Archivo mensual: noviembre 2013

Sevilla FC 1 – Estoril 1. Se veía venir.

Partido aburridísimo el que nos obsequió el Sevilla en la tarde-noche de ayer. Si la primera parte fue mala, la segunda fue aún peor. Pienso que los escasos aficionados que fuimos al estadio nos merecimos, al menos, que viéramos a nuestros jugadores correr tanto como el rival. Sin embargo, el Sevilla pretendía jugar andando, con una falta de intensidad alarmante, quizás confiado en una victoria que se presuponía fácil, máxime cuando el primer gol llegó en el minuto 7, tras sensacional jugada de Reyes, bien finalizada por Gameiro.

Y, prácticamente, eso fue todo. A partir de ahí, nada de nada. Nos dejamos ir, y apenas creábamos ocasiones de gol. Pero este hecho no fue provocado solamente por nuestra falta de intensidad, sino que también tuvo mucho que ver nuestro rival. Daba gusto ver cómo se replegaban los portugueses. Cuando parecía que podíamos salir al contragolpe, en un santiamén ya habían recuperado su posición.

Precisamente, ese orden que tenían los portugueses fue lo que nos faltó en los últimos minutos.  Y con esa falta de orden –fundamental en fútbol–, y también con falta de oficio, pues pasó lo que tenía que pasar y lo que se veía venir: defensa excesivamente atrasada, portero que no sale, pérdida de balón de Jairo… y gol.

El tema de la defensa demasiado atrasada, yo es que no lo entiendo. No entiendo, en primer lugar, por qué los jugadores se echan tan atrás –sobre todo cuando el Estoril ya atacaba a la desesperada–, pero lo que entiendo aún menos es por qué Emery lo consiente, o no lo corrige.

En definitiva, partido nefasto, pero que sirvió para lograr la clasificación para la fase de eliminatorias. Eso sí, ayer quedó claro que tendremos que mejorar mucho, si no queremos caer a las primeras de cambio. Porque ya no será el Estoril al que tengamos enfrente, sino equipos muchos más poderosos.

Piedad para los béticos

De todos es sabido que después de un derbi llega el típico cachondeíto entre las aficiones. Por suerte, casi siempre el resultado nos favorece, pero, muy de vez en cuando, salta la liebre y el Betis sale victorioso. Es entonces cuando salen béticos hasta debajo de las piedras, ávidos de resarcirse de tanta angustia acumulada. La verdad es que se ponen tan pesados que llegan a ser insoportables, de manera que entiendo perfectamente al sevillista que hace lo mismo, a modo de venganza. Yo, sin embargo, no soy de esos, y prefiero disfrutar del post derbi con mis amigos sevillistas. Y no soy de esos, por tres motivos:

En primer lugar, porque si lo hiciera, sería igual que ellos. Y yo no quiero parecerme a ellos en nada. A pesar de compartir la misma ciudad –aunque ellos están empezando a renegar de ella, diciendo “Ciudad del Betis”–, Sevilla y Betis son dos clubes y dos aficiones muy diferentes. Y me parece estupendo que siga siendo así.

En segundo lugar, porque, en el fondo, son dignos de lástima. Hay que entender que el Betis siempre ha estado a la sombra del Sevilla, y muy probablemente lo seguirá estando, salvo que se presente un magnate o jeque y ponga muchísimos millones de euros en lo “arto de la mesa”.  Actualmente, la supremacía del Sevilla es evidente, y lo ha sido también históricamente. Pensándolo bien, eso debe de ser durísimo, especialmente en el caso del Betis como entidad –que se fundó para enfrentarse al Sevilla–, y en el caso de los aficionados más acérrimos y antisevillistas, que deben estar pasándolo verdaderamente mal.

Y en tercer y último lugar, porque cada día estoy más convencido de que ganar al Betis no tiene mérito. Es así de simple. El mérito sería en el caso contrario, es decir, que el Betis ganara. Es decir, reconozco que me lo pasé muy bien con la victoria del domingo –me pasa igual con todas las victorias de mi equipo–, pero mi alegría habría sido mucho mayor si el rival goleado hubiera sido el Madrid o el Barcelona. Ésas sí habrían sido victorias de mucho mérito, pues tienes que superar a unos jugadores extraordinarios y, casi con toda seguridad, al trío arbitral, con lo cual la victoria es complicadísima. ¿Pero ganarle al Betis? Pues no, la verdad es que no le veo mérito alguno.

