Archivo mensual: marzo 2017

Y a todo esto, llega el Sporting de Gijón

Por fin se acaba el mes de marzo, donde parece que todo nos sale mal. El panorama no puede ser más desalentador: dos empates y una derrota ante nuestro más mediato perseguidor, el Atlético de Madrid, han hecho que los colchoneros estén a sólos dos puntos y amenacen con arrebatarnos nuestra privilegiada posición. Pero también nos ha eliminado de la Champions uno de los rivales más asequibles que había en el bombo, inversores extranjeros acechan para hacerse con el control del club, hay dos absurdas e injustas propuestas de sanción de cierre parcial del estadio, el estadio sigue siendo un cementerio –el conflicto Consejo-Biris no tiene visos de solucionarse–, tres de nuestros seis internacionales han llegado con lesiones de duración media, la Federación Argentina insiste de nuevo en fichar a nuestro entrenador, quien últimamente, dicho sea de paso, no ha estado muy acertado; y nuestro Director Deportivo, pieza clave de los éxitos de los últimos años, según informan desde Italia, ha firmado con la Roma.

No sé si me dejo algo en el tintero, pero si ahora mismo dijeran desde la NASA que un asteroide se acerca a La Tierra y que no va a quedar títere con cabeza a corto plazo, creo que los sevillistas casi nos sentiríamos aliviados.

De todos estos contratiempos, el que menos me preocupa es el de las propuestas de cierre parcial del estadio, sobre todo si el Consejo de Administración cumple su palabra y está dispuesto a ir a la justicia ordinaria. Y el que más me preocupa, es, sin duda, la marcha de Monchi.

En este sentido, no entiendo un par de cosas. En primer lugar, no comprendo que alguien que se jacta de ser sevillista, decida abandonar el club cuando está en su mejor momento y cuando tiene más medios y facilidades para formar una plantilla a su gusto, a no ser que prime la cuestión económica, que es algo muy humano. Y, en segundo lugar, no entiendo cómo esa salida se puede llevar a cabo de una forma tan desastrosa. Es decir, con la temporada en marcha, en la recta final, donde nos jugamos tantísimo, salta la noticia de la firma de Monchi por otro club.

No sé qué habrá de cierto en todo lo publicado, pero el hecho de que haya periodistas de reconocido prestigio que lo afirmen, preocupa bastante. Además, ha coincidido con un parón en Liga, con lo que los medios, siempre ávidos de noticias cuando hay poco que publicar por la ausencia de fútbol, han tenido y van a tener carnaza durante varios días.

Para colmo, salta nuestro Presidente, José Castro, y dice que él no sabe nada del asunto de Monchi, y que se lo pregunten a él. Pues si el propio Presidente no lo sabe, mal vamos.

Desde luego, a mí no me parece recibo que un trabajador con contrato en vigor –creo que hasta 2020– se reúna con otro club, de espaldas al club que le paga, por mucho que ya haya presentado, por escrito, su deseo de abandonar el club. Creo que no son formas y que no es el momento. Aunque también es cierto que encontrar el momento adecuado es bastante complicado. Tampoco me parece bien que ya no tome decisiones en posibles fichajes como el de Jesús Navas o Jovetic.

También leo hoy, para ahondar más en la preocupación, que no está claro que la marcha de Monchi sea aislada, ya que todos los miembros de la Secretaría Técnica terminan contrato en junio. Habrá qué esperar a la decisión que tome el Consejo de Administración en este asunto.

Lo que está claro es que encontrar al sustituto de Monchi será un asunto peliagudo. Será difícil que el nuevo Director Deportivo logre los éxitos alcanzados por el de San Fernando, sobre todo si hay más bajas en la Secretaría Técnica.

Pienso que el Sevilla también tendrá más dificultades a la hora de fichar. Monchi tiene un prestigio mundial y eso allanaba el fichaje de jugadores que reconocían que era un orgullo que recibir su llamada. También Monchi será un “rival directo”, ya que, sin ir más lejos, Il Messaggero asegura que Rodrigo Caio y Ozyakup, jugadores que ya han sonado para el Sevilla, son ya objetivos de La Roma. Es decir, que, entre la Roma de Monchi y el PSG de Emery, vamos a tener competencia en muchos fichajes.

Y ahora viene otro problema, y es que el domingo llega el Sporting de Gijón, y aquí se habla de todo menos del partido. Con el agravante de que el equipo asturiano es uno de esos habitantes de la zona baja que se nos dan tan mal. Están a cinco puntos de la salvación. Es decir, que vendrán a “pegar bocaos”. Y a las doce de la mañana, con un calorcito curioso.

