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Caso Vitolo. En juego, prestigio, dinero y respeto

Por fin, el Sevilla FC se pronunció oficialmente sobre el caso Vitolo. Como era de esperar, dadas las pruebas contundentes que, según Castro, tiene en su poder, el Consejo de Administración del Sevilla acordó en el día de ayer denunciar el caso ante los tribunales de justicia. Entiendo que el acuerdo se refiere a los tribunales de justicia ordinaria, aunque tampoco vendría mal denunciar ante la UEFA, pues el Atlético y Las Palmas están intentando burlar una sanción deportiva. En mi opinión, el Sevilla en este caso debería ir a la yugular, es decir, a muerte, a sacar el máximo beneficio económico posible, e intentar que Atlético, Las Palmas, Vitolo y Bahía salgan bien escarmentados de todo este asunto.

Sin duda, será un camino largo, pero el Sevilla debe mantenerse firme hasta el final, pues supongo que tardará en emitirse una resolución, sobre todo si es a través de la justicia ordinaria, y también habrá numerosos recursos hasta que haya una resolución firme, como ya ocurrió con el tema de Antena 3.

Me parece fundamental que el Sevilla acuda a los tribunales, porque en el caso Vitolo no sólo está en juego prestigio y dinero –al menos diez millones de euros de diferencia con el antiguo contrato, sin contar la plusvalía que se podría, o no, pagar a Las Palmas–, sino que también es una cuestión de respeto, el cual, tanto en el mundo del fútbol como en la vida, es muy importante. Una de las frases que se le atribuyen a Rousseau es: “Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas”. Ganarse el respeto, y mantenerlo, es esencial en la selva en que se ha convertido el fútbol moderno. Si el Sevilla FC permite la falta de respeto que han tenido todas las partes, especialmente el propio Vitolo, mal haría.

En mi opinión, la decisión que tenía el Consejo ayer era bien fácil. Debía elegir entre ir contra Atlético, Las Palmas, Vitolo y Bahía, o ir contra su propia afición. Pues pienso que ningún aficionado habría perdonado, ni a Castro ni al Consejo, quedarse de brazos cruzados y dejar pasar el tiempo sin hacer nada. De ser así, el Sevilla FC habría quedado en el más absoluto de los ridículos.

 

El desprecio de los protegidos

Tras visitar el Bernabéu pasó lo que pasa siempre, o casi siempre: derrota y polémica. En esta ocasión la polémica llegó al ser objeto Bacca de un claro penalti, por parte de Arbeloa, y sobre todo, al recibir Beto una criminal entrada de Benzemá que lo va a dejar fuera de combate entre dos y tres meses, aproximadamente.

Por supuesto, el penalti, a pesar de ser claro y estar el árbitro perfectamente situado, a éste ni se le ocurrió pitarlo. Como dijo nuestro entrenador, con suavidad, el Bernabéu es un escenario complicado para un árbitro. Cuando lo que verdaderamente quería decir, y lo que entiende cualquier aficionado con esas palabras, es que el árbitro “no tuvo huevos” para pitarlo.

Arbeloa, como todos los jugadores del Madrid, es perfectamente consciente de que tiene bula para hacer cierta clase de penaltis sutiles –y a veces no tan sutiles–, o para hacer entradas que a jugadores de otros equipos les costarían tarjetas. No se entiende de otra forma que, en primer lugar, dijera que no fue falta y que, en todo caso, sería fuera del área. Para rematar la faena y dejar ya absolutamente claro de que es un jugador más bien “cortito”, y ya no sé si incluso pitorreándose del árbitro o de los rivales, llegó a decir que es Bacca quien golpea su brazo.

La salvaje entrada de Benzemá parte de la misma base: “No llego al balón ni loco, pero meto la rodilla, o lo que haga falta. Total, no me van a expulsar, ni me van a mostrar tarjeta”. Por supuesto, eso lo sabe él y lo sabemos todos. Pero es que el árbitro ni siquiera señaló falta, cuando todos los sevillistas sabemos qué habría pasado si hubiera sido al revés, que un jugador nuestro lesionara a Casillas de gravedad: todos los medios machacando al jugador –radio, televisión, prensa e internet–, durante días, hasta que el hatajo de impresentables que forman los diversos comités sancionadores y los que gobiernan nuestro fútbol se hubieran escandalizado. Y de ahí ya hablarían de “alarma social” –graciosa figura ésta– y, en consecuencia, de sanción ejemplar.

