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Mi experiencia, deportiva y extradeportiva, de la final de Basilea

Ya somos pentacampeones de Europa, que se dice pronto. En esta ocasión tuvimos que vencer a un gran equipo, como es el Liverpool, que llegó a tenernos contra las cuerdas, en determinados momentos de la primera parte.

El partido empezó bien, controlando el juego y viéndose, con claridad, que el Liverpool nos tenía un gran respeto. Pero con el paso de los minutos, el equipo inglés empezó a llegar a nuestra área con relativa facilidad y tuvo un par de ocasiones claras para adelantarse en el marcador. Además, temí que el árbitro pitara una clara mano de Carriço dentro del área, cosa que, por suerte, no ocurrió. En una de esas llegó el gol –golazo más bien– de Sturridge, con un disparo con el exterior que colocó muy bien junto al poste.

A partir de este momento, hasta el final de la primera parte, lo pasó muy mal el Sevilla. Un gol anulado al Liverpool y una ocasión donde el balón se paseó por el área pequeña de Soria, me hizo rezar para que llegáramos con sólo 1-0 al descanso, con la esperanza de que Emery y los jugadores pudieran resetearlo todo, porque parecía que no estábamos jugando una final, sino un amistoso, hasa el punto de que el 2-0 no llegó de milagro, más que por acierto de los reds, por nuestros propios despropósitos. En varias ocasiones perdimos el balón en zonas peligrosísimas, quizás por un exceso de confianza, pero el desajuste fue total y estuvimos cerca de tirar la final a la basura.

Afortunadamente, el Sevilla de la segunda parte no tuvo nada que ver con el de la primera, y eso se vió desde el saque inicial. Apenas 15 minutos tardó el Sevilla en empatar, gracias a una sensacional jugada de Mariano, que casi se burla de Alberto Moreno, y deja el balón para que Gameiro sólo tenga que empujarla. Mazazo para el Liverpool y chute de adrenalina para el Sevilla.

Si el primer gol fue bonito, el segundo lo fue mucho más, al ser una jugada de todo el equipo, con varias paredes, y con una muy buena finalización de Coke, que fue el auténtico héroe de la noche, ya que poco después conseguiría el tercer gol que, prácticamente, dejó visto para sentencia el partido. Como no podía haber sido de otra manera, Coke fue elegido el hombre del partido, pero dicho honor debería haber recaído en Gameiro, de no haber fallado dos ocasiones donde se quedó solo ante Mignolet.

Curiosamente, la famosa pareja Coke-Mariano fueron jugadores claves para imponerse al Liverpool. El primero, asistiendo en el primer gol, y el segundo marcando por partida doble.

Se pasó mal durante varios minutos, pero, al final, la copa se fue para Sevilla, como debía ser. Pase lo que pase el domingo, la temporada será de sobresaliente: nuevo título y clasificación directa para la Champions League.

En cuanto a otros aspectos de la final, tengo que decir que la organización de la final, en todos los aspectos, ha sido nefasta. He estado en todas las finales europeas, a excepción de Varsovia y las Supercopas que no se disputaron en Mónaco, y la de Basilea ha sido verdaderamente lamentable. Como se suele decir, no ha ocurrido una desgracia porque Dios no ha querido.

Dejando a un lado los malos y escasos medios de transportes para desplazarse desde la Fanzone al estadio o desde el estadio al centro de la ciudad –tiene su importancia pero no deja de ser una simple incomodidad–, lo peor tuvo lugar dentro y fuera del estadio. Dentro del estadio no se tuvo la precaución de separar a los aficionados de ambas aficiones, con lo que, en una final, con la tensión que hay, era jugar con fuego. De ahí que hubiera incidentes en la grada.

