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El partido de ayer

Sevilla FC 5 – Osasuna 0. Fin de temporada plácido

Partido de trámite el que hemos visto esta noche en el Ramón Sánchez Pizjuán. Desde el primer momento se han visto las diferencias abismales entre Sevilla y Osasuna, entre un equipo de Champions y uno que ya es de Segunda División por méritos propio, acabando como farolillo rojo.

El Sevilla hizo cinco goles porque no quiso ni necesitó hacer más. Las ocasiones se sucedían por parte del equipo de Sampaoli, mientras Osasuna se veía incapaz de frenar las incursiones que llegaban por todos lados. Y eso a pesar de que el partido parecía incluso un amistoso, ya que la falta de intensidad era total y absoluta.

Sólo diez minutos tardó en llegar el primero, obra de Vitolo, para quedar poco después sentenciado el partido con goles de Franco Vázquez y Jovetic, que hizo el mejor gol del partido, de fuerte trallazo.

Ya en la segunda parte, llegaron otros dos, repitiendo Vitolo y Franco Vázquez.

No me gustó que no debutara ningún chaval del filial, siendo un partido ideal para ello. ¿Para qué los convoca entonces Sampaoli?

Ahora toca empezar de nuevo. Lo primero será buscar al sustituto de Sampaoli, quien, lógicamente, fue silbado, aunque la actitud mayoritaria fue de indiferencia, como fue mi caso.

A partir de ahí, habrá que volver a montar un equipo competitivo, porque mucho me temo que hoy hemos visto el último partido con la camiseta sevillista de Vitolo y N’Zonzi, quienes son, en mi opinión, nuestros dos mejores jugadores.

También me gustaría que continuara Jovetic, pero el problema no son los trece millones que hay que pagar al Inter, sino los siete millones de euros que cobra de ficha el montenegrino.

Ojalá que también forme parte del Sevilla 2017-2018 algún jugador del filial, como podría ser Ivi, pues Segunda División se le ha quedado ya pequeña.

Recién terminada la temporada y ya estoy deseando que empiece la siguiente. Ahora hay que afrontar, como se pueda, un par de meses sin ver al Sevilla.

 

 

R. Madrid 4 – Sevilla FC 1. Goleada engañosa

Goleada en el Bernabéu, como se esperaba, dada la enorme diferencia que hay entre las dos plantillas. Pero, al menos, en esta ocasión sí se dio la cara y, durante algunos momentos, incluso una imagen brillante. No sirvió de nada, ni siquiera para llevarse un punto, porque el Sevilla reincidió en errores gravísimos, en todas las zonas del campo. Esos errores, contra un equipo normalito, te llevan a la derrota, pero contra un superequipo, te conducen a la goleada.

Nueve minutos duró el Sevilla con la portería a cero. Un Sevilla que hasta entonces, se había plantado bien el campo. Se abrió la lata por una jugada polémica. En mi opinión, el primer gol no debió subir al marcador, ya que Nacho no lanzó la falta desde el lugar donde se realizó, sino varios metros más atrás. Muchos árbitros permiten sacar las faltas a varios metros metros de distancia donde se han realizado, pero sobre todo en el centro del campo o en defensa. Sin embargo, no es lo mismo si se produce al borde del área, en una falta peligrosa. Ahí si importa, y mucho, que el balón se coloque varios metros más adelantado o atrasado, como bien saben los especialistas en golpes francos, que siempre intentan buscar el sitio perfecto, en muchas ocasiones aprovechando que el árbitro está mirando para otro sitio o colocando la barrera.

En el caso de ayer, es evidente que esos metros fueron decisivos para que la jugada acabara en gol. El balón debería haberse puesto donde estaba situado el árbitro. De hecho, creo que Undiano Mallenco se giró para pedir el balón y situarlo. Y en ese mismo momento, es cuando ve a Nacho tirar a puerta. Gol sorpresivo para todos (público y jugadores de ambos equipos), ya que, como digo, no se lanzó desde el lugar correcto. Y por supuesto, a Undiano le dio lo mismo. Estoy seguro de que, si hubiera sido al revés, lo habría anulado. Pero por algo el Madrid gana el 95% de partidos que juega con este árbitro.