Hace poco, en Córdoba, Cristiano Ronaldo escandalizó a la prensa internacional, que no se explicaba cómo fue expulsado a la tercera agresión –creo recordar que fueron dos puñetazos y una patada–. Aquí, desgraciadamente, sí nos lo explicamos. Y, por supuesto, también que sólo le echaran dos partidos de sanción. A otro jugador le habrían sancionado por lo que vio el árbitro y por lo que no vio.

Si nos alejamos en el tiempo, es fácil recordar las licencias que se tomaba un jugador tan sucio –muy buen jugador por cierto– como Fernando Hierro, la asesina entrada de Figo a César Jiménez, del Zaragoza, al que retiró del fútbol, o cuando Pepe utilizó como felpudo a nuestro exjugador Casquero, agredió a Albín e insultó gravemente al trío arbitral –todo en el mismo partido–, recibiendo sólo diez partidos de sanción. ¿Por cuánto habría que multiplicar esta sanción, de tratarse de un jugador de otro equipo?

Sin salir de Madrid, cruzando a otro barrio, están los habitantes del Calderón. Estos tampoco son mancos. Saben que, prácticamente, no tienen límites, y bien que se aprovechan de ello.

El Atlético de Madrid es un muy buen equipo, pero están donde están porque se les permite dar estopa a mansalva. Si cualquier otro equipo pusiera la “intensidad” que pone el equipo del Cholo, acabaría normalmente con varios expulsados. Pero lo de ellos es virilidad, agresividad… pero nunca violencia.

De todas formas, algo de violencia debe de haber por parte del equipo colchonero. Si no, Godin no se hubiera quejado de que estén acusando al Atlético de Madrid de violentos. A mi modo de ver, la acusación es totalmente merecida.

En la eliminatoria de Copa del Rey, ante el Barcelona, Arda Turan lanzó su bota al linier. Las imágenes dieron la vuelta al mundo, y también escandalizaron a los medios europeos. Lo lógico era esperar una dura sanción para el jugador turco, pero no. No fue así porque el árbitro también se acobardó,  e hizo una curiosa interpretación del ya famoso “tiro al linier con zapato”. El muy gallina redactó en el acta arbitral: “en el minuto 48 el jugador (10) Turan , Arda fue amonestado por el siguiente motivo: lanzar su bota fuera del terreno de juego en señal de disconformidad”. Lo de que el zapatazo iba dirigido al linier era sólo imaginación de los espectadores.

Unos y otros, jugadores del Madrid y del Atlético, no es que actúen al límite del reglamento, es que lo pisotean. Y lo hacen porque se sienten unos protegidos. Saben que nunca serán sancionados con dureza y que muy probablemente se irán de rositas. Lo menos que podían hacer, dados los privilegios de los que gozan,  es tener un poquito de consideración y respeto por sus compañeros de profesión, de manera que no se dieran nunca, ni la entrada salvaje de Benzemá a Beto, ni las lamentables declaraciones de Arbeloa tras el partido. Pero me parece que, tal y como están las cosas, eso es mucho pedir. Tendría que haber muchos cambios en esta Liga nuestra, tan poco seria en muchos sentidos.

La importancia de la inteligencia y la educación

El día de ayer fue un día triste. El Frente Atlético volvió a hacer de las suyas, asesinando en esta ocasión a un seguidor del Deportivo de la Coruña. Se ve que estos salvajes no tienen remedio, y difícilmente lo tendrán si siguen saliendo impunes de casi todas sus fechorías. Los ultras atléticos son, con diferencia, los más violentos del fútbol español. Ahora sólo han agrandado su currículum.

La violencia, como el dolor, aunque pueda parecer extraño, son totalmente necesarios. Sin ellos no habríamos evolucionado como especie y nos hubiéramos extinguido. Ahora bien, gracias a la inteligencia y la educación no seguimos anclados en la Edad de Piedra. El problema es que los ultras no tienen ni un mínimo de educación, respeto por los demás e inteligencia, como para darse cuenta de que es un sinsentido pelearse por alto tan nimio como un partido de fútbol. Aunque, por otra parte,  yo estoy convencido de que, en realidad, el fútbol aquí no tiene nada que ver y es sólo lo utilizan como excusa para apalear y asesinar.

De nuevo, llama la atención cómo, desde los medios de comunicación, se esfuerzan en quitar importancia al asesinato, probablemente porque fue realizado por ultras del Atlético de Madrid. Dicen “reyerta entre ultras”, muestran el “vídeo donde se ve cómo cae –no cómo lo tiran– el aficionado del Depor”… incluso reparten porquería a otros grupos ultras que no han tenido nada que ver. En fin, nada que no sepamos ya. Todos sabemos qué habría ocurrido si cambiamos el Manzanares por el Guadalquivir y el Frente Atlético por Biris.

