La esencia del fútbol

En estos días no para de hablarse en los medios de comunicación de la posibilidad de que la Liga se apunte al uso de la tecnología para ayudar a los árbitros, como ya han hecho las principales ligas del mundo. Por supuesto, todo ha saltado porque el perjudicado ha sido uno de los clubes poderosos, concretamente el Barcelona. Si llega a ser el Deportivo Alavés, por poner un ejemplo, el hecho de que un jugador saque un balón de la portería cuando ya había traspasado un metro la línea de gol, se hubiera quedado casi en una simpática anécdota.

Verdaderamente, es muy llamativo que el asistente no se percatara del clamoroso gol. Es más, yo diría que ni siquiera tiene excusa el árbitro principal. No sé qué estarían mirando, pero, desde luego, a la portería creo que no. El jugador del Betis, aparte de hacer un más que posible penalti un par de segundos antes, está casi en su totalidad dentro en la portería, de tal manera que apenas asoma parte de un brazo.

Es evidente que si se hubiera utilizado la tecnología llamada “Ojo de halcón”, que ya se lleva utilizando, exitosamente, bastante tiempo en el tenis, el gol no habría subido al marcador.

Incomprensiblemente, hay muchos profesionales del fútbol que están en contra del uso de la tecnología. Escuché decir a Enrique Cerezo, el hombre de paja que preside el Atlético de Madrid, que, de utilizarse, “se perdería la esencia del fútbol”. Y a mí esa opinión me parece una verdadera pamplina. Porque la esencia del fútbol no es la polémica, no son las discusiones. La esencia del fútbol es el espectáculo, es el gol, que es precisamente lo que se birló a los espectadores del Betis-Barcelona.

La esencia del fútbol también es el deporte. Entiendo perfectamente que, detrás de tantas estrellas repeinadas, tanto presupuesto multimillonario, tantos fichajes de relumbrón y tanta saturación de información por parte de los medios de comunicación, haya quien no se dé cuenta de que el fútbol no es sólo un gran negocio, sino también, en su esencia, un deporte. Y en el deporte debe ganar el que más se esfuerce, el mejor, y no el que sea más beneficiado por los errores arbitrales. El deporte es una magnífica forma de enseñar los valores que lo sustentan y que, cada día, son más escasos en la sociedad, como:

Excelencia: Significa dar lo mejor de sí mismo, en el terreno de juego o en el campo profesional. No se trata de ganar –obviamente, en el deporte profesional, sí–, sino de participar, progresar en los objetivos personales, esforzarse por dar lo mejor de uno mismo en la vida diaria y beneficiarse de la saludable combinación de un cuerpo, una mente y una voluntad fuertes.

Amistad: Este valor nos incita a considerar el deporte como una herramienta para lograr un entendimiento mutuo entre las personas y los pueblos de todo el mundo, para superar las diferencias políticas, económicas, de género, raciales y religiosas y para entablar amistades a pesar de dichas diferencias.

Respeto: Hace referencia al respeto a uno mismo y a su cuerpo, a los demás, a las normas, al deporte y al ambiente. El respeto implica el juego limpio y la lucha contra el dopaje o contra cualquier otro comportamiento no ético.

Sólo por promover el juego limpio –o fair play, como lo llama la FIFA en su campaña–, ya me parece una obligación el uso de la tecnología, pero tampoco se puede olvidar que en el fútbol profesional es fundamental la buena salud económica, y una mala decisión arbitral puede provocar que un club pierda o gane un título o la categoría, es decir, mucho dinero y prestigio.

Los detractores también alegan que el uso de la tecnología conllevaría constantes parones en el juego, pero eso no debe de ser necesariamente así. Yo entiendo que sólo se recurriría a ella en el caso de decisiones importantes que pueden variar el signo del partido, como expulsiones, penaltis, algunos fueras de juego… También puede estudiarse la posibilidad de que cada equipo pueda solicitar al juez de video o al operador que controle el sistema, que actúe un determinado número de veces. Por ejemplo, dos veces cada 45 minutos.

Es decir, pueden arbitrarse medidas para que el juego no sufra muchas interrupciones. En cualquier caso, en el rugby ya se está utilizando el juez de vídeo para arbitrar partidos, y el árbitro principal detiene las veces que haga falta el partido, y, en mi opinión, no se pierde atractivo. Más bien, al contrario, ya que los jugadores no protestan y, prácticamente, desaparecen las jugadas antideportivas, como simulaciones o agresiones, porque saben que no tienen escapatoria y que su infracción no saldrá impune.

De todas formas, de implantarse el uso del vídeo, en caso de duda también se seguiría beneficiando a los de siempre, aunque no sería de forma tan continua y descarada como puede verse en el siguiente vídeo –realizado por un tal “3FLNQE”, con el que finalizo el post. Yo estuve tentado de hacer, a final de temporada, un post con los “errores” favoreciendo al Madrid, pero abandoné hace tiempo, en la jornada 10, por ser una tarea demasiado trabajosa. El vídeo es difícil de ver entero, porque es algo extenso, pero, sobre todo, porque es muy indignante. Sorprende la prepotencia de la que hacen gala los jugadores del Madrid y la permisividad que reciben por parte del árbitro de turno.

https://www.youtube.com/watch?v=jb6J72mO_kc

 

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