Archivo mensual: febrero 2012

Declaraciones de Míchel en A Balón Parado

Ayer tuve la oportunidad de oír las primeras declaraciones de Míchel como entrenador sevillista en el programa A Balón Parado, y dijo, después de las alabanzas de rigor al club y a la afición, algunas cosas que me llamaron la atención. Aunque luego habrá que ver si es capaz de llevarlas a cabo o se quedan sólo en palabras, como, desgraciadamente, le ha ocurrido a Marcelino.

En primer lugar, la importancia que le da al centro del campo, hasta el punto de decir algo así como «dime qué centro del campo tienes y te diré qué equipo eres». Y, en mi opinión, no le falta razón. Lógicamente, como el balón tiene que pasar por el centro del campo, si se tiene un dominio de éste, la posesión será abrumadora y será difícil que el equipo contrario te cree ocasiones de gol, a no ser que sea a balón parado. Claro que ese dominio no es fácil de conseguir, y para eso hay que tener las líneas juntas y con mucha movilidad, con continuos desmarques, apoyos, buena conducción de balón y presión al rival. Es de suponer que eso también entra dentro de la teoría de Marcelino y de cualquier entrenador que se precie, y por eso no me explico planteamientos tan disparatados como el que hemos tenido que presenciar, por ejemplo, en los partidos Sevilla-Athletic, Sevilla-Madrid –a raíz de la expulsión de Pepe, desaprovechando la superioridad numérica–,  y Sevilla-Villarreal. Así pues, espero que Míchel sí sea capaz de llevar a la práctica esa teoría que, como digo, debe estar en el manual de todo entrenador.

En segundo lugar, me gustó que tenga la idea de que los laterales no sean estáticos y ayuden ofensivamente a los extremos. Claro que eso ya depende de las características de los jugadores, el que tengan condición física y técnica que le permitan hacer esos desdobles con eficiencia. Porque eso es como todo: para hacerlo mal, mejor no hacerlo.

En tercer lugar, me sorprendió el toque que le dio a Negredo. Reconoció que es un buen jugador, pero añadiendo que siempre y cuando se esforzara y diera lo máximo. Y también creo que tiene razón en eso, porque a mí me da la impresión de que el bajo rendimiento de Negredo puede ser motivado por su actitud. Parece como si fuera en plan figurita y no se esforzara todo lo que debiera. Si Míchel logra que Negredo rinda a un alto nivel, tendrá mucho ganado.

Lo que no entendí fue cuando dijo que no quería que Navas y Reyes corrieran para atrás. No sé si pretenderá que estos jugadores no defiendan. Si eso es así, creo que es un error, porque el equipo tiene que ser un bloque. Probablemente, los tiros irán por otro lado.

Por último, también me dio la impresión de que los periodistas sevillanos no lo van a tener tan fácil como lo han tenido con Marcelino. Creo que Marcelino pecó de prudente y fue demasiado respetuoso con algunos periodistas que le machacaban. Por contra, pienso que Míchel será más contundente y más directo.

Como ya dije en un post anterior, Míchel no es de mi agrado, porque creo que aún no ha hecho nada para merecer un banquillo como el del Sevilla. Y supongo que habrá multitud de sevillistas que piensen igual que yo. Pero, por supuesto, considero del todo innecesario que salga Del Nido diciendo que «Míchel es para todos los sevillistas el mejor entrenador del mundo». Es evidente que el éxito del Sevilla depende del éxito de Míchel, y sería, por tanto, totalmente absurdo estar en contra de nuestro entrenador, y más aún cuando no ha hecho más que llegar.

Así pues, hay que dejarle trabajar tranquilo y desearle lo mejor. Al final, Míchel, como todos los entrenadores, dependerá de los resultados. Y más nos vale que estos empiecen a llegar el lunes.

Nueva etapa en el Sevilla FC

Con la llegada de Míchel, se inicia una nueva etapa en el Sevilla FC; etapa que durará, como mínimo hasta junio. O, al menos, ésa es mi esperanza, porque, si no fuera así, significaría que las cosas han ido a peor. Y, ciertamente, empeorar las cifras de Marcelino es bastante complicado.

Míchel llega en unas condiciones que no son las idóneas. Es decir, llega sin hacer las probaturas propias de la pretemporada, donde además puede conocer las virtudes y defectos de la plantilla. Sin embargo, tiene la ventaja de que cuenta casi con una semana para preparar el próximo partido, ante la Real Sociedad, que será el lunes, día 13.