Aparte están las declaraciones de Tebas, quien ha dicho que el asesinado “no era un aficionado normal”, y que por eso no se suspendió el encuentro. Desde luego, el que no es normal es Tebas, y cada día lo deja más claro.

Y ya para rizar el rizo del absurdo, las represalias que tuvieron lugar en La Coruña: seis encapuchados agreden a dos personas en una peña Atlética. Es decir: “Vosotros no tenéis nada que ver, pero alguien tiene que pagar el pato”. Todo muy lógico.

En mi opinión, lo que sucedió ayer en Madrid y La Coruña no es más que consecuencia del pobrísimo nivel educativo que hemos tenido en España durante muchos años, y que aún seguimos teniendo. Así, no es de extrañar cómo va el país. Y es que parece que no nos queremos enterar que una buena educación es la base de todo.

Sobrevivimos a Mateu Lahoz. ¿Escaparemos indemnes de González González?

Yo creo que no. Aún recuerdo cómo nos machacó el 21 de abril de 2013, en nuestro propio estadio (dejo mi post de aquel día). Así que, si no se cortó en el Ramón Sánchez Pizjuán, no creo que se vaya a cortar en el Manzanares. Porque ojalá González González, el árbitro que arbitrará mañana el Atlético de Madrid-Sevilla, fuera sólo un mal árbitro. De ser así, podría perjudicar a los dos equipos. Pero no, González González sabe muy bien lo que hace. Sabe perfectamente cuándo sacar una vara de medir y cuándo otra. Sabe cuándo ver las infracciones y cuándo no.

Espero equivocarme, pero tengo la impresión de que el poderoso Atlético de Madrid no será nuestro peor enemigo. Eso sí, el Atlético no deja de ser un rival temible, ya que sigue teniendo una gran plantilla. Pienso que ha perdido potencial. Ya no cuenta con el que, a mi modo de ver, es el mejor portero del mundo –Courtois–, ni con el jugador más antideportivo y gran goleador de la liga pasada –Diego Costa–, ni con Villa, Diego Ribas o Filipe Luis. Pero tiene otros grandes jugadores, como el francés Griezmann –La Real Sociedad está notando muchísimo su marcha–, Mandzukic, Arda Turan o el central Godín, al que habrá que vigilar muy de cerca a balón parado.

Por tanto, tendremos que sudar sangre, sudor y lágrimas para puntuar allí, y, por supuesto, armarnos de paciencia para no caer en las provocaciones arbitrales. A eso habrá que sumar el habitual ambiente hostil con que nos recibe la simpática afición atlética.

Habrá que mantener la cabeza fría y jugar un gran partido, donde no nos podremos permitir la falta de efectividad de la que hicimos gala ante la Real Sociedad.

Y si no se puede ganar, al menos espero que nuestros jugadores lo den todo y que no haya sanciones para el próximo partido, contra el Deportivo. La liga no ha hecho más que empezar y seguro que llegarán las derrotas y los malos partidos.

La final de la Champions, un castigo divino

El paripé en el que se han convertido la Liga española y, en estos últimos años, la Copa del Rey, me ha llevado a ver muy poquito fútbol, aparte del Sevilla Fútbol Club. Las excepciones son la final de la Liga Europa y los partidos de Champions, en su fase de eliminatorias. Y también la final de la Copa del Rey, siempre que no sea un Madrid-Barça.

Así que este sábado me senté a ver una de las finales de Champions menos atractivas para mí, puesto que se enfrentaban dos de los tres equipos que no soporto de la liga española. El otro es el Barcelona. Se supone que, como soy sevillista, al que no podría ver ni en pintura es al que dicen que es nuestro eterno rival: el Betis. Pues no, mi estómago se revuelve cuando nos tenemos que enfrentar al Madrid, Barcelona o Atlético de Madrid. Por este orden.