Ambos equipos tendrán numerosas bajas, especialmente el Sevilla. En el Sporting están confirmadas las ausencias de Jorge Meré y Douglas, por sanción, y son duda Amorebieta, Borja Viguera y Moi Gómez. Rubí recupera a Cuéllar y Nacho Cases, que han cumplido sanción, y a sus tres internacionales, que parecen que han llegado bien físicamente: Elderson (Nigeria), Čop (Croacia) y Afif (Qatar).

Y ojo, que nos pita Vicandi Garrido, que si no es el peor árbitro de Primera División, es porque está Mateu Lahoz.

Evidentemente, no será un partido fácil, pero si hacemos las cosas medianamente bien, debemos llevarnos los tres puntos. Debemos lograr esa victoria que es el remedio para todos los males.

Quiero acabar el post con lo que, sin duda, ha sido lo mejor de la semana: la estatua que le han hecho a Cristiano Ronaldo en el aeropuerto de su ciudad natal –Ronaldo es de Madeira, como Pinocho–. Dejo algunos memes:

@CazonPalangana:

@ActuFoot_:

 

@_tuan_

 

 

 

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¿La presión? Las razones del bajón en el Sevilla FC son otras

Últimamente, oigo que el Sevilla ha podido notar la presión que supone el verse forzado a seguir el ritmo que marcan el Barcelona y el Madrid. Yo me pregunto: ¿qué presión? ¿Se siente presión cuando un club como el Sevilla está tercero, con el cuarto a siete puntos? En caso de sentir presión, ahora hay más motivos para sentirla, cuando el cuarto está a sólo dos puntos y con el goal-average en contra. En cualquier caso, no creo que nuestros jugadores, bastantes experimentados, sientan presión por ganar la Liga. En primer lugar, porque no era el objetivo marcado, y, en segundo lugar, porque es de ilusos creer que se puede competir con Madrid y Barcelona, y más aún en una competición como la nuestra, tan manipulada en todos los sentidos –horarios, árbitros, ingresos televisivos…–, con el único fin de favorecer a los dos de siempre.

En mi opinión, la única presión que deben notar los jugadores es por mantener la tercera plaza, y sólo porque llevamos ya muchas jornadas en esa posición y sería un pena perderla en la recta final del campeonato. Pero, en realidad, también podría considerarse una hazaña lograr ese tercer puesto, porque, por potencial económico y deportivo, tampoco nos correspondería.

Por tanto, las razones del bajón hay que buscarlas en otros aspectos. Y desde mi punto de vista, por orden de importancia, son estas tres:

1º.- El bajo rendimiento de varios jugadores del centro del campo. A nadie se le escapa que Vázquez, Nasri y N’Zonzi no son ni la sombra de lo que han sido durante buena parte de la temporada. Vázquez sólo deslumbró en los primeros partidos; Nasri, hasta Navidad; y N’Zonzi hasta que renovó. Y se nota una barbaridad que estas tres piezas están de capa caída. En el centro del campo es donde se decide el dominador del partido y, si no lo controlamos, tendremos muchos problemas para crear ocasiones de gol y, por lógica, el rival nos llegará con facilidad. Es lo que nos ha pasado, por ejemplo, con los planteamientos timoratos en Leicester y en Madrid, donde parecía que nos enfrentábamos a equipos muy superiores, cuando, en realidad, el equipo inglés estaba en mitad de la tabla en su competición, y el Atlético estaba cinco puntos por debajo. En ambos partidos regalamos el centro del campo, con la defensa muy atrasada y las líneas demasiado juntas, y eso es dar muchas facilidades al rival, sobre todo cuando éste está sobrado de calidad.

2º.- La falta de intensidad es otro de los factores decisivos. Hoy día, en Liga o en Champions, donde hasta el más tonto hace relojes –dicho que le gustaba a Luis Aragonés–, como no corras tanto como el rival, llevas todas las de perder. Y los jugadores de Alavés, Leganés, Leicester y Atlético corrieron y se esforzaron más que los del Sevilla, y con bastante diferencia. Especialmente preocupante fue el partido contra el Leganés, donde Sampaoli despreció al rival alineando un once, prácticamente, compuesto por suplentes, pensando más en la Champions que en el partido más inmediato. A un rival que no puntuó en el Nou Camp por un penalti injusto en el descuento, no se le debería haber tratado con tanta suficiencia. Si no nos ganó, fue de milagro.