El Sevilla se rehizo de este desgraciado e inusual gol, y buscó el empate, que no consiguió porque lo evitaron los postes, en dos ocasiones, y varias intervenciones meritorias de Navas, que evitó goles casi cantados de Jovetic y de Correa. Como siempre, el Sevilla falló lo que no se debe de fallar nunca, y lo acabó pagando.

Kranevitter, víctima del centrocuentismo –ese marear el balón en el centro del campo, horizontalmente, sin profundidad– perdió el balón y tras el contragolpe de rigor y un rechace de Sergio Rico, llegó el segundo. El Sevilla estaba mereciendo más, pero sin efectividad no hay premio posible.

Acortó distancias, por fin, el Sevilla, por medio de Jovetic, que batió a Navas con un disparo colocado. El montenegrino fue el mejor del partido. Lástima que no hubiera estado acompañado de Ben Yedder –que salió a dos minutos para el final, aunque no sé para qué–, pero supongo que eso ya habría sido una gran audacia para Sampaoli.

El 2-1 sirvió para dar un pequeño susto a Zidane y a su tropa, que enseguida sacó a los pesos pasados que tenía en su banquillo, como Modric y Casemiro. El croata es uno de los mejores centrocampistas del mundo, y el brasileño también es muy bueno. Tan bueno como sucio. Se notaron los cambios, porque el Sevilla apenas creó ya peligro y seguía con su juego lento y horizontal, hasta que otra pérdida absurda, en esta ocasión de Walter Montoya, llevó al 3-1 que ya sentenciaba el partido. Y poco después llegó el cuarto, que cerraba la goleada, obra de otra extraordinario centrocampista, como es Kroos.

Goleada, pero, al menos, fue una goleada digna y se vio otra actitud. El Sevilla no salió derrotado de antemano, como pasó en el Camp Nou.

Creo que ayer, por la gran cantidad de bajas que había, Sampaoli perdió una oportunidad de oro para alinear a algunos jugadores del filial que están pidiendo paso a gritos.

Lo más importante de ayer es que volvió a jugar Krohn-Dehli, que hizo un buen partido, y que se consiguió el objetivo de clasificarse para Champions. Un objetivo que, en teoría, está por encima de nuestras posibilidades y que bien haríamos en valorar en su justa medida.

 

 

 

Sevilla 1 – R. Sociedad 1. De nuevo, mereció más, pero el punto puede ser suficiente

No puede ser que tengamos un fin de liga tranquilo, aunque la distancia con nuestros perseguidores puede hacer que el punto cosechado hoy sea suficiente para asegurar la cuarta plaza. Habrá que esperar a lo que hagan Villarreal –supongo que perderá– y Ahtletic –supongo que ganará–.

El partido ha sido muy bonito para el espectador neutral, pero a mi no me ha gustado nada. Pienso que Sampaoli arriesgó mucho alineando a un sólo centracampista defensivo, N’Zonzi, y a dos que no sólo son muy ofensivos, sino que apenas defienden, como son Franco Vázquez y Nasri. Esa disposición venía muy bien para los contragolpes o en el caso de robar el balón muy arriba, pero, sin embargo, en el juego estático, tenían ventaja los centrocampistas de la Real Sociedad, que además se conocen y compenetran muy bien.

El Sevilla pudo adelantarse en el marcador, en un balon robado en defensa, pero se erró en el pase decisivo y se estuvo lento. Después llegó un buen susto, en un contragolpe que tuvo que cortar Lenglet, cargándose muy pronto con una tarjeta amarilla.

Era un momento donde el dominio era alterno, y donde la Real Sociedad quería aprovechar la velocidad de sus delanteros para adelantarse a la contra. Pero fue el Sevilla el que lo consiguió, en un balón muy bien peleado por Ben Yedder, que asistió a Sarabia para que éste lograra, con mucha clase, el único tanto del Sevilla.

