Sevilla FC 2 – Barcelona 2. El que perdona a un grande, lo acaba pagando

Cuando un equipo, a la media hora de juego, va perdiendo 0-2 contra el Barcelona, lo más normal es que el marcador, a los noventa minutos de juego, sea bastante abultado y acabe en goleada de escándalo. Y es que jugadores con la calidad tan tremenda como los que tiene el Barcelona necesitan muy poquito para hacer gol. De hecho, los azulgrana marcaron, prácticamente, en las dos primera ocasiones de gol que tuvieron: Messi ajustando de rosca al poste, como ya le hemos visto hacer ciento de veces, y Neymar, lanzando magistralmente una falta. Dado lo cerca que estaba la falta de la portería, casi en la línea del área, la inmensa mayoría de jugadores lanzarían la falta a la barrera o por encima del larguero. Neymar no. La coló en la escuadra, por encima de la barrera.

Y aquí llegó lo increíble. Un placer para la vista el presenciar cómo un equipo, con todo en contra, ante uno de los mejores equipos del mundo, no tira la toalla y confía en la victoria o, al menos, en vender cara la derrota.

Y cuando de verdad se empezó a creer, en el campo y en la grada, fue cuando llegó el ajustado zapatazo de Banega que fue incapaz de atajar Bravo. El argentino volvió a hacer otro grandísimo partido y, encima, marcó un golazo.

El Barcelona no fue capaz de sentenciar el partido, cuando Suárez lanzó alto, a puerta vacía. Y ya se sabe que el que perdona ante un grande, lo termina pagando. Y lo hizo a falta de siete minutos para el final, tras una sensacional jugada entre Reyes, Vidal y Gameiro, quien logró el empate que sería definitivo.

Otro de los obstáculos que tuvo que sortear el Sevilla –por si no fuera bastante el todopoderoso Barcelona–, fue el trío arbitral, en todo momento pendiente de favorecer al Barcelona. Costaba un mundo que señalaran falta a favor del Sevilla y, por contra, a favor del Barcelona la señalaban con una facilidad pasmosa. Una vez más, algunos de nuestros jugadores vieron tarjetas amarillas con mucha facilidad, en faltas leves en el centro del campo. Martínez Munuera acabó desquiciando a los jugadores y al aficionado, con su distitna vara de medir.

En su conjunto el Sevilla jugó a un gran nivel. Si no hubiera sido así, habría sido imposible empatar con el Barcelona. Me gustaron mucho la defensa –aunque Coke flojeó, como es habitual–, Krychowiak –la jugada en que le roba el balón a Messi, tras un carrerón, fue lo más espectacular del partido–, Iborra, y, sobre todo, Banega, Vidal y Reyes. Sin embargo, ni Bacca ni Vitolo estuvieron afortunados. Lamentablemente, el canario es otro desde que se fue con la selección.

No entiendo las críticas a Emery que he leído en las redes sociales. En mi opinión fue valiente al salir de inicio con Banega y no recurrir al triple pivote, y los cambios me parecieron correctos. Lo único que yo habría cambiado hubiera sido el darle la titularidad a Gameiro, en detrimento de Bacca. Y es que, hoy por hoy, el francés es más determinante que el colombiano. Gameiro está enrachado, marca con facilidad y, además, también defiende y presiona más que Bacca. Así que, desde mi punto de vista, no hay color.

Tampoco entiendo el aplauso a Rakitic. En primer lugar, porque es un jugador de otro equipo. Y en segundo lugar, porque se fue de aquí engañando en repetidas ocasiones tanto al club como a la afición. ¿Qué necesidad había de mentir, diciendo que renovaría cuando, en realidad, ya estaba negociando con el Barcelona? ¿No podría haber dicho aquello tan manido de “es la oportunidad de mi vida” o “es un tren que no puedo dejar pasar”? Pues ahora viene y se le recibe como héroe. Y yo, la verdad, es que no lo entiendo.

Y ya puestos a no entender, tampoco entiendo cómo el club sigue maltratando a los Biris, rodeándolo de mucha Seguridad, cuando a la afición rival casi ni se le presta atención.

Me quedo con lo importante: con que el Sevilla tiró de casta y coraje para lograr un punto que nos viene de lujo para seguir aspirando a un puesto de Champions, el cual, dicho sea de paso, sigue estando muy difícil, porque seguimos estando por detrás de Atlético y Valencia, y cada vez quedan menos partidos.

Por cierto, el Atlético logró empatar a poco del final, al marcar un gol en fuera de juego. Y es que está claro que ellos juegan con otras reglas.

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