O eso, al menos, creía yo. Creía que mi equipo más odiado era el Madrid, quizás porque he visto, desde pequeño, cómo nos robaban partidos, de manera descarada y escandalosa; o quizás porque históricamente nos han quitado a nuestros mejores jugadores, y haciéndolo además con el dinero de la TV que pertenece, o debería pertenecer, a los demás equipos. O puede incluso que sea porque se han propuesto meternos al Madrid hasta en la sopa. Da la impresión de que aparte del bipartidismo político, también parece que se quiere imponer al Barça o al Madrid. La televisión nos bombardea todos los días con muchos minutos de información de estos dos equipos, por muy nímia y ridícula que sea. Menos mal que está el  mando a distancia como aliado para ayudarnos a evitar esta ingente y malintencionada información. Estoy seguro de que en ningún país ocurre lo que en España. No me imagino en Alemania, por ejemplo, que se lleven 10 o 15 minutos del Telediario –o como se llame allí– hablando del Bayern de Munich. En fin, supongo que tenemos lo que nos merecemos, como se suele decir.

El partido en sí, me pareció bastante malo. En ningún momento daba la impresión de que uno de ellos fuera a proclamarse como el mejor equipo de Europa. Se trata de un partido tenso, con muy pocas ocasiones de gol, al que sólo salvaba la emoción por el resultado. Incluso el 0-1 llegó tras una estrepitosa cantada de Casillas, en la que fue, si no recuerdo mal, la única ocasión que tuvo el Atlético de Madrid.

Pero lo que más me llamó la atención es que me vi queriendo que ganara el Madrid el partido. Y eso era verdaderamente impensable para mí. Obviamente, no podían perder los dos, y entre uno y otro, prefería que se llevara la Copa el Madrid. Era la constatación de que, hoy por hoy, es el Atlético de Madrid el equipo que menos soporto.

Lógicamente, ahora tenía que buscar la explicación, el porqué de ese odio. Puede que sea porque el Atlético es un club que históricamente también ha disfrutado de favores arbitrales –como en la liga que nos birlaron– . O puede que sea porque es cómplice necesario de esta pantomima de liga, o liga de mierda, donde se permite que Madrid y Barcelona arramplen con la inmensa mayoría de los derechos televisivos, condenando al resto de los clubes a pasar penurias o hacer encajes de bolillos para salvar su economía. O quizás sea por los cánticos de “sevillanos, yonquis y gitanos”, o el infame  e inhumano “ea, esa, ea Puerta se marea”, que, por supuesto, queda, año tras año, impune, con la venia arbitral, que hace oídos sordos y nunca –qué casualidad– los recogen en las actas de los partidos.

Hay que admitir que el Atlético de Madrid tiene un buen equipo y un buen entrenador. Aunque Simeone cometió un error gravísimo en la final de Champions, al darle la titularidad a Diego Costa –el jugador más antideportivo de la liga, junto con Pepe–, sabiendo que estaba lesionado. Eso llevó realizar el primer cambio a los ocho minutos de juego. Y eso, aunque en ningún sitio se critique, en un partido donde puede haber prórroga y penaltis –como así ocurrió–, es un error imperdonable. Pero Simeone es un buen entrenador. Tampoco es que sea una maravilla. Su mayor virtud es que ha sido capaz de hacer que sus jugadores se esfuercen hasta la extenuación y jueguen como equipo. Si ha ganado la liga es porque Diego Costa y, sobre todo, Courtois –para mí, el mejor portero del mundo– le han sacado las castañas del fuego en muchísimas ocasiones. Y tampoco podemos olvidar que una de las claves de que el Atlético ganara la liga es que alguien se ha empeñado en que esta liga 2013-2014 no fuera cosa de dos. Y ese invitado, ese tercer aspirante al título, ha sido el Atlético, que a base de favores arbitrales fue capaz de llegar con opciones al título de liga.  Claro que con lo que nadie contaba es que, tanto Madrid como Barcelona, hicieran un final de temporada tan desastroso, incapaces de ganar partidos clave, a pesar de tenerlo todo a favor.

El Atlético de Madrid hizo una final de Champions muy digna, se esforzó al máximo, como es habitual en ellos. No hicieron un buen partido, pero eso  no es necesario para ser campeón. Defensivamente estuvieron bien, pero el Madrid, en líneas generales, fue superior.

Merecida o inmerecidamente, lo cierto es que el Atlético de Madrid llegó al minuto 93 por delante en el marcador. Y cuando parecía que ya había un campeón, cuando parecía que esos magníficos centrales y portero, como son Miranda, Godín y Courtois, despejarían cada balón que rondara el área, llegó el gol del Madrid. Y llegó precisamente por obra y gracia de un yonqui y de un gitano, por obra y gracia de un amigo de Puerta.