Así que tened un poquito de piedad y no seáis demasiado malos con ellos.

Según L’Equipe, el Sevilla humilló al Betis

L’Equipe también dedica unos párrafos al derbi del domingo, aunque sin explayarse tanto como The Guardian.
La noticia del diario francés dice así (pincha aquí para leer el original):
El derbi, para el Sevilla FC.
El Sevilla FC ha humillado al Betis (4-0) este domingo en el derbi andaluz. Stéphane Mbia ha inscrito su primer gol en Liga.
Recientemente goleado por el Real Madrid (3-7), y tras ser vencido a domicilio por el Celta de Vigo (0-1), el Sevilla FC está recuperándose un poco. Quince días después de haber batido al Español de Barcelona (3-1) en Cataluña, el club andaluz se ha llevado fácilmente este domingo el derbi sevillano, frente a su vecino, el Betis (4-0). (Este enlace lleva al comentario en directo del partido, que finaliza con la siguiente frase –marcada en rojo–): “Superior en todos los lances del partido, y en superioridad numérica antes del descanso, el Sevilla FC se ha llevado el derbi sevillano (4-0), frente a sus vecinos del Betis. Esta victoria permite a los compañeros de Gameiro el acercarse a las plazas europeas”
A pesar de una primera parte bastante normal, el equipo de Unai Emery llegó al vestuario con una ventaja de dos goles. Tras un buen pase de Reyes, Carlos Bacca ha abierto el marcador en la primera ocasión del partido (minuto 2). El Colombiano ha inscrito su sexto gol de la temporada en Liga. Después, justo antes del descanso, el Betis ha perdido a Paulao, expulsado tras haber recibido una segunda tarjeta amarilla (minuto 42). Y enseguida es el ex jugador del Marsella, Stéphane Mbia quien ha conseguido el segundo de cabeza (minuto 43), su primer gol en Liga.
Justo antes de la hora de juego, el Sevilla FC ha continuado con un tercer gol, firmado por Victor Vitolo, el cual se ha beneficiado de un soberbio pase de Bacca, por encima de la defensa rival (minuto 59). Al final del partido, Iborra ha machacado (minuto 88). Con esta victoria, el Sevilla FC deja la segunda mitad de la clasificación y se posiciona en octavo lugar (19 puntos). El Betis queda más aún como farolillo rojo, con sólo nueve puntos.Redacción

* En los comentarios de los lectores hay uno que se pregunta cómo es posible que el Betis jugara tan bien la temporada pasada y tan mal en esta. Y también otro lector se extraña por el hecho de que Gameiro no esté jugando en el Sevilla.

El Sevilla no pudo conseguir la “full manita”. El derbi según The Guardian.

Siempre es interesante ver cómo se vive el derbi desde fuera. Desde The Guardian, Sid Low lo vio así: (Pincha aquí para ver el artículo original, en inglés)

El Sevilla intenta marcar cinco al Betis, a pesar de no conseguir la “manita”

Los aficionados sevillistas querían una manita en el derbi sevillano, pero los cuatro que marcaron resultaron más que suficientes.
 
Sevilla v Real Betis

El Sevilla celebra su segundo gol al Betis en el derbi sevillano.
Fotografía: Jose Manuel Vidal/EPA

Faltaba poco más de un minuto en el derbi cuando el estadio Sánchez Pizjuán silbaba impacientemente a Daniel Carriço. El central había pasado el balón hacia atrás, cuando debería haberlo pasado hacia adelante. El tiempo pasaba y se acababa el partido: minuto 44. En la línea de banda, aparecía el cuarto árbitro y subió el tablón: dos minutos más. “¿Eso es todo? ¡Vamos para arriba!”. Los aficionados del Sevilla gritaban a su equipo para que se diera prisa. El ruido era ensordecedor.  Balón al área, consiguiéndose un córner. Desde la grada pidieron a Antonio Alberto Bastos Pimparel –Beto– que subiera a rematar. Beto es el portero. Ya estaban desesperados.

