Archivo mensual: febrero 2016

Molde 1 – Sevilla FC 0. A octavos de final, pero con derrota dulce

Derrota insignificante, pero derrota al fin y al cabo, ante un equipo que no es de primera fila, pero que, en mi opinión, tampoco es tan malo como lo pintaba nuestro exjugador Frode Olsen.

La derrota llegó de la forma a la que nos tiene acostumbrado nuestro equipo fuera de casa durante esta temporada: fallos importantes atrás y nulidad en ataque, aunque también es verdad que la suerte no estuvo de nuestra parte, ya que el Sevilla se encontró dos veces con los palos y el defensa Flo sacó un balón en la misma línea de gol, con el portero ya batido.

Un gol nuestro habría finiquitado la eliminatoria, pero el Sevilla se encargó de darle emoción concediendo un gol, más que evitable, al filo del descanso, como ocurrió en Vallecas hace unos días. Un mal despeje de Fazio, en corto y al centro, provocó que Hestad quedara en posición inmejorable para batir a David Soria.

A la incertidumbre del resultado se sumó la de la adaptación al terreno de juego, ya que al inicio del segundo tiempo empezó a caer aguanieve, y en césped artificial… Los noruegos se movían como peces en el agua, porque estaban más que acostumbrados, pero era una incógnita el saber cómo se desenvolverían nuestros jugadores.  Por suerte, no se pasaron muchos apuros por este aspecto.

En líneas generales, nuestros jugadores no estuvieron muy acertados. Fazio, en su línea, daba inseguridad atrás. También David Soria tuvo dos o tres fallos importantes que, por suerte, no acabaron en gol. Y Llorente y Konoplyanka no aportaron apenas nada. Ambos tienen que dar muchísimo más, en todos los aspectos, para justificar sus elevadas fichas.

Mención aparte merece la pesada broma de Emery de situar a Carriço como mediocentro. Está más que demostrado que ahí el portugués no rinde y que es un lastre para la circulación del balón. Pero seguro que Emery seguirá erre que erre y lo volverá a poner en esa posición. Para colmo vio una tarjeta amarilla, que espero que no tenga consecuencias para próximas eliminatorias o incluso una posible final.

El equipo mejoró bastante con la entrada de Krohn-Delhi y Kevin Gameiro, pero siguió sin encontrar ese gol necesario para rematar la eliminatoria. Sin embargo, se llegó sin excesivos apuros al final del partido y el Sevilla estará en el sorteo de hoy, a las 13 horas, donde se encontrará con los siguientes rivales:

Valencia, Tottenham, Borussia Dortmund, Fenerbahçe, Anderlecht, Manchester United, Liverpool, Spartak de Praga, Lazio, Braga, Shakhtar, Athletic, Bayern Leverkusen, Villarreal y Basilea.

En mi opinión, el rival más fuerte es el Borussia Dormund, y después el Bayern Leverkusen. Mis preferencias son, por este orden, Spartak de Praga, Anderlecht, Braga y Fenerbahçe. No me gustarían equipos españoles, porque entonces ni parece Europa League ni nada.

Pero está claro que ya, a estas alturas, no quedan rivales fáciles.

 

 

Rayo Vallecano 2 – Sevilla FC 2. Un punto que se puede dar por bueno, aunque debieron ser tres.

Cuando un partido se pone 0-2 a los 20 minutos de juego, muchos pueden pensar que el partido está poco menos que sentenciado y que la victoria no puede o debe escaparse. Pero los partidos duran noventa minutos, no veinte, y si no se hacen las cosas bien, por supuesto que se puede perder esa ventaja, o incluso el partido. Ya con el empate, llegó un momento donde el Sevilla flaqueaba en defensa, reinando la inseguridad que transmitían Fazio y Sergio Rico, y donde me pareció más probable que el equipo local marcara el 3-2 en un contragolpe –a punto estuvo de conseguirlo Bebé– a que el Sevilla fuera capaz, por fin, de hacer el 2-3. Es por ese motivo por el que doy por bueno el punto, aunque, por supuesto, con vistas a la clasificación para la Europa League. Es absurdo pensar en la Champions League cuando se es incapaz de ganar un partido fuera de casa y cuando, además, el Villarreal sigue igual de firme que al principio de temporada.

El partido, a partir de los 25 primeros minutos, empezó a parecerse sospechosamente al tipo de partido al que nos tiene acostumbrado el Sevilla cuando se aleja de nuestro estadio.