No me cabe en la cabeza mayor dolor deportivo –ni siquiera un descenso– que estar acariciando con los dedos el título deportivo más importante, la Champions, y perderla en el último suspiro. Es cierto que después quedaba la prórroga, pero estaba claro que, con el mazazo anímico que se había llevado el Atlético y el hecho de que estaban fundidos físicamente, serían presa fácil para el Madrid, que además se había mostrado superior.

Al Atlético se le fue el título más deseado cuando más fácil lo tenía, y por las formas y por el autor del gol que daba vida a uno y mataba al otro, no pude evitar pensar que era un justo castigo. Un castigo divino.

El tercero de España no puede competir con un recién ascendido de la Premier

Es de sobra conocido que la situación económica de los clubes españoles es penosa. Salvo dos, los dos de siempre, el resto tienen que hacer encajes de bolillos para cuadrar presupuestos y escapar de la Ley Concursal.

Esta pretemporada está marcada por la emigración de nuestros mejores jugadores a la Premire League. El Sevilla ya ha traspasado a sus dos internacionales al Manchester City (Negredo y Navas), y además a Luna (Aston Villa), Luis Alberto (Liverpool) y Campaña (Crystal Palace). Todo parece indicar que el Valencia hará lo mismo con Roberto Soldado, quien a poco que insista Daniel Levy, Presidente del Tottenham, acabará tomando el avión a Londres. Es decir, La Liga no puede competir con la Premier, al menos tal y como está ahora el reparto de los derechos de televisión.

En este sentido, resulta llamativa la noticia que hoy publica L’Equipe sobre el futuro del jugador internacional francés Etienne Capoue, del Toulouse FC. Este magnífico centrocampista, que últimamente ha sido objeto de deseo de los mejores clubes de Europa, también está en el punto de mira del Atlético de Madrid, que hizo una oferta de 7’5 millones de euros y que fue rechazada de inmediato por el Toulouse. El club francés ha hecho público que la mayor oferta que tiene por el jugador es la procedente del Cardiff City, equipo recién ascendido a la premier, que ofrece 12 millones de euros –dos de ellos por objetivos–, avisando de que el club que quiera fichar a Capoué deberá mejorar dicha oferta.

Así pues, el Atlético de Madrid, tercer clasificado de la liga española, se encuentra con que no puede competir con el Cardiff, un recién ascendido a la Premier League. Es lo que les faltaba tras el espantoso ridículo que hicieron al intentar fichar a Álvaro Negredo.

Y después de esto, habrá quien siga diciendo que la liga española es la mejor del mundo. Lo que hay que oír.

Falcao podría haber mentido sobre su edad

Curiosa noticia la que publican en Francia. Según L’Equipe, Falcao podría tener 29 años y no 27, como él afirma.

La noticia dice así:

“Según un reportaje realizado por una cadena de televisión colombiana, el nuevo delantero del Mónaco, Radamel Falcao, no tendría 27 años de edad, sino 29. El rector del colegio San Pedro Claver, de Bucaramanga, donde estudió el colombiano, habría mostrado documentos que prueban que el año de nacimiento del delantero es 1984 y no 1986, como él pretende.

Falcao no habría nacido en Santa Marta, sino en Bogotá, la capital colombiana. El padre del ex jugador del Atlético de Madrid, por el momento, ha desmentido las acusaciones de falsificación de documentación”.

Del Nido: “Mejor tres delanteros que dos”

En el día de ayer, Del Nido habló largo y tendido sobre muchos temas de actualidad del Sevilla. Entre ellos, tocó el tema de delanteros, tan polémico la pasada temporada, afirmando que el Sevilla ficharía tres delanteros.

Estaba cantado que Negredo saldría esta temporada, pero, por si no estuviera suficientemente claro, ayer el Presidente no pudo ser más contundente. Yo entendí de sus palabras que, en realidad, estaba obligado a venderlo, porque el jugador se quiere ir, y no es conveniente tener a jugadores a disgusto en la plantilla. Además, si hacemos caso a la prensa madrileña, Negredo ya habría llegado a un acuerdo con el Atlético de Madrid –aunque esté prohibido–, con lo cual el madrileño no querrá jugar en ningún otro sitio. Si, además, tenemos en cuenta que cobra 3 millones al año y el Sevilla tiene que reducir presupuesto… Es decir, Del Nido tiene que vender, está obligado a vender a Negredo, y tiene que hacerlo al Atlético. Y lo hará, a no ser que el conjunto capitalino se pase de listo y quiera pagar una miseria por Negredo.

