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A Sergio Ramos le habríamos perdonado hasta que hubiera dicho lo del tren

Sergio Ramos se quitó la careta ayer, en el Ramón Sánchez Pizjuán. Ya no engañará a nadie más.

Hay aficionados y periodistas, normalmente de fuera de Sevilla, que se  se extrañan del recibimiento de Sergio Ramos cada vez que juega con el Sevilla, club que le formó y donde dejó la nada despreciable cifra de 27 millones de euros. A mí, sin embargo, me parece de lo más normal que se le pite y se le abuchee. ¿El motivo? Sergio Ramos engañó a la que era su afición. Recuerdo que se hartaba de decir que no se iría al Madrid, pero en realidad estaba negociando con el equipo de Florentino, presionó siguiendo las instrucciones de éste, y cuando ya se cerraba el plazo, poco antes de las 12 de la noche, depositó la cláusula en la sede de la LFP.

A la gente no le gusta que le engañen. Podría haber dicho la verdad: que se iba al Madrid porque iba a ganar mucho más dinero, o porque iba a ser más famoso y aparecería en televisión cada dos por tres, o porque iba a tener muchas más posibilidades de ganar la Liga –bien fácil, porque el Madrid sólo tiene un rival– o la Champions, o multitud de títulos. O incluso podría haber dicho las frases hechas que utilizan muchos: “No podía dejar pasar el tren”, o como ha dicho Lenglet cuando ha dejado el Nancy: “era una oportunidad que no podía desaprovechar”. O incluso alguna de esas pamplinas de “me voy pero siempre llevaré al Sevilla en el corazón”. Pero no, el escogió salir por la puerta de atrás.

Otros jugadores, como Rakitic, Alves también se fueron a equipos poderosos, dejando muchos millones, pero dejando también muestras de cariño por el que fue su club. Aunque también hay que recordar que Rakitic también engañó al Sevilla. No paraba de decir que renovaría, pero, a la hora de la verdad, dabas continuas largas porque estaba en negociaciones con el Barcelona.

Tanto Rakitic como Alves son foráneos y no se jactan de ser sevillistas. Sergio Ramos sí, pero no lo demuestra. Una prueba de ello la tenemos aún reciente, en esa Supercopa de Europa que perdimos estúpidamente por no saber retener el balón en un córner. Maradona, o cualquier otro jugador con algo de calidad técnica y picardía, se habría llevado media hora pegado al banderín de córner. Pues en esa Supercopa fue Sergio Ramos quien marcó el gol que daría lugar a la prórroga,  en el descuento. Entiendo que es un profesional y que se debe al club que le paga. No va a tirar el balón fuera, pero lo que no puede hacer, si en verdad se considera sevillista, es celebrar el gol como lo hizo. Yo creo que ni el más bético de los béticos lo habría celebrado tanto. Sevillista no creo que sea, pero no tengo la más mínima duda de que es muy madridista. Soy incapaz de imaginarme a ilustres sevillistas como, por ejemplo, Jesús Navas o a Kanouté, celebrando un gol así ante el Sevilla.

Sin embargo, curiosamente, Sergio Ramos tenía a la afición dividida. Supongo que sus continuas alusiones al que fue su amigo, Antonio Puerta, habrían suavizado la actitud de parte de la afición hacia él, o también habrá gente que no le dé importancia a las formas y opine que hizo bien en irse. Pero ayer, cuando marcó el penalti a lo Panenka, miró desafiante a la grada y remató la niñería con gestos chulescos, consiguió poner a todo el estadio en su contra. El chivato de la LFP podría poner en su informe, sin miedo a equivocarse, que “todo el estadio cantó al unísono y de forma coral: «Sergio Ramos, hijo de puta»”. Y el que no lo dijo, lo pensó, como fue mi caso.

Por supuesto, Sergio Ramos no será sancionado por provocar a la grada, aunque podría, según el Código Disciplinario de la Real Federación Española de Fútbol. En el apartado de “Infracciones graves y sus sanciones”, el artículo 93 recoge las provocaciones al público. Dice, textualmente: “Provocar la animosidad del público obteniendo tal propósito, salvo que, por producirse, como consecuencia de ello, incidentes graves, la infracción fuere constitutiva de mayor entidad, se sancionará con suspensión de cuatro a doce partidos”.