Cuando Iborra, completamente solo, estrelló el balón en el poste, en lo que podría haber sido el 0-3, intenté convencerme de que no pasaría lo de siempre y que conseguiríamos la victoria. Más tarde, cuando Paco Jémez hizo dos cambios a la desesperada, creí que era un suicidio y que acabaríamos goleando. Hasta que llegó el primer gol del Rayo, que además llegó en un momento muy inoportuno, a pocos minutos del final de la primera parte.

El gol llegó tras un triple fallo. Primero, se deja centrar al área sin apenas oposición. En segundo lugar, Fazio no marca la línea del fuera de juego y, además, no hace nada por ir a por el balón, posiblemente, sin saber que a su espalda estaba Manucho y creyendo que Sergio Rico atraparía el balón. Y el fallo más grave de todos, el de Sergio Rico, que llega tarde a un balón que es centrado al área pequeña. Un despropósito.

Ese gol abría un nuevo partido y, desde mi punto de vista, requería acciones desde el banquillo. Esperaba, iluso de mí, que Emery daría entrada a Carriço y Banega, para dar fortaleza en defensa y potenciar el contragolpe y el balón parado. Y no fue hasta el minuto 66, cinco minutos después de haber logrado el empate el Rayo, cuando entraron estos jugadores. Pero Carriço entró por Cristóforo, y no por Fazio, para jugar en el centro del campo. Pienso que los cambios llegaron tarde. El último de ellos fue el de Konoplyanka por Vitolo, que se fue lesionado en los isquiotibiales. Esperemos que no sea nada importante, porque es una zona delicada y Vitolo está ahora en buena forma.

El segundo gol del Rayo fue parecido al primero: Trémoulinas deja centrar a Bebé –interesante este jugador de 25 años, cedido por el Benfica–, Fazio no se digna tirarse a por un balón que me pareció que estaba a su alcance, y Miku le gana la partida a Rami y a Sergio Rico, que no son capaces de evitar un nuevo remate en el área pequeña.

Del partido de ayer me preocuparon los fallos de Fazio –este no tiene solución– y, sobre todo, de Sergio Rico. Un portero que dé seguridad es fundamental y ayer estuvo excesivamente fallón. El primer gol es achacable, en su mayor parte, a él. También despejó de puños cuando podía haber cogido el balón, y pudimos encajar un gol en esa jugada donde parecía que estaba persiguiendo un conejo, en vez del balón. Pecó hasta de pardillo, cuando tiró el balón fuera, en el descuento, para que atendieran a  Jozabez, a pesar de que éste decidió tirarse a un metro de la línea de fondo, para que le atendieran.

Un nuevo empate, que nos aleja más de la Champions. Era fundamental ganar porque el próximo partido es en el Camp Nou, y ya sabemos lo que suele pasar allí. Desde mi punto de vista, si queremos ganar fuera de casa, debemos de poner a los mejores, y eso incluye a Banega y, sobre todo, al dúo Carriço-Rami. Mantener la puerta a cero es mucho más fácil con ellos sobre el césped.

No podemos olvidar tampoco al árbitro, que se tragó una falta sobre Gameiro que habría supuesto penalti y expulsión, y que habría decidido el partido. Pero a esto también estamos acostumbrados.

Siendo positivos, aún queda tiempo, pero tenemos que hacer un final de liga espectacular. Siendo negativos, se ve complicado que logremos algo que no hemos sido capaces de conseguir hasta ahora, cuando se llevan veinticinco jornadas disputadas.

Sevilla FC 3 – Molde 0. Llorente y Gameiro despejan el camino a octavos de final

Partido cómodo para el Sevilla FC, que superó en todo momento a un débil Molde. Aunque, a decir verdad, y teniendo en cuenta las palabras de Frode Olsen, esperaba a un equipo bastante peor, pues el Molde, en la primera parte, estuvo ordenado y tuvo alguna ocasión para adelantarse en el marcador.

No obstante, el Sevilla demostró ser muy superior al equipo noruego, pero hasta el minuto 35 no llegó el primero, obra, por fin, de Fernando Llorente. Gol que, por cierto, debió ser anulado. Había fuera de juego, aunque muy difícil de ver, porque era sólo por centímetros y en una jugada rápida.