3º.- El Ramón Sánchez Pizjuán ha dejado de ser un fortín. Y es que se nota una barbaridad que los Biris no animan. Este tema es preocupante, porque afecta tanto a los jugadores locales –que no entienden la falta de apoyo– como a los rivales, que se crecen en un campo que parece un cementerio, como a los árbitros, que le echan más poca vergüenza, aún si cabe, de lo habitual.

En este asunto me llama la atención la torpeza con la que han actuado tanto el Consejo de Administración, siguiéndole el juego a Tebas y al Comité Antiviolencia, como los Biris. El Consejo nunca debería haber permitido que se meta en el mismo saco a Biris Norte y a Biris, ya que Biri es un exjugador emblemático y Biris Norte es un grupo ultra, supuestamente peligroso. El Comité Antiviolencia, por lo visto, se escuda en la resolución de un juez para no dejar entrar pancartas con el nombre “Biris”, pero ahí es donde debe entrar el Consejo de Administración y dejar las cosas bien claras. Al juez se le debe exigir que sepa de leyes, pero no de fútbol. Que supiera distinguir entre Biris y Biris Norte habría sido ya demasiado.

Y, por supuesto, la actitud de Biris Norte no puede ser más torpe, ya que el único perjudicado con su forma de protesta es el equipo. Ya sé que nadie tiene obligación de animar, pero la actitud que han tomado me recuerda a la de una pataleta de un niño chico. Ninguna de las dos partes está dispuesta a rectificar, en lo que parece una lucha de egos, con lo que parece que el problema no tiene solución.

Ahora mismo estamos atravesando una mala racha, pero la mejor y única manera de salir de ella es a base de victorias. Por eso, el partido contra el Sporting será fundamental y uno de los más importantes de la temporada. Hay que mantener la tercera plaza a toda costa y no se pueden dejar escapar más puntos ante equipos de la parte baja de la tabla. Quizás, si respetáramos más a esta clase de equipos, estaríamos más holgados en la tabla y no tendríamos que estar mirando por el retrovisor al cuarto clasificado.

At. de Madrid 3 – Sevilla FC 1. Otro decepcionante partido y otra lógica derrota

El Sevilla va de mal en peor. Lejos de aprender de la derrota contra el Leicester, ha vuelto a repetir los mismos errores.

El partido pintaba mal desde el principio, desde que Sampaoli volvía dejar en el banquillo a Jovetic y le daba la titularidad a un Nasri que no está absolutamente para nada. Como ya dije en el post anterior, el Nasri de antes de Navidad, merece jugar siempre, pero el de ahora, el que trota por el césped, ralentiza el juego y pierde el balón con facilidad, no merece jugar ni un solo minuto.

Los primeros minutos no pudieron ser más desalentadores, pues el Sevilla se limitaba a encerrarse atrás, pero con total desorden. Juntaba mucho las líneas, defendiendo muy cerca de Sergio Rico y regalando el centro del campo al Atlético de Madrid, dando total facilidad al equipo madrileño para asediar el área del Sevilla. El equipo de Sampaoli daba sensación de tener miedo y de no ir a por el partido, como hizo en Champions hace unos días.

Después se estiró un poco, pero los errores en la entrega eran continuos. Una de los pocas veces que conseguimos enlazar una jugada en condiciones, el Sevilla tuvo una las ocasiones más claras, pero Ben Yedder decidió tirarse a la piscina en lugar de salvar la salida de Oblak. Inmediatamente después llegó el primer gol del partido, en una falta inexistente pero horriblemente defendida. Me pregunto para qué jugamos con tres centrales, si después dejamos rematar a Godín –precisamente el jugador que tendría que estar más vigilado– completamente solo, casi en el área pequeña.

El gol no sirvió para estimuar al Sevilla, que seguía apático y con nula capacidad de creación de juego ofensivo, hasta el punto de que, hasta en dos ocasiones, una en cada mitad, se llegó a la línea de fondo y no se centró al área. En una de ellas, sorprendentemente, fue un contragolpe donde no había ningún jugador del Sevilla en el área para rematar.

En ese plan, no tardó mucho el Atlético en conseguir sentenciar el partido, por obra de Griezmann y Coke, de nuevo en dos jugadas donde se defiende muy mal. En la primera, se derriba a Gameiro en una zona muy peligrosa, y en la segunda, incomprensiblemente, van los cuatro defensores del Sevilla al primer palo, dejando todo el área a merced del Atlético.