Tengo que admitir que Míchel no es santo de mi devoción. En primer lugar, porque no me caía bien como jugador. Uno piensa en él y, a pesar de haber sido un extraordinario pelotero, no puede evitar acordarse de episodios como el que tuvo con Valderrama, o el famoso «me lo merezco».  Y, en segundo lugar, hubiera preferido a un entrenador con una carrera más dilatada y más exitosa, porque la situación por la que atravesamos es complicada, y la experiencia, en estos casos, puede ser decisiva. Por ese mismo motivo, tampoco era de mi agrado Pablo Alfaro, que sólo ha entrenado al Pontevedra y al Recreativo de Huelva.

Pero lo verdaderamente importante es que Míchel ha sido el elegido por la Secretaría Técnica, y, por tanto, debe tener el apoyo de todo el sevillismo. Ahora es él quien tiene la suerte de ser el entrenador del Sevilla FC. Está ante la oportunidad de su vida, pues nunca ha tenido a sus órdenes una plantilla tan potente como la nuestra. Esperemos que no la desaproveche y que tenga el conocimiento y la suerte que le han faltado a Marcelino.

¿Ahora quién?

Lo de ayer fue previsible, demasiado previsible. Marcelino volvió a recaer en errores del pasado, y lo peor no fue eso, sino que volvió a mostrar su nula capacidad de reacción, hasta el punto de que ni siquiera hizo los tres cambios, a pesar de que había jugadores que pedían el cambio a gritos.

El partido me pareció un disparate de principio a fin, sobre todo cuando Marcelino se dedicó a jugar a la ruleta rusa poniendo una defensa de tres, ya sin Medel en el campo. Con sólo tres defensas se arriesga mucho, pero si, además, esos defensas no destacan ni por su velocidad ni por su colocación, entonces ya no hablamos de arriesgar, sino de suicidio, que es como han titulado algunos medios –con toda la razón del mundo– esta maniobra de Marcelino.

Marcelino debería saber ya, a estas alturas, que no por acumular más delanteros se tienen más ocasiones de gol. ¿De qué sirven tantos atacantes si no les llegan balones, que se perdían una y otra vez en el centro del campo? Para colmo, uno de esos atacantes fue Reyes. A este paso, el utrerano no se va a recuperar nunca. Para superar una fascitis plantar es imprescindible reposo. Marcelino recurrió, posiblemente por desesperación, a un Reyes mermado físicamente, y posiblemente, con el sobreesfuerzo de ayer, habrá empeorado la lesión del utrerano. Quizás Marcelino era ya consciente de que iba a ser su último partido y le dio igual, pero Reyes no debió salir porque está llamado a ser una pieza importante de este equipo.

Ayer habló el Ramón Sánchez Pizjuán, alto y claro. No quiero ni pensar que la directiva haga oídos sordos y no lo destituya de su cargo.

Ahora bien, ¿a quién se trae ahora? El problema es encontrar un sustituto de garantías, y eso no parece fácil. A mí no me gustan los nombres que están sonando, como el de Míchel y Quique Sánchez Flores. Yo preferiría a Ramón Tejada, que creo que está de sobra capacitado y conoce a la perfección, tanto a la primera plantilla como a la del Sevilla Atlético.

El principal inconveniente de Tejada es que es de la casa, y eso aquí, desgraciadamente, es un problema. También es verdad que su nombramiento también podría afectar a la buena marcha del filial, donde está haciendo un trabajo extraordinario.

No sé quién vendrá finalmente, pero me conformo con que sea un técnico que ponga a los que estén en mejor forma y que sepa leer los partidos, que consiga poner un poquito de orden en el equipo –sólo un poquito–, y que consiga sacar provecho de la buena plantilla que tendrá a su disposición. Porque a las órdenes de Marcelino, esta plantilla parece una «panda de mataos», pero ni mucho menos es así. Quizás no tengamos plantilla para ir a la Champions, pero sí, de sobra, para ir a la Europa League.

Marcelino se ha mostrado incapaz de revertir la situación. Lamentablemente, hace falta un enérgico giro de timón, porque, de seguir así, nos iremos a pique. Si el Consejo de Administración hoy toma otra decisión que no sea la destitución de Marcelino, será un error. Y de los gordos.