Si en la primera parte el Sevilla tuvo problemas para romper la defensa del Molde, que dejaba muy pocos espacios entre líneas, en la segunda el panorama cambió, y se sucedieron las ocasiones de gol. Así, el 2-0 llegó muy pronto, sólo a los tres minutos de la reanudación, obra también de Fernando Llorente, al que le hacía falta, como el comer, marcar goles para coger confianza. En esta ocasión cruzó el balón muy bien, aprovechando el magnífico pase de Coke, quien hizo uno de los mejores partidos que yo le recuerdo.

El goleador tuvo que dejar su puesto a Gameiro, por tener molestias musculares, y, por supuesto, el francés aprovechó la ocasión para marcar el definitivo 3-0. Lástima que desaprovechara un mano a mano con el portero para lograr su segundo gol particular, pero es de esperar que tres goles de ventaja sean más que suficiente.

En general, todo el equipo estuvo a gran altura, exceptuando a Ever Banega, que estuvo fallón en el pase y demasiado individualista, regateando en exceso y perdiendo más balones de los que debiera. No sé si es porque le están mareando con ofertas y sólo piensa en si renovar o no, pero lo cierto es que su rendimiento ha bajado notablemente en los últimos partidos. A pesar de eso, tiene tanta calidad que, aún así, es un jugador fundamental y, con poco que haga, puede decidir partidos, como en el último partido de liga, ante Las Palmas.

El árbitro, el lituano Gediminas Mazeika, no me gustó. Parecía de la misma escuela que Mateu Lahoz. Dejó seguir el juego en exceso y perdonó alguna que otra tarjeta amarilla a los jugadores noruegos, que se emplearon con bastante dureza en algunas ocasiones. Su delantero Diouf hizo méritos, de sobra, para ser expulsado, al menos, en un par de ocasiones.

Muy mal partido tendría que hacer el Sevilla en el partido de vuelta para que no se encuentre en el bombo del sorteo de octavos de final, pues el 3-0 y, sobre todo, la diferencia de nivel entre los dos equipos, dejan la eliminatoria prácticamente sentenciada.

 

 

 

 

Sevilla FC 2 – Las Palmas 0. Victoria con la ley del mínimo esfuerzo

Mal partido el que nos ofreció el Sevilla en el día de ayer. Entiendo que es difícil jugar fútbol a las cuatro de la tarde, como también se hace pesado ir al estadio a esa hora. Pero más pesado es aún si sobre el césped hay poca intensidad y se sestea –aunque era la hora para eso–. Para colmo, el día fue escocés: ahora sol, dentro de cinco minutos viento y lluvia, y a los cinco minutos, otra vez sol.

Se puso la tarde para que  Las Palmas nos diera un disgusto, porque a la desgana sevillista se unió un buen planteamiento del rival, que se encerraba bien y salía con velocidad y peligro al contragolpe. En una de esas llegó el mayor susto: un disparo al poste de Jonathan Viera, el amigo de Vitolo y, posiblemente, el jugador canario de más calidad, junto con el argentino Araujo, que, sorprendentemente, se ha hecho un habitual del banquillo.

Se llegó al descanso sin apenas haber creado el Sevilla ocasiones de gol. En la segunda parte, esperaba los cambios como agua de mayo, pero estos no llegaron casi hasta el cuarto de hora. Emery se decidió a cambiar lo que fallaba: las bandas, puesto que no era el día de Reyes y Konoplianka. Ambos estaban nulos en ataque y defensa.

Fue dar entrada a Vitolo y Krohn-Delhi y cambiar el partido. Pronto llegó el gol de Banega. Un golazo más bien, de disparo fuerte y colocado. El argentino estuvo fatal durante todo el partido, pero volvió a demostrar, en la jugada del gol, que es un jugador de primer nivel.

No habían pasado ni cinco minutos cuando una sensacional jugada entre Khron-Delhi, Vitolo y Gameiro acabó en el 2-0, prácticamente sentenciando el partido.

Entre medio de los dos goles, tuvo suerte el Sevilla de que el árbitro no viera una mano de Cristóforo dentro del área, que iba a puerta y que podría haber sido gol. Podría haber supuesto el empate a uno. Menos mal que no fue así y el final del partido fue tranquilo.

Tres puntos conseguidos en un mal partido. Pero los buenos equipos también ganan jugando mal, y el Sevilla ahora mismo está en ese nivel.

Ahora a cambiar el chip y a pensar en el Molde. Volvemos a Europa, a nuestro competición favorita.