También es verdad que, como nos está ocurriendo últimamente, tampoco acompañó la suerte. El primer gol llegó en una falta inexistente, el segundo porque a Griezmann le dio por marcar un impresionante golazo que tardará en repetir, y el tercero tuvo su origen en un resbalón de Iborra. Por cierto, no entiendo los continuos resbalones de los jugadores del Sevilla. Parecían que jugaban sobre hielo.

El equipo, en general, estuvo a un nivel ínfimo. Sólo se salvan Rico, que evitó una bochornosa goleada con paradas de mucho mérito –aunque en el tercer gol desvió al centro del área– y Joaquín Correa, que creó peligro y marcó el único gol del Sevilla que no sirvió ni para igualar el goalaverage.

El parón nos va a venir de lujo. Hay que resetearlo todo, empezando por Sampaoli, que parece que ha olvidado sus ideas y lo ve todo oscuro. Hemos visto en los últimos partidos un Sevilla cobarde y sin intensidad, y así no se va a ningún sitio. Atrás quedó aquello que repetía, una y otra vez, Sampaoli: “Salir a someter al rival, independientemente de qué rival sea”, “Presión tras pérdida” o “Dar suma importancia a la posesión”.

La tercera plaza se ha complicado bastante, ya que hemos permitido creer al Atlético. Será fundamental para mantenerla el que los principales jugadores del Sevilla, como Nasri o N’Zonzi, alcancen el nivel que mostraron no hace mucho, que Sampaoli no dude tanto y que se vuelva a recuperar el ambiente que tanto impresionaba a jugadores propios y rivales. Aunque esto último parece harto complicado, porque ni a los Biris ni al Consejo de Administración parece importantes el bien del Sevilla. Recuperar el ambiente debe ser una prioridad, porque tenemos que ganar todos los partidos que nos quedan en casa, si queremos aspirar a esa tercera plaza que nos da acceso directo a la fase de grupo de Champions.

La única alegría del fin de semana nos la dio nuestro Sevilla Atlético. Impresionante victoria en Zaragoza, a pesar del árbitro, que hizo todo lo posible para fastidiar a los chavales. ¿O se habría atrevido a pitar lo mismo de haber sido Keylor Navas en lugar de Ondoa?

 

Leicester 2 – Sevilla FC 0. A la Champions no se puede ir de pardillo

Pues se acabó la Champions League para el Sevilla FC, una competición muy exigente y que no perdona a equipos que van de pardillo.

Porque de pardillo es perdonar en la ida a un rival y encajar un gol, más que evitable, en la recta final del partido.

De pardillo es fallar dos penaltis, uno en cada partido, y, además, de la forma cómo se han fallado: tirando flojo y por el centro.

También es de pardillo, teniendo que hacer un gol en Leicester, dejar en el banquillo a Jovetic, que es uno de los jugadores ofensivos de más calidad que tenemos, si no el que más.

De pardillo es no ir a por el partido de ayer desde el principio. La primera ocasión de Nasri fue solo un espejismo. Después el equipo fue a verlas venir, y una vez encajado el primer gol, que nos eliminaba, todo era más complicado. El que marcara primero tenía mucho ganado, y fue el equipo inglés.

De pardillo fue encajar el segundo gol tontamente. Rami, de forma no forzada –pudo despejar a córner o banda–, despejó al centro del área, que es precisamente donde no se debe despejar nunca. No sé en qué estaría pensando un jugador internacional y de la experiencia de Rami, pero Albrighton no desperdició el regalo.

De pardillo fue no sustituir a Nasri en la segunda parte, cuando no estaba aportando absolutamente nada. Ralentizaba el juego, jugaba andando, sin chispa, parecía desganado, estaba desacertado y tenía tarjeta amarilla –absurda tarjeta amarilla–. El Nasri de antes de Navidad merecía ser titular siempre, el de después de Navidad no merece serlo nunca. No sé qué le inyectaron en la famosa clínica, pero parece otro jugador.

De pardillo fue caer en la provocación de Vardy. Nasri podría ser nombrado Pardillo Mayor del Reino por eso. Aunque en realidad no le hizo nada, teniendo ya una tarjeta amarilla, es de tontos siquiera encararse con un jugador que va buscando expulsarle. Con la mala suerte además de que el árbitro de turno no supo, o no quiso, ver que Vardy simuló la agresión.

De pardillo fue, necesitando marcar un gol, quitar a nuestro mejor delantero, que es Ben Yedder. Él y Jovetic deben ser titulares siempre, porque además se complementan bien. Y también habría que haber tenido en cuenta que, por lo visto, Ben Yedder es el único capacitado para transformar un penalti en la plantilla.