Mal día para volver a jugar con dos delanteros

Según la prensa, Marcelino, ante el poco gol que muestra el equipo, se estaría pensando volver a alinear a dos delanteros, supuestamente a Kanouté y Negredo.

A priori, no me parece muy acertado, ya que el Villarreal es uno de los equipos con un centro del campo más técnico, con jugadores de la talla de Senna, Borja Valero o Cani. Además, se espera que el Villarreal se dedique a acumular hombres en la zona ancha, ya que tiene la delantera en cuadro, y en esas circunstancias, pienso que nos costaría un mundo dominar el partido.

En cualquier caso, espero que Marcelino pueda contar con Reyes y se le olvide la idea de poner al dúo Kanouté-Negredo. Si al menos uno de ellos se dedicara a bajar al centro del campo a presionar, pues podría tener un pase, pero Kanouté, por su forma física, ya no está para esos trotes, y Negredo menos aún, pues esta temporada está demostrando una poca movilidad, e incluso diría que implicación, alarmante.

También confío en que Marcelino le dé un puesto de titular a Cala. En mi opinión, las actuaciones de Escudé están dejando mucho que desear.

Qué duda cabe que el Villarreal no es lo que era. Está notando muchísimo la marcha del internacional Cazorla, y serán bajas Rossi y Marco Rubén. Nilmar no va ni convocado, ya que se espera que deje el Villarreal en los próximos días. Por contra, podría salir de titular, a pesar de haber llegado hace sólo unos días a la disciplina amarilla, el argentino Martinuccio.

El Villarreal sigue teniendo una defensa bastante vulnerable, por lo que espero que, por fin, consigamos tres puntos que nos den un poco de aire. A ver si somos capaces de enlazar dos o tres victorias consecutivas que nos den confianza y podemos mirar un poco para arriba.

Mañana es un día propicio para salir del bache –socavón, más bien–, porque el Villarreal siempre se nos ha dado bien, y mañana vendrá con las garras cortadas. El problema es que han venido tantos rivales propicios y se han ido de rositas, que ya no me fío de nadie.

Que nos arbitre un chimpancé

Ahora está de moda el hablar de los errores arbitrales, o mejor dicho, a los medios nacionales les han dado por sacar a relucir el tema arbitral. El que se hable ahora no es casual, por supuesto, sino que es debido a que tanto el Madrid como el Barcelona se quejan porque se ven perjudicados. Esto me parece realmente gracioso, porque, si ellos se quejan de los árbitros, ¿qué tendrían que hacer los demás? Es evidente que ellos tienen un trato privilegiado, tanto dentro del terreno de juego como fuera de él. A la hora de enseñarles tarjetas a los jugadores de estos equipos, los árbitros de turno se lo piensan muchísimo, y, a veces, da la impresión de que casi piden perdón. En caso de duda, casualmente tienen una extraña tendencia a favorecer al poderoso. Y si hablamos de las actuaciones de los diversos comités, que se supone deberían impartir justicia, los agravios comparativos son más que evidentes.

Pero la cuestión es: ¿pueden equivocarse los árbitros? Lógicamente, pueden, y lo hacen continuamente. Pero yo pienso que no deberían. Hay un mundo entre el fútbol profesional y el amateur. En un partido amistoso sí puede permitirse un fallo arbitral, pues no tiene mayor importancia. Pero el fútbol de élite está, cada día que pasa, más  profesionalizado. Hay muchísimos intereses, demasido dinero en juego. Y los árbitros tienen un poder inmenso. Tienen tanto poder que, de un simple soplido, pueden echar por la borda el trabajo de una semana o de toda una temporada. Ellos pueden otorgar títulos o hacer perder la categoría a quien no lo merece. Y las consecuencias de un descenso son gravísimas, pudiendo incluso abocar a un club a su desaparición.

Los errores arbitrales pueden afectar incluso a países, como ocurrió en el pasado mundial. Se cometieron tantos errores y tan graves que la FIFA está planteándose incluso el usar tecnología para luchar contra los llamados goles fantasmas.