El balón cayó y, por un momento, pareció que podría suceder: el gol que tanto buscaban podría materializarse. El disparo, sin embargo, salió muy desviado. Un enorme “huuuuuy” se oyó en el estadio. Pero cuando se llegó al ‘y’, se transformó en algo más: cuando el árbitro dio el pitido final, se convirtió en una gran alegría. Sí, una gran alegría. Grandes sonrisas y más grandes abrazos. En la tribuna de preferencia bailaban. Desde luego, había decepción –verdaderamente querían ese gol–, pero era más bien irónica. Claro que había desesperación pero había algo de farsa en ella, fingida y graciosa. Mayoritariamente, había regocijo. El Sevilla había machacado a su rival, el Real Betis Balompié por 4-0.

“El Betis se dirige al matadero de nuevo”, rezaba el titular de El Mundo. Un matadero, sí, pero al menos no fueron cinco. Un quinto gol habría sido aún más completo. Otra manita o little hand, un gol para cada dedo, algo que sería verdaderamente para resfregar por las narices. Habría ocurrido como en esta ocasión, hace 12 meses. “Otro año (casi) igual”, declaraba Estadio Deportivo. Esos paréntesis tenían importancia. Era la primera vez que el Sevilla ganaba dos partidos de liga consecutivos en nueve meses y era una importantísima victoria. Aún así, después la primera pregunta que se le hizo al entrenador, Unai Emery, fue: “Felicidades… pero ¿faltó ambición para marcar el quinto?”.

Los aficionados sevillistas habían empezado a cantar: “¡Queremos otra manita!”, tras el tercer gol, marcado en el minuto 49, pero pocos realmente pensaron que podría suceder hasta que Vicente Iborra marcó el cuarto en el minuto 88. Entonces sonó el toque de corneta, una especie de sádica diversión. Ese deseo de redondear el partido, como si verdaderamente pudiera redondearse aún más.

Por octavo derbi consecutivo un jugador fue expulsado. Por cuarto derbi consecutivo, el Sevilla ha marcado en los primeros diez minutos. Y por tercer derbi consecutivo han marcado tres o más goles: la primera vez que ha ocurrido en 70 años. En esta ocasión marcaron cuatro: cuatro goles marcados por cuatro jugadores diferentes – Carlos Bacca, Stephane Mbia, Víctor Machín Pérez (Vitolo, como se le conoce) e Iborra –. Todos ellos jugaron su primer derbi. Y hubo más:  vuelve (de nuevo) el ideal que se resiste: el Sevilla, de repente, a un punto de una plaza europea y el Betis el último de la tabla, con su entrenador cada vez con más problemas.

En los últimos tres derbis el Sevilla ha marcado 12 goles. “¿Realmente son mucho mejores que vosotros?”, se le pregunto al entrenador del Betis, Pepe Mel. “Parece que sí”, contestó. “No sé si mis jugadores son buenos o malos. Todo lo que sé es que son mis jugadores y tengo que levantarlos”

“Estoy cabreado y lo único que puedo hacer es pedir perdón a los aficionados”, admitió el defensor del Betis, Antonio Amaya. El periodista Antonio Felix escribió: “La noche se volvió púrpura, como si se bañara en la sangre del Betis, la cual una vez más corrió en torrentes por Nervión. La sangre de una víctima atrapada en la misma mala pesadilla”.

Todo empezó en dos minutos. A decir verdad, olviden eso. Todo había empezado cuatro horas antes. Olía a derbi en la calla Luis Montoto. Olía a fuegos artificiales. El aire teñido de rojo, a medida que las luces azules de la policía atravesaban el humo y las estruendosas sirenas rompían los cánticos. O lo intentaban. Fuera del hotel Los Lebreros estaba el autocar del Sevilla y una multitud se había reunido desde las últimas horas del mediodía. A medida que el saque inicial se acercaba, la multiud crecía y crecía. Cuando el autocar partió, no mucho después de las siete de la tarde, no cabía un alfiler. El hotel está a escasos 100 metros del estadio pero esto supuso un buen viaje. El autocar avanzaba lentamente a través de la multitud, abriéndose paso por la calle, envuelto en humo y escoltado hacia el Pizjuán por aficionados gritando y cantando. Cuando el autocar tomó la curva, los aficionados corrieron para reencontrarse con ellos al otro lado, cantando el himno del club cuando los jugadores entraban.