En la última jugada de la primera parte, el Sevilla tuvo otra ocasión de gol, pero al impresentable de González González le pareció que era el momento apropiado para irse a los vestuarios, dejando perplejos a los aficionados, que casi no lográbamos entender tal ineptitud. Se entiende que tendría prisa para irse a la Feria. Porque en la segunda parte, además, sólo añadió cuatro minutos, habiéndose completado todos los cambios y dando la Real Sociedad una exhibición de cómo perder tiempo.

En la segunda parte, el Sevilla pudo sentenciar, pero cuando peor lo estaba pasando la Real Sociedad, se encontró con un golpe de suerte. Un mal despeje de Lenglet, rebota en N’Zonzi, y Carlos Vela, el jugador donostiarra de más calidad, se encuentra un balón que sólo tuvo que empujar a la red.

Lenglet tiene visos de ser un gran central, pero los centrales jóvenes se tienen que hacer a base de fallos, a no ser que sean superfiguras. Esperemos que no tenga tantos como Fazio, pero su error hoy nos ha costado dos puntos.

El gol de Vela sentó como un jarro de agua helada, de manera que la Real olió sangre y fue a por el segundo. Lo tuvo en sus botas, otra vez, Vela, que tras un extraordinario recorte, se quedó sólo ante Sergio Rico, que hizo el paradón del partido.

Apenas tuvo más opciones de gol la Real, hasta que el partido se puso muy de cara con la expulsión de Zurutuza. No sacó provecho el Sevilla porque se empeñó en crear ocasiones por el centro, y con una lentitud desesperante, olvidando las bandas. Eso fue un regalo para la defensa donostiarra, que no pasó mayores apuros para mantener un empate que les supo a gloria.

De los jugadores, me ha llamado la atención la bajísima forma en la que está Gabriel Mercado. Parece otro jugador distinto al de la primera vuelta. Lo mismo ocurre con Nasri.

Me ha gustado el partido de Ben Yedder, que se ha hartado de correr durante todo el partido y que, aunque no estuvo acertado de cara a gol, sí asistió a Sarabia y fue un constante incordio para la Real.

Franco Vázquez lo intentó todo y no le salió nada. A Vitolo, recién salido de una lesión muscular, también se le ve sin chispa, pero aún así logró expulsar a Zurutuza, en un acción que fue muy protestada por el vasco, ya que apenas toca a Vitolo.

Tambien sobrevivimos al arbitraje de González González, y eso también es de valorar, porque es más malo que un dolor de muelas.

Ahora sólo queda esperar que nuestros rivales directos no ganen y que en el Bernabéu no nos destrocen mucho el goal-average. En cualquier caso, ganando a Osasuna, en la última jornada de Liga, tendremos asegurada la tan ansiada cuarta plaza.

 

Málaga 4 – Sevilla FC 2. Ejemplo de cómo tirar un partido

Demasiado castigo el que se llevó ayer el Sevilla. Cualquiera que no hubiera visto el partido, habría pensado que el Málaga pasó por encima del Sevilla, y ni mucho menos fue así.

El Sevilla dominó el partido, y se le puso de cara a la media hora de partido, tras una buena jugada entre Ben Yedder y Franco Vázquez, quien batió a Kameni.

Poco después, Franco Vázquez asistió a Correa, quien completamente solo y con todo a favor, erró estrepitosamente. Fue una de esas ocasiones que no se deben fallar nunca, sobre todo, porque errores de ese calado se suelen pagar caro. Y precisamente, en la jugada siguiente, se le deja a Fornals controlar en el borde del área, incluso dejarle tiempo para prepararse el balón y fusilar a un Sergio Rico que no pudo hacer nada ante un balón que iba fuerte y a la escuadra. Es decir, de un posible 0-2, se pasa, en un minuto, al 1-1, con el que se llegó al descanso.