Pero lo que sí fue extremadamente grave, y pudo acabar en tragedia, fue la mala organización en el acceso al estadio. Yo llegué al estadio una hora y cuarto antes del comienzo del partido, y ya había una multitud importante esperando para entrar. Por delante de esa multitud, había muchos policías antidisturbios y unas vallas, quedando sólo un estrecho espacio para que entraran los aficionados. Es de suponer –yo no lo veía desde mi sitio, bastante alejado de la entrada– que la persona que entraba era minuciosamente registrada. El problema es que el flujo de gente que entraba era ridículo, y hacer eso con las tres mil o cuatro mil personas que estábamos esperando, era totalmente inviable. Y claro, pasan quince, veinte, cuarenta minutos… y ves que aquello no se mueve, y el comienzo del partido se acerca.

Quedaban veinte minutos para el inicio y ya a la gente se le acababa la paciencia: gritos, insultos, empujones, se empezó a tirar vasos de cerveza a los antidisturbios… Pero la policía seguía impasible. Allí no se movía nada. Un antidisturbio estuvo grabando en video, continuamente, a la multitud –lo que enfurecía más a la gente–, y, de vez en cuando, asomaba por encima de las vallas un tipo enchaquetado, que supongo que sería el máximo responsable de seguridad, oteaba el horizonte durante unos segundos y desaparecía entre los silbidos y abucheos de la gente, que cada vez estaba más nerviosa.

La tensión y el peligro era tan palpable que algunas personas empezaron a salir de la bulla, principalmente personas mayores y padres que sacaban a sus hijos. Un padre salía con sus dos hijos de unos 13-15 años, y uno de ellos le protestaba porque llevaban allí mucho tiempo esperando, a lo que el padre le respondió con un contundente “la seguridad es lo primero”. La presión de la bulla estaba lejos de ser la que se produce, por ejemplo, cuando pasa una cofradía por la calle Francos y se forman “ríos” de gente, cada uno queriendo ir para una dirección distinta, pero empezaba a ser bastante agobiante. El principal riesgo que se corría era que los antidisturbios cargaran o que se formara una avalancha. Esta última opción parecía la más probable, porque oía por detrás de mí gritos de “avalancha, avalancha”.

Por suerte, no pasó nada, pero no me quiero ni imaginar las consecuencias que habría tenido una carga o una avalancha, sobre todo para los más pequeños.

Al final, a falta de quince minutos para el inicio del partido, se impuso la cordura y se abrió más espacio para que pudiera entrar los aficionados, quienes ya casi ni eran registrados. En mi caso, tardaron unos diez segundos en cachearme y registrar mi pequeña mochila, pero hubo mucha gente que ni la registraron. Un exceso de celo en la seguridad no sirvió para nada, sólo para provocar el caos y la indignación, y, verdaderamente, la mala organización que sufrimos hace plantearte si merece la pena desplazarte a ver una final. Eso sí, efectivos policiales hubo de sobra, en el centro y en el estadio. El aeropuerto estaba prácticamente tomado por el ejército –soldados con fusiles de asalto– y dos helicópteros estuvieron dando vueltas todo el día. Pero fallaron en lo básico, hasta el punto de que me llevé la impresión de que Suiza es un país tercermundista donde todo está muy caro.

En este sentido, me quedé impresionado cuando, ya dentro del estadio, se me ocurrió pedir agua. La muchacha me dio un vaso de agua de plastico, que ya tenía allí preparado, de un tamaño un poco menor de medio litro –por tanto, no sé si era agua mineral o del grifo– y me dijo que “eran siete”. Siete céntimos me parecía muy poco y siete francos –casi ocho euros– me parecía una barbaridad. Efectivamente, eran siete francos. Pero lo más gracioso fue que me dijo que “si entregaba el vaso, me devolvía dinero”. Y cuando lo hice, me devolvió dos francos por entregar un vaso de plástico. Si no llego a estar muerto de sed… No sé qué habrían cobrado por un refresco, pero me lo imagino.

Llegué a mi asiento diez minutos antes del inicio del partido, aún con el susto en el cuerpo y repleto de indignación, pero dispuesto a disfrutar del partido.

