Slavia 4 – Sevilla FC 3. El Sevilla cae increíblemente eliminado de la Europa League. Seis goles para analizar

Increíblemente, el Sevilla ha sido eliminado de la Europa League, por un equipo bastante inferior. Pero el Sevilla, que no ha hecho una buena eliminatoria, no ha tropezado con el líder de la liga checa, sino con la Diosa Fortuna. Y si tenemos que luchar con dioses, mal vamos. Los seis goles son para analizar.

El primero que encajamos es un tiro lejano que desvía un defensor, dejando a Vaclík vendido.

El segundo es de los más raros que he visto en mi vida, y he visto muchísimos, pero que muchísimos goles en mis casi medio siglo de vida. Un córner, el balón golpea en un defensor, dándole en la espalda, remata sin querer, poniéndola en la misma escuadra, inalcanzable para el portero, que además se lesiona en la jugada.

Ya en el partido de vuelta, el único gol más o menos normal fue el primero del Slavia, en un córner, muy mal defendido, donde Vaclík sale en falso, y se deja rematar en el área pequeña.

El segundo de hoy fue un penalti regalado por el árbitro bielorruso, premiando un piscinazo de un jugador checo.

El tercero fue finalizando la primera parte de la prórroga, en una jugada de nuevo muy mal defendida, donde se deja rematar a un jugador local, sin ángulo, pero el balón pasa por debajo de las piernas de Kjaer y acaba en la red, ajustado al poste.

 Y el último, el gol que nos ha eliminado, es el remate. La última jugada del partido. Una falta lejana, un disparo a puerta, no se es capaz de despejar el balón, rebote hacia el rival, remate, toca Vaclík, después en la rodilla de Kjaer, que no es capaz de despejar, dando al aire, y se acaba colando el balón dentro, casi ni se sabe cómo.

Si a eso le sumamos que en el partido de ida anularon un gol por fuera de juego de Ben Yedder inexistente, que hoy hemos tirado al palo, cuando parecía que entraba, y que el portero local ha hecho tres o cuatro paradas importantes… Yo creo que hemos hecho méritos más que suficientes para eliminar al Slavia de Praga. Es cierto que no hemos hecho una gran eliminatoria, pero en el global, me parece que hemos merecido pasar la eliminatoria, pero cuando no se puede, no se puede. Y además, es imposible.

Sé que es un análisis muy simplista, basado en la suerte, pero siempre he creído que es un factor muy determinante en un deporte como el fútbol. No es lo mismo como en tenis o baloncesto, donde puede acompañarte en un par de golpes de raqueta o tiros a canasta. En fútbol, una decisión arbitral, un rebote, un palo… te puede costar un partido o una eliminatoria. Y contra el Slavia, parece que nos ha mirado un tuerto. En fútbol no vale para nada, en absoluto, ser mejor que el rival. Sólo cuenta marcar un gol más que el contrario, da lo mismo que sea un golazo por la escuadra, en propia puerta, de penalti injusto o sin querer.

También creo que hoy Machín se ha equivocado en los cambios. Yo a Ben Yedder no lo quitaría ni aunque estuviera cojo. Y marcando en la prórroga, yo pondría un cerrojazo, fortaleciendo el centro del campo, adelantando la defensa y dejando sólo en punta a Ben Yedder. Pero también es verdad que es ver los toros desde la barrera.

Por supuesto, también ha faltado calidad y oficio. Adelantádote en la prórroga, jamás se debe ir una eliminatoria, y más en campo contrario, donde el valor es doble.

El mejor jugador me ha parecido Promes, que fue objeto de penalti, disparó a puerta con peligro y asistió a Mudo Vázquez en el gol.

El verdadero drama de este Sevilla de Machín es que el rival, cualquier que sea, necesita hacer muy poco, lo mínimo, para marcar y, por tanto, ganar con el mínimo esfuerzo. Lo hizo el Celta, el Barcelona, el Huesca, La Real Sociedad –hizo dos goles de cuatro ocasiones que tuvo–, y el Slavia casi ha hecho pleno. Y con tanta fragilidad no se va a ningún sitio. Probablemente, el Español nos ganará también teniendo sólo una o dos ocasiones de gol.

La eliminación es un palo, un palo grande. Pero hay que mirar el lado positivo: nos vamos a ahorrar un pasta entre vuelo, hotel, etcétera, etcétera. Y, además, para qué negarlo, no tenía ninguna gana de ir a Bakú.

 

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