 

Celta 2 – Sevilla FC 2. Dos nuevas finales para el Sevilla FC

Otra final más de la década prodigiosa, la número trece, y la catorce podría ser la Supercopa de España, pues casi con toda seguridad el Barcelona será el campeón de Liga. Aunque yo espero que antes juguemos la final de la Europa League. Por ser positivos, que no quede.

El Sevilla comenzó muy serio, con orden, tocando el balón y sin precipitarse. En la primera parte, llegó a tener tres ocasiones claras de gol, siendo la más clara el cabezazo al poste de Carriço. A los 35 minutos llegó primer gol celtiña, obra de Iago Aspas y que daba un halo de esperanza a nuestro rival.

No obstante, la eliminatoria estuvo controlada en todo momento, aunque con el 2-0 llegó algo de intranquilidad, porque un tercer gol podría ponernos en apuros. Pero Banega sentenció, o resentenció, la eliminatoria sólo dos minutos después, definiendo con mucha clase. El argentino se marcó un partidazo, aunque en ocasiones llega a desesperar por su individualismo.

Inmediatamente después el Celta dispuso de un penalti que yo creo que no fue. Es más, creía que el mal árbitro que es Martínez Munuera iba a enseñar tarjeta amarilla a Guidetti por el piscinazo, pero, para mi sorpresa y la de Sergio Rico, señaló el punto de penalti. De hecho, Guidetti también creyó que le iban a enseñar amarilla y se levantó como un rayo para seguir la jugada y evitar la sanción. Además, físicamente es imposible que una entrada a ras de suelo, como era la de Sergio Rico, provoque que el delantero salga disparado hacia arriba.

Por fortuna, esta jugada no tuvo consecuencias, puesto que Sergio Rico sólo vio amarilla y Guidetti estrelló el balón en el poste. Peor aún fue el otro error grave del árbitro: la tarjeta amarilla que le mostró a N’zonzi, en el minuto 88 y que le impedirá jugar la final. Desde mi punto de vista, no fue ni falta, pero, si lo era, en ningún caso merecería tarjeta. No contento con eso, Martínez Munuera, una vez finalizado el partido, le enseñó la segunda amarilla y lo expulsó, supuestamente, por protestar. Por un lado, ya hay que ser miserable para expulsar a un jugador por eso, pero por otro lado, N’Zonzi ya se debería de haber dado cuenta de que los árbitros españoles no tienen absolutamente nada que ver con los ingleses. Aquí son más chulos que un ocho y no suelen tener respeto por los jugadores. Bueno, más bien, con algunos jugadores, con los que no pertenecen a los considerados por la prensa como “grandes”.

Los otros apercibidos, Rami y Kolo, no vieron ninguna amarilla y podrán disputar la final. Pienso que, dada la ventaja que llevaba el Sevilla, fue una temeridad hacerlos jugar, porque, sobre todo, la baja de Rami habría sido muy importante.

En la recta final, Vitolo hizo un jugadón para asistir a Konoplyanka, que machacó a placer, logrando el empate a dos definitivo. Tuvo mérito la jugada, porque a esas alturas el terreno de juego era una piscina y costaba mucho hacer rodar el balón.

Ahora queda lo más difícil: derrotar en la final al que probablemente sea el mejor equipo del mundo. Dificilísimo, pero a un solo partido tenemos más posibilidades. Ojalá sea el 22 de mayo, domingo. Significará que habremos jugado la final de la Europa League.

 

 

Celta-Sevilla. El Sevilla no debe dejarles creer en la remontada

Cuatro goles de ventaja deben ser más que suficientes para asegurarse estar en la final de la Copa del Rey. La remontada es posible, sí, pero harto improbable. Sólo circunstancias extraordinarias podrían hacer saltar la sorpresa, como una expulsión tempranera, que el Sevilla haga un partido desastroso, de principio a fin, o que al Celta le dé por colar cada ocasión de gol que tenga. Sin ir más lejos, hay que recordar que el Sevilla, antes de marcar el primer gol en el partido de ida –es decir, aún en el primer tiempo– tuvo cinco ocasiones claras de gol, penalti incluido, que fueron desaprovechadas.

Teniendo eso en cuenta, claro que es posible la remontada. De igual modo que también es perfectamente posible que el Sevilla marque algún gol. Y ese pequeño detalle parece no tenerlo en consideración ni Berizzo, ni sus jugadores, que hablan de hacer cuatro o cinco goles pero en ningún momento parecen preocupados de no recibir ningún gol en contra.