En la segunda parte, siguió el Sevilla dominando, pero el que se adelantó en el marcador fue el Málaga. Un grave error de Pareja dejó solo a Sandro –el mejor malaguista, con diferencia–, que batió por bajo a Sergio Rico. Aquí, desde mi punto de vista, el guardameta sí pudo hacer más. Sandro remata con poco ángulo y raso, con lo que Sergio Rico debería haberlo parado, o desviado, sin demasiados problemas.

Por cierto, el primer error de Pareja es no dejar a Sandro en fuera de juego. No sé el motivo, pero Pareja es uno de esos centrales que prefiere correr detrás del delantero antes que dar un paso al frente, en el momento justo, y dejarle en fuera de juego.

Pero si grave fue el fallo de Pareja, no lo fue menos el que tuvo Luis Muñoz, cuya pifia en el despeje dejó el balón a Franco Vázquez, para que rematara a placer y batiera a Kameni. Regalo por Regalo.

Con 2-2 y las espadas en todo lo alto, llegó lo que, en mi opinión, fue lo peor del partido –junto con el árbitro–: Sampaoli dio entrada a Jovetic, en detrimento de Ben Yedder. Desde mi punto de vista, el partido requería ir a por los tres puntos, y me decepcionó que Sampaoli no se atreviera a jugar con dos delanteros, quitando además a Ben Yedder, nuestro mejor goleador. Pienso que, al hacer eso, Sampaoli pecó de falta de ambición.

A continuación, como justo castigo por no ir a por el partido, llegó el tercer gol del Málaga, probablemente el más lamentable de todos, por el momento en que se produce y porque hasta un equipo de parvulitos habría defendido mejor. En una falta centrada, se nos ocurre poner la línea defensiva en el punto de penalti, cuando debería de haber estado en la línea frontal del área o en el semicírculo. Si no se hace así, se está dando una gran ventaja a un buen lanzador, como es Sandro, y a cualquier rematador, que sólo tiene que rozar o peinar el balón para hacer gol. Y, por supuesto, en caso de que haya remate, el portero, por la cercanía, no tiene nada que hacer, a no ser que tenga la suerte de encontrarse con el balón, que no fue el caso.

Vamos a tener que contratar a la defensa de la Juventus de Turín para que nos den unas clases magistrales, porque los italianos, como cualquier defensa de cierto nivel, jamás habrían cometido ese error. Con la defensa más adelantada, no cayendo en la tentación de ir tras los delanteros hasta que no se saque la falta, casi con toda probabilidad habrían caído en fuera de juego, y de no haber sido así, el portero habría tenido ventaja, bien porque habría llegado al balón o le habrían rematado desde más lejos.

De nuevo, el Málaga había marcado cuando minutos antes el Sevilla podría haber conseguido el 2-3, al cabecear Iborra un buen centro de Sarabia, pero, desgraciadamente, a Kameni le dio por hacer el paradón del partido.

Con menos de un cuarto de hora para el final, a pesar de que el Sevilla lo intentó siempre, sólo dio tiempo para que Pareja demostrara que no era su día, provocando un penalti algo riguroso, pero que Martínez Munuera, a diferencia de las jugadas polémicas que tuvieron lugar en el área del Málaga, no dudó ni un solo momento en dirigirse al punto de penalti. Penalti que, por fin, paró Sergio Rico, pero que no sirvió para nada, porque el rechace lo cazó Juankar, para lograr el 4-2 definitivo. Este gol no debería haber subido al marcador, ya que Juankar entró antes de tiempo en el área. Se entiende que es mucho pedir que tanto el árbitro principal, como el asistente, que sólo tienen que ocuparse de eso y de que si el balón cruce o no la línea de gol, fueran capaces de percatarse del detalle y anularan el gol.

Martínez Munuera fue caserísimo durante todo el partido, tanto a la hora de mostrar las tarjetas amarillas como en las jugadas polémicas de las áreas, donde el Sevilla salió perjudicado en las tres que hubo.