Por si fuera poco, parece que Sergio Ramos ha perdido el norte definitivamente. Ayer, por lo visto, se permitió el lujo de decir que el Presidente del Sevilla debía tomar medidas para que la afición “no quedara manchada”. ¿Pero quién se cree que es? ¿La afición del Sevilla va a quedar manchada porque no reciba bien a un jugador? Es comprensible que no le guste que le insulten, pero si le afecta tanto como para provocar al público, quizás debería dedicarse a otra profesión. Raro es el futbolista que no recibe insultos, normalmente de aficiones ajenas, pero algunos incluso de la propia.

En fin, ya no hay vuelta atrás. Ya puede considerarse, sin ninguna duda, de que Sergio Ramos es persona non grata entre el sevillismo.

 

Sevilla FC – Real Madrid. El partido importante es el jueves

Gracias a Mateu Lahoz, no podremos disfrutar del partido de esta noche como nos hubiera gustado. De haber acabado 1-0 el partido de ida –Mateu regaló dos goles–, hoy estaríamos hablando de “partidazo” y con bastantes posibilidades de pasar a Cuartos de Final, aun cuando un 1-0 no se puede decir que sea un buen resultado precisamente. Podríamos incluso alinear el mejor once posible, ya que en el próximo partido liguero repetimos rival, y el desgaste sería igual para ambos conjuntos. Pero una ventaja de tres goles da la posibilidad al Madrid de reservar jugadores para el partido de Liga, y el Sevilla, si quiere tener posibilidades el domingo, está prácticamente obligado a hacer lo mismo.

Se puede decir, sin poco riesgo a equivocarse, que la eliminatoria está sentenciada, no ya porque hacer tres o más goles al Madrid es muy difícil, sino porque también es harto complicado que un equipo con tan buenos jugadores no haga ninguno. En este supuesto, habría que marcar, nada más y nada menos, que cinco goles.

No obstante, a pesar de las mínimas posibilidades de clasificación, el Sevilla debe saltar al campo con un equipo competitivo, pero, al mismo tiempo, teniendo clarísimo que el partido importante no es el de esta noche, sino el del domingo, donde nos jugamos recortar distancias con el líder. Aunque esto sea más bien circunstancial –es casi imposible disputar la Liga con Madrid y Barcelona, por varios motivos–, lo fundamental es mantener la buena racha de victorias y aumentar la distancia con el cuarto clasificado.

Pero, ¿se puede remontar la eliminatoria esta noche? La respuesta es que sí, aunque, como ya he dicho antes, las posibilidades son remotas. Desde luego, el primer paso es creer que se puede remontar. Si no se cree, es imposible. Y después, habrá que hacer un gran partido, donde la efectividad de cara a puerta será más fundamental que nunca. Como fallemos goles cantados como en el Bernabéu, tampoco habrá nada que hacer. Y en tercer lugar, y no menos importante, como ya comprobamos en el partido de ida, será necesario que el árbitro de turno, Undiano Mallenco, nos respete. No digo que nos beneficie –alto también casi imposible con el rival de hoy–, sino que no nos perjudique. Simplemente con eso, ya los sevillistas damos saltos de alegría.

Dadas las circunstancias, la machada ya sería que obligáramos a Valdano, o a quien le sustituya, a bajar de nuevo, en el descanso, al vestuario arbitral para amenazar a los colegiados. Hace ya una década de esa vergonzosa actuación, y parece que al señor Valdano se le ha olvidado. Pero todos los sevillistas lo recordamos perfectamente, porque surtió efecto y el árbitro tardó muy poco en nivelar el encuentro.

Si no remontamos, al menos que les metamos el miedo en el cuerpo.

El primer partido del año en el Ramón Sánchez Pizjuán también tendrá como aliciente el ver en acción a los dos nuevos fichajes: Lenglet y Jovetic, aunque parece que el segundo estará inicialmente en el banquillo. A Lenglet no le he visto jugar. Jovetic me parece un grandísimo jugador, aunque no sé si nos convendría más un delantero centro de área, poderoso por arriba y más goleador. La idea que yo tengo de Jovetic es que es un jugador muy técnico, con gol, con pase, pero más apropiado para jugar de media punta, por detrás del delantero. A ver qué planes tiene Sampaoli para el Montenegrino, pero me parecería un error que este fichaje fuera en detrimento de Ben Yedder, quien, para mí, y más teniendo en cuenta el partido que hizo en San Sebastián, deber ser uno de los titulares indiscutibles de este ilusionante Sevilla.

