Archivo de la categoría: Europa League

Sevilla FC 3 – Krasnodar 0. Obstáculo superado por la vía rápida 

No hubo lugar a sustos. El Krasnodar duró apenas diez minutos. Ben Yedder no perdona la mínima oportunidad que tiene, y tuvo dos.

El primer gol me pareció un clarísimo fuera de juego. Lo único que se me ocurre es que el asistente pensara que el balón llegó a Yedder al pasar atrás un defensor, pero me dio la impresión de que no fue así, sino que Roque Mesa le pasó el balón.

El Krasnodar dio algún susto en los primeros minutos y con el 1-0, pero después se fue diluyendo conforme pasaban los minutos.

En la segunda parte se acabó de rematar el partido con la jugada del penalti y expulsión. Llegó entonces el momento de hacer los cambios y reservar jugadores para el importantísimo partido de la matinal del domingo ante el Gerona.

Lo fundamental es que se logró la clasificación, y como primeros de grupo, a pesar de las penosas actuaciones que hemos tenido fuera del Ramón Sánchez Pizjuán.

En cuanto al ambiente, lo esperaba bastante más crispado. Aunque no nos guste, lo cierto es que el Sevilla es una Sociedad Anónima Deportiva y al aficionado no nos queda más que el derecho al pataleo. Ahora bien, es muy difícil de asimilar que el Sevilla FC ha sido, o vaya a ser vendido porque unos supuestos sevillistas, cuatro viejos, como escribía un periodista hoy (bueno, decía “ancianos”, que es lo mismo), quieran dejar la vida resuelta a sus herederos. Cuatro ancianos que ya son ricos. Por eso son los accionistas mayoritarios. Pero se ve que es cierto el dicho de que nadie, por mucho dinero que tenga, dice: “Ya tengo suficiente dinero. Ya no quiero más”

Pero eso es lo que hay. El Sevilla dejará de estar en manos de sevillistas, como siempre ha sido. Nos guste o no nos guste. Sólo queda seguir animando al Sevilla FC. Y el próximo episodio es el domingo.  De vencer al Gerona, seguiremos en lo más alto.

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Standard de Lieja 1 – Sevilla FC 0. Penosa imagen y desastroso resultado

Decepcionante el partidito que se ha dignado hacer el Sevilla en la Europa League. El Sevilla tiene ya demasiado prestigio como para permitirse espectáculos como el de hoy. No sólo es que hayamos perdido, sino que lo hemos hecho sin apenas crear ocasiones de gol, sin la más mínima intensidad, como si hubiéramos ido de turismo, y sin dar sensación de poder ganar el partido.

La derrota es lógica, porque muchos jugadores han estado desconocidos. Mudo Vázquez, Banega o Kjaer parecían otros, y jugadores como Aleix Vidal, Roque Mesa, Promes o Muriel siguen demostrando un nivel paupérrimo. Y el Standard no es que sea gran cosa, pero si se lo damos mascaíto, pues lo engulle.

Tampoco hemos tenido suerte en momentos puntuales. Sarabia es expulsado en una acción donde ve la tarjeta amarilla en una falta totalmente involuntaria, pero muy llamativa, con plancha de por medio. Y el gol es, posiblemente, en fuera de juego. Pero si lo es, es por tan poco que puede considerarse en línea. El linier podría haber dudado, pero se mostró muy seguro.

En honor a la verdad, podría haber sido incluso peor, de no haber sacado Vaclík la absurda cesión de Kjaer, cuando parecía que el gol era inevitable. Habría quedado para la historia un gol de lo más ridículo.

Lo positivo es que si somos capaces de ganar al Krasnodar, que es el rival más potente, seremos primeros de grupo, a pesar del lastimoso espectáculo que estamos ofreciendo como visitantes en esta Europa League.

Nos llega otra final y aún no ha acabado el año. Impensable, pero es así. Para que no haya un estrepitoso fracaso en Europa, tendremos que mostrar un nivel muy diferente al de hoy.