A mí no me preocupa que se venda a Negredo. A mí lo que me preocupa es que no se acierte con su sustituto. Eso podría ser dramático. El Sevilla se ha propuesto renovar una gran parte de la plantilla, y eso es muy arriesgado. Hemos traspasado a nuestro mejor pasador –Jesús Navas– y vamos a vender a nuestro mejor  –y casi único– delantero: Negredo. También considero importante el traspaso de Luis Alberto, pero en el club, aunque no entiendo el motivo, creen que se ha hecho un buen negocio con su venta.

No sé de cuánto dinero va disponer el Sevilla, pero creo que se debería hacer un esfuerzo, principalmente en los centrales y en el delantero centro que falta. Supuestamente, uno de esos tres delanteros es Rusescu; el segundo, si nos atenemos a las palabras de Del Nido y Monchi, y a la prensa de Zaragoza, podría ser Hélder Postiga, siempre y cuando el equipo maño no se suba a la parra; el tercero debería ser uno de primer nivel. En todo caso, tres delanteros para tres competiciones — sin contar los partidos internacionales– me parece algo escaso. Podría ser suficiente si Emery siguiese jugando con sólo un delantero, pero si se decidiera a hacerlo con dos, estaríamos bastante cortitos en una posición muy importante.

Siendo sincero,  Negredo no es un jugador de mi agrado. Pienso que un delantero titular tiene que ofrecer mucho más de lo que ofrece nuestro máximo goleador. Es decir, el Sevilla no puede permitirse el lujo de jugar con un solo punta y que éste se lleve muchos partidos sin aparecer apenas, perdiéndose entre los centrales, mostrando desgana y fallando múltiples ocasiones clarísimas de gol. Es cierto que también ha habido partidos donde ha estado sensacional, donde incluso ha presionado con intensidad y ha hecho muy buenos goles, como en el último partido de liga, contra el Valencia. Pero partidos como éste han sido excepciones. Sencillamente, no nos podemos permitir esa irregularidad.

Por tanto, me parece bien que se traspase a Negredo. Lo importante, y lo difícil, es venderlo por una buena cantidad y, sobre todo, ser capaces de invertir bien ese dinero. Me preocupa mucho más que no esté Jesús Navas, que era nuestra principal baza ofensiva, que el que no esté Negredo. Ha metido 25 goles, ¿pero cuántos ha fallado? Incluso erró uno a puerta vacía y desde el area pequeña. Que, por cierto, es algo que también hizo en una ocasión el gran Kanouté.

La misión que tiene la Secretaría Técnica es muy complicada: desprenderse de lastre –que, desgraciadamente, abunda– e intentar conseguir que el potencial de la plantilla no se resienta tras la marcha de Navas, Luis Alberto y Negredo. Si se acierta, tendremos un buen equipo y estaremos saneados económicamente. Si no se acierta… Mejor ni pensarlo.

Emery sólo dijo lo que pensamos todos

Se ha armado un pequeño revuelo porque Emery ha sido sincero al ser preguntado por sus preferencias sobre el ganador de la final de la Copa del Rey. Nuestro entrenador dijo que quería que la perdieran los dos. Y esa sinceridad ha sido objeto de críticas: que si falta de elegancia, que si desprecio a las dos aficiones, que si podría haber dicho que le daba igual quien ganara, que es un envidioso… Lo que Emery no es, desde luego, es un hipócrita. Y, la verdad, no sé por qué tanto revuelo, porque lo que ha dicho Emery, al fin y al cabo, es lo que pensamos todos los aficionados que no somos ni del Madrid ni del Atlético.

Por cierto, vaya espectáculo en la final: tanganas, agresiones, lanzamiento de objetos… No me quiero ni imaginar si eso hubiera pasado en una final Sevilla-Betis. Ríos de tinta.

En fútbol ganó el Madrid, en goles el Atlético. Y eso es lo único que cuenta en fútbol.

Lamentablemente, ya se sabía que Emery no se saldría con la suya. Y es que alguno tenía que ganar, aunque no lo mereciera.

Antiviolencia vuelve a generar violencia

La liga española es una de las peores del mundo no sólo por la desigualdad de reparto en los derechos televisivos, ni por la baja calidad del arbitraje español, sino porque, además, está plagado de comités disciplinarios y órganos que constantemente se esfuerzan en demostrar cuál de ellos es más inútil.

Posiblemente se lleve la palma la Comisión Permanente de la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte –para los amigos, Antiviolencia–. Estos muchachos se permiten sancionar lo que ocurre en algunos campos de fútbol, y en especial en el Ramón Sánchez Pizjuán, porque en otros estadios puede pasar de todo, hasta tirar la cabeza de un cochinillo al césped, que nunca ocurrirá nada.