Madrid 3 – Sevilla FC 0. Sin ambición, sin delanteros, sin gol, sin intensidad, sin efectividad, sin árbitro… sin posibilidades para la vuelta

Decepcionante partido el que hizo el Sevilla en el Bernabéu. Como todo el sevillismo, esperaba mucho más del equipo, pues nos jugábamos continuar en la lucha por el título que es más fácil de ganar esta temporada: La Copa del Rey.

El partido se podría resumir con todo lo que faltó ayer sobre el césped:

Sin ambición

La falta de ambición pudo verse desde la alineación inicial. Esperaba que Sampaoli no se atreviera a saltar al terreno de juego sin delanteros, como ya hizo ante otros rivales poderosos, donde se acabó sin perforar la portería contraria. Y, efectivamente, allá fue Sampaoli, dejando a todos los delanteros en el banquillo, y únicamente cuando el marcador iba 3-0, dio entrada a Ben Yedder. Un 0-0 en liga era un buen resultado, pero en Copa es malo. Si se busca un empate ante un rival tan fuerte, es casi imposible conseguir un resultado positivo.

Pero esto no fue lo peor. En mi opinión, lo peor fue que Sampaoli renunció a su estilo. El técnico argentino se harta de decir que el Sevilla debe dominar a cualquier rival y que debe hacerlo desde la convicción de un estilo de juego. Pero cuando llega la hora de la verdad, renuncia al estilo que le iba bien y con el que había brillado hacía poco: tres centrales y dos delanteros. Y eso que tenía prácticamente a toda la plantilla disponible o, al menos, a los jugadores más importantes.

No entendí la alineación de Ganso. Para un partido tan exigente era necesario más garra y velocidad. Sarabia, Ben Yedder, Vietto, Kiyotake… A priori, había mejores opciones.

Tampoco entendí que Pareja fuera suplente, a no ser que no estuviera físicamente al cien por cien.

Sin delanteros, sin efectividad y sin gol

Obviamente, si no cuentas con los especialistas del gol, es mucho más difícil crear ocasiones y marcar goles. Era de vital importancia marcar, al menos, un gol, por lo que no logro entender por qué Sampaoli no contó con ninguno. Para colmo, desperdiciamos las pocas ocasiones que tuvimos, todas clarísimas. Es increíble lo que falla Correa, pero más aún lo es que Iborra no sea capaz de enganchar el rechace, a puerta vacía. Tampoco Vitolo fue capaz de batir a Casilla cuando éste incluso cubrió mal la portería en su salida. Si perdonas esas ocasiones ante un rival como el Madrid, apaga y vámonos. Con efectividad nula no se llega a ningún sitio. No se gana ningún partido, ni ninguna competición

Sin intensidad

Cuando tienes enfrente a un equipo superior, tienes que estar acertado en todas las zonas del campo y, sobre todo, ganarles en anticipación, en intensidad, en casta… Pero si resulta que es al contrario, que el que te gana en todo eso encima tiene más calidad que tú, es fácil que llegue la goleada.

Sin árbitro

Hasta ayer consideraba a Mateu Lahoz el peor árbitro de Primera División. Ya es que ni siquiera lo considero árbitro. Me hace dudar hasta que se haya leído el reglamento. Y si lo ha leído, pasa totalmente de aplicarlo, lo que es incluso peor. Porque me niego a creer que no vio el clarísimo penalti de Marcelo a Iborra. Y no me vale la chorrada esa que dicen algunos comentaristas de “hay agarrón, pero no parece suficiente como para pitar penalti”. Agarrar es falta, y si es dentro del área es penalti. No existe un medidor para saber si es suficiente o no para derribar a alguien, pero desde luego, a mí me dio la impresión de que sí.  Y si no te da la gana de pitarlo, por lo menos no tengas la poca vergüenza de enseñar tarjeta amarilla por la lógica protesta. Ni siquiera se dignó en avisar a Iborra, sino que le enseñó la amarilla a la velocidad que Billy “El Niño” desenfundaba.