Sevilla FC 6 – Akhisarspor 0. Machín se volvió a equivocar

Desde los primeros minutos de juego quedó en evidencia que el Akhisar es un equipo que es muy pero que muy endeble. Será un milagro si consigue algún punto en la fase de grupos. Probablemente, cualquier equipo de nuestra Tercera División nos habría dado más problemas. Por tanto, creo que Machín se volvió a equivocar en el once inicial. Si en Krasnodar rotó demasiado, pues visitábamos al rival más fuerte del grupo, ante el Akhisar se quedó corto. Es más debería haber dado minutos a jugadores con los que se ve que no cuenta en absoluto, como Borja Lasso o Juan Soriano y haber dado descanso a los que lo juegan todo y que son piezas clave, como Vaclick, Navas o Mudo Vázquez.

A pesar de que el Sevilla jugó muchos minutos casi andando y, en determinados momentos, con casi nula intensidad, los goles se fueron sucediendo hasta llegar hasta la media docena. Y porque el Sevilla no quiso hacer más sangre, porque, de haber pisado un poco el acelerador, habría conseguido una goleada más propia de los tiempos de los Stukas. A los ocho minutos quedó sentenciado el encuentro, al transformar Sarabia un penalti. Un par de minutos antes abrió  la goleada un espectacular trallazo, ajustado a la escuadra, de Roque Mesa, tras espectacular jugada colectiva. Sin duda, fue el mejor gol del partido.

El partido sirvió, además de para ponernos en cabeza de grupo, para que ciertos jugadores vayan cogiendo confianza. Fue el caso de Promes, que sigue mostrando detalles de futbolista de nivel. A veces se precipita, posiblemente por ansiedad, pero es un jugador técnico, rápido y vertical. Logró dos buenos goles y seguro que, si tiene un mínimo de suerte, logrará bastantes más. Lo único que no me gustó fue la tontería del jueguecito de piernas a lo Cristiano Ronaldo. Esas cosas por aquí no gustan.

También marcó Muriel. Espero que marque muchos más (no lo creo), pero para que lo podamos traspasar por una cantidad medio decente que nos permita recuperar buena parte de lo invertido en él.

El partido también sirvió para que Nolito demostrara que es un caso perdido. Nefasto fichaje. No rinde y, además, tiene una ficha altísima. Hay que traspasarlo o incluso regalarlo. Hoy fue un cero a la izquierda. Tuvo una oportunidad clarísima, para fusilar al portero, y se le ocurrió intentar una vaselina que quedó hasta ridícula.

Ahora a preparar el partido con el Huesca. Necesitamos los tres puntos para seguir cerca del líder y mantenernos en las posiciones de privilegio.

Sevilla FC 1 – Zalgiris 0. Victoria mínima que obliga a marcar en Lituania

Saltó la sorpresa y el Sevilla no fue capaz de dejar encarrilada la eliminatoria ante el Zalgiris. Gran parte de culpa la tuvo la alineación inicial, plagada de suplentes, pensando en la Supercopa del domingo, pero, sobre todo, la excepcional actuación del portero visitante, Bartkus, internacional lituano, que hizo una auténtica exhibición, evitando una goleada. Lo paró casi todo (Banega se lo puso imposible en el gol), y la mala puntería de nuestros jugadores hizo el resto. Al igual que en muchos partidos de la temporada pasada, se desaprovecharon infinidad de ocasiones, dejando en evidencia que la falta de gol sigue siendo un grave problema. Lo cual, por otra parte, es totalmente lógico, pues no ha llegado aún ningún delantero que palie nuestra pobre efectividad ante la portería contraria. Urgen delanteros, y mientras antes lleguen, mejor.

El Zalgiris me pareció bastante mejor equipo que el Ujpest. Además del sobresaliente guardameta lituano, cuenta con varios jugadores de calidad y veloces, que les permite montar buenos contragolpes. No me extraña, por tanto, que el Zalgiris sea más peligroso a domicilio que en su propio feudo. Los mejores del Zalgiris fueron el central senegalés Mbodj (inexpugnable por alto, rápido y con buena salida de balón), y los centrocampistas Blagojevic (croata) y Simkovic (eslovaco). Afortunadamente, Vaclik también se lució en un par de ocasiones, con lo que esos contragolpes se quedaron en nada. Sólo supusieron un par de sustos, pues haber encajado un gol sí nos habría puesto la eliminatoria en una más que preocupante situación.