De pardillo fue quitar a nuestro mejor central, Mercado, cuando además se estaba incorporando bien al ataque y va bien por alto. Sus compañeros de River Plate le llamaban “El hombre de los goles importantes”. Pienso que era Pareja el que tendría que haber sido sustituido, porque no estaba haciendo un buen partido. Me sorprendió que ni siquiera tirara una falta peligrosa que, en su lugar, acabó lanzando Rami bastante mal.

Igual también es de pardillos considerar, como leía ayer en las redes sociales, que el Leicester es inferior al Sevilla. No sé si es muy acertado considerar inferior a un club que nos supera ampliamente en ingresos y que ha ganado la Premier League, que es el mejor campeonato del mundo, con diferencia. Porque el Leicester no es sólo Vardy y Mahrez, aunque hayan sido ellos, junto con Schmeichel, los que hayan decidido la eliminatoria. Quizás si hubiéramos tenido todos más respeto por el rival, nos habría ido mejor. Y tampoco habría estado mal tener un poco de más suerte, porque el 1-0, obra de Morgan, fue casi sin querer, y los palos han sido un handicap más, en ambos partidos.

Lo que sí tengo claro es que el Sevilla aún tiene mucho que aprender en la máxima competición europea. Y que, desde luego, en la Champions, a estas alturas, no hay lugar para los pardillos.

Espero que podamos volver a disfrutar de esta competición la próxima temporada y que no tropecemos en la misma piedra.

 

 

 

Sevilla FC 1 – Leganés 1. Rotación salvaje y volaron dos puntos más

Me sorprendió ayer Sampaoli con la alineación inicial. No eran de la partida Nasri, Mercado, Pareja –sin convocar–, Escudero, Vitolo –buscó la sanción la jornada anterior– N’Zonzi, Iborra y Ben Yedder. El Sevilla tiene una buena plantilla, pero no puede permitirse el lujo de que falten seis o siete titulares, porque el potencial, lógicamente, se reduce mucho. Habría entendido que rotaran dos o tres jugadores, pero no tantos. Sin duda, el peso del partido del Leicester era demasiado y se ha marcado como prioridad absoluta.

El problema es que la tercera plaza no está aún decidida. Teníamos nueve puntos de ventaja sobre el Atlético de Madrid y ya sólo nos quedan cinco, que podrían reducirse a dos si perdemos en el Calderón la próxima jornada, algo que se puede considerar probable. Tendremos que luchar hasta el final para conseguir esa tercera plaza que, ahora mismo, está disputada por el equipo madrileño, la Real Sociedad y el Sevilla. Y más nos vale llegar al final con cierta holgura, porque en la penúltima jornada hay un Madrid-Sevilla y un Betis-At. de Madrid. Y ya sabemos que es casi imposible que no se den dos resultados negativos para nuestros intereses. En el Bernabéu, por la calidad que tienen y porque allí los árbitros utilizan otro reglamento, y en el Villamarín porque estoy seguro de que nuestros vecinos estarían deseosos de echarnos… no una mano, sino dos, pero al cuello.

Por tanto, los puntos en disputa con el Leganés eran muy importantes, no sólo con vistas a la Liga, sino que tampoco es lo mismo, en cuanto al estado anímico, presentarse en Leicester habiendo ganado ayer que habiendo perdido o empatado.

El partido en sí fue bastante flojo por parte del Sevilla. Los jugadores salieron dormidos, y eso lo aprovechó el Leganés para adelantarse bien pronto en el marcador, al aprovechar varios errores consecutivos del Sevilla.

Siempre es duro que te marquen a las primeras de cambio, pero el lado positivo es que se tiene todo el partido por delante para remontar. Pero para eso, es básico no caer en la precipitación, y ahí el Sevilla caía una y otra vez. Parecía que tenía prisa para empatar, como si estuviéramos en la recta final del partido, y eso llevaba a errores continuos. Uno de esos errores nos pudo costar el 0-2, sólo en el minuto nueve, pero El Zhar tiró fuera.

El Sevilla se veía con muchos problemas para sacar el balón jugado y el centro del campo estaba tomado por el Leganés, cuyos jugadores se hartaron de presionar tanto en la zona media como a nuestros defensas, en la salida del balón. Rara vez conseguía el Sevilla deshacerse de la presión, y cuando lo hacía, el Leganés se replegaba rápido o cortaba la jugada haciendo faltas que no eran penalizadas con tarjetas.