“Nunca he visto nada igual”, decía Bacca. El efecto fue inmediato. “Los aficionados marcaron el primer gol”, dijo Emery. Él más tarde tuiteó una foto del autocar del equipo, con el mensaje: “El primer gol lo metimos entre todos“. El balón fue picado, inteligentemente, sobre la defensa y el colombiano se fue de su marcador para marcar. El partido apenas había empezado. “2′ Bacca”, rezaba el marcador.

El hombre que había dado el gol fue José Antonio Reyes, de vuelta para su demolición anual del Betis; el hombre que les marcó un gol a los trece segundos, el año pasado, guiando al Sevilla a una victoria por 5-1, volviendo a la alineación inicial por primera vez en tres meses, lo volvió a hacer de nuevo. Hasta ahora, en esta temporada, no había sido titular ni una sola vez y había jugado sólo 11 minutos en liga. “Pensé en la importancia emocional del partido. Lo que vísteis en el primer gol, ese talento, es innato en él”, admitió Emery, insinuando lo que todo el mundo estaba pensando: “Reyes es el mejor… cuando él quiere”.

Aquí, sí quiso. Para el chico al que se le regaló una camiseta del Betis por su decimotercer cumpleaños, pero que fue criado en el Sevilla, el derbi importa. Él desgarró al Betis. Un periódico lo llamó “una exhibición”. “No es suficiente hacer esto una vez”, dijo el presidente José María del Nido. El titular de As decía: “Reyes del derbi” –por el jugador Reyes–.  Como José María López dice: “Reyes es un artista, un torero, la clase de persona a la que no le interesa cualquier corrida, pero pon un Miura, el mejor de los toros, enfrente de él y…” El cuchillo ha sido hundido entre los omóplatos del Betis. Todo lo que faltó fue el quinto gol para poner la rúbrica.

Pero si unos afirmaban que Reyes fue fundamental, otros señalaban al defensor brasileño del Betis, Paulao. Incluso el mismo Paulao. Un minuto antes del descanso, derribó a Reyes 10 metros fuera del área. Era una clara tarjeta amarilla –su segunda del partido–. “De niños”, lo llamó Mel. Paulao se quedó en la banda, apoyado en las vallas protectoras que llevan a los vestuarios,  con mirada perdida, saltándosele las lágrimas, cuando del libre directo el Sevilla conseguía el 2-0. “El segundo gol nos mató”, insistió Mel. “Él sabe que cometió un error”. Tras el partido, Paulao dijo: “La derrota es culpa mía, por mi expulsión”. Yo soy el único responsable y quiero pedir perdón a mis compañeros. Todo lo que puedo hacer es pedir perdón a los aficionados”.

Son algunos de ellos lo que deberían pedirle disculpas. Antes, en el partido, cuando M’Bia cayó en el corner, algunos de los 1.500 aficionados del Betis de la grada alta empezaron a imitar el grito de un mono. El sonido fue claro. Cuando Paulao se iba expulsado, las imágenes de televisión mostraron que algunos de ellos lo hicieron también, dirigiéndole a su propio jugador gritos de mono (en el estadio no estaba claro y era imposible decir cuántos. Tampoco estaba claro si algunos aficionados del Sevilla lo hicieron). Del saque de falta, M’Bia cabeceó el segundo y la idiotez, vacuidad, ignorancia y odio de esos “aficionados” quedó dolorosamente y patéticamente al descubierto. E imitaron de nuevo el sonido del mono, esta vez dirigido a M’Bia.

