No es de extrañar que el Sevilla aún no haya ganado fuera de casa

Tras 14 partidos disputados lejos del Ramón Sánchez Pizjuán, el Sevilla sigue sin ganar. El balance es pobrísimo: 9 empates, 5 derrotas, 10 goles a favor y 17 goles en contra. En mi opinión, esto tiene una explicación y un responsable principal, aunque no el único: Unai Emery. Evidentemente, también es el responsable de la magnífica racha del Sevilla en casa. Pero ésa es otra historia.

Desde mi punto de vista, no es de extrañar que el Sevilla lleve tanto tiempo sin ganar, si tenemos en cuenta que nuestro entrenador se dedica refrescar a los mejores jugadores, e incluso a experimentar, cuando tenemos que jugar fuera de casa.

Cuando estábamos en Champions, por ejemplo, siempre dejaba en el banquillo a Banega, y ya sabemos lo que ocurre cuando no está el argentino. Pero es que en el último partido, ante el Getafe, puso de inicio a Carriço y a Diogo en el centro del campo. Yo no digo que no haga rotaciones, pero sí creo que éstas no deberían ser “salvajes”, buscando que el once inicial pierda el menos potencial posible. ¿Por qué Luis Enrique nunca da descanso a Messi, o Simeone a Griezmann y Godín, y Emery reserva, por ejemplo, a Banega o a Gameiro?

Por cierto, cuando Emery pone a Carriço en el centro del campo, ya es que consigue cabrearme hasta antes de empezar el partido. ¿Cuántas veces tendrá que jugar el portugués ahí para que Emery se dé cuenta de que es un lastre para el equipo? Carriço es un gran central y un mal centrocampista. Pienso que está más que demostrado. Pero lo peor es que prefiere situar a Carriço, un central, teniendo disponibles a Krohn-Delhi, Iborra y Cristóforo, que son centrocampistas.

Esperaba que teniendo cinco días de descanso antes del partido de Europa League, y habiendo declarado Emery que el partido era “una pequeña final”, ante el Getafe pondría el equipo de gala. Pues no, el señor Emery no fue congruente con sus palabras y volvió a sacar una alineación con sorpresas, por lo que no debe de extrañar que incluso el Getafe nos superara en muchas fases del encuentro y que pudiera ganar el partido.

Otro aspecto que me mosquea de Emery es la falta de reacción de la que hace gala. Ve por ejemplo, que el Rayo se sube a las barbas y, hasta que no logra empatar, no reacciona. Es decir, o no reacciona o lo hace tarde. En muchas ocasiones se ha tirado el primer tiempo a la basura y buena parte de la segunda mitad. Por la cara de Emery (como cuando las vacas ven pasar el tren) se entiende que lo que está viendo no le gusta, pero, sorprendentemente, no toma decisiones para cambiar lo que se presagia que puede acabar mal.

Por supuesto, como he dicho antes, en esta bochornosa situación de no ganar ni un solo partido fuera, Emery no es el único responsable. También tiene mucha culpa los jugadores. Sencillamente, no pueden saltar al terreno de juego mostrando desgana. Lo mínimo que deben hacer es correr tanto como el rival, aunque sólo sea por respeto a la afición.

También llama poderosamente la atención los errores tan graves que cometemos en las dos áreas. No se pueden permitir los errores defensivos de, por ejemplo, Vallecas. Es necesario un poquito de intensidad y no dejar centrar al área con tanta facilidad. Y en cuanto al ataque, no nos podemos pertimir el lujo de fallar, una y otra vez, goles cantados, como el que tuvo Vitolo en Getafe, Iborra en Vallecas, o Gameiro en Málaga o en el Benito Villamarín –en dos ocasiones–. Muchas veces nos han ganado prácticamente sin hacer nada, con el mínimo esfuerzo, limitándose a aprovechar nuestros errores infantiles. Sin ir más lejos, en el último partido contra el Getafe, me ha sorprendido desagradablemente el poco oficio del Sevilla para mantener el 0-1 durante los 10-15 minutos que restaban para el final. Cuando vi a Coke pegar un patadón más propio de rugby que de fútbol, comprendí que lo íbamos a pasar muy mal. En lugar de adelantar líneas, presionar y aprovecharnos de la desesperación del rival, triangulando con tranquilidad, a la espera de sentenciar a la contra… nos encerramos atrás, con las líneas demasiado juntas, y con más miedo que once viejas. Y, de nuevo, al igual que en Vallecas, tuvimos que dar el punto por bueno, porque nuestro rival estuvo más cerca de ganar en los minutos finales que nosotros.

Y por último, tampoco podemos olvidar a los árbitros, que parecen que nos han perdido el respeto definitivamente. A veces, expulsándonos jugadores erróneamente –como la de Rami en Vigo–, a veces no viendo jugadas decisivas –como el agarrón a Gameiro que habría supuesto el tercer gol y la expulsión de un jugador rayista en Vallecas–, y otra veces, mostrando una vara de medir distinta a la hora de amonestar jugadores.

Si unimos todo, la verdad es que no extraña que no ganemos nunca fuera. Y, desde luego, tengo clarísimo que no lo haremos hasta que Emery y los jugadores se tomen en serio los partidos que disputamos como foráneos.

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