Todavía me quedaban más sorpresas, por la mala organización de “Viajes El Corte Inglés” y por el numerito que se montó en el aeropuerto, que volvió a dejar en evidencia que UEFA no escogió la sede adecuada. El aeropuerto de Basilea, simplemente, no tiene la capacidad de dar salida a tantos vuelos ni a acoger a tantas personas. Tuve mucha suerte porque sólo salí con una hora de retraso, pero, sobre todo, porque mi avión no fue el que tenía problemas técnicos y que vio retrasada su salida, sin ni siquiera una hora estimada.

En Basilea viví momentos malos pero que fueron compensados por los buenos: la quinta Europa League del Sevilla FC, ante el Liverpool. Otro momento histórico que tuve el privilegio de disfrutar en vivo y en directo.

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Habrá pocos sevillistas en Basilea, gracias, entre otros factores, a la mala gestión del Sevilla FC

El Sevilla FC se ha lucido con la venta de entradas para la final de Basilea. Lo único que ha hecho bien ha sido subvencionar los desplazamientos con 200 euros y llegar a acuerdos con una amplia variedad de agencias para organizar los viajes.

Después, para empezar, la cantidad de entradas que ha anunciado el Sevilla no cuadra con las que consta que ha recibido el Liverpool. La capacidad del St. Jakob-Park para la final de la Europa League es de 35.000 espectadores. El equipo inglés anunció que recibiría 10.236 entradas, mientras que el Sevilla dice que ha recibido 7.000. Pero lo que me pareció verdaderamente sorprendente es que devolvió 2.000 entradas porque “eran muy caras”. Habida cuenta de que los dos clubes reciben la misma cantidad, haciendo cuentas, me pregunto: ¿Dónde han ido a parar las 1.236 entradas que restan?

Era evidente que en Basilea los ingleses nos iban a superar en número, por varias razones:

En primer lugar, porque el Liverpool es un club top de Europa y, a pesar de ello, llevan más de diez años sin llegar a una final de la importancia de la Europa League. Por si fuera poco, en Febrero perdieron la final de la Capital One Cup, por penaltis, contra el Manchester City, y ven la final de Basilea como una segunda oportunidad. Por tanto, entre sus aficionados hay una gran ilusión por ver la posibilidad de ganar un título.

En segundo lugar, el aficionado inglés, en general, dispone de una solvencia económica mayor que el español, por lo que el desplazamiento les supone menos esfuerzo. Incluso Jürgen Klopp, el entrenador del Liverpool, ha recomendado a los hinchas ingleses que viajen, aunque sea sin entrada, dada la belleza de la ciudad de Basilea. A este respecto, UEFA lo ha desaconsejado y ha insistido en que los aficionados que viajen sin entrada no deben acercarse al estadio, que estará perimetrado con estrictas medidas de seguridad. Mucho ojo con este asunto, porque en Basilea habrá aficionados del Liverpool que intentarán conseguir entrada por las buenas –reventa– o por las malas –robo–.

También esa solvencia económica posibilita que adquieran entradas de sevillistas gracias a la reventa. Me parece increíble que los socios más antiguos se dediquen a lucrarse revendiendo la entrada, incluso a aficionados del Liverpool. Sólo puedo entenderlo en el caso de que esa persona esté verdaderamente necesitada, lo cual no creo que sea el caso, porque, si no, no sería socio del Sevilla –hay cosas más importantes que el fútbol–. En este espinoso y triste tema de la reventa, el club poco puede hacer. Considero que poner las entradas nominativas no es una solución, ya que no depende del club. En Turín lo eran porque en Italia es obligatorio por ley, pero en Suiza no es así, y, posiblemente, por ese motivo UEFA habrá decidido que no sean nominativas.

Y en tercer lugar, el desplazamiento será más cómodo para los ingleses, sobre todo en el caso de que decidieran hacerlo por carretera, ya que tardarían entre seis y siete horas menos que desde Sevilla.

Lamentablemente, ahora, gracias a la genial idea de nuestros directivos de devolver 2.000 entradas, hay una cuarta razón, ya que, de acuerdo con esta información, la UEFA, ante las protestas del Liverpool por la escasez de entradas, ha asegurado que les otorgarían las entradas que pudiera devolver el Sevilla.