Dado que las imágenes de televisión son claras, y al menos algunos de los que insultan son fácilmente identificables,  deberían tomarse medidas. Pero no tenga mucha confianza en que ello ocurra. Esta mañana, en los medios, únicamente Isabel Morales, de Estadio Deportivo, hace mención a ello.

Si eso era lo peor, lo mejor estaba por llegar. En esta ocasión Bacca dio una sensacional asistencia y Vitolo esquivó a Guillermo Sara para marcar. El Betis estaba en problemas, el Sevilla dominaba. Un momento después Iborra remató al poste y Vitolo golpeó muy desviado. El Sánchez Pizjuan botaba, gritando y riendo: “¡Que bote Pepe Mel!”. El Betis –cantaban– iba a Segunda. La Marsellesa resonó. Reyes se retiró con una enorme ovación, el público venerándole. Bacca y Vitolo le siguieron. “Queremos otra manita”, cantaban. Y en el último minuto le gritaron a Beto que subiera a rematar el córner.

El remate se fue desviado y sonó el pitido final: Se tendrán que conformar con cuatro. Los jugadores del Sevilla se abrazaron. Formando un círculo, bailaron dando vueltas y más vueltas. Lo celebraron con los aficionados y el himno del Sevilla, seguramente el mejor del fútbol español, sonó justo como lo había hecho cuatro horas antes, cuando el autocar avanzaba lentamente por la calle Luis Montoto, flanqueado por aficionados y bengalas. El contraste fue cruel. Cuando el autocar del Betis dejó el estadio eran las doce menos cuarto de la noche. Un puñado de aficionados aplaudieron, pero eran pocos. El autocar salió en silencio, hacia la calle Eduardo Dato y la noche, casi inadvertidos. A bordo, los jugadores sentados en silencio, cabizbajos.

Junto a los aficionados béticos, había unos cuantos sevillistas. Sonriendo, levantaban cuatro dedos.

Sevilla FC 4 – Betis 0. Ganó el de casi siempre.

El Sevilla no hizo un buen partido, pero tampoco le hizo falta para superar a un lastimoso Betis, que apenas duró los dos minutos que tardó Bacca en perforar la portería verdiblanca.

El Betis dio algunos coletazos, hasta que Paulao nos hizo el favor de buscarse la tarjeta roja. A partir de ahí, ya fue coser y cantar, pues, hoy por hoy, el Betis apenas tiene equipo para inquietarnos. Nuestro rival –que ayer no fue tal– tiene un serio problema en defensa, con un portero y una línea defensiva que es un coladero. O se gastan los cuartos en el mercado de invierno, o se van a Segunda de cabeza.

En el Sevilla destacó Reyes. Una pena que no juegue así habitualmente. Cuando me enteré de que iba a ser titular, en detrimento de Jairo, no me gustó nada. Pero, claro, yo esperaba al Reyes de siempre, y no al Reyes de los derbis, que es otro totalmente distinto. En cualquier caso, creo que Jairo también habría sido una magnífica opción, y dada su velocidad y desborde, posiblemente habría entrado como cuchillo en manteca por la banda bética.

Tampoco me gustó que el Sevilla se mostrara tan magnánimo con el Betis. Al igual que ya ocurriera con el 5-1, no quiso hacer sangre y soltó el pie del acelerador. Si ellos hubieran estado en nuestra posición, no habrían hecho lo mismo. Se desperdició una buena ocasión para arreglar el goal-average, tan estropeado desde el partido del Bernabéu.

El árbitro no me gustó nada. Fue muy permisivo con el Betis, que repartió leña de lo lindo durante todo el partido, pero especialmente durante los primeros minutos. Podrían haberse cargado de amarillas. Menos mal que, al menos, no le tembló el pulso en la expulsión de Paulao, que fue uno de los momentos clave del encuentro.

El Sevilla consiguió ayer tres puntos muy importantes, que nos impulsan hacia arriba en la tabla, después de dos victorias consecutivas. Espero que el partido también haya servido para que Emery se convenza de que el doble pivote da mucha más consistencia y equilibrio al equipo, y se olvide de cabezonerías que no llevan a ninguna parte.