En cuanto a nuestro equipo, me parece evidente que hay jugadores en la plantilla que no deben formar parte del Sevilla 2018-2019. Jugadores como Nolito (mucha voluntad, nulo acierto, como suele ser habitual en él) o Muriel deberían seguir sus carreras en otro sitio. El problema es que a ver quién es el guapo que es capaz de colocarlos sin perder mucho dinero. Otros jugadores, como Berrocal y Pejiño, actualmente no tienen nivel para formar parte del primer equipo, pero tienen mucho futuro aún por delante, ya que sólo tienen 19 y 22 años, respectivamente. Pejiño tiene descaro y condiciones, pero aún le falta bastante para poder ser titular en un equipo del máximo nivel.

Tengo dudas con Arana. Por ahora, creo que pierde la batalla, claramente, con Escudero. El brasileño tiene buenos detalles, pero también mostró que le falta velocidad y que aún está lejos de adaptarse al fútbol europeo.

Por cierto, ayer me descuadró Gnagnon un poco. Desde la grada, daba la impresión de que estaba gordo y lento. Supongo que será eso, una impresión, porque cuando pasó el reconocimiento médico estaba en su peso. Pero lo que más me llamó la atención fueron sus numerosos saltos a destiempo, lo que le llevaba a caer o cargar sobre el contrario, lo que habría supuesto muchas faltas, algunas peligrosas, de haber tenido al silbato a un árbitro español. Gnagnon es un jugador muy joven (21 años) y que ya está en las quinielas para llegar a la selección absoluta de Francia, pero necesita adaptarse pronto al fútbol español si no quiere ser un asiduo del banquillo. El Gnagnon de ayer dista bastante del que todos esperamos ver.

En mi opinión, la victoria de ayer nos pone la eliminatoria bastante de cara, aunque al ser por la mínima nos obliga a marcar en Lituania para evitar lo que sería un descalabro histórico. La diferencia entre uno y otro equipo es abismal, pero un exceso de confianza podría resultar fatal. Está claro que lo ideal no es jugarse la eliminatoria fuera de casa y en un estadio con césped artificial, pero el Sevilla tiene que estar en la siguiente ronda y tiene que estar en la fase de grupos de la Europa League. No puede ser de otra forma. No debería ser de otra forma.

Mi experiencia, deportiva y extradeportiva, de la final de Basilea

Ya somos pentacampeones de Europa, que se dice pronto. En esta ocasión tuvimos que vencer a un gran equipo, como es el Liverpool, que llegó a tenernos contra las cuerdas, en determinados momentos de la primera parte.

El partido empezó bien, controlando el juego y viéndose, con claridad, que el Liverpool nos tenía un gran respeto. Pero con el paso de los minutos, el equipo inglés empezó a llegar a nuestra área con relativa facilidad y tuvo un par de ocasiones claras para adelantarse en el marcador. Además, temí que el árbitro pitara una clara mano de Carriço dentro del área, cosa que, por suerte, no ocurrió. En una de esas llegó el gol –golazo más bien– de Sturridge, con un disparo con el exterior que colocó muy bien junto al poste.

A partir de este momento, hasta el final de la primera parte, lo pasó muy mal el Sevilla. Un gol anulado al Liverpool y una ocasión donde el balón se paseó por el área pequeña de Soria, me hizo rezar para que llegáramos con sólo 1-0 al descanso, con la esperanza de que Emery y los jugadores pudieran resetearlo todo, porque parecía que no estábamos jugando una final, sino un amistoso, hasa el punto de que el 2-0 no llegó de milagro, más que por acierto de los reds, por nuestros propios despropósitos. En varias ocasiones perdimos el balón en zonas peligrosísimas, quizás por un exceso de confianza, pero el desajuste fue total y estuvimos cerca de tirar la final a la basura.

Afortunadamente, el Sevilla de la segunda parte no tuvo nada que ver con el de la primera, y eso se vió desde el saque inicial. Apenas 15 minutos tardó el Sevilla en empatar, gracias a una sensacional jugada de Mariano, que casi se burla de Alberto Moreno, y deja el balón para que Gameiro sólo tenga que empujarla. Mazazo para el Liverpool y chute de adrenalina para el Sevilla.