En cualquier caso, ni aunque Marcelo hubiera derribado a Iborra con la patada de la grulla de Karate Kid, lo habría señalado.

patada-grulla

Tampoco quiso aplicar el reglamento en el clarísimo empujón de Morata que precedió al córner que dio lugar al 2-0. Empujón que vio todo el estadio, incluido Mateu Lahoz, por supuesto. Fue tan claro que hasta Valdano lo reconoció. Con eso está dicho todo.

El córner, dicho sea de paso, fue lamentablemente defendido, hasta el punto de que Varane no tuvo el más mínimo problema en rematar a placer para batir a Sergio Rico.

Pero el show de Mateu Lahoz no acabó ahí. Como guinda, se inventó un penalti que sólo vio él, cuando debió pitar falta a favor del Sevilla. Fue el colofón perfecto para dejar claro –por si alguien lo dudaba– que había tomado partido por el poderoso y que él solito estaba dispuesto a apuntillar al Sevilla, dejando en bandeja el 3-0 antes del descanso.

Sin posibilidades para la vuelta

El 3-0 es un resultado contundente y que casi no deja opción a la remontada. El Madrid fue superior y el partido del Sevilla fue penoso: mal planteamiento, falto de intensidad, sin juego y sin efectividad. Todo ello fue motivado porque el nivel de los mejores jugadores del Sevilla fue paupérrimo. Nasri, N’Zonzi y Vitolo estuvieron desaparecidos. Pero la eliminatoria la dejó sentenciada Mateu Lahoz, pues dos de los tres goles del partido jamás debieron subir al marcador. Además, nos ha privado de ver un gran partido de vuelta, ya que, evidentemente, no es lo mismo remontar un 1-0, que es difícil pero factible, que un 3-0, que sería una hazaña increíble.

En realidad, sí hay posibilidades de remontar, pero éstas son tan remotas que es equiparable a ganar la lotería de Navidad. Habría que hacer todo lo que no se hizo en el Bernabéu, y sería imprescindible también que hubiera un árbitro sobre el césped.

Por cierto, los que quieren desprestigiar al Sevilla diciendo que perdió contra los suplentes del Madrid… En primer lugar, eso no es cierto. No sigo al Madrid, pero creo que jugadores como Marcelo, Kroos o Modric no son suplentes. Y en segundo lugar, las enormes diferencias económicas del Madrid con respecto al Sevilla le permiten tener suplentes de lujo, como son Isco, Casemiro, Morata o James, todos ellos internacionales con sus selecciones y que muy probablemente serían titulares en cualquier otro equipo del mundo.

Otra cosa que jamás comprenderé es que veo que la afición del Sevilla se está acostumbrando a los atracos arbitrales. Yo creo que nunca me acostumbraré, a pesar de que llevo sufriéndolo unos cuarenta años. Me sigo indignando como el primer día, o incluso más.  Ayer había sevillistas en las redes sociales que criticaban a los que nos quejábamos de la actuación arbitral –si aceptamos a Mateu como árbitro– diciendo cosas como “a llorar al parque” o el típico “quejarse de los árbitros es de perdedores”. Entiendo que quejarse no sirve absolutamente para nada, pero es lo único que nos queda: el derecho al pataleo. Ya quisiera yo que nuestros dirigentes o nuestros jugadores, al menos se quejaran ante tropelías como las de ayer, pero no lo hacen. Supongo que por temor a posibles represalias del colectivo arbitral –otra cosa no, pero no se les puede acusar de no estar unidos– o porque, en realidad, como digo, no sirve para nada.

En cualquier caso, más vale que olvidemos todos la indignación que nos corroe y nos centremos ya en el dificilísimo encuentro de San Sebastián, donde nos espera un equipo en racha, con jugadores de mucha calidad, que presionan bien y que es un rival directo. Directísimo, si nos ganan.

 

 

Formentera 1 – Sevilla FC 5. El Sevilla estará en octavos de final

Dicen que no hay que vender la piel del oso antes de cazarlo, pero es evidente que la eliminatoria ha quedado más que sentenciada. No ya por el resultado de la ida, que también, sino porque entre el Sevilla y el Formentera hay una diferencia abismal. Tan abismal como lógica, porque el Formentera es el único equipo de Tercera División. Es decir, que está tres divisiones por debajo. El Formentera es un equipo tan humilde que sólo unos cuantos jugadores son profesionales, y algunos de ellos están pluriempleados como técnicos.