El mejor del partido fue Franco Vázquez, que marcó dos goles y dejó solo a Correa frente a Kameni. A pesar de que Sergio Rico está siendo criticado, en realidad sólo pudo hacer más en el segundo gol. Los demás fueron imparables. Y aunque parezca contradictorio, porque encajó cuatro goles, apenas tuvo trabajo. Pero el Málaga aprovechó el 100% de las ocasiones de gol que tuvo, algo que no es habitual en fútbol.

Dados los graves errores que cometimos en las dos áreas, la derrota es lógica, a pesar de que el Sevilla fue superior al Málaga en todo, menos en lo único que importa: en hacer más goles que el rival. Ahora la tercera plaza queda más imposible aún, y la cuarta está en peligro. Aunque la buena noticia es que se conseguirá si somos capaces de sacar cuatro de los seis puntos que quedan por disputarse en nuestro estadio. Porque, obviamente, visto lo visto, ganar o empatar en el Bernabéu es impensable, y más aún jugándose el Madrid el título de Liga.

 

 

Sevilla FC 2 – Celta 1. El Sevilla pudo con todo: un buen Celta, un arbitraje sospechoso y la mala suerte

Duro obstáculo el que superó el Sevilla ayer, buscando esa tercera plaza que nos ha pertenecido durante tanto tiempo pero que perdimos tontamente, distraídos por la Champions League.

Parecía que la tarde se había vuelto propicia para que el Celta diera un susto. En fútbol, siempre es un inconveniente la lluvia, pero, sobre todo cuando, el rival es del norte, que están más acostumbrados al terreno de juego mojado. Además, es más fácil que haya lesiones –tres ayer: Iborra, Mariano y Ganso– y muchos aficionados prefieren quedarse en casa, a ver el partido por televisión, con lo cual no hubo el lleno que merecía este importante partido.

El Celta sacó su equipo de gala, el mejor que pudo. Sin embargo, en la primera mitad sólo inquietó algo a balón parado, principalmente por levísimas faltas que eran señaladas por Gil Manzano, árbitro que estuvo en todo momento muy quisquilloso. El Sevilla dominó pero sin crear muchas ocasiones de gol. El Celta defendía bien, con las líneas juntas, y el Sevilla debía ir con cuidado para evitar los rápidos contragolpes celtiñas.

En la segunda parte, cambió todo. Al poco de empezar, llegó el magnífico gol de Joaquín Correa. Una vez abierta la lata, había que rematar la faena, pero la alegría duró bien poco, pues Gil Manzano señaló penalti en un leve agarrón de Lenglet, que transformó Iago Aspas. Ya uno piensa que la única posibilidad de que no nos marquen de penalti es que lo tiren fuera, porque Sergio Rico no para ni uno. Ni de casualidad.

El penalti me pareció rigurosísimo –más penalti me pareció una mano de Iborra, en el primer tiempo, que aunque fue involuntaria, cortó un disparo que iba, o podría haber ido a puerta–. Es cierto que, con el reglamento en la mano, es penalti, pero no es menos cierto que en cada córner hay uno o más de esos agarrones, a veces auténticos placajes,  y en rara ocasión se señalan. Y volvemos a lo de siempre: ¿Gil Manzano se habría atrevido a señalar ese penalti en el Bernabéu, Nou Camp o Vicente Calderón? Todos sabemos que la respuesta a esa pregunta es negativa.

No sé si será casualidad, pero desde que estamos luchando con el Atlético por la tercera plaza, los arbitrajes nos están perjudicando bastante. Cuando no se le perdona la expulsión a Diego Alves, por claras manos fuera del área, nos anulan dos goles totalmente legales, en dos partidos, que nos podrían haber dado cuatro puntos más en el casillero. Y ayer, un penalti de chiste que bien nos podría haber costado dos puntos más.

Tampoco estamos teniendo suerte de cara a gol. Nada más y nada menos, nos dio por tirar a los postes en tres ocasiones.