Además, el Sevilla tendrá en la noche de hoy un aliado de lujo: el cronómetro. El Celta basa su estrategia en, lógicamente, lograr un gol en los primeros minutos. Si no lo consigue, poco a poco, irán convenciéndose –si es que no lo están ya– de la complicada hazaña que tienen que conseguir. Basta con que lleguemos al descanso con la puerta a cero para que se convenzan del todo. O que, por supuesto, marquemos un gol, lo que convertiría en un trámite el resto del partido.

A medida que pase el tiempo, la ansiedad debe notarse en las acciones de nuestro rival, y eso debe llevar a la precipitación y al error. Y hoy el Celta no puede permitirse ninguno.

Por otro lado, me preocupan las declaraciones de Emery, cuando afirma que “jugarán los mejores”. Desde mi punto de vista, eso implica alinear a Rami y, teniendo en cuenta sus últimas actuaciones, a N’Zonzi. Espero que nuestro entrenador no sea tan irresponsable como para poner en riesgo la participación de estos jugadores en una hipotética final, ya que están apercibidos. Entiendo que los convoque, por si llegarámos a una situación preocupante, pero no que formen parte del once inicial, llevando cuatro goles de ventaja.

Esta noche saldremos de dudas, pero todo apunta a que la final debe ser entre el Barcelona y el Sevilla, como no puede debe ser de otra manera.

Celta 1 – Sevilla fC 1. Sólo un punto, pero muy meritorio

Según Emery, se afrontaba el partido de ayer como una pequeña final, pero, por la alimeación inicial, plagada de suplentes, parece que sus declaraciones eran de cara a la galería. Me parece bien que haga cambios para refrescar el equipo, pero si quieres ir a por los tres puntos de verdad, hay jugadores que no debes dejar en el banquillo, o ni siquiera convocar.

El partido quedó marcado por la temprana expulsión de Fazio. Todo el mundo culpa al argentino, pero a mí me parece más bien un doble error arbitral, o rigurosidad extrema, pues creo que ninguna de las dos acciones eran merecedoras de tarjeta. Desde luego, en la Premier League no lo serían nunca. En ese sentido, a Fazio le pasó lo mismo que N’zonzi, que tras jugar en Inglaterra, comprobó, en su primer partido, con qué facilidad puede ser expulsado un jugador en nuestra liga. Bueno, también depende de quién es el jugador en cuestión. Todos sabemos que Velasco Carballo es muy valiente a la hora de expulsar a Fazio, pero a ese mismo árbitro, jamás se le ocurriría mostrar tarjeta amarilla, y mucho menos la roja,  si enfrente hubiera tenido a Sergio Ramos, Piqué o Godin. Es la misma historia de siempre.

Muy negro se presentaba el panorama, con un jugador menos durante 66 minutos, sin contar el descuento, ante un conjunto como el Celta, que mueve bien el balón. Se aclaró un poco con el gol de Carriço, pero aun quedaba todo el segundo tiempo por delante.

En la primera mitad se controló muy bien la situación, y el Celta apenas tuvo ocasiones. En la segunda parte, Nzonzi cabeceó al poste, en lo que pudo ser el segundo gol, pero después empezamos a pasar apuros a raiz de que Berizzo diera entrada a Guidetti y Marcelo Díaz. Entonces el cansancio empezó a hacer mella y el Celta tuvo ocasiones claras de gol, hasta que llegó la igualada, con mucho tiempo aún por delante.

Daba la sensación de que el Sevilla acabaría ahogándose en la orilla y que tanto esfuerzo no serviría para nada. Y estuvo a punto de ocurrir, si no llega a ser por la extraordinaria parada de Sergio Rico en los minutos finales. Pero, por fortuna, hubo final medio feliz. No ganamos, como ocurre siempre fuera de casa, pero logramos un empate muy valioso, teniendo en cuenta las circunstancias, y ante un Celta que, a día de hoy, es un rival directo.

El mejor del partido fue N’zonzi, con un despliegue físico sensacional, y el peor, una vez más, Fernando Llorente. Supongo que Emery prefiere al riojano porque aún tiene confianza en él y porque dejarlo en el banquillo, con lo que ha costado y le está costando al club, debe ser duro. Pero estoy seguro de que Juan Muñoz aportaría mucho más que Llorente. Como no espabile, no me extrañaría que acabara como tercer delantero.

Ahora a pensar en el jueves y a ganarnos un puesto en la final de la Copa del Rey. El objetivo es muy fácil, pero mal haríamos en confiarnos.