Sería de justicia que se hiciera. Si no fuera así, ¿a qué viene tanta campaña de Fair Play? El juego limpio no es sólo darle la mano al rival para que se levante cuando ha recibido una falta. El verdadero juego limpio debe ser que se aplique el reglamento con justicia y con ecuanimidad a todos los participantes en una competición. En definitiva, debería garantizarse, por todos los medios –incluso tecnológicos– que la consecución de un título, o cualquier otro logro deportivo, será totalmente merecida, desterrando la idea de cualquier posible apaño y minimizando los errores arbitrales. Porque, hay que tener claro que, incluso si se aplicara el uso del vídeo para asistir a los árbitros, las imágenes seguirían estando sujetas a la interpretación de estos, con lo cual seguiría habiendo polémica, pero con la enorme diferencia de que ya se trataría de casos puntuales.

El uso de la tecnología en el fútbol tiene sus partidarios y detractores, pero yo considero que sólo es cuestión de tiempo el que llegue a utilizarse en los campos de fútbol, de modo similar a como utiliza, con indudable éxito, en otros deportes, como el tenis o atletismo.

El fútbol ha cambiado mucho. La mayoría de las entidades han dejado de ser clubes,  para convertirse en Sociedades Anónimas, para convertirse en empresas. Y mueven muchísimo dinero. Demasiado como para que un error humano cause estragos en sus contabilidades. Ciertamente, los clubes no tienen por qué pagar los errores de otros.

El Presidente del Comité Técnico de Árbitros, Sánchez Arminio, ante el revuelo que está montando la prensa, ha pedido respeto –aunque ellos no respeten a los jugadores, clubes, ni a las aficiones–, ya que «son humanos, como todos los demás y pueden cometer sus errores, como el resto de personas». Siempre se escudan tras el error humano. Incluso han llegado a decir que, si se usara tecnología en el fútbol, se perdería la esencia de este deporte. Nada más lejos de la realidad, porque la esencia del fútbol es el gol, es el espectáculo, y no el ver a un árbitro inventándose un penalti.

Mientras llega esa tecnología, podríamos optar por la propuesta que dejó inmortalizada Francisco Ibáñez en una de sus viñetas de Mortadelo y Filemón: «pues entonces que nos arbitre un chimpancé, que, como no es humano, no puede equivocarse».

La «pelea» entre Kanouté y Marcelino

Habría que estar dentro del club para saber si verdaderamente ocurre algo entre Kanouté y Marcelino, pero desde fuera,  o al menos la impresión que a mi me da es que parece más una invención de la prensa que otra cosa.

Por supuesto, como personas que son, cada uno con su criterio propio, es imposible que estén de acuerdo en todo y, lógicamente, tendrán sus discrepancias, pero de ahí a dar a entender que entre jugador y entrenador saltan chispas, hay un trecho largo.

Ciertamente, a los aficionados nos cuesta entender que Kanouté pueda pelearse o discutir airada y abiertamente, ante las cámaras, con alguien, y más aún con su entrenador. Pero si eso ya choca, más lo haría el que un entrenador se la tenga jurada a su mejor delantero. Habría que ser muy torpe, pero que muy torpe, para no alinear a Kanouté estando en forma, cuando precisamente el maliense ocupa una de las posiciones donde más flaqueamos y donde se ha mostrado decisivo en multitud de ocasiones. Kanouté ve el fútbol como ningún otro jugador. Lo difícil lo hace sencillo, y eso es un lujo que un entrenador no puede desaprovechar.

Si Kanouté no juega todo lo que debiera, será porque no esté al cien por cien. De hecho, el propio Marcelino reconoció en rueda de prensa, tras un partido, que Kanouté era un jugador ejemplar y que le habría gustado tenerlo a sus órdenes en una etapa donde estuviera en plenitud física.

Por eso, conociendo a Kanouté, que es un profesional ejemplar, en todos los sentidos, y conociendo las palabras de Marcelino, me cuesta trabajo creer que haya discrepancias entre ellos, hasta el punto de que pueda verse afectado el club.

En cualquier caso, lo cierto es que el tema es de actualidad y está ahí, sea inventado o no, con lo que me parece acertada la decisión del club de publicar una nota intentando aclarar el tema.

Y digo lo de «intentando», porque el que quiera seguir viendo un problema entre Kanouté y Marcelino, lo seguirá viendo por mucho que los interesados publiquen o digan.

Este es un asunto que hay que olvidar ya, porque lo único que importa es el Villarreal. En juego tres puntos que nos pueden dar la vida. Casi nada.