Desde mi punto de vista es totalmente inconcebible que el Sevilla devuelva las entradas, para más inri, con el débil pretexto de que tienen un precio elevado. Una sencilla solución habría sido el subvencionar las entradas más caras, vendiéndolas a 110 o 120 €, pagando el Sevilla el resto, de modo similar a como se ha hecho con los viajes. O en todo caso, pagar el Sevilla el coste íntegro. Cualquier medida me parece más acertada antes que poner las entradas a disposición del rival.

Otro tema que me parece una barbaridad es el elevado número de entradas que el Sevilla se queda para lo que llaman “compromisos del club”. De las 7.000 entradas (sin olvidar las sospechosas 1.236 que no cuadran), sólo se han puesto a la venta 5.600. Es decir, 1.400 entradas para compromisos. De acuerdo con la información que enlacé anteriormente, el Liverpool está obligado a reservar 2.000 entradas, por contrato, para los antiguos accionistas del club. El Liverpool ha decidido dedicar un 10% para empleados, jugadores, exjugadores y medios de comunicación –unas 825– y sólo un 2% para sponsors –unas 165–. Es decir, unas 1.000 entradas para “compromisos”, frente a las 1.400 por parte del Sevilla.

Y por último, lo que no se puede permitir es la mala organización para recoger las entradas. Yo, que tenía asegurada entrada por mi número de socio, fue el primer día, por la mañana, y tuve que esperar más de tres horas para recoger la entrada. Al menos, tuvieron el detalle de hacer la cola por dentro del estadio, para protegernos de la lluvia, pero, según he leído, ha habido gente que han hecho cola durante más de cinco horas, soportando lluvia, y al final se han quedado sin entradas. Eso es durísimo e inaceptable. El club debería, como mínimo, tener el detalle de hacer un simple cálculo y avisar de a partir de qué momento el aficionado que está en cola corre el riesgo de no tener entrada.

Y por supuesto, estoy seguro de que se puede hacer la recogida de entradas con más comodidad. No sé si se pueden agilizar trámites telemáticamente, pero lo que sí se puede, perfectamente, es habilitar más taquillas.

Un suspenso grande para el club en la organización de esta final de Europa League. Estaremos en Basilea en una gran inferioridad numérica. Sólo espero que ocurra lo mismo que ocurrió en la final de la Copa del Rey de Barcelona, donde a pesar de que los aficionados del Atlético de Madrid nos superaban por abrumadora mayoría, nos impusimos tanto en el césped como en la grada.

Sevilla FC 3 – Shakhtar 1. Otra final europea. Otro año igual, otro año igual…

Ayer, recién acabado el partido, la afición bajaba las escaleras al grito de “Otro año igual, otro año igual…”, y se me pasó por la cabeza que, probablemente, los aficionados más jóvenes no sabrían qué significaba. No sabrían que ese mismo cántico resonaba hace veinticinco años, en ese mismo estadio, pero con un significado muy diferente. Antes se oía porque el Sevilla, teniendo un buen equipo, ni siquiera lograba plaza para disputar competiciones europeas. Ahora, sin embargo, se oye porque volvemos a clasificarnos para disputar una nueva final europea, la quinta, y la tercera consecutiva. Es complicado de asimilar, pero es real, como la vida misma.

El partido empezó como estaba previsto, y como había anunciado Lucescu, el entrenador del Shakhtar: sin prisas por el combinado naranja, que esperaba con orden su oportunidad para contragolpear, y el Sevilla intentando incrementar la ventaja que traía del partido de ida, pero también sin precipitarse. Hasta que muy pronto, antes de los 10 minutos de juego, Gameiro adelantó al Sevilla, al aprovechar un gran error de Rakitskiy.