Partido plácido, sin mucha historia, donde ganó el de casi siempre: el equipo que nació para dominar Andalucía –y no sólo Sevilla, como decía erróneamente la pancarta de ayer–, y que puede resumirse en un genial mensaje que se está extendiendo como un reguero de pólvora por las redes sociales:

“Poco BACCA M’BIÁ la cosa en esta ciudad, VITO LO visto. IBORRA el mensaje si no te ha gustado”.

Las tres cosas que no me gustan del derbi de mañana

En el partido de mañana hay un claro favorito. Como en todos los derbis, el favorito es el Sevilla, pero mañana lo será aún más por la posición que ocupa el Betis en la tabla: último, farolillo rojo, y con unos números paupérrimos. Aunque el Sevilla no está tampoco para tirar cohetes, todo parece indicar que el Sevilla será el vencedor del partido, pero hay algunos aspectos que no me gustan nada:

1º.- El exceso de confianza. En fútbol, la confianza es muy buena, pero el exceso de confianza es fatal. Entre la afición este exceso de confianza es evidente, pues casi a nadie se le ha pasado por la cabeza el que el Sevilla pueda perder el partido. Mi temor es que ese exceso de confianza pase a los jugadores. Confío en que nuestros profesionales no desprecien al Betis, que, como es lógico, vendrán con su piel de corderito y a intentar sorprender. Precisamente, el que el Betis ocupe la última posición lo hace más peligroso, más que nada porque los equipos de la parte baja de la tabla se nos dan muy mal. Incomprensiblemente, nos empeñamos en darles vida a muchos de ellos.

2º.- Nuestro entrenador, Emery. Ya hace tiempo que he perdido la confianza en él, y me preocupa que no sepa leer el partido, como le ha ocurrido en otras ocasiones, donde parecía que los cambios del Sevilla los hacía el entrenador rival. Para empezar, ya ha hecho algo que no me ha gustado nada: no convocar a Cristóforo. En mi opinión, el uruguayo debe ser un fijo, porque pienso que, si se le da confianza, debe ir a más. Además, no lo está haciendo peor que M’Bia o Iborra. Por otro lado, espero que a Emery no se le ocurra poner a Gameiro de inicio, porque Bacca hizo un buen trabajo en el último partido y el francés está desaparecido; o que se le ocurra no utilizar el doble pivote defensivo que se le dio tan bien ante el Español. El Betis habrá aprendido de la temporada pasada, y muy posiblemente ofrecerá un planteamiento muy defensivo, con lo cual podrían cogernos a la contra con cierta facilidad, si no tenemos un centro del campo que defienda bien.

Y en tercer lugar, también me preocupa el árbitro. Dado el nivelito arbitral, esto es algo que me ocurre en todos los partidos, ya que el colegiado puede ser decisivo, tal y como ocurrió en el último derbi. En esta ocasión, el árbitro será el catalán Estrada Fernández, que se estrena en los derbis. No me ha gustado en los últimos arbitrajes que le ha hecho al Sevilla. Me parece un mal árbitro, demasiado autoritario y, en ocasiones, chulesco. Ojalá que no eche a perder el espectáculo.

No obstante, a pesar de todo, el Sevilla deberá ganar este partido. Es un derbi, y este tipo de partidos tienen claro color rojo y blanco. La victoria sería importantísima, pues supondría la segunda victoria consecutiva y el empezar a mirar hacia arriba.

Sevilla-Betis. Que gane el mejor. Es decir, el Sevilla.

Las polémicas, vistas desde la distancia

Me he permitido el lujo de escaparme unos días, a 600 kilómetros de Sevilla, donde he estado intentando informarme de la actualidad del Sevilla. Me he enterado de algunas polémicas que han surgido en diversas webs y en las redes sociales, y no sé si es porque desde la distancia las cosas se ven de otra manera, o porque me estoy haciendo viejo, o porque no me ha llegado toda la información –o puede que las tres cosas juntas–, pero a mí estas polémicas me parecen auténticas chorradas:

– Las palabras de Jairo. Resulta que al chaval no se le ocurre otra cosa que decir: “a ver si podemos darle la puntilla al Betis”, y va y salta el escándalo. Al cántabro le llovieron críticas por unas palabras que a mí no me parecen nada del otro mundo. Entiendo que la prensa deportiva sevillana esté deseando rellenar páginas y avivar el fuego de la rivalidad, pero lo que más me llamó la atención es que Jairo incluso recibió críticas de sevillistas. Con lo que se ha dicho en derbis anteriores, me extrañó mucho la que se armó por una nimiedad. En cualquier caso, es evidente que Jairo está equivocado. Aún quedan muchos partidos y, por tanto, es imposible dar la puntilla a ningún equipo.