Si el primer gol fue bonito, el segundo lo fue mucho más, al ser una jugada de todo el equipo, con varias paredes, y con una muy buena finalización de Coke, que fue el auténtico héroe de la noche, ya que poco después conseguiría el tercer gol que, prácticamente, dejó visto para sentencia el partido. Como no podía haber sido de otra manera, Coke fue elegido el hombre del partido, pero dicho honor debería haber recaído en Gameiro, de no haber fallado dos ocasiones donde se quedó solo ante Mignolet.

Curiosamente, la famosa pareja Coke-Mariano fueron jugadores claves para imponerse al Liverpool. El primero, asistiendo en el primer gol, y el segundo marcando por partida doble.

Se pasó mal durante varios minutos, pero, al final, la copa se fue para Sevilla, como debía ser. Pase lo que pase el domingo, la temporada será de sobresaliente: nuevo título y clasificación directa para la Champions League.

En cuanto a otros aspectos de la final, tengo que decir que la organización de la final, en todos los aspectos, ha sido nefasta. He estado en todas las finales europeas, a excepción de Varsovia y las Supercopas que no se disputaron en Mónaco, y la de Basilea ha sido verdaderamente lamentable. Como se suele decir, no ha ocurrido una desgracia porque Dios no ha querido.

Dejando a un lado los malos y escasos medios de transportes para desplazarse desde la Fanzone al estadio o desde el estadio al centro de la ciudad –tiene su importancia pero no deja de ser una simple incomodidad–, lo peor tuvo lugar dentro y fuera del estadio. Dentro del estadio no se tuvo la precaución de separar a los aficionados de ambas aficiones, con lo que, en una final, con la tensión que hay, era jugar con fuego. De ahí que hubiera incidentes en la grada.

Pero lo que sí fue extremadamente grave, y pudo acabar en tragedia, fue la mala organización en el acceso al estadio. Yo llegué al estadio una hora y cuarto antes del comienzo del partido, y ya había una multitud importante esperando para entrar. Por delante de esa multitud, había muchos policías antidisturbios y unas vallas, quedando sólo un estrecho espacio para que entraran los aficionados. Es de suponer –yo no lo veía desde mi sitio, bastante alejado de la entrada– que la persona que entraba era minuciosamente registrada. El problema es que el flujo de gente que entraba era ridículo, y hacer eso con las tres mil o cuatro mil personas que estábamos esperando, era totalmente inviable. Y claro, pasan quince, veinte, cuarenta minutos… y ves que aquello no se mueve, y el comienzo del partido se acerca.

Quedaban veinte minutos para el inicio y ya a la gente se le acababa la paciencia: gritos, insultos, empujones, se empezó a tirar vasos de cerveza a los antidisturbios… Pero la policía seguía impasible. Allí no se movía nada. Un antidisturbio estuvo grabando en video, continuamente, a la multitud –lo que enfurecía más a la gente–, y, de vez en cuando, asomaba por encima de las vallas un tipo enchaquetado, que supongo que sería el máximo responsable de seguridad, oteaba el horizonte durante unos segundos y desaparecía entre los silbidos y abucheos de la gente, que cada vez estaba más nerviosa.

La tensión y el peligro era tan palpable que algunas personas empezaron a salir de la bulla, principalmente personas mayores y padres que sacaban a sus hijos. Un padre salía con sus dos hijos de unos 13-15 años, y uno de ellos le protestaba porque llevaban allí mucho tiempo esperando, a lo que el padre le respondió con un contundente “la seguridad es lo primero”. La presión de la bulla estaba lejos de ser la que se produce, por ejemplo, cuando pasa una cofradía por la calle Francos y se forman “ríos” de gente, cada uno queriendo ir para una dirección distinta, pero empezaba a ser bastante agobiante. El principal riesgo que se corría era que los antidisturbios cargaran o que se formara una avalancha. Esta última opción parecía la más probable, porque oía por detrás de mí gritos de “avalancha, avalancha”.

Por suerte, no pasó nada, pero no me quiero ni imaginar las consecuencias que habría tenido una carga o una avalancha, sobre todo para los más pequeños.