Así las cosas, el Sevilla tuvo muy pocas ocasiones. Franco Vázquez consiguió marcar, pero fue erróneamente anulado por el linier, si bien es cierto que era difícil de ver, ya que Vázquez estaba en línea. Es el típico fuera de juego que a otros equipos, los de siempre, no se lo señalan, porque, en caso de duda, hay que dejar jugar. La mala suerte es que los linieres que nos tocan tienen vista de lince.

El gol que sí subiría al marcador, el empate a uno, llegó al final del primer tiempo. Franco Vázquez asistió a Jovetic para dejare solo ante Herrerín, y el montenegrino se deshizo del portero con estilo, marcando a puerta vacía.

Al inicio del segundo tiempo se vio otro Sevilla, con más intensidad y que llegaba con claridad al área visitante, pero fue sólo un espejismo que duró pocos minutos. A pesar de que entraron N’Zonzi e Iborra, se seguían cometiendo muchísimos errores en la zona media. Algunos de ellos provocaron contragolpes que no acabaron en gol de forma milagrosa. Menos mal que enfrente estaba el Leganés y no el Barcelona, porque nos habría caído una goleada de escándalo.

Para ser sincero, pienso que el Sevilla ayer ganó un punto, porque el Leganés tuvo más y mejores ocasiones, como la volea que falló Guerrero, que pudo fusilar a placer a Sergio Rico, pero que tiró desviado.

Pocos jugadores se salvan del partido de ayer. Jovetic y Rami quizás fueran los más acertados. Me pareció alarmante la falta de concentración de algunos jugadores, como en la última jugada del partido, donde Sarabia hizo una falta innecesaria dando una última opción al Leganés para ganar el partido.

No entendí que entrara Vietto, a no ser que Sampaoli estuviera pensando en reservar a Ben Yedder para Leicester. Sé que el argentino es un buen jugador, porque me acuerdo que hacía goles como churros en el Villarreal, pero ayer volvió a estar muy desacertado.

El Sevilla volvió a tener problemas con un equipo de la zona baja, y no creo que eso sea casualidad. Yo creo que es porque, consciente o inconscientemente, los jugadores y la afición, consideran que equipos como el Leganés son muy inferiores al Sevilla y que lo normal es que le goleen. Y eso no es así, ni mucho menos. Son inferiores, sí, pero son de Primera y tienen calidad suficiente como para amargarnos un partido. Ya nos lo pusieron muy complicado en el partido de la primera vuelta, donde sólo ganamos al final, con un golazo de Sarabia. Y sin ir más lejos, este mismo Leganés pudo empatar en el Camp Nou hace unas  jornadas, de no haber sido por un penalti inexistente, en el descuento, que transformó Messi. Si respetáramos más a nuestros rivales, por parte de todos –jugadores, técnicos y afición–, nos iría mucho mejor.

Y otro elemento importante que hay que intentar solucionar es el ambiente que hay en el Ramón Sánchez Pizjuán. El Sevilla ha perdido gran parte de su fuerza, que era la animación en el estadio, ese ambiente casi inigualable que daba muchos puntos. Ayer se oía perfectamente a los aficionados del Leganés, y eso no debe volver a ocurrir. El problema, visto desde fuera, parece difícil o imposible de resolver, pero hay que intentarlo, porque, si no, volarán más puntos de nuestro estadio.

Y ahora sí, ahora ya sólo queda pensar en el Leicester, donde nos jugamos seguir en Champions, es decir, mucho dinero y prestigio. Espero que los jugadores estén a la altura de las circunstancias y lo den todo, porque ésa es la única forma de conseguir éxitos.

Emery, otro que divide al sevillismo

Viendo en las redes sociales los comentarios de los aficionados sevillistas tras la abultadísima derrota del Paris Saint Germain de Emery, puede decirse que el de Hondarribia, al igual que Sergio Ramos, tiene dividido al sevillismo. Bueno, en realidad, el camero ya se ha ocupado él solito de acabar con esa división, con sus actos y declaraciones.

Me llamó la atención el comentario de un periodista, diciendo que no entendía que el sevillismo se alegrara del fracaso de Emery, habiendo conseguido los éxitos que consiguió con el Sevilla. Y es cierto, Emery logró traer títulos y clasificaciones europeas en Liga, pero no es menos cierto que no cumplió su palabra. Dijo que continuaría en el Sevilla, pero a la hora de la verdad, no lo pensó mucho cuando aparecieron los petrodólares del jeque del PSG. Simplemente, dijo que era una oportunidad que no podía dejar pasar. Es evidente que, si quería ganar más dinero y tener más posibilidades de ganar títulos, como una Liga o una Champions, es más fácil de conseguir en el PSG que en el Sevilla.