Ese gol obligaba al Shakhtar a hacer, al menos, dos goles para clasificarse, y la consecuencia fue que el equipo ucraniano se fue arriba. Pero el mayor inconveniente fue que el Sevilla no se defendió bien. Con la defensa demasiado atrás, cedía demasiado terreno al Shakhtar, que puso cerco al área sevillista. Fueron momentos de agobios, ya que los buenos jugadores ucranianos se movían como pez en el agua por las inmediaciones del área y daban mucha sensación de peligro. También inquietaron en algún corner absurdo y en alguna que otra falta que se podría haber evitado. Hasta que llegó el gol de la igualada, que sentó como un jarro de agua fría, por el momento en que llegó, al filo del descanso, y por la forma, en un contragolpe; el cual, dicho sea de paso, fue muy bien llevado por Marlos, que dio una asistencia de lujo a Eduardo. Este jugador brasileño –también nacionalizado croata– ya nos marcó en nuestro estadio cuando jugaba en el Arsenal, en partido de Champions, en noviembre de 2007. Espero que no nos lo encontremos más, porque ya tiene 33 años. Por parte sevillista, sólo Fazio estuvo en ese partido.

La segunda parte empezó de la mejor manera posible, consiguiendo Gameiro el 2-1, al aprovechar un buen pase de Krywhowiak y regatear al guardameta Pyatov. Ese gol daba cierta tranquilidad, pero aún daba pie a la posibilidad de prórroga. Posibilidad que desapareció totalmente doce minutos después, cuando Mariano Ferreira la puso imposible, de fuerte trallazo, ajustado al poste, para lograr el 3-1 definitivo.

Tiene razón Krychowiak cuando dice que aún no se ha conseguido nada. Tiene razón hasta cierto punto, porque la historia sólo recuerda a los vencedores, y se compite para ganar títulos. Pero también es cierto que el Sevilla volvió a ganar ayer dinero, prestigio y la posibilidad de volver a soñar con lograr la quinta Europa League.

No será fácil, por supuesto. Nunca lo es. Enfrente tendremos al Liverpool, un conjunto plagado de buenos jugadores que, a buen seguro, obligará al Sevilla a dar lo mejor, a luchar al límite, para alzarse con el trofeo. No obstante, era mi rival preferido. No me habría gustado jugar la final con el Villarreal, por ser un equipo español y porque considero que es superior al Liverpool. Además, los castellonenses nos conocen mejor y tienen una gran plantilla.

No quiero cerrar el post sin dedicar unas palabras al impresionante partido de Gameiro. No sólo por los dos goles de ayer –que pudieron haber sido tres si Kuipers, el árbitro holandés, hubiera señalado un clarísimo penalti que le hicieron–, sino por el gran esfuerzo físico del que hizo gala. Levantó al público de sus asientos cuando se pegó un carrerón para frenar un contragolpe en la esquina del área sevillista. Ya habría sido el acabose si hubiera conseguido el gol de chilena que intentó.

Se preguntaba ayer un periodista francés cuántos goles habría conseguido Gameiro si estuviera jugando en México –en referencia a Gignac, que está jugando en Tigres y, a diferencia de Gameiro, sí ha sido convocado por Francia para la Eurocopa–. Nadie sabe la respuesta, pero estoy seguro de que muchos más de los que lleva en su cuenta.

Shakhtar Donestk 2 – Sevilla FC 2. La eliminatoria se decidirá en Sevilla

Buen resultado el conseguido en el día de ayer por el Sevilla FC ante un complicado rival, el Shakhtar, que demostró que tiene jugadores de calidad y que, por tanto, no será nada fácil llegar a la final. Tal y como se preveía, por otra parte.

El partido no pudo empezar mejor, pues a los cinco minutos Vitolo recortó a su marcador y fusiló por bajo a Pyatov, al aprovechar un magnífico pase de Gameiro.

Pero esta jugada fue lo único destacable de la primera mitad, por parte sevillista. Incomprensiblemente, el Sevilla se echó atrás. Con las líneas demasiado atrasadas y juntas, el Shakhtar no tenía ningún problema para llegar a las inmediaciones del área, creando una sensación de agobio continuo que tuvo sus frutos, ya que le bastó media hora para dar la vuelta al marcador.

El primer gol ucraniano llegó tras un grave despiste defensivo de Carriço, que dejó libre a Marlos, quien, con toda la tranquilidad del mundo, ajustó al poste, batiendo a un David Soria que se había quedado a media salida.

