Antiviolencia vuelve a generar violencia

La liga española es una de las peores del mundo no sólo por la desigualdad de reparto en los derechos televisivos, ni por la baja calidad del arbitraje español, sino porque, además, está plagado de comités disciplinarios y órganos que constantemente se esfuerzan en demostrar cuál de ellos es más inútil.

Posiblemente se lleve la palma la Comisión Permanente de la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte –para los amigos, Antiviolencia–. Estos muchachos se permiten sancionar lo que ocurre en algunos campos de fútbol, y en especial en el Ramón Sánchez Pizjuán, porque en otros estadios puede pasar de todo, hasta tirar la cabeza de un cochinillo al césped, que nunca ocurrirá nada.

No sé cómo se las arreglan, pero esta Comisión que se supone que debe luchar contra la violencia, provoca, por sus decisiones o por ausencia de ellas, que, como mínimo te den ganas de darles un coscorrón a cada uno de sus miembros. Y es que la injusticia y los agravios comparativos también generan violencia, mucho más que lanzar pelotas de tenis al césped.

Ya el Comité de Incompetentes… perdón, de Competición –siempre me equivoco–, había sancionado “el pelotazo” con 602 euros –los dos euros serán para el sobre y el sello de la notificación–, pero para los Antiviolentos eso no les parecía suficiente y han sancionado al Sevilla con otra multa de 3.500 euros. Exactamente, la misma sanción que recibió el Real Madrid C.F., por deficiencias en las medidas de control de acceso y permanencia de espectadores durante el partido Real Madrid – Apoel Nicosia,  por no impedir que fueran introducidas varias bengalas que posteriormente fueron encendidas en el interior del estadio. Para ellos es lo mismo una pelota de tenis que una bengala.

Se supone que lo que sanciona Antiviolencia es la deficiencia en el control de acceso por parte del Sevilla, pero, aparte de que habría que cachear a todos los aficionados que entren al estadio, ¿una pelota de tenis puede considerarse un objeto peligroso? Desde luego, no es más peligroso que un paraguas, un mechero o una moneda, que pueden hacer mucho más daño si se lanza desde la grada.

Llama la atención que, en la misma sesión, Antiviolencia también decide  sancionar con 3.500 euros y prohibición de acceso a recintos deportivos durante seis meses a un aficionado identificado que en el partido Atlético de Madrid-Valencia que lanzó dos botellas de vidrio contra un grupo de aficionados del equipo visitante que se dirigían al estadio. ¿Y al club Atlético de Madrid no se le sanciona por deficiencias en el control de acceso por no detectar las dos botellas de vidrio? Seguramente, habrá sido un despiste sin importancia.

Pero el despiste –o la cadena de despistes– más llamativo para los sevillistas fue el ocurrido en octubre de 2011, cuando en un At. de Madrid-Sevilla se produjeron los asquerosos gritos mofándose del fallecido Antonio Puerta. Antiviolencia no sancionó este vergonzoso hecho. Según informó el Ministerio del Interior, la Comisión explicó que “no se ha podido identificar a los autores de los gritos en el interior del recinto deportivo y que fueron recogidos por algunos medios de comunicación”. Textualmente, se declaró: “La Comisión condena y reprueba tales actos realizados por una minoría de aficionados presentes en este estadio y recuerda que dichas conductas no hacen más que desacreditar el buen nombre del deporte en nuestro país y solicita a los clubes de fútbol que actúen con firmeza para evitar que hechos similares se vuelvan a producir durante una celebración deportiva”. Antiviolencia  acordó también proponer una multa de 5.000 euros y prohibición de acceso a cualquier recinto deportivo durante dos años años a cada uno de los 6 aficionados que se identificaron como miembros del Frente Atlético, que en el mismo partido agredieron y arrojaron botellas de vidrio y sillas  –sin especificar el número, porque se supone que debieron ser bastantes– a un grupo de seguidores del Sevilla.

O sea, que se enteran de los gritos contra Antonio Puerta por algunos medios de comunicación, lo que implica que el árbitro no lo recogió en el acta, justamente como no lo ha hecho ningún árbitro anteriormente, pues los cánticos de burla a Antonio Puerta no es un hecho puntual, sino que se vienen repitiendo temporada tras temporada y siempre quedan impunes.

Pero no queda ahí la cosa. Antiviolencia, como es lógico, no sanciona al Atlético de Madrid por los gritos de sus aficionados, a los que no pueden controlar lo que digan, y por tanto sería absurdo responsabilizar al club de ello. De hecho, tampoco sanciona a nadie, a título individual, porque “no se han podido identificar a los autores –cientos de ellos– de los gritos”. Lo que no es lógico es que el Sevilla sí fuera multado con 602 euros por los gritos de “Ujfalusi asesino” que tuvieron lugar un año antes en el Ramón Sánchez Pizjuán. Aunque, a decir verdad, la sanción fue por parte del Comité de Competición, y porque el árbitro de turno, Estrada Fernández, curiosamente, sí lo recogió en el acta. Pero, por supuesto, ni Antiviolencia ni el Comité de Competición tampoco sancionaron al Atlético por las deficiencias de control, ya que aquel día llovieron botellas de vidrio a los aficionados sevillistas, que, como todo el mundo sabe, pesan y abultan menos que una inofensiva pelota de tenis.

Lo que cada día tengo más claro es que los de la Comisión Antiviolencia son unos impresentables, una panda de inútiles y unos sinvergüenzas. Y que generan violencia, cada vez más violencia.

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