Hasta ahí, puede entenderse la actitud de Emery. Todo el mundo quiere mejorar, laboral y económicamente. Lo que no puede entenderse es que, como he dicho antes, falte a su palabra, con la planificación ya avanzada, y, para colmo, aprovechándose de esos conocimientos de la planificación, fiche a un objetivo del Sevilla, como Ben Arfa. Tampoco se puede olvidar que se llevó a Krychowiak y que intentó también fichar, cuando ya expiraba el plazo para fichar, a Rami, aunque el francés le dio calabazas. Tampoco tuvo el detalle de despedirse en rueda de prensa, como le ofreció el club y como merecía un entrenador que había traído títulos. Pensaría Emery que ya que se iba por la puerta de atrás, ya de paso la cerraba.

Así que entiendo perfectamente que haya sevillistas que tengan en estima a Emery, por sus éxitos, y también entiendo a los que no lo pueden ni ver. Por mi parte, hay sólo indiferencia. Ya no es entrenador del Sevilla y, la verdad, no le echo de menos. Conseguía resultados pero también me desesperaba, a veces, cuando trataba injustamente a un jugador –Iago Aspas–, hacía un planteamiento de partido cobarde, o retrasaba y retrasaba los cambios, o no los hacía.

Precisamente, ayer vimos una muestra de lo cobardica que puede ser Emery. Para ser honestos, hay que reconocer que nuestro exentrenador no sólo perdió la eliminatoria por un erróneo planteamiento, sino por varios motivos que se concatenaron para que, lo que se presuponía una noche feliz para sus intereses, se convirtiera en una pesadilla que, a  buen seguro, traerá consecuencias para su futuro como entrenador, sobre todo, teniendo en cuenta que ni siquiera es el líder de la Liga francesa, título que sí logró, con muchos puntos de diferencia, su antecesor en el cargo, Laurent Blanc.

A mi modo de ver, estos motivos fueron cuatro, y el mal planteamiento no fue el principal:

1.-  Planteamiento cobarde. No es de recibo que con una ventaja de cuatro goles, y teniendo un verdadero equipazo, saltes al campo con miedo. Sólo así puede explicarse lo excesivamente atrasada que estaba la defensa. Como el PSG estaba tan atrasado y con las líneas tan juntas, cualquier balón que caía rechazado al centro del campo, caía en poder de los jugadores del Barcelona. Y, además, al PSG le costaba un mundo llegar a la portería contraria, porque siempre recuperaban el balón a mucha distancia y casi nunca superaron la fuerte presión del Barcelona. El resultado es que el dominio del Barcelona fue abrumador y las ocasiones se sucedían, porque además, el PSG defendía con poco orden. Prueba de ello es el primer gol, en el minuto 3 –lo peor que te puede pasar en un partido así, que te marquen en los primeros minutos–, donde un defensa rompe la línea defensiva de manera incomprensible.

2.- Mala suerte. La Diosa Fortuna es fundamental en fútbol. Si te da la espalda, lo tienes complicado. Cavani tiró al poste antes de que el mismo jugador marcara el único gol del PSG. Tampoco puede decirse que la suerte acompañara a Emery cuando dos jugadores que pueden considerarse de los mejores del mundo, como Cavani y Di Maria, fallan un mano a mano con el portero, pudiendo lograr un segundo gol que habría sentenciado el partido.

Pero el remate fue el segundo gol del Barcelona, en propia meta de Kurzawa, donde previamente otro defensa se deja robar la cartera. Un gol absurdo, a no poder más.

3.- El nefasto arbitraje del alemán Deniz Aytekin. El arbitraje fue decisivo. Ninguno de los dos penaltis pitados al Barcelona lo fueron. Sin embargo, pudo señalar dos penaltis a Mascherano y no lo hizo. El primero, por unas manos, y el segundo por zancadillear a Di Maria cuando se quedaba solo ante el portero. Incluso Mascherano ha reconocido que fue falta. Podría haber visto incluso la tarjeta roja por esa jugada.

También añadió cinco minutos de descuento. Me pareció desproporcionado ese tiempo añadido.