El empate no cambió nada. El Celta seguía esperando su momento y el Sevilla atosigándole, hasta que se produjo una jugada importante en el devenir del encuentro: la expulsión de Pablo Hernández. El chileno vio la segunda amarilla por una fortísima entrada a N’Zonzi.

Quedaban 35 minutos por delante para lograr la victoria. Era el momento ideal para dar entrada a Ben Yedder, nuestro único delantero nato y principal goleador, a pesar de lo poquísimo que juega… Pero Sampaoli prefirió a Nasri en su lugar. Me pareció lógico que el sustituido fuera Sarabia, porque ya tenía una amarilla, pero no que el que entrara no fuera un delantero.

Menos mal que, al menos, Sampaoli le otorgó quince minutitos a Ben Yedder, quien sólo necesitó tres para enviar al fondo de la red un sensacional pase de Nasri. Hacía mucho que el francés no hacía algo de mérito. Si está implicado, ahora con la lesión de Ganso, puede aportar bastante.

El partido se puso de cara, pero en la jugada previa al gol, pudo adelantarse el Celta, por medio de Wass, quien finalizó un contragolpe que jamás debió de haber permitido el Sevilla.

Sorprendentemente, el Sevilla, a pesar de ir ya con ventaja en el marcador y de tener superioridad numérica, seguía buscando el tercero, yo diría que incluso con demasiado ahínco, lo que provocó que, en ocasiones, se perdiera el orden. Se enloqueció un poco el partido. Aunque no se convirtió en un correcalles, sí se le dio facilidad y espacios al Celta para que soltara alguna contra. Afortunadamente, el equipo de Berizzo no aprovechó ninguna de las pocas ocasiones de las que dispuso, pero sí consiguieron que tuviéramos el alma en vilo hasta que Gil Manzano dio por finalizado el encuentro.

Los tres puntos de ayer son importantísimos, ya que casi aseguramos la cuarta plaza y nos permite seguir peleando por la tercera. Pero no nos engañemos. Esta tercera plaza sigue estando complicadísima, ya que tenemos que visitar el Bernabéu y en la penúltima jornada hay un Betis-Atlético de Madrid que ya sabemos quién ganará. Y lo sabemos por el histórico cainismo y porque el Atlético es muy superior a un Betis que ya no se juega absolutamente nada.

 

 

 

 

Valencia 0 – Sevilla FC 0. Sin ambición y sin entrenador

Una vez más, el Sevilla de Sampaoli saltó al campo, en su papel de visitante, sin ambición alguna. Es vergonzoso que en El Calderón o el Nou Camp se juegue sin delanteros en el once inicial, pero ya que se haga en Mestalla, es que no sé cómo calificarlo. Incluso equipos que están por debajo del Sevilla en la clasificación juegan con delanteros en estadios complicados. El caso más reciente, el de la Real Sociedad, que esta jornada hizo sufrir al Barcelona hasta el último minuto, jugando con dos delanteros.

Por suerte –si se puede llamar suerte que se te lesione un jugador nada más empezar el partido–, la lesión de Vitolo provocó que Sampaoli se viera obligado a meter a un delantero, Jovetic, y cambiar a un esquema algo más ofensivo. De no haber ocurrido esto, probablemente el partido habría consistido en soportar las embestidas del Valencia hasta que mordiéramos el polvo.

El partido no fue gran cosa. Fútbol hubo bien poco y se contaron muy pocas ocasiones por parte de ambos equipos. La más clara del Valencia fue una que sacó Mariano de la misma línea de gol, con Sergio Rico ya batido. Por cierto, nuestro guardameta volvió a salvarnos con un par de intervenciones soberbias. Por lo demás, al Valencia le costó muchísimo superar a Iborra y N’Zonzi en el centro del campo, quienes facilitaban mucho el trabajo a los centrales, que apenas tuvieron trabajo.

