Ni el mismísimo Mateu Lahoz puede con este Sevilla

El árbitro de ayer era uno de mis temores, puesto que, desgraciadamente, ya sabemos todos de lo que es capaz. Más o menos se contuvo en el primer tiempo, pero en el segundo se destapó y empezó a mostrar tarjetas amarillas, sin ton ni son. A los jugadores del Sevilla, porque los de la Real parece que tenían patente de corso. Impresionante la entrada que recibió Banega –muy cerca de mi posición en el estadio– finalizando el partido, merecedora, como mínimo, de tarjeta amarilla, y no pitó ni falta.

Por suerte, aunque Mateu Lahoz consiguió desquiciar a los jugadores del Sevilla y a la afición, no hubo que lamentar males mayores. Acabamos con once jugadores y con los tres puntos en el zurrón.

Y nos llevamos los tres puntos más por garra que por juego. Tuvimos un buen arranque, donde pudimos haber sacado una buena ventaja en el marcador, pero poco después del gol, llegó una pájara que duró hasta el descanso. La Real no es que creara muchas ocasiones, pero un solo gol de ventaja da mucha intranquilidad, puesto que una jugada desafortunada por nuestra parte, una de calidad del rival, o incluso una jugarreta de Mateu Lahoz, podía mandar todo al garete.

En el segundo tiempo, con Mateu Lahoz desatado, intentamos sentenciar, aunque sin éxito. La Real sólo inquietaba a balón parado. Desde luego, hay que agradecerle a Arrasate que dejara en el banquillo a Carlos Vela, quien es, sin duda, el mejor jugador blanquiazul.

Si contra el Córdoba fue M’bia el que hizo un auténtico partidazo, ayer el que destacó sobremanera fue el polaco Krychowiak. Hizo una exhibición de entrega, fuerza, compromiso y calidad. Incluso cortó una ocasión de gol, llegando como último hombre. Jugadores como Krychowiak, Aleix Vidal o Vitolo, que no paran de correr durante los 90 minutos, son fundamentales para que el equipo no pierda intensidad. Los tres derrochan ganas y esfuerzo que logran contagiar a sus compañeros.

Por el lado negativo, hay que señalar la falta de efectividad de la que hicimos gala anoche. Afortunadamente, bastó el golazo de Deulofeu, que voleó un sensacional pase, repleto de técnica, de Trémoulinas.

Y cómo no, también hay que lamentar que Carlos Bacca siga en plan figurita. Ayer no aportó nada. Prácticamente, casi se puede decir que jugamos con diez jugadores, si no fuera porque, aunque no haga nada, siempre tendrá un marcador pendiente de él.

Con trece puntos ya en el casillero, el Sevilla está preparado para intentar asaltar el complicadísimo feudo del Manzanares. Auténtica prueba de fuego ante el que puede ser un rival directo por la Champions, siempre que mantengamos el actual nivel de juego.

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