No sé cómo se las arreglan, pero esta Comisión que se supone que debe luchar contra la violencia, provoca, por sus decisiones o por ausencia de ellas, que, como mínimo te den ganas de darles un coscorrón a cada uno de sus miembros. Y es que la injusticia y los agravios comparativos también generan violencia, mucho más que lanzar pelotas de tenis al césped.

Ya el Comité de Incompetentes… perdón, de Competición –siempre me equivoco–, había sancionado “el pelotazo” con 602 euros –los dos euros serán para el sobre y el sello de la notificación–, pero para los Antiviolentos eso no les parecía suficiente y han sancionado al Sevilla con otra multa de 3.500 euros. Exactamente, la misma sanción que recibió el Real Madrid C.F., por deficiencias en las medidas de control de acceso y permanencia de espectadores durante el partido Real Madrid – Apoel Nicosia,  por no impedir que fueran introducidas varias bengalas que posteriormente fueron encendidas en el interior del estadio. Para ellos es lo mismo una pelota de tenis que una bengala.

Se supone que lo que sanciona Antiviolencia es la deficiencia en el control de acceso por parte del Sevilla, pero, aparte de que habría que cachear a todos los aficionados que entren al estadio, ¿una pelota de tenis puede considerarse un objeto peligroso? Desde luego, no es más peligroso que un paraguas, un mechero o una moneda, que pueden hacer mucho más daño si se lanza desde la grada.

Llama la atención que, en la misma sesión, Antiviolencia también decide  sancionar con 3.500 euros y prohibición de acceso a recintos deportivos durante seis meses a un aficionado identificado que en el partido Atlético de Madrid-Valencia que lanzó dos botellas de vidrio contra un grupo de aficionados del equipo visitante que se dirigían al estadio. ¿Y al club Atlético de Madrid no se le sanciona por deficiencias en el control de acceso por no detectar las dos botellas de vidrio? Seguramente, habrá sido un despiste sin importancia.

Pero el despiste –o la cadena de despistes– más llamativo para los sevillistas fue el ocurrido en octubre de 2011, cuando en un At. de Madrid-Sevilla se produjeron los asquerosos gritos mofándose del fallecido Antonio Puerta. Antiviolencia no sancionó este vergonzoso hecho. Según informó el Ministerio del Interior, la Comisión explicó que “no se ha podido identificar a los autores de los gritos en el interior del recinto deportivo y que fueron recogidos por algunos medios de comunicación”. Textualmente, se declaró: “La Comisión condena y reprueba tales actos realizados por una minoría de aficionados presentes en este estadio y recuerda que dichas conductas no hacen más que desacreditar el buen nombre del deporte en nuestro país y solicita a los clubes de fútbol que actúen con firmeza para evitar que hechos similares se vuelvan a producir durante una celebración deportiva”. Antiviolencia  acordó también proponer una multa de 5.000 euros y prohibición de acceso a cualquier recinto deportivo durante dos años años a cada uno de los 6 aficionados que se identificaron como miembros del Frente Atlético, que en el mismo partido agredieron y arrojaron botellas de vidrio y sillas  –sin especificar el número, porque se supone que debieron ser bastantes– a un grupo de seguidores del Sevilla.

O sea, que se enteran de los gritos contra Antonio Puerta por algunos medios de comunicación, lo que implica que el árbitro no lo recogió en el acta, justamente como no lo ha hecho ningún árbitro anteriormente, pues los cánticos de burla a Antonio Puerta no es un hecho puntual, sino que se vienen repitiendo temporada tras temporada y siempre quedan impunes.

Pero no queda ahí la cosa. Antiviolencia, como es lógico, no sanciona al Atlético de Madrid por los gritos de sus aficionados, a los que no pueden controlar lo que digan, y por tanto sería absurdo responsabilizar al club de ello. De hecho, tampoco sanciona a nadie, a título individual, porque “no se han podido identificar a los autores –cientos de ellos– de los gritos”. Lo que no es lógico es que el Sevilla sí fuera multado con 602 euros por los gritos de “Ujfalusi asesino” que tuvieron lugar un año antes en el Ramón Sánchez Pizjuán. Aunque, a decir verdad, la sanción fue por parte del Comité de Competición, y porque el árbitro de turno, Estrada Fernández, curiosamente, sí lo recogió en el acta. Pero, por supuesto, ni Antiviolencia ni el Comité de Competición tampoco sancionaron al Atlético por las deficiencias de control, ya que aquel día llovieron botellas de vidrio a los aficionados sevillistas, que, como todo el mundo sabe, pesan y abultan menos que una inofensiva pelota de tenis.