– Los farolillos rojos. Esta si que es buena. A alguien se le ha ocurrido proponer llenar el estadio de farolillos rojos, en recochineo hacia el supuesto eterno rival –digo “supuesto” porque ni es eterno, ni es rival–, y, como suele ocurrir, a algunos la idea le ha parecido sensacional y a otros una aberración. De nuevo, tampoco veo que sea un tema que deba preocupar a nadie. Además, cada cual es libre de ir al estadio ataviado con lo que quiera. Mejor que se lleven farolillos a vuvuzelas, las estruendosas bocinas spray –que son capaces de dejar sordo a cualquiera– o bengalas –que acarrean multas y ponen en peligro la seguridad de los asistentes–.

Lo que sí tengo claro es que yo no llevaré farolillo rojo. Entre otras cosas, porque soy de la creencia de que al Betis hay que tratarlo como a cualquier otro equipo, por lo que pienso que no debe hacerse nada especial por su visita. En los últimos años el Sevilla se ha distanciado mucho del Betis, en todos los aspectos, y por lógica, la rivalidad no es tan fuerte como antes. Posiblemente, los béticos vivan los derbis con más entusiasmo, porque para ellos es una hazaña el ganarnos. En mi opinión, sólo deberíamos tener en cuenta al Betis en los días previos a un derbi, cuando haya en juego tres puntos o una eliminatoria, y una vez se haya jugado con ellos, como si no existieran, total indiferencia. Será que a mí no me gustan los derbis. Me pasa igual que cuando jugamos contra el Madrid o el Barcelona: estoy deseando que pasen los partidos. Eso sí, hay una diferencia importante, pues contra los dos mastodontes, lo más normal es que perdamos, pero, sin embargo, contra el Betis, todo lo que no sea ganar se puede considerar una sorpresa.

– El tema Perotti. Este asunto es el que me parece más absurdo de todos. Ya me parece incomprensible y ridículo el que los Biris piten a Perotti, a un jugador que lleva la camiseta del Sevilla, y que, además, lo hagan por sistema, por un gesto tonto, por el que además creo que ya ha pedido perdón. Pero lo que ya no doy crédito es que, a raíz de eso, a Perotti le dé por decir que, si no cambian las cosas, buscará una salida en enero. La actitud de Perotti me parece risible, en primer lugar, porque sólo es una pequeña parte de la afición –los Biris– los que están contra él, y, en segundo lugar, porque no es tan fácil buscar una salida. Hay un contrato firmado y si no llega una oferta “fuera de mercado”, como le gusta decir a Del Nido, el argentino no saldrá.

Tampoco veo el asunto Perotti preocupante. Perotti ha perdido peso en la plantilla. No es titular indiscutible, ni es un jugador determinante. Si es verdad que, en su momento, llegó al club una oferta por él de trece o catorce millones de euros, en mi opinión, se cometió un grave error al no traspasarlo. La salida de Perotti no causaría ningún trauma, sobre todo si se traspasa por una buena cantidad –de cinco millones para arriba–. Me parece que es un jugador sobrevalorado, con tendencia a lesionarse y poco inteligente en el terreno de juego, y por estas últimas declaraciones, parece que también fuera de él. Perotti no es mal jugador, pero no es un fuera de serie, y no creo que la Secretaría Técnica tuviera muchos problemas para encontrar un jugador de más calidad que el argentino.

Lo peor de mi “exilio” voluntario es que, lamentablemente, me perdí el trofeo Antonio Puerta. Eso sí que es importante. Lo demás son chorradas.