Archivo diario: 10/03/2013

La simpleza del fútbol

El fútbol, a veces, es tremendamente complicado, porque hay muchas variables, muchos aspectos que condicionan el resultado final, tanto de un partido como de una temporada. Sin embargo, otras veces el fútbol es muy simple y está repleto de leyes que, aunque no estén escritas, si se inflingen, garantizan el fracaso. Por ejemplo:

Cualquier equipo que prentenda estar arriba debe tener una buena defensa. En esta línea es clave el portero, pues sin un portero de garantías es imposible ganar títulos o alcanzar cualquier objetivo medianamente importante. Y el resto de la defensa, especialmente los centrales, tiene que tener velocidad, contundencia y, a ser posible, una cierta calidad para poder sacar el balón jugado y enlazar rápidamente con el centro del campo. Si la defensa es un flan, como la del Sevilla, que hace aguas por el centro, lo más normal es que encaje goles con suma facilidad. Y resulta evidente que mientras más goles encajemos, más difícil será llevarse los tres puntos. En Mallorca encajamos dos goles, nada más y nada menos. Y lo peor no es eso, sino que el Mallorca apenas tuvo que hacer un gran esfuerzo para marcarlos, ni para crear otras ocasiones de gol que salvó Beto. Esto es algo que se viene dando toda la temporada: el rival, independientemente de su potencial, no tiene que hacer un gran esfuerzo para hacernos goles, simplemente, se limita a esperar para aprovechar algunos de nuestros graves errores, principalmente a balón parado o a la contra. O incluso llegamos a regalar el gol directamente, como contra el Celta.

Igualmente, para triunfar también es necesario tener un buen centro del campo, puesto que es la zona donde se decide casi todo. Quien controle el centro, muy probablemente ganará el partido. Y para tener ese control hay que tener tanto jugadores que defiendan y presionen bien, como jugadores que tengan calidad para el desborde y el pase. En mi opinión, esta es la mejor línea del Sevilla –auque también es mejorable–, puesto que cuenta con jugadores muy válidos como Medel, Kondogbia –aunque en los tres últimos partidos no ha estado nada bien–, Navas o Rakitic. Contra el Mallorca eché en falta intensidad y verticalidad. Si esto falta, estamos abocados al fracaso, sobre todo si nos enfrentamos a un equipo cuya táctica consistía en quedarse bien encerrado atrás y salir al contragolpe.

Y por último, también es imprescindible, la línea del miedo: la delantera. Y la nuestra, para ser sinceros, da poco miedo. Desgraciadamente, atrás quedaron los tiempos de Luis Fabiano y Kanouté, que garantizaban goles al más mínimo despiste de la defensa contraria. Ahora dependemos exclusivamente de Negredo, que para marcar un gol, normalmente, tiene que fallar varios antes. El otro delantero, Babá, apenas juega, y cuando lo hace, como ayer, no aporta nada. De todas formas, me gustaría ver más al senegalés, sobre todo en partidos donde no lo tenga todo en contra. Sé qué la afición lo tiene sentenciado, pero a mí me gustaría verlo más partidos y con la continuidad necesaria para que gane confianza y pierda ansiedad. En cualquier caso, con sólo dos delanteros no se puede ir a ningún sitio, porque la competición es larga y en ella se dan sanciones, lesiones y bajos estados de forma.

Por esto que he comentado, pienso que no jugaremos competición europea. Todavía quedan muchos puntos, pero casi sería un milagro que un equipo con serios problemas en defensa y ataque quede entre los mejores. Estamos infringiendo demasiadas leyes, y eso se paga caro. Habrá que reorganizar el equipo desde la base –que es la defensa– para la próxima temporada, habrá que lograr una plantilla más competitiva y más compensada, habrá que conseguir que no se regalen goles absurdos y que no se perdonen ocasiones claras de gol. Si se consigue, el milagro sería no ir a Europa. Y es que, después de todo, el fútbol no es tan complicado, sino más bien simple. Bastante simple.