En este partido “light”, donde los no habituales tuvieron una buena oportunidad para demostrar su valía, destacó Joaquín Correa, haciendo tres goles y provocando dos penatis, los cuáles fueron transformados por Ben Yedder. A pesar de esos dos goles del franco-tunecino, no se puede decir que estuviera muy acertado.

El Sevilla fue superior desde el minuto 1, cuando llegó el primer gol, aunque en la segunda parte el Sevilla bajó el pistón descaradamente, no queriendo hacer más sangre innecesariamente. Y es que se prevé que la temporada sea larga y repleta de partidos –sobre todo, si tenemos la desgracia de caer eliminados en Champions League–  y tampoco es cuestión de forzar la maquinaria cuando no existe riesgo de traspié.

Lamentablemente, todo no salió bien, ya que Carriço tuvo que retirarse lesionado. Al parecer, fue solo por precaución, pero parece que Carriço, una pieza importante de la plantilla, no acaba de arrancar. No consigue tener continuidad, debido a las lesiones, y eso es un serio hándicap, porque Sampaoli basa su juego defensivo en los centrales, y, ante la baja forma de Carriço, se ve obligado a recurrir más de la cuenta a Pareja, Rami y Mercado, que lo están jugando prácticamente todo.

Tampoco me gustó que, llevando hasta cinco jugadores del filial, sólo jugaran de inicio Diego González y David Carmona, siendo sustituido uno de ellos por Borja Lasso, quien apenas disfrutó de diez minutos de juego. Pienso que deberían haber jugado como titulares los cinco. No hay que olvidar que nuestro primer filial, el Sevilla Atlético, está dos categorías por encima del Formentera.

El Sevilla deberá promocionar la asistencia al Ramón Sánchez Pizjuán para el partido de vuelta. Un 21 de diciembre, con casi nada en juego, ante un débil rival, y a las siete de la tarde, no parecen los mejores ingredientes para que haya un lleno.

Ahora toda el Granada. A priori, es un rival propicio: colista más que merecido, pues sólo ha conseguido cinco puntos después de trece partidos disputados. Temo que Sampaoli, debido a que el rival es el más débil de Primera, haga cambios y reserve a titulares pensando en el Lyon. Pienso que sería un error. Confianzas, ninguna.

 

El reciente pentacampeón de Europa no puedo conseguir el ansiado doblete

El Sevilla tuvo en la mano el conseguir traer a su ciudad su sexta Copa del Rey, pero fallos sobre el césped y en el banquillo lo impidieron.

El Rey del Sur, como rezaba el tifo exhibido en el Vicente Calderón, fue superior al Barcelona en los primeros minutos y, contrariamente a lo que la lógica dictaba, no pasó apuros. Había pocas ocasiones de gol por ambos lados, hasta que Gameiro consiguió quedarse solo, aprovechando la adelantada defensa blaugrana, y Mascherano se vio obligado a derribar al francés. Jugada de penalti y expulsión. Jugada que suele ser decisiva, a no ser que tengas enfrente a un señor equipo como el Barcelona, que tiene en sus filas a varios de los mejores jugadores del mundo.

En realidad, no puede considerarse que el Sevilla quedara en superioridad con esa expulsión, sino más bien en igualdad. De la misma manera que en Basilea puede decirse que los aficionados sevillistas estábamos en igualdad con los del Liverpool, porque cada uno de nosotros hacía por cuatro de ellos, también puede pensarse que Messi vale por dos –como mínimo–. Teníamos superioridad numérica, pero no técnica. Había que andar con siete ojos porque Messi o Neymar, con su velocidad y desborde, eran capaces de montar un contragolpe o colarla en alguna falta directa.

No obstante, es evidente que el partido se puso muy de cara con esa expulsión y con la lesión de Suárez –lástima que no fuera Messi–. Pero había que marcar un gol, y el Sevilla apenas creó ocasiones de gol. Tuvo dos muy claras, ambas de Banega, que se despidió ayer del sevillismo: un disparo fue espectacularmente interceptado por Ter Stegen y otro fue repelido por el poste. Aparte de eso, algún que otro balón suelto en el área y algún disparo lejano sin consecuencias.