4.- Exceso de confianza. Este es, a mi juicio, el motivo principal de la derrota. Una vez que Cavani marca el 3-1, se aprecia un exceso de confianza en los jugadores parisinos. Dan por imposible que el Barcelona pueda hacer tres goles, a pesar de la calidad de los azulgrana y de quedar aún media hora de partido –33 con el descuento–, y bajan el pistón. Empiezan a triangular con más confianza, pero arriesgando innecesariamente la posesión en la salida del balón y en zonas cercanas al área. También creo que Trapp puede hacer más en el gol de Neymar de falta. Ni siquiera se tira. Quedaban sólo tres minutos y, probablemente, el guardameta pensaría que era imposible que el Barcelona marcara dos goles más. Pero él no contaba con que no eran tres, sino ocho minutos, con el descuento, y que, además, el árbitro regalaría un segundo penalti poco después.

Al final, se dieron un cúmulo de circunstancias que hicieron posible lo que, a priori, era imposible. Si sólo una de esas cuatro circunstancias no se hubieran producido, estoy seguro de que el PSG se habría clasificado. Fue un buen partido. Fue un partido que todo el mundo recordará, pero, sobre todo, los que no lo olvidarán nunca serán los jugadores del PSG y, por supuesto, Unai Emery.

 

 

 

Alavés 1 – Sevilla FC 1. El Sevilla gana un punto que no mereció

Pobre partido el que hizo ayer el Sevilla en Mendizorroza. Estaba obligado a ganar, ya que lo habían hecho todos sus perseguidores, pero los de Sampaoli saltaron al césped con una actitud que dista bastante de la que debe tener un equipo ganador.

La primera parte, no obstante, tuvo un pase. Apenas se crearon ocasiones de gol, pero el partido en defensa fue bastante serio y se supo aprovechar la primera clara que llegó. El gol fue obra de Ben Yedder –para mí debe ser titularísimo–, a pase de Sarabia –otro de los imprescindibles–, que ya lleva una barbaridad de asistencias.

Sin embargo, la segunda parte no hubo por dónde cogerla. El Sevilla perdonó, pues tuvo ocasiones para lograr el segundo gol. Una de Ben Yedder, a pase, otra vez, de Sarabia y otra de Iborra. El perdonar al rival siempre es señal de mal augurio. Pero el principal problema es que después el equipo empezó a tontear, a perder con mucha facilidad la posesión, arriesgando balones innecesariamente, fallando multitud de pases, y lo peor de todo, a no disputar el balón con la intensidad que requiere un partido de Primera División… Y claro, las ocasiones por parte del Alavés se sucedían, más por las facilidades que daban los jugadores sevillistas que por méritos de los jugadores del Alavés.

Esperaba la reacción de Sampaoli, que seguía manteniendo a Vitolo y a Iborra, a pesar del pésimo partido de ambos, y seguía teniendo a Jovetic, un lujo, en el banquillo. Pero no fue hasta el minuto 74, en la recta final de partido, cuando se realizó el primer cambio, el de Mariano por Vitolo, que forzó la amarilla justo antes de irse. Los otros cambios fueron más tarde aún: Correa en el 82 y Jovetic –casi testimonial– en el 84.

Y como no podía ser de otra forma, pasó lo del cántaro. En una de las internadas por la banda, aparentemente sin demasiado peligro, llegó el gol. Me dio la impresión que Kranevitter hace por ir a por el balón –tendría que haber despejado él, pero se notó que no era un central– pero se arrepiente, y eso sorprende a Sergio Rico, que se encuentra un balón fuerte y varios jugadores que se cruzan en su camino, dificultando la parada, hasta el punto que se le escapa el balón. Es cierto que Sergio Rico no estuvo acertado en esa acción, pero después evitó la derrota con dos paradones increíbles: sacando un balón de la escuadra, a saque de falta, y un mano a mano con Deyverson.

Inmediatamente después, el Sevilla pudo marcar el segundo, pero Iborra, con todo a favor, disparó alto. No fue un buen partido del valenciano, pero siempre lo intentó, y, después de todo, ha salvado los muebles en los dos últimos encuentros.

Puede decirse que el Sevilla tiró un partido que tenía encarrilado. Y lo más preocupante es que fue superado por un equipo inferior, simplemente por poner más intensidad, garra o huevos, como se prefiera.

En cualquier caso, el punto sabe a gloria, porque la segunda parte que hizo el Sevilla fue tan nefasta que lo más normal es que hubiera perdido el partido. En la segunda parte, la fuente podría haber estado llena de cántaros rotos, pero sólo apareció uno.

El próximo partido es ante el Leganés. Lo más peligroso es que es inevitable que los jugadores y Sampaoli no tengan al Leicester en la cabeza. Tres puntos, de nuevo, fundamentales.