El segundo gol llegó por banda. Marlos, el autor del primer gol, se fue con suma facilidad de Banega y puso un centro fuerte y preciso que Stepanenko cabeceó a placer, fusilando a Soria, quien esta vez sí que no pudo hacer nada.

Eran minutos en los que el Sevilla estaba grogui, y lo mejor que pudo hacer fue llegar al descanso con una desventaja mínima.

En la segunda parte cambió todo. Me dio la impresión de que el Shakhtar se conformaba con el 2-1, esperando un error para conseguir el tercer gol al contragolpe. Esa cesión de terreno la supo aprovechar el Sevilla con ambición, poniendo cerco al área ucraniana. Así, el Sevilla tuvo varias ocasiones para lograr el empate, por medio de Banega, N’Zonzi, Gameiro… hasta que, finalmente, lo logró. En primera instancia, marcó Gameiro pero su gol fue anulado por un ajustado fuera de juego. Pero, a la segunda, Gameiro sí transformó un penalti cometido sobre Vitolo.

Quien tenga dudas sobre si fue penalti, sólo tiene que ver la carita que puso Ferreyra cuando lo hizo.

El 2-2 nos da una ligera ventaja para la vuelta, pero habrá que estar muy concentrados, porque el Shakhtar es un buen conjunto, con jugadores muy rápidos y de calidad, como Ismaily, Stepanenko, Marlos, Kovalenko o Taison. Este último me pareció su jugador más incisivo, junto con Kovalenko. Habrá que tenerlos muy en cuenta.

Lo peor, sin duda, la grave lesión de rodilla de Krohn-Delhi. El Danés cumplirá 33 años en un par de meses, y si el tiempo de recuperación es elevado, podría ser su último partido con el Sevilla.

El jueves habemus otro partido histórico. Podemos plantarnos en otra final europea. Que se dice pronto.

Sevilla FC 1 – Athletic Club 2. Gracias, Sevilla. Gracias, Beñat

Gracias, Sevilla por hacernos vivir partidazos como el de ayer y por darlo todo, hasta la extenuación. Y por supuesto, también hay que darle las gracias a Beñat, que fue el mejor de su equipo, pero que hizo “un Nono” en el momento decisivo. Se sufrió mucho, pero se consiguió el objetivo de estar en semifinales.

En mi opinión, el Sevilla no debería de haber tenido necesidad de recurrir a la  épica para pasar la eliminatoria. Es cierto que el Athletic dominó buena parte del partido, pero fue el Sevilla el que dispuso de más ocasiones de gol. Y si no llega a a ser por los errores garrafales en defensa, principalmente de David Soria, que tuvo tres errores graves –dos de ellos acabaron en gol–, el Athletic no habría tenido ninguna opción de poner en apuros al Sevilla.

Como todos los sevillistas, eché muchísimo de menos a Banega. Aparte de que se notaba su ausencia, una barbaridad, en ataque, en muchos momentos del partido se hizo necesario tener posesión y templar el juego, y en el Sevilla no hay ningún jugador que haga esa función como el argentino. Más nos vale que Monchi encuentre un recambio de garantías pronto, porque Banega es un jugador fundamental. Es más, tengo la impresión de que, con él en el campo, el partido de ayer habría sido un paseo. Pero no sólo no fue un paseo, sino que, por momentos, sobre todo, a partir del 1-2, fue un calvario.

El partido empezó con un buen susto, pues Kolo consiguió despejar a córner, tras dar en el palo, un disparo de Aduriz, que logró esquivar la salida de David Soria. A continuación llegó la respuesta, por medio de Rami, que remató alto, con toda la portería para él. Fue una primera parte con pocas ocasiones pero muy intensa por parte de los dos equipos.

En la segunda parte, llegaron los goles y muchas más ocasiones. No se había cumplido ni el cuarto de hora de juego cuando llegaron los dos primeros goles. El primero del Athletic sentó como un mazazo, como no podía ser de otra manera. Por lo que suponía, ya que nos dejaba a las puertas de la eliminación, y por la forma que llegó: por un error garrafal de David Soria, que no pudo atajar un fácil remate de Aduriz.