Por parte del Sevilla, más o menos las mismas aproximaciones. Cuando más cerca tuvimos el gol fue en un disparo de Jovetic al poste, poco después de entrar por Vitolo. Ya en la segunda parte, el mismo Jovetic no llegó a empujar un buen pase de Escudero, por muy poco. Y también en un tiro lejano, de falta, del mismo Escudero. Y no hubo más. Y así, en ese plan, es verdaderamente complicado ganar un partido.

Me pareció alarmante la falta de ambición del Sevilla, que hizo una exhibición de “centrocuentismo”, es decir, tocar y tocar en el centro del campo, pero principalmente con pases horizontales y sin buscar el área. Parece como si el único motivo fuera tener al final del partido la estadística de la posesión a favor, algo que me parece absurdo. También me pareció llamativo que Sampaoli no hiciera el tercer cambio, como si se conformara con el empate, cuando cualquiera que tuviera una mentalidad mínimamente ganadora pedía a gritos la entrada de Ben Yedder. Tuve la sensación, durante todo el partido, que a poco que el Sevilla fuera a por el partido, se lo llevaría sin problemas. Pero para ganar, lo primero y básico es tener intención de ganar.

Después del partido de ayer, creo que nos hemos quedado sin entrenador, quien ya tiene la mente más puesta en la selección de Argentina que en el Sevilla. En este sentido, me parece lamentable, en primer lugar, que negocie a espaldas del club, con contrato en vigor, y, en segudo lugar, que mienta, descaradamente, en la rueda de prensa, diciendo que desconocía la reunión de su abogado con el presidente de la AFA. Es más, el propio Sampaoli ya habla de que le vinculan con el Sevilla seis partidos.

Especialmente penosa me pareció la rueda de prensa previa al partido de Sampaoli, que fingió indignación por su presunta negociación con la AFA cuando en Argentina es un clamor y los medios deportivos no hablan de otra cosa.

Pero cuando digo que nos hemos quedado sin entrenador, no sólo me refiero a que se irá, sino a que parece que nos lo han cambiado. ¿Donde quedó lo de someter al rival, sin tener en cuenta cuál sea? ¿Y lo de la recuperación tras pérdida? ¿Y la intensidad, que ha brillado por su ausencia en muchos partidos? ¿Y la ambición? Si conseguimos la cuarta plaza, será a pesar de Sampaoli.

En cuanto al arbitraje, como viene siendo habitual desde que estamos en lucha con el Atlético de Madrid por la tercera plaza, fue otro hándicap más. En esta ocasión fue González González. Sólo tuvo un error –más bien, doble error–, pero fue gravísimo. Permitió que el portero valencianista despejara con las manos fuera del área –claramente fuera del área–, arrollando de paso a N’Zonzi, quien se le había anticipado en el remate. No señaló ninguna de las dos acciones, con lo que perdonó la expulsión o, en el mejor de los casos, falta peligrosa y amarilla.

En fin, en Valencia sumamos un punto más, que quizás nos sirva para lograr la cuarta plaza, pero es claramente suficiente para luchar por la tercera. Habrá que estar pendiente de lo que haga hoy el Villarreal ante un Alavés que ya tiene conseguida la permanencia, a falta de siete jornadas.

El punto de ayer lo doy por bueno, por la sencilla razón de que no se salió a ganar, y cuando eso ocurre, lo mejor que se puede esperar es un empate.

At. de Madrid 3 – Sevilla FC 1. Otro decepcionante partido y otra lógica derrota

El Sevilla va de mal en peor. Lejos de aprender de la derrota contra el Leicester, ha vuelto a repetir los mismos errores.

El partido pintaba mal desde el principio, desde que Sampaoli volvía dejar en el banquillo a Jovetic y le daba la titularidad a un Nasri que no está absolutamente para nada. Como ya dije en el post anterior, el Nasri de antes de Navidad, merece jugar siempre, pero el de ahora, el que trota por el césped, ralentiza el juego y pierde el balón con facilidad, no merece jugar ni un solo minuto.