Lo que cada día tengo más claro es que los de la Comisión Antiviolencia son unos impresentables, una panda de inútiles y unos sinvergüenzas. Y que generan violencia, cada vez más violencia.

De culebrón en culebrón

No estamos teniendo suerte con los fichajes. Siempre pasa algo y se eternizan. El tema Giovani ya cansa. Meses y meses hablando del mismo jugador, para, al final, llegar al mismo sitio: un Tottenham que no cede en sus pretensiones y un Sevilla que no puede o no quiere pagar tanto dinero por un jugador que no ha triunfado y que no cuenta para nada en su club.

Y ahora nos encontramos con el caso de Reyes. Parecía que iba a ser un fichaje rápido, de cuestión de horas, porque todo estaba pactado entre las partes, y de pronto aparece el problema del finiquito. Resulta que el Atlético de Madrid no quiere pagarle a Reyes lo que le debe y éste, lógicamente, quiere recibir lo que es suyo. Si yo fuera jugador del Atlético, tomaría buena nota de la actitud que el segundo club de Madrid está teniendo con el utrerano. Porque hoy le toca a Reyes, pero mañana le tocará a otro.

Mientras se soluciona todo, si es que se soluciona, aquí seguiremos esperando su llegada. Sup0ngo que al final habrá acuerdo, porque Reyes está ahora en una delicada situación. Al haber manifestado claramente su deseo de salir, se ha vuelto a a poner a la afición colchonera en contra, con lo que su continuidad en tierras madrileñas parece inviable.

Si finalmente recala en el Sevilla, habrá que ver qué Reyes nos encontraremos. Habrá perdido velocidad con respecto al Reyes que se marchó al Arsenal, pero habrá ganado en experiencia. Está claro que es un jugador de calidad, pero habrá que ver qué rendimiento tiene. Espero que no se convierta en un “Jesuli II”, que ya venía de vuelta y no aportó nada.

Sólo nos queda esperar a que finalice este nuevo culebrón. Paciencia.

El posible regreso de Reyes

Posiblemente, la venta de Reyes, junto con la de Marchena, fue la más dolorosa para el sevillismo. Vendimos al utrerano en el mejor momento, cuando era jovencísimo y su endiablada velocidad ponía en jaque a cualquier defensa. Además, su calidad garantizaba un buen número de goles y asistencias.

A pesar de que su venta fue casi una puñalada al corazón de la afición, el tiempo ha dado la razón a José María Del Nido, ya que, aunque se fue nuestro mejor jugador, fue el inicio del Sevilla de los títulos. Con el dinero de su venta se enjugó buena parte de la deuda, y se contrataron jugadores jóvenes y baratos, que más tarde nos llevarían a ser, nada más y nada menos, los mejores del mundo.

Reyes triunfó en el Arsenal, pero parece ser que echaba en falta su tierra y a los suyos. Del Arsenal pasó al Real Madrid, donde no alcanzó el nivel mostrado en sus dos anteriores equipos. Por ese motivo fue traspasado al Atlético de Madrid. A orillas del Manzanares ha sido muy discutido, pero al mismo tiempo ha sido pieza clave en la consecución de los últimos títulos rojiblancos. La liga 2011-2012 la empezó como titular y mostrando un alto nivel de juego, pero últimamente ha tenido un enfrentamiento con su entrenador, Manzano, que le ha costado un banquillazo.

Quede claro, por tanto, que José Antonio Reyes me parece un gran jugador, que aportaría al Sevilla calidad, desborde y gol, pero también pienso que ya lo disfrutamos en su mejor momento y que, salvo que llegara en unas condiciones muy ventajosas para el club, no debería volver a enfundarse la elástica blanca. Es decir, si tenemos que pagar una ficha muy alta o un traspaso elevado, mejor que se quede donde está. Es un buen jugador, pero quizás ya venga de vuelta.

Por otro lado, tampoco tengo muy claro que fuera un fichaje bien recibido por la afición, ya que Reyes ha tenido en el pasado algunas declaraciones poco afortunadas.

En cualquier caso, posiblemente su posible regreso sólo sea un rumor o un comentario interesado de su representante, que, por cierto, ha negado el interés del Sevilla.

Como se suele decir, tiempo al tiempo.