El empate llegó en la jugada siguiente. Sensacional galopada de Vitolo, que se deshizo con mucha clase de dos rivales, se cruzó el campo y cedió, en el momento justo a Krychowiak, para que éste le sirviera el balón en bandeja a Gameiro.

A partir de este momento, el Sevilla pudo prácticamente sentenciar la eliminatoria, pero Gameiro –dos veces– y N’Zonzi desperdiciaron claras ocasiones de gol.

También Skomina, el mal árbitro esloveno, perdonó la segunda amarilla a San José, por derribo a Gameiro. Habría sido una expulsión muy importante, pues quedaba aún mucho tiempo de juego.

El Sevilla perdonó y, como castigo, llegó el segundo mazazo. De nuevo, otro fallo de David Soria, que se queda a media salida y Raúl García aprovecha el regalo, batiéndole por alto. También hay que decir que su marcador, Kolo, ni siquiera le estorbó.

A estas alturas fue cuando vi muy negro el panorama. La clasificación estaba complicada porque el Athletic ya se hizo total dominador del centro del campo, nuestros jugadores estaban cansadísimos –varios de ellos con problemas físicos– y nuestro portero era un verdadero flan.

A pesar de ello, conseguimos llegar a la prórroga. A los pocos minutos, Susaeta perdonó el 1-3. Se quedó solo, a pase de Beñat, pero su disparo, salvando la salida de Soria, salió fuera por poco.

Parecía no ser nuestra noche, porque el balón no quiso entrar en una doble ocasión donde se estrelló en el poste, tras una falta lanzada por Konoplyanka, y después San José –sí, ese que debió ser expulsado– sacó el balón de la misma línea de gol, evitando el golazo de chilena que habría marcado Coke.

Con mucho sufrimiento y con varios jugadores lesionados se llegó a la tanda de penaltis, donde todos marcaron excepto Beñat. El ex bético fue el mejor del partido, siendo el asistente en los dos goles y en otras jugadas que desaprovecharon sus compañeros. Extrañamente muy libre –algo que no entendí–, repartió cuanto quiso y como quiso. Pero, por suerte para el Sevilla, falló en el momento decisivo. Su error también sirvió para la redención de David Soria.

El Sevilla está en semifinales, que es lo importante. En dos horas será el sorteo. Allí nos esperan tres equipos que, desde mi punto de vista, por orden de dificultad, son: Liverpool, Villarreal y Shakhtar Donetsk.

 

 

Athletic Club 1 – Sevilla FC 2. A puertas de una nueva semifinal europea

Magnífico resultado el cosechado en el día de ayer por el Sevilla a domicilio. Por fin, una victoria fuera del Ramón Sánchez Pizjuán, y nada menos que en la Catedral, ante un potente rival, como es el Athletic Club.

Partido muy serio, de principio a fin. Se controló el juego durante casi todo el partido y se supo sobreponerse a las adversidades. Muy pronto, en los primeros minutos, se lesionó Tremoulinas, teniendo que ser sustituido por Fazio, pasando Kolo al lateral izquierdo. Ver a Fazio jugar asusta, pero hay que reconocer que hizo un buen partido, así como Kolo, que jugó en su posición natural antes de que llegara al Sevilla.

Fue un partido de pocas ocasiones, pero bastante claras. En la primera parte, por parte del Sevilla, un disparo al poste de Banega y un mano a mano que falló Vitolo, tras sensacional pase de Khron-Dehli. Por el Ahtletic, un cabezazo al poste de Aduritz, en una falta muy mal defendida por nuestra parte, y una ocasión donde a punto estuvo de rematar, casi en la línea de gol, Muniain.

En la segunda parte llegaron los goles. El gol del Athletic, a los tres minutos, del de siempre, Aduritz, al rematar de cabeza un muy buen pase de Muniain, cogiendo a contrapié a David Soria. A continuación pudo llegar el 2-0, en un cabezazo, pero David Soria hizo un paradón. Lo pasó mal el Sevilla en estos primeros minutos de la segunda parte, pero se rehizo y llegó el empate, por medio de Kolo, quien remató a puerta vacía, tras aprovechar Banega un fallo clamoroso de Muniain que hizo una mala cesión a su portero.