A toro pasado, da la impresión de que el Sevilla debió arriesgar más, aprovechando la superioridad numérica. Quizás, metiendo un segundo delantero, como Llorente, que rivalizara con Piqué, quien se las llevaba todas por alto. Pero también es verdad que Llorente no está para nada, y lo demostró en los pocos minutos que jugó.

Pasaban los minutos y el panorama era el mismo: un Sevilla que no podía hincar el diente y un Barcelona que amenazaba con finiquitar la final con un contragolpe o una falta.

Y entonces llegó el que, a la vista de los resultados, parecía el error más importante, y llegó desde el banquillo. Emery decidió quitar a Mariano para dar entrada a Konoplyanka. Es decir, quitó al jugador que le puso los grilletes a Neymar, con el agravante de que Konoplyanka apenas aportó nada.

Pocos minutos tardó Neymar en quedarse solo ante Rico, con la mala suerte de que fue Banega, nuestro jugador más importante, el que lo derribara, siendo también expulsado. El panorama no podía ser más desalentador: sin nuestro mejor jugador y en una prórroga, con la pesadez en las piernas de haber jugado otra final cuatro días antes.

En la prórroga Messi hizo de las suyas con dos pases de gol que decidieron la eliminatoria. Muchos jugadores tocados físicamente, por la batalla de Basilea y por los 90 minutos de partido, hicieron lo que pudieron, entregándose al máximo, pero fueron presa fácil para Iniesta, Messi y Neymar. Incomprensiblemente, Emery dejó sin efectuar el tercer cambio, a pesar de estar el equipo bajo mínimos. El resultado no fue más abultado porque Sergio Rico estuvo inconmensurable en un par de acciones que llevaron marchamo de gol.

Para colmo, el árbitro se unió a la fiesta blaugrana y empezó a señalar faltas inexistentes, algunas de ellas con tarjeta incluida, que sólo sirvieron para desquiciar a los jugadores blancos y para desequilibrar aún más la balanza. Rami pudo ver la segunda amarilla por protestar una de esas faltas de manera airada y Carriço vio dos amarillas en una misma jugada, y eso que llegó a tocar balón.

Una verdadera lástima que no se trajeran la sexta Copa del Rey, pero el fútbol no tiene piedad con los que cometen tantos errores, y más si el rival que se tiene enfrente es el mejor del mundo. Eso sí, en la grada se ganó por goleada, como era de esperar.

Hoy toca celebrar sólo un título, pero, por fortuna, es el más importante de los dos a los que aspirábamos, ya que nos da más dinero, la clasificación directa para la fase de grupo de Champions y, por tanto, nos libramos de las dos fases previas de la Europa League –la competición a la que abríamos accedido por Liga–, las cuáles habrían condicionado la pretemporada y temporada del que seguro que será un ilusionante Sevilla 2016-2017.

 

Celta 2 – Sevilla FC 2. Dos nuevas finales para el Sevilla FC

Otra final más de la década prodigiosa, la número trece, y la catorce podría ser la Supercopa de España, pues casi con toda seguridad el Barcelona será el campeón de Liga. Aunque yo espero que antes juguemos la final de la Europa League. Por ser positivos, que no quede.

El Sevilla comenzó muy serio, con orden, tocando el balón y sin precipitarse. En la primera parte, llegó a tener tres ocasiones claras de gol, siendo la más clara el cabezazo al poste de Carriço. A los 35 minutos llegó primer gol celtiña, obra de Iago Aspas y que daba un halo de esperanza a nuestro rival.

No obstante, la eliminatoria estuvo controlada en todo momento, aunque con el 2-0 llegó algo de intranquilidad, porque un tercer gol podría ponernos en apuros. Pero Banega sentenció, o resentenció, la eliminatoria sólo dos minutos después, definiendo con mucha clase. El argentino se marcó un partidazo, aunque en ocasiones llega a desesperar por su individualismo.

Inmediatamente después el Celta dispuso de un penalti que yo creo que no fue. Es más, creía que el mal árbitro que es Martínez Munuera iba a enseñar tarjeta amarilla a Guidetti por el piscinazo, pero, para mi sorpresa y la de Sergio Rico, señaló el punto de penalti. De hecho, Guidetti también creyó que le iban a enseñar amarilla y se levantó como un rayo para seguir la jugada y evitar la sanción. Además, físicamente es imposible que una entrada a ras de suelo, como era la de Sergio Rico, provoque que el delantero salga disparado hacia arriba.

