El desprecio de los protegidos

Tras visitar el Bernabéu pasó lo que pasa siempre, o casi siempre: derrota y polémica. En esta ocasión la polémica llegó al ser objeto Bacca de un claro penalti, por parte de Arbeloa, y sobre todo, al recibir Beto una criminal entrada de Benzemá que lo va a dejar fuera de combate entre dos y tres meses, aproximadamente.

Por supuesto, el penalti, a pesar de ser claro y estar el árbitro perfectamente situado, a éste ni se le ocurrió pitarlo. Como dijo nuestro entrenador, con suavidad, el Bernabéu es un escenario complicado para un árbitro. Cuando lo que verdaderamente quería decir, y lo que entiende cualquier aficionado con esas palabras, es que el árbitro “no tuvo huevos” para pitarlo.

Arbeloa, como todos los jugadores del Madrid, es perfectamente consciente de que tiene bula para hacer cierta clase de penaltis sutiles –y a veces no tan sutiles–, o para hacer entradas que a jugadores de otros equipos les costarían tarjetas. No se entiende de otra forma que, en primer lugar, dijera que no fue falta y que, en todo caso, sería fuera del área. Para rematar la faena y dejar ya absolutamente claro de que es un jugador más bien “cortito”, y ya no sé si incluso pitorreándose del árbitro o de los rivales, llegó a decir que es Bacca quien golpea su brazo.

La salvaje entrada de Benzemá parte de la misma base: “No llego al balón ni loco, pero meto la rodilla, o lo que haga falta. Total, no me van a expulsar, ni me van a mostrar tarjeta”. Por supuesto, eso lo sabe él y lo sabemos todos. Pero es que el árbitro ni siquiera señaló falta, cuando todos los sevillistas sabemos qué habría pasado si hubiera sido al revés, que un jugador nuestro lesionara a Casillas de gravedad: todos los medios machacando al jugador –radio, televisión, prensa e internet–, durante días, hasta que el hatajo de impresentables que forman los diversos comités sancionadores y los que gobiernan nuestro fútbol se hubieran escandalizado. Y de ahí ya hablarían de “alarma social” –graciosa figura ésta– y, en consecuencia, de sanción ejemplar.

Hace poco, en Córdoba, Cristiano Ronaldo escandalizó a la prensa internacional, que no se explicaba cómo fue expulsado a la tercera agresión –creo recordar que fueron dos puñetazos y una patada–. Aquí, desgraciadamente, sí nos lo explicamos. Y, por supuesto, también que sólo le echaran dos partidos de sanción. A otro jugador le habrían sancionado por lo que vio el árbitro y por lo que no vio.

Si nos alejamos en el tiempo, es fácil recordar las licencias que se tomaba un jugador tan sucio –muy buen jugador por cierto– como Fernando Hierro, la asesina entrada de Figo a César Jiménez, del Zaragoza, al que retiró del fútbol, o cuando Pepe utilizó como felpudo a nuestro exjugador Casquero, agredió a Albín e insultó gravemente al trío arbitral –todo en el mismo partido–, recibiendo sólo diez partidos de sanción. ¿Por cuánto habría que multiplicar esta sanción, de tratarse de un jugador de otro equipo?

Sin salir de Madrid, cruzando a otro barrio, están los habitantes del Calderón. Estos tampoco son mancos. Saben que, prácticamente, no tienen límites, y bien que se aprovechan de ello.

El Atlético de Madrid es un muy buen equipo, pero están donde están porque se les permite dar estopa a mansalva. Si cualquier otro equipo pusiera la “intensidad” que pone el equipo del Cholo, acabaría normalmente con varios expulsados. Pero lo de ellos es virilidad, agresividad… pero nunca violencia.

De todas formas, algo de violencia debe de haber por parte del equipo colchonero. Si no, Godin no se hubiera quejado de que estén acusando al Atlético de Madrid de violentos. A mi modo de ver, la acusación es totalmente merecida.

En la eliminatoria de Copa del Rey, ante el Barcelona, Arda Turan lanzó su bota al linier. Las imágenes dieron la vuelta al mundo, y también escandalizaron a los medios europeos. Lo lógico era esperar una dura sanción para el jugador turco, pero no. No fue así porque el árbitro también se acobardó,  e hizo una curiosa interpretación del ya famoso “tiro al linier con zapato”. El muy gallina redactó en el acta arbitral: “en el minuto 48 el jugador (10) Turan , Arda fue amonestado por el siguiente motivo: lanzar su bota fuera del terreno de juego en señal de disconformidad”. Lo de que el zapatazo iba dirigido al linier era sólo imaginación de los espectadores.

Unos y otros, jugadores del Madrid y del Atlético, no es que actúen al límite del reglamento, es que lo pisotean. Y lo hacen porque se sienten unos protegidos. Saben que nunca serán sancionados con dureza y que muy probablemente se irán de rositas. Lo menos que podían hacer, dados los privilegios de los que gozan,  es tener un poquito de consideración y respeto por sus compañeros de profesión, de manera que no se dieran nunca, ni la entrada salvaje de Benzemá a Beto, ni las lamentables declaraciones de Arbeloa tras el partido. Pero me parece que, tal y como están las cosas, eso es mucho pedir. Tendría que haber muchos cambios en esta Liga nuestra, tan poco seria en muchos sentidos.

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