me voy a quedar con las ganas, porque Emery ha demostrado en más de una ocasión que, mientras él sea entrenador, a Pareja no lo quita nadie del equipo titular.

Me muero de ganas por llegar a Turín y respirar el ambiente de las finales europeas, esa atmósfera que envuelve a los grandes partidos, y comenzar a empaparme de sevillismo.

En cualquier caso, ya sea para bien o para mal, gracias Sevilla FC por hacerme revivir las sensaciones indescriptibles que provocan las finales. Viajo con la ilusión de ver levantar el tercer paragüero –bendito paragüero–, aunque también soy plenamente consciente de la dificultad de la tarea.

Veremos qué pasa. Yo voy bien armado con mi radiante camiseta blanca, mi bandera carmesí del centenario y el himno del arrebato. Seremos unas diez mil almas sevillistas. Lo daremos todo en el campo. Tampoco vendría mal que la Diosa Fortuna se acordara de nosotros y nos echara una manita. Aunque sólo sea la pizca de suerte necesaria para ganar los partidos.

Y pase lo que pase: ¡Viva el Sevilla!