Por fortuna, esta jugada no tuvo consecuencias, puesto que Sergio Rico sólo vio amarilla y Guidetti estrelló el balón en el poste. Peor aún fue el otro error grave del árbitro: la tarjeta amarilla que le mostró a N’zonzi, en el minuto 88 y que le impedirá jugar la final. Desde mi punto de vista, no fue ni falta, pero, si lo era, en ningún caso merecería tarjeta. No contento con eso, Martínez Munuera, una vez finalizado el partido, le enseñó la segunda amarilla y lo expulsó, supuestamente, por protestar. Por un lado, ya hay que ser miserable para expulsar a un jugador por eso, pero por otro lado, N’Zonzi ya se debería de haber dado cuenta de que los árbitros españoles no tienen absolutamente nada que ver con los ingleses. Aquí son más chulos que un ocho y no suelen tener respeto por los jugadores. Bueno, más bien, con algunos jugadores, con los que no pertenecen a los considerados por la prensa como “grandes”.

Los otros apercibidos, Rami y Kolo, no vieron ninguna amarilla y podrán disputar la final. Pienso que, dada la ventaja que llevaba el Sevilla, fue una temeridad hacerlos jugar, porque, sobre todo, la baja de Rami habría sido muy importante.

En la recta final, Vitolo hizo un jugadón para asistir a Konoplyanka, que machacó a placer, logrando el empate a dos definitivo. Tuvo mérito la jugada, porque a esas alturas el terreno de juego era una piscina y costaba mucho hacer rodar el balón.

Ahora queda lo más difícil: derrotar en la final al que probablemente sea el mejor equipo del mundo. Dificilísimo, pero a un solo partido tenemos más posibilidades. Ojalá sea el 22 de mayo, domingo. Significará que habremos jugado la final de la Europa League.

 

 

Celta-Sevilla. El Sevilla no debe dejarles creer en la remontada

Cuatro goles de ventaja deben ser más que suficientes para asegurarse estar en la final de la Copa del Rey. La remontada es posible, sí, pero harto improbable. Sólo circunstancias extraordinarias podrían hacer saltar la sorpresa, como una expulsión tempranera, que el Sevilla haga un partido desastroso, de principio a fin, o que al Celta le dé por colar cada ocasión de gol que tenga. Sin ir más lejos, hay que recordar que el Sevilla, antes de marcar el primer gol en el partido de ida –es decir, aún en el primer tiempo– tuvo cinco ocasiones claras de gol, penalti incluido, que fueron desaprovechadas.

Teniendo eso en cuenta, claro que es posible la remontada. De igual modo que también es perfectamente posible que el Sevilla marque algún gol. Y ese pequeño detalle parece no tenerlo en consideración ni Berizzo, ni sus jugadores, que hablan de hacer cuatro o cinco goles pero en ningún momento parecen preocupados de no recibir ningún gol en contra.

Además, el Sevilla tendrá en la noche de hoy un aliado de lujo: el cronómetro. El Celta basa su estrategia en, lógicamente, lograr un gol en los primeros minutos. Si no lo consigue, poco a poco, irán convenciéndose –si es que no lo están ya– de la complicada hazaña que tienen que conseguir. Basta con que lleguemos al descanso con la puerta a cero para que se convenzan del todo. O que, por supuesto, marquemos un gol, lo que convertiría en un trámite el resto del partido.

A medida que pase el tiempo, la ansiedad debe notarse en las acciones de nuestro rival, y eso debe llevar a la precipitación y al error. Y hoy el Celta no puede permitirse ninguno.

Por otro lado, me preocupan las declaraciones de Emery, cuando afirma que “jugarán los mejores”. Desde mi punto de vista, eso implica alinear a Rami y, teniendo en cuenta sus últimas actuaciones, a N’Zonzi. Espero que nuestro entrenador no sea tan irresponsable como para poner en riesgo la participación de estos jugadores en una hipotética final, ya que están apercibidos. Entiendo que los convoque, por si llegarámos a una situación preocupante, pero no que formen parte del once inicial, llevando cuatro goles de ventaja.

Esta noche saldremos de dudas, pero todo apunta a que la final debe ser entre el Barcelona y el Sevilla, como no puede debe ser de otra manera.