El gol del Sevilla sentó como un jarro de agua fría al Ahtletic, y a partir de ahí el Sevilla se hizo con el partido, dando la sensación de que Gameiro o Vitolo –partidazo el suyo– podían liarla en algún contragolpe. En la recta final, una contra llevada por Gameiro fue finalizada por Iborra, consiguiendo el definitivo 1-2.

El resultado es magnífico, puesto que incluso una derrota en la vuelta por 0-1 nos daría el pase a semifinales. No obstante, no será nada fácil, porque el Athletic tiene muy buenos jugadores y porque tendremos la sensible baja de Banega, que vio una tarjeta amarilla por una acción que no fue ni falta.

No estuvo muy acertado el árbitro, el inglés Mark Clattenburg, en algunas acciones, pero no influyó en el resultado y no se dejó influenciar por el ambiente.

La eliminatoria se decidirá en nuestro estadio, como era el objetivo. Estamos a las puertas de una nueva semifinal europea, pero mal haríamos en confiarnos. Si nosotros hemos hecho dos goles en Bilbao, ellos están perfectamente capacitados para hacer lo mismo aquí.

Ahora, aunque estemos todos deseando que llegue el jueves de Feria, toca cambiar el chip y a pensar en Valencia. Mira que si ahora nos da por ganar dos veces seguidas fuera de casa…

 

Sevilla FC 3 – Basilea 0. A cuartos de final, con suficiencia

A decir verdad, esperaba mucho más del Basilea. Creía que iba a ser un partido bastante reñido, pero lo cierto es que el Sevilla consiguió que sobraran 45 minutos, toda la segunda parte, gracias a un primer tiempo donde el Sevilla creó bastante más ocasiones que su rival y tuvo una gran efectividad en la recta final, por medio de un enrachado Gameiro.

Curiosamente, los goles fueron marcados por dos jugadores que horas antes habían sido despreciados por su seleccionador, Deschamps, que prefiere llevar incluso a suplentes antes que contar con dos jugadores que están en un gran estado de forma. Desde el punto de vista sevillista, mejor que mejor, pues así tendrán menos sobrecarga de partidos y viajes, pero es de entender que, personalmente, no les habrá sentado nada bien. Y ayer ambos se reivindicaron, haciendo un gran partido.

Pero, en general, toda la plantilla estuvo a un gran nivel. Nuestro centro del campo estuvo perfecto. Banega –una lástima que se vaya, y más por cuatro duros–, Reyes, Cristóforo, Krohn-Delhi… estuvieron sensacionales, con lo que el plan del Basilea, que era sorprender al contragolpe, era imposible que tuviera éxito. Las ocasiones, por parte sevillista, se sucedían y era cuestión de tiempo que se abriera la lata. Algo que no ocurrió hasta el minuto 35, por medio de Rami.

No obstante, el Basilea también tuvo ocasiones de gol, algunas bastante claras, pero ahí siempre estuvo David Soria para sacarnos del apuro. Espectacular la parada que evitó el empate a uno. La vi dentro.

Pero dos minutos locos acabaron con el Basilea, que se fue al descanso con un contundente 3-0 que sentenciaba la eliminatoria.

La segunda parte sólo sirvió para contemporizar, guardar fuerzas para lo que se avecina y para constatar, una vez más, que Llorente no está para muchos trotes. Un magnífico pase medido de Reyes –de los mejores, junto a Banega y Gameiro–  fue desperdiciado por el riojano, que definió muy mal, pudiendo haber fusilado al guardameta, cuando se quedaba solo.

Ya está el actual campeón en cuartos de final. Alrededor de las 13 horas habrá sorteo, donde el rival a evitar será, por supuesto el Borussia Dormund y el Liverpool. Pero en esta etapa ya no quedan rivales débiles. Cualquiera que toque será duro. Como dice Emery, lo importante era estar en el bombo. Y ahora, que la bolita decida.