Los primeros minutos no pudieron ser más desalentadores, pues el Sevilla se limitaba a encerrarse atrás, pero con total desorden. Juntaba mucho las líneas, defendiendo muy cerca de Sergio Rico y regalando el centro del campo al Atlético de Madrid, dando total facilidad al equipo madrileño para asediar el área del Sevilla. El equipo de Sampaoli daba sensación de tener miedo y de no ir a por el partido, como hizo en Champions hace unos días.

Después se estiró un poco, pero los errores en la entrega eran continuos. Una de los pocas veces que conseguimos enlazar una jugada en condiciones, el Sevilla tuvo una las ocasiones más claras, pero Ben Yedder decidió tirarse a la piscina en lugar de salvar la salida de Oblak. Inmediatamente después llegó el primer gol del partido, en una falta inexistente pero horriblemente defendida. Me pregunto para qué jugamos con tres centrales, si después dejamos rematar a Godín –precisamente el jugador que tendría que estar más vigilado– completamente solo, casi en el área pequeña.

El gol no sirvió para estimuar al Sevilla, que seguía apático y con nula capacidad de creación de juego ofensivo, hasta el punto de que, hasta en dos ocasiones, una en cada mitad, se llegó a la línea de fondo y no se centró al área. En una de ellas, sorprendentemente, fue un contragolpe donde no había ningún jugador del Sevilla en el área para rematar.

En ese plan, no tardó mucho el Atlético en conseguir sentenciar el partido, por obra de Griezmann y Coke, de nuevo en dos jugadas donde se defiende muy mal. En la primera, se derriba a Gameiro en una zona muy peligrosa, y en la segunda, incomprensiblemente, van los cuatro defensores del Sevilla al primer palo, dejando todo el área a merced del Atlético.

También es verdad que, como nos está ocurriendo últimamente, tampoco acompañó la suerte. El primer gol llegó en una falta inexistente, el segundo porque a Griezmann le dio por marcar un impresionante golazo que tardará en repetir, y el tercero tuvo su origen en un resbalón de Iborra. Por cierto, no entiendo los continuos resbalones de los jugadores del Sevilla. Parecían que jugaban sobre hielo.

El equipo, en general, estuvo a un nivel ínfimo. Sólo se salvan Rico, que evitó una bochornosa goleada con paradas de mucho mérito –aunque en el tercer gol desvió al centro del área– y Joaquín Correa, que creó peligro y marcó el único gol del Sevilla que no sirvió ni para igualar el goalaverage.

El parón nos va a venir de lujo. Hay que resetearlo todo, empezando por Sampaoli, que parece que ha olvidado sus ideas y lo ve todo oscuro. Hemos visto en los últimos partidos un Sevilla cobarde y sin intensidad, y así no se va a ningún sitio. Atrás quedó aquello que repetía, una y otra vez, Sampaoli: “Salir a someter al rival, independientemente de qué rival sea”, “Presión tras pérdida” o “Dar suma importancia a la posesión”.

La tercera plaza se ha complicado bastante, ya que hemos permitido creer al Atlético. Será fundamental para mantenerla el que los principales jugadores del Sevilla, como Nasri o N’Zonzi, alcancen el nivel que mostraron no hace mucho, que Sampaoli no dude tanto y que se vuelva a recuperar el ambiente que tanto impresionaba a jugadores propios y rivales. Aunque esto último parece harto complicado, porque ni a los Biris ni al Consejo de Administración parece importantes el bien del Sevilla. Recuperar el ambiente debe ser una prioridad, porque tenemos que ganar todos los partidos que nos quedan en casa, si queremos aspirar a esa tercera plaza que nos da acceso directo a la fase de grupo de Champions.

La única alegría del fin de semana nos la dio nuestro Sevilla Atlético. Impresionante victoria en Zaragoza, a pesar del árbitro, que hizo todo lo posible para fastidiar a los chavales. ¿O se habría atrevido a pitar lo mismo de haber sido Keylor Navas en lugar de Ondoa?