Al final, a falta de quince minutos para el inicio del partido, se impuso la cordura y se abrió más espacio para que pudiera entrar los aficionados, quienes ya casi ni eran registrados. En mi caso, tardaron unos diez segundos en cachearme y registrar mi pequeña mochila, pero hubo mucha gente que ni la registraron. Un exceso de celo en la seguridad no sirvió para nada, sólo para provocar el caos y la indignación, y, verdaderamente, la mala organización que sufrimos hace plantearte si merece la pena desplazarte a ver una final. Eso sí, efectivos policiales hubo de sobra, en el centro y en el estadio. El aeropuerto estaba prácticamente tomado por el ejército –soldados con fusiles de asalto– y dos helicópteros estuvieron dando vueltas todo el día. Pero fallaron en lo básico, hasta el punto de que me llevé la impresión de que Suiza es un país tercermundista donde todo está muy caro.

En este sentido, me quedé impresionado cuando, ya dentro del estadio, se me ocurrió pedir agua. La muchacha me dio un vaso de agua de plastico, que ya tenía allí preparado, de un tamaño un poco menor de medio litro –por tanto, no sé si era agua mineral o del grifo– y me dijo que “eran siete”. Siete céntimos me parecía muy poco y siete francos –casi ocho euros– me parecía una barbaridad. Efectivamente, eran siete francos. Pero lo más gracioso fue que me dijo que “si entregaba el vaso, me devolvía dinero”. Y cuando lo hice, me devolvió dos francos por entregar un vaso de plástico. Si no llego a estar muerto de sed… No sé qué habrían cobrado por un refresco, pero me lo imagino.

Llegué a mi asiento diez minutos antes del inicio del partido, aún con el susto en el cuerpo y repleto de indignación, pero dispuesto a disfrutar del partido.

Todavía me quedaban más sorpresas, por la mala organización de “Viajes El Corte Inglés” y por el numerito que se montó en el aeropuerto, que volvió a dejar en evidencia que UEFA no escogió la sede adecuada. El aeropuerto de Basilea, simplemente, no tiene la capacidad de dar salida a tantos vuelos ni a acoger a tantas personas. Tuve mucha suerte porque sólo salí con una hora de retraso, pero, sobre todo, porque mi avión no fue el que tenía problemas técnicos y que vio retrasada su salida, sin ni siquiera una hora estimada.

En Basilea viví momentos malos pero que fueron compensados por los buenos: la quinta Europa League del Sevilla FC, ante el Liverpool. Otro momento histórico que tuve el privilegio de disfrutar en vivo y en directo.

Habrá pocos sevillistas en Basilea, gracias, entre otros factores, a la mala gestión del Sevilla FC

El Sevilla FC se ha lucido con la venta de entradas para la final de Basilea. Lo único que ha hecho bien ha sido subvencionar los desplazamientos con 200 euros y llegar a acuerdos con una amplia variedad de agencias para organizar los viajes.

Después, para empezar, la cantidad de entradas que ha anunciado el Sevilla no cuadra con las que consta que ha recibido el Liverpool. La capacidad del St. Jakob-Park para la final de la Europa League es de 35.000 espectadores. El equipo inglés anunció que recibiría 10.236 entradas, mientras que el Sevilla dice que ha recibido 7.000. Pero lo que me pareció verdaderamente sorprendente es que devolvió 2.000 entradas porque “eran muy caras”. Habida cuenta de que los dos clubes reciben la misma cantidad, haciendo cuentas, me pregunto: ¿Dónde han ido a parar las 1.236 entradas que restan?

Era evidente que en Basilea los ingleses nos iban a superar en número, por varias razones:

En primer lugar, porque el Liverpool es un club top de Europa y, a pesar de ello, llevan más de diez años sin llegar a una final de la importancia de la Europa League. Por si fuera poco, en Febrero perdieron la final de la Capital One Cup, por penaltis, contra el Manchester City, y ven la final de Basilea como una segunda oportunidad. Por tanto, entre sus aficionados hay una gran ilusión por ver la posibilidad de ganar un título.

En segundo lugar, el aficionado inglés, en general, dispone de una solvencia económica mayor que el español, por lo que el desplazamiento les supone menos esfuerzo. Incluso Jürgen Klopp, el entrenador del Liverpool, ha recomendado a los hinchas ingleses que viajen, aunque sea sin entrada, dada la belleza de la ciudad de Basilea. A este respecto, UEFA lo ha desaconsejado y ha insistido en que los aficionados que viajen sin entrada no deben acercarse al estadio, que estará perimetrado con estrictas medidas de seguridad. Mucho ojo con este asunto, porque en Basilea habrá aficionados del Liverpool que intentarán conseguir entrada por las buenas –reventa– o por las malas –robo–.

También esa solvencia económica posibilita que adquieran entradas de sevillistas gracias a la reventa. Me parece increíble que los socios más antiguos se dediquen a lucrarse revendiendo la entrada, incluso a aficionados del Liverpool. Sólo puedo entenderlo en el caso de que esa persona esté verdaderamente necesitada, lo cual no creo que sea el caso, porque, si no, no sería socio del Sevilla –hay cosas más importantes que el fútbol–. En este espinoso y triste tema de la reventa, el club poco puede hacer. Considero que poner las entradas nominativas no es una solución, ya que no depende del club. En Turín lo eran porque en Italia es obligatorio por ley, pero en Suiza no es así, y, posiblemente, por ese motivo UEFA habrá decidido que no sean nominativas.

Y en tercer lugar, el desplazamiento será más cómodo para los ingleses, sobre todo en el caso de que decidieran hacerlo por carretera, ya que tardarían entre seis y siete horas menos que desde Sevilla.

Lamentablemente, ahora, gracias a la genial idea de nuestros directivos de devolver 2.000 entradas, hay una cuarta razón, ya que, de acuerdo con esta información, la UEFA, ante las protestas del Liverpool por la escasez de entradas, ha asegurado que les otorgarían las entradas que pudiera devolver el Sevilla.

Desde mi punto de vista es totalmente inconcebible que el Sevilla devuelva las entradas, para más inri, con el débil pretexto de que tienen un precio elevado. Una sencilla solución habría sido el subvencionar las entradas más caras, vendiéndolas a 110 o 120 €, pagando el Sevilla el resto, de modo similar a como se ha hecho con los viajes. O en todo caso, pagar el Sevilla el coste íntegro. Cualquier medida me parece más acertada antes que poner las entradas a disposición del rival.

Otro tema que me parece una barbaridad es el elevado número de entradas que el Sevilla se queda para lo que llaman “compromisos del club”. De las 7.000 entradas (sin olvidar las sospechosas 1.236 que no cuadran), sólo se han puesto a la venta 5.600. Es decir, 1.400 entradas para compromisos. De acuerdo con la información que enlacé anteriormente, el Liverpool está obligado a reservar 2.000 entradas, por contrato, para los antiguos accionistas del club. El Liverpool ha decidido dedicar un 10% para empleados, jugadores, exjugadores y medios de comunicación –unas 825– y sólo un 2% para sponsors –unas 165–. Es decir, unas 1.000 entradas para “compromisos”, frente a las 1.400 por parte del Sevilla.

Y por último, lo que no se puede permitir es la mala organización para recoger las entradas. Yo, que tenía asegurada entrada por mi número de socio, fue el primer día, por la mañana, y tuve que esperar más de tres horas para recoger la entrada. Al menos, tuvieron el detalle de hacer la cola por dentro del estadio, para protegernos de la lluvia, pero, según he leído, ha habido gente que han hecho cola durante más de cinco horas, soportando lluvia, y al final se han quedado sin entradas. Eso es durísimo e inaceptable. El club debería, como mínimo, tener el detalle de hacer un simple cálculo y avisar de a partir de qué momento el aficionado que está en cola corre el riesgo de no tener entrada.

Y por supuesto, estoy seguro de que se puede hacer la recogida de entradas con más comodidad. No sé si se pueden agilizar trámites telemáticamente, pero lo que sí se puede, perfectamente, es habilitar más taquillas.

Un suspenso grande para el club en la organización de esta final de Europa League. Estaremos en Basilea en una gran inferioridad numérica. Sólo espero que ocurra lo mismo que ocurrió en la final de la Copa del Rey de Barcelona, donde a pesar de que los aficionados del Atlético de Madrid nos superaban por abrumadora mayoría, nos impusimos tanto en el césped como en la grada.

Sevilla FC 3 – Shakhtar 1. Otra final europea. Otro año igual, otro año igual…

Ayer, recién acabado el partido, la afición bajaba las escaleras al grito de “Otro año igual, otro año igual…”, y se me pasó por la cabeza que, probablemente, los aficionados más jóvenes no sabrían qué significaba. No sabrían que ese mismo cántico resonaba hace veinticinco años, en ese mismo estadio, pero con un significado muy diferente. Antes se oía porque el Sevilla, teniendo un buen equipo, ni siquiera lograba plaza para disputar competiciones europeas. Ahora, sin embargo, se oye porque volvemos a clasificarnos para disputar una nueva final europea, la quinta, y la tercera consecutiva. Es complicado de asimilar, pero es real, como la vida misma.

El partido empezó como estaba previsto, y como había anunciado Lucescu, el entrenador del Shakhtar: sin prisas por el combinado naranja, que esperaba con orden su oportunidad para contragolpear, y el Sevilla intentando incrementar la ventaja que traía del partido de ida, pero también sin precipitarse. Hasta que muy pronto, antes de los 10 minutos de juego, Gameiro adelantó al Sevilla, al aprovechar un gran error de Rakitskiy.

Ese gol obligaba al Shakhtar a hacer, al menos, dos goles para clasificarse, y la consecuencia fue que el equipo ucraniano se fue arriba. Pero el mayor inconveniente fue que el Sevilla no se defendió bien. Con la defensa demasiado atrás, cedía demasiado terreno al Shakhtar, que puso cerco al área sevillista. Fueron momentos de agobios, ya que los buenos jugadores ucranianos se movían como pez en el agua por las inmediaciones del área y daban mucha sensación de peligro. También inquietaron en algún corner absurdo y en alguna que otra falta que se podría haber evitado. Hasta que llegó el gol de la igualada, que sentó como un jarro de agua fría, por el momento en que llegó, al filo del descanso, y por la forma, en un contragolpe; el cual, dicho sea de paso, fue muy bien llevado por Marlos, que dio una asistencia de lujo a Eduardo. Este jugador brasileño –también nacionalizado croata– ya nos marcó en nuestro estadio cuando jugaba en el Arsenal, en partido de Champions, en noviembre de 2007. Espero que no nos lo encontremos más, porque ya tiene 33 años. Por parte sevillista, sólo Fazio estuvo en ese partido.

La segunda parte empezó de la mejor manera posible, consiguiendo Gameiro el 2-1, al aprovechar un buen pase de Krywhowiak y regatear al guardameta Pyatov. Ese gol daba cierta tranquilidad, pero aún daba pie a la posibilidad de prórroga. Posibilidad que desapareció totalmente doce minutos después, cuando Mariano Ferreira la puso imposible, de fuerte trallazo, ajustado al poste, para lograr el 3-1 definitivo.

Tiene razón Krychowiak cuando dice que aún no se ha conseguido nada. Tiene razón hasta cierto punto, porque la historia sólo recuerda a los vencedores, y se compite para ganar títulos. Pero también es cierto que el Sevilla volvió a ganar ayer dinero, prestigio y la posibilidad de volver a soñar con lograr la quinta Europa League.

No será fácil, por supuesto. Nunca lo es. Enfrente tendremos al Liverpool, un conjunto plagado de buenos jugadores que, a buen seguro, obligará al Sevilla a dar lo mejor, a luchar al límite, para alzarse con el trofeo. No obstante, era mi rival preferido. No me habría gustado jugar la final con el Villarreal, por ser un equipo español y porque considero que es superior al Liverpool. Además, los castellonenses nos conocen mejor y tienen una gran plantilla.

No quiero cerrar el post sin dedicar unas palabras al impresionante partido de Gameiro. No sólo por los dos goles de ayer –que pudieron haber sido tres si Kuipers, el árbitro holandés, hubiera señalado un clarísimo penalti que le hicieron–, sino por el gran esfuerzo físico del que hizo gala. Levantó al público de sus asientos cuando se pegó un carrerón para frenar un contragolpe en la esquina del área sevillista. Ya habría sido el acabose si hubiera conseguido el gol de chilena que intentó.

Se preguntaba ayer un periodista francés cuántos goles habría conseguido Gameiro si estuviera jugando en México –en referencia a Gignac, que está jugando en Tigres y, a diferencia de Gameiro, sí ha sido convocado por Francia para la Eurocopa–. Nadie sabe la respuesta, pero estoy seguro de que muchos